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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes países, ministros y sus congregaciones, alabando a Dios, glorificando a Dios en este día domingo, Día de los Padres, a los cuales extiendo mis felicitaciones.

Que Dios los bendiga en este domingo, Día de los Padres, y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final, y les prospere espiritualmente y materialmente en este día final en que vivimos. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Hoy al conmemorar el Día de los Padres o el Día del Padre, recordamos a nuestro Padre celestial, el cual, dice la Escritura que un padre de familia hizo una gran fiesta a su hijo. Nuestro Padre celestial, para todos Sus hijos tiene también una gran fiesta llamada la fiesta o Cena de las Bodas del Cordero, donde pronto yo voy a estar presente. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también; porque esa es una fiesta de Boda para la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo, la cual en este tiempo final es subida a la etapa o Edad de Piedra Angular para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Así que todos los padres que así como Dios, nuestro Padre celestial, tiene muchos hijos, se reproduce Dios por medio de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, en hijos e hijas, así también los padres terrenales por medio de su esposa se reproducen en hijos e hijas.

Así que reitero mis felicitaciones a todos los padres presentes y los que están en diferentes países.

Para hoy tenemos un corto video con testimonio de diferentes pastores, empresarios y académicos de Colombia, los cuales forman parte de miles de voluntarios que respaldan la construcción de La Gran Carpa Catedral. Más de 300 iglesias cristianas en Colombia se han sumado al apoyo de la construcción que se está llevando a cabo en Cayey, Puerto Rico.

Adelante con este documental, con este video; y dentro de algunos minutos estaré nuevamente con ustedes.

[Presentación del documental]

Hemos visto cómo en los diferentes países, ministros y sus iglesias, están respaldando el proyecto de la construcción de La Gran Carpa Catedral en Cayey, Puerto Rico (aquí en Cayey), y seguirán respaldando el proyecto de La Gran Carpa Catedral y demás proyectos que tenga La Gran Carpa Catedral.

Extiendo, en nombre de La Gran Carpa Catedral Corp., el aprecio y agradecimiento a todos los ministros y sus congregaciones de los diferentes países, por el respaldo, por el apoyo que le están dando a la construcción de La Gran Carpa Catedral, un templo para el Dios Creador de los Cielos y de la Tierra.

Que Dios los bendiga a todos ustedes en diferentes países, y a ustedes aquí presentes, por lo que están haciendo para Dios; y les use grandemente en Su Obra, y les prospere espiritualmente y materialmente. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Ahora leeremos en San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39, y dice:

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.

Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA FUENTE QUE DA AGUA PARA VIDA ETERNA”.

Todos los seres humanos desean vivir eternamente. En el tiempo de Adán y Eva hasta los tiempos de Noé (y luego un poquito más adelante también), las personas vivían más de 500 años. Matusalén vivió 969 años. Encontramos también a Adán, el cual vivió una cantidad de años muy grande. Veamos aquí en el capítulo 5 del Génesis, verso 1 en adelante, dice:

Este es el libro de las generaciones de Adán. El día en que creó Dios al hombre, a semejanza de Dios lo hizo.

Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos Adán, el día en que fueron creados.

Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set.

Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas.

Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió”.

Novecientos treinta (930) años vivió Adán. Ahora, para vivir aunque sea 100 años es bastante dificultoso. Cuando la persona llega a 100 años, llega algunas veces ayudándose con un bastón. O sea, esto muestra, una: que Dios le acortó el tiempo al ser humano; y otra: que en el tiempo de Adán hasta Noé, la vida del ser humano estaba menos contaminada, o sea, que la sangre estaba más pura.

Lo más importante para el ser humano no es vivir muchos años en estos cuerpos terrenales mortales; es la vida eterna; la cual se obtiene únicamente a través de Jesucristo, recibiéndolo como único y suficiente Salvador; y así tener la fe y esperanza de que vivirá eternamente con Cristo en Su Reino.

Al recibir a Cristo como Salvador y ser bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo bautizarlo con Espíritu Santo, la persona ha entrado al Reino de Dios y tiene vida eterna. Y aunque aparentemente no la tenga, porque su cuerpo físico se envejece y muere, sí tiene vida eterna su alma, tiene vida eterna espiritual, y en la Segunda Venida de Cristo resucitará (si murió físicamente), resucitará en un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo;  y los que estén vivos, creyentes en Cristo, en la etapa correspondiente al Programa Divino para este tiempo final: serán transformados.

Y todos jóvenes estaremos aquí en la Tierra por un tiempo de 30 a 40 días, como Cristo luego de resucitado estuvo unos 40 días con Sus discípulos1, y también los santos del Antiguo Testamento que resucitaron con Cristo estuvieron en la Tierra en cuerpos resucitados y jóvenes apareciendo a muchos de sus familiares2; y después Cristo con ellos fue arrebatado al Cielo3. Ese fue el arrebatamiento o rapto de los santos del Antiguo Testamento con Cristo llevándolos al Cielo.

Y para el Día Postrero habrá otra resurrección: resurrección de los santos del Nuevo Pacto, del Nuevo Testamento, resurrección de los creyentes en Cristo que han muerto físicamente, y una transformación de los creyentes en Cristo que estarán vivos en ese momento en donde verán los santos resucitados y serán transformados los creyentes en Cristo; y luego de una temporada de 30 a 40 días aquí en la Tierra seremos arrebatados al Cielo en carros de fuego, como fue con el profeta Elías4, e iremos a la Cena de las Bodas del Cordero, la fiesta más importante que se haya llevado a cabo en el Cielo.

Por eso dice Apocalipsis, capítulo 19, versos 9 al 10, que son bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero.

La Iglesia del Señor Jesucristo, los creyentes en Cristo que van a ser arrebatados, raptados al Cielo, en esos días, últimos días de estadía en la Tierra, todos serán jóvenes, porque cuando resuciten los muertos en Cristo, resucitarán en cuerpos jóvenes, inmortales, eternos, glorificados; y los que estemos vivos seremos transformados; y entonces seremos jóvenes, representando todos de 18 a 21 años de edad, como Jesucristo, que está tan joven como cuando subió al Cielo. Así serán los creyentes en Cristo que van a ser arrebatados al Cielo, raptados en el Día Postrero.

Recuerden que es para el Día Postrero que Cristo dijo que a los creyentes en Él, Él los resucitará en el Día Postrero. San Juan, capítulo 6, versos 39 al 58. Son promesas divinas para el Día Postrero en el cual ya hemos entrado; pero no sabemos en qué año del Día Postrero… Recuerden que el Día Postrero es el milenio postrero: “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”. Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8, y Salmo 90, verso 4.

Cuando Cristo resucite a los muertos creyentes en Él en cuerpos jóvenes, glorificados y eternos, y transforme a los creyentes que estén vivos en ese tiempo, la Iglesia del Señor Jesucristo estará compuesta por jóvenes; jóvenes con cuerpos eternos, cuerpos glorificados y llenos del poder de Dios.

Y por consiguiente, esa será la manifestación más grande de Dios en este planeta Tierra en medio de Su Iglesia y con Su Iglesia. Serán las personas que han tomado de la Fuente del Agua de la vida eterna.

Cristo al decir: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”, refiriéndose al Agua, el Espíritu Santo que corría por Su vientre como un río, “ríos de agua viva correrán por su interior”, nos muestra que Él es la Fuente del Agua de la vida eterna.

Por eso también cuando le habló a la mujer samaritana en el capítulo 4, verso 10 en adelante, de San Juan, dice:

Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva”.

Recuerden que el ‘agua viva’ es la que brota de la tierra a través de los ojos de agua; y no se necesita una máquina o una bomba para sacar esa agua, porque ella sale, brota. A esa ‘agua viva’ (en tipo y figura) es que se refiere Cristo, tomando el tipo y figura de un manantial del cual brota agua; eso tipifica, ese manantial, a Cristo, y el agua tipifica al Espíritu Santo que Él le daría al creyente.

La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?

¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?

Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;

mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”.

De esta Agua es que habla Apocalipsis, capítulo 21, verso 6, donde dice:

Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida”.

Hay una Fuente de Agua de Vida; y es Cristo el que tiene la exclusividad de la vida eterna, para darle vida eterna a la persona al darle el Agua del Espíritu Santo.

En el capítulo 22 vieron que Él dice... el verso 6, que leímos, dice, del capítulo 21:

“Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida”.

¿Quién es el que da de la Fuente del Agua de la Vida? El mismo Cristo, el cual había dicho en San Juan, capítulo 7, versos 37 al 39: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Esto dijo del Espíritu Santo que habrían de recibir los que creyesen en Él”.

Y en el capítulo 22, verso 16 al 17, dice… de Apocalipsis, capítulo 22, verso 16 al 17, dice:

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”.

O sea que por cuanto el ser humano tiene libre albedrío, Cristo por medio de Su Espíritu en cada etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo y desde Su Iglesia, le da la oportunidad a las personas que tomen de la Fuente del Agua de la vida eterna, que es Jesucristo nuestro Salvador, el cual le dará el Agua del Espíritu Santo y producirá en la persona el nuevo nacimiento.

No hay otra forma para obtener la vida eterna, solamente a través de Cristo. “Porque no hay otro nombre, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. Y si no hay otro nombre, entonces cada persona necesita recibir a Cristo como Salvador, venir a Cristo, la Fuente del Agua de la vida eterna, para que Cristo le otorgue vida eterna.

El texto bíblico que les cité, que dice:

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. (Libro de los Hechos, capítulo 4, verso 12)5.

Si no hay otro nombre, entonces todo ser humano que quiere vivir eternamente tiene la oportunidad de recibir a Cristo Jesús como su único y suficiente Salvador, porque no hay otro nombre en el cual podamos ser salvos.

Todos deseamos la salvación y vida eterna; pues nadie desea, luego de haber vivido en estos cuerpos mortales, dejar de existir en espíritu y alma. Por lo cual, Dios le ha dado la oportunidad a la raza humana, a través de Jesucristo, de —por medio del libre albedrío que tiene la persona— elegir la Fuente del Agua de la Vida, tomando de ella al recibir a Cristo como Salvador y ser bautizado en agua en Su Nombre; y Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y Fuego, y producir en la persona el nuevo nacimiento. Así nace en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo; y así ha asegurado su futuro eterno en la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Esa oportunidad que tiene la persona es mientras vive en esta Tierra; después que la persona muere ya la oportunidad se le acabó a la persona.

En el Antiguo Testamento encontramos que el pueblo hebreo luego de salir de Egipto, cuando estuvo allá en el Sinaí (ese territorio de Refidim), tuvo sed y clamaron a Moisés, fueron a pedirle a Moisés, exigirle a Moisés agua; pues estaban pensando en regresarse a Egipto. Y Dios le dijo a Moisés que fuera a la roca, a la peña, y con su vara hiriera la peña, y la peña (la roca) le daría agua al pueblo. Así hizo Moisés, y la peña se abrió y dio aguas para el pueblo.6

Luego, en otra ocasión, allá en Cades-barnea7, el pueblo tuvo sed de nuevo y le exigió a Moisés agua pero en forma grosera, en forma inadecuada. Hubo ocasiones en que Moisés decía: “De aquí a poco el pueblo me va a apedrear”. Dios le dice a Moisés que fuera a la roca (otra roca que había allá), que fuera a la roca y le hablara a la roca, y la roca daría agua para el pueblo.

Eran alrededor de dos millones de personas, y Moisés ya se había cansado del pueblo. Y va a la roca, lleva su vara con la cual había herido la primera roca, que representa la Primera Venida de Cristo; y herir la roca representa la crucifixión de Cristo en la Cruz del Calvario, donde fue herido para poder dar Agua para el pueblo, dar salvación y vida eterna, dar el Espíritu Santo a los creyentes en Él; lo cual hizo luego, el Día de Pentecostés.

Pero ya para la segunda roca, por cuanto la primera había sido herida, para la segunda lo que tenía era que hablarle a la roca, la cual representa a Cristo.

Luego de la crucifixión de Cristo, lo que hay es que hablarle a Cristo, la Roca, para que nos dé Su Espíritu, el Agua de Su Espíritu, y produzca el nuevo nacimiento en la persona; y para que nos dé todas las bendiciones que están en la herencia de los hijos e hijas de Dios; porque son los creyentes en Cristo herederos de Dios y coherederos con Cristo Señor nuestro.

Recuerden que Cristo dijo8: “Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, yo lo haré”. O sea que no se requiere otra crucifixión de Cristo. Solo hablarle, pedirle a Él, y Él dará.

Moisés hiriendo la roca, la otra roca, la de Cades-barnea, quedó tipificando una nueva crucifixión, y no se requiere una nueva crucifixión para que Cristo nos dé el Agua para el tiempo final.

Hacer alterando la forma en que Dios le dijo que lo hiciera para darle agua al pueblo, le costó a Moisés el no entrar a la tierra prometida, él y su hermano Aarón. Y después Moisés, cuando sube al monte para Dios mostrarle toda la tierra que le daría a Israel, la tierra prometida de Canaán, Moisés dice: “Pase yo ahora a la tierra”. Y Dios le dice: “No me hables más del asunto”9. Ya le había dicho Dios que no pasaría a la tierra prometida por cuanto no honró, no glorificó a Dios allí frente al pueblo, cuando Dios le dijo que le hablara a la roca y la roca le daría agua. Pero Josué fue el sucesor de Moisés, el cual pasó el pueblo a la tierra prometida.

Con Dios no se puede jugar. Por lo tanto, a la Roca le pedimos y Él nos da. No hay que herir la Roca hablando en forma incorrecta, en forma grosera o diciendo: “Si no me das tal cosa, me aparto de Ti”. Eso es una malacrianza muy grande delante de Dios de toda persona que piense o hable en esa forma.

Ahora, veamos lo que dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 10, versos 1 al 4. Dice:

Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres (o sea, el pueblo hebreo en el desierto) todos estuvieron bajo la nube (o sea, bajo la Columna de Fuego)...”.

De día era una nube que los protegía del sol, y de noche una columna de luz que los guiaba por el camino.

“... (no) ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar (o sea, el Mar Rojo);

y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar,

y todos comieron el mismo alimento espiritual,

y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo”.

Cristo, el Ángel del Pacto, los acompañaba en aquella Columna de Fuego, de noche; y de día, aquella nube que los protegía del sol. Era Cristo, el Ángel del Pacto, el cual le había aparecido a Moisés en aquella llama de fuego, en un árbol, en una zarza que ardía y no se consumía.

Y cuando Moisés se acerca (en el capítulo 3 del Éxodo) para ver esa visión, desde el árbol, desde esa Luz, salen las palabras: “Moisés, Moisés (le dice), quita la sandalias de tus pies, porque el lugar que pisas santo es”; y le dice: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea, el Dios de Amram), y el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. O sea que allí estaba Dios.

La Biblia dice que el Ángel del Pacto le apareció, el Ángel le apareció, el Ángel de Jehová; y luego le dice: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”. Es que el Ángel es Cristo en Su cuerpo angelical, y Dios estaba en Su cuerpo angelical allí.

Y luego Dios, cuando quiso estar entre los seres humanos en un cuerpo como el de nosotros, un cuerpo de carne y hueso, creó en el vientre de la virgen María una célula de sangre, la cual se multiplicó célula sobre célula y se formó así el cuerpo de Jesús. Fue Dios por medio de Su Espíritu el que creó en el vientre de María esa vida; por eso dice que “el Espíritu Santo haría sombra sobre María”, le dijo el Ángel Gabriel a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, versos 26 al 36.

El cuerpo físico de Jesús es el velo de carne, el templo humano de Dios; es, por consiguiente, la semejanza física de Dios. Por eso Cristo decía en el capítulo 14 de San Juan [verso 9]: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Estaba viendo al Padre en Su cuerpo humano en medio de Israel.

La Escritura dice que Dios estaba en Cristo reconciliando Consigo mismo al mundo10. También dice Cristo que el Hijo no puede hacer nada de Sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre11; o sea, que primero Dios le mostraba la visión de lo que Dios haría, y entonces Jesucristo haría lo que vio. O sea, Dios a través de Jesucristo, a través del velo de carne, hablaría esa Palabra creadora y el milagro ocurriría.

Por eso también Cristo decía12: “El Padre que mora en mí, él hace las obras”. Era Dios obrando por medio de Su velo de carne llamado Jesús, Dios por medio de Su Espíritu obrando a través de Su velo de carne. Así como nosotros trabajamos, obramos por medio de nuestro cuerpo físico; pero el que está obrando es usted, que es alma viviente, a través de su espíritu, manifestándose en su cuerpo de carne.

Por eso es que cuando sale de la persona el espíritu y el alma de la persona, del cuerpo físico, ya el cuerpo físico no puede hacer nada más. O sea que el cuerpo sin espíritu está muerto. Ya usted le puede decir: “Toma este vaso de agua” y él no lo puede tomar. ¿Por qué? Porque era el alma por medio del espíritu de la persona, que obraba a través del cuerpo físico.

Así también encontramos la forma de Dios obrar por medio del cuerpo físico de Dios, que es el cuerpo que llamamos Jesucristo, esa es la semejanza física de Dios, el cuerpo físico de Dios, el cual ya está glorificado. Y así también nuestros cuerpos físicos van a ser glorificados, transformados, y serán a la semejanza física del cuerpo físico que tiene Dios, el cual está glorificado y está tan joven como cuando subió al Cielo el día que fue llevado para estar en el Trono de Dios, sentado a la diestra de Dios como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec.

Estamos muy cerca de nuestra transformación. Estamos muy cerca de la fiesta en el Cielo llamada la Cena de las Bodas del Cordero, para todos aquellos que han tomado el Agua de la vida eterna en el tiempo que les ha tocado vivir.

El apóstol Pablo dice que la Roca que los seguía, dice que era Cristo13, Cristo el Ángel del Pacto, Cristo en Su cuerpo espiritual, Cristo en Su cuerpo teofánico, en Su cuerpo angelical, el cual es llamado el Ángel de Jehová o Ángel del Pacto.

Por eso es que en una ocasión en San Juan, capítulo 8, versos 56 al 58, Cristo dice:

Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”.

¿Por qué Él podía decir que antes que Abraham fuese, Él era? Porque Jesucristo en Su cuerpo angelical es el Ángel del Pacto; y siendo el Ángel del Pacto Jesucristo, es el mismo que le aparecía a Abraham y el mismo que le aparecía también a Moisés, y el mismo que le aparecía a Adán también, y el mismo que creó los Cielos y la Tierra. O sea, Dios por medio de Su Ángel, el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical o teofánico de Dios, Dios creó por medio de Su cuerpo angelical los Cielos y la Tierra.

En el Éxodo, capítulo 23, verso 20 en adelante, dice:

He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él”.

¿Dónde está el Nombre de Dios? En Su Ángel, el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios, que es llamado también el Espíritu Santo; porque un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Pero si en verdad oyeres su voz…”.

Si oyere ¿qué voz? La Voz del Ángel, a través del cual Dios estaba velado, y se revelaba a través de ese cuerpo angelical llamado el Espíritu Santo o Ángel de Jehová.

“Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”.

Ahora, hemos visto que Jesucristo en Su cuerpo angelical es el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, el cual le dio al pueblo hebreo en el Monte Sinaí el Pacto, le dio las leyes en dos piedras, le dio la Ley en dos piedras y estableció el Pacto; y todo esto lo hizo por medio de Su Espíritu, el Ángel del Pacto, usando al profeta Moisés.

Y por eso luego en San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29, en la última cena de Jesús con Sus discípulos, Jesús tomando el pan y dando gracias al Padre, y partiendo el pan, luego reparte a Sus discípulos y dice: “Comed de él todos (dice), porque esto es mi cuerpo”. O sea, el pan representando el cuerpo del Señor.

“Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;

porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.

Ahora, hay un Nuevo Pacto y está la Sangre del Nuevo Pacto para la remisión de los pecados de todos los que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador, los cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

O sea, que la persona que recibiría a Cristo como Salvador está en el Cielo escrito desde antes de la fundación del mundo. Esas son las ovejas del Padre que son dadas a Cristo para que las busque y les dé vida eterna; eso somos como creyentes en Cristo.

Por eso todas las promesas que Cristo ha hecho para los creyentes en Él, Sus ovejas, las que corresponden a cada edad, las cumplió; y las que corresponden a este tiempo final, que son las mayores, las cumplirá también.

Estamos viviendo en el tiempo más grande de todos los tiempos. Por lo cual el reverendo William Branham dijo: “Mire hacia arriba, la edad que viene”. Y habla de edad… de la Edad de Piedra Angular. O sea, que está bien identificado nuestro tiempo.

En la página 37, párrafo 311, dice… ya al final de ese párrafo, dice [Citas]:

“AHORA MIRE LA EDAD QUE VIENE AHORA, HACIA ARRIBA A LA PIEDRA ANGULAR. ¿Ve lo que quiero decir? La Venida del Señor…”.

El llamado de este tiempo final es hacia arriba. Es arriba, en la Edad de Piedra Angular, donde Cristo convoca a todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Es importante saber estas cosas, y sobre todo en el continente americano, porque miren lo que dice el reverendo William Branham. Página 69, párrafo 593:

593 – “Vendrá una Luz...”

Recuerden que Cristo es la Luz del mundo.

593 – “Vendrá una Luz, se levantará. ¿Dónde vendrá? ¿Allá en Jerusalén? No, señor. Las luces de la tarde no se levantarán en Jerusalén. Las luces de la tarde ¿van para dónde? ¡En el Oeste!”.

O sea, el continente americano, al cual pertenece Norteamérica, Centroamérica, el Caribe y Suramérica (la América Latina).

¿Y para qué vendrá esa Luz? Recuerden que la Luz es y viene cuando la Palabra prometida es vivificada, traída a cumplimiento. Esa es la Luz de la edad cuando la ven. El cumplimento de la promesa de Dios, esa es la Luz para el pueblo.

“Ellos (o sea, en el este, Israel) tuvieron su día y lo rechazaron, pero la Luz de la tarde se levantará en el Oeste. ¿Para qué? Para brillar sobre la Palabra. ¿Qué? Para madurar la fruta, traer hacia adelante el Árbol Novia con las mismas señales, maravillas, y frutos que ellos tenían en el principio”.

Es en este tiempo final en donde los creyentes en Cristo madurarán como el trigo madura para la cosecha, y para lo cual necesita la Luz, que es Cristo en Su manifestación final, para que nos madure como creyentes en Cristo, como cristianos, y podamos ser transformados en este tiempo final; ser cosechados para ser colocados en la Cena de las Bodas del Cordero.

Por eso es tan importante tomar de la Fuente del Agua de la Vida, el cual es Cristo. Cristo es la Fuente del Agua de la vida eterna, y el que toma de esta Agua vivirá eternamente; no tendrá sed jamás, vivirá eternamente.

Apocalipsis, capítulo 7, dice, verso 16 en adelante:

Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno;

porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos”.

La Fuente es Cristo, el Agua es el Espíritu Santo; y los que han tenido sed son los que han recibido a Cristo como su único y suficiente Salvador; esos son los que han tenido sed y han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador; y han tomado de Cristo, del Agua del Espíritu Santo, del Agua de la Roca, del Espíritu de Cristo en el tiempo que les ha tocado vivir. Y a nosotros nos ha tocado en este tiempo; somos privilegiados en vivir en este tiempo y estar tomando de la Fuente, la Roca, del Agua de la vida eterna.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted; los que están aquí presentes y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente los que todavía no han recibido a Cristo como Salvador y están aquí presentes o en las demás naciones que están conectadas con esta actividad.

Pueden continuar pasando al frente en los diferentes países, y también los niños de 10 años en adelante pueden recibir a Cristo como su Salvador; pueden pasar al frente para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están recibiendo a Cristo como Salvador en diferentes naciones.

Con nuestros ojos cerrados y nuestros rostros inclinados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego, en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y ahora repitan conmigo esta oración, los que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por mis pecados.

Señor, reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino. Quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Señor, haz una realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario, hazla una realidad en mí. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

El bautismo en agua es tipológico, no quita los pecados; pero es un mandamiento de Cristo nuestro Salvador, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por eso es tan importante para el ser humano, para la persona que recibe a Cristo, ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, pueden ser bautizados también los que han recibido a Cristo como Salvador; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Él dijo14: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Dejo en cada país al ministro correspondiente, para que les indique a las personas que han recibido a Cristo en estos momentos cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y aquí dejo al ministro José Benjamín Pérez para continuar y finalizar. Y nos veremos el próximo viernes y el próximo domingo, Dios mediante.

Estaré con ustedes aquí el próximo viernes y el próximo domingo, Dios mediante, para tener el tema del viernes y del domingo. Los viernes es como introducción para el tema de la escuela bíblica del domingo.

Veo que ustedes guardan la hojita también. Yo la estoy guardando, y voy a montarlas: que me quede así en forma de libro para tenerlos todos guardados; y cuando necesito hacer un repaso, tenerlos a la mano; y luego tener también el resto guardado, para cuando necesito buscar algo tenerlo también a la mano.

Que Dios les bendiga grandemente, les guarde a todos y les acompañe todos los días de vuestra vida aquí en la Tierra y por toda la eternidad. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Con ustedes el ministro aquí, José Benjamín Pérez, y en cada país el ministro correspondiente, para que les indiquen cómo hacer para ser bautizados en agua las personas que han recibido a Cristo como único y suficiente Salvador.

“LA FUENTE QUE DA AGUA PARA VIDA ETERNA”.

[Revisión enero 2018]

1 Hechos 1:3

2 San Mateo 27:52-53

3 San Marcos 16:19, San Lucas 24:51, Hechos 1:9-11

4 Segunda de Reyes 2:11

5 Pedro y Juan ante el concilio, Hechos 4:1-22

6 Éxodo 17

7 Números 20:8 [1-13]

8 San Juan 14:13

9 Deuteronomio 3:25-26

10 Colosenses 1:20

11 San Juan 5:30-36, 10:37-38

12 San Juan 14:10

13 Primera de Corintios 10:4

14 San Marcos 16:15-16

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Carretera No.1 Km 54.5
Sector Montellano
Cayey, Puerto Rico
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