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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y todos los que están en otras naciones, ministros y sus congregaciones, hoy viernes; o mejor dicho, sábado, porque los días comienzan en la tarde; ya para los judíos es sábado. Y hoy sábado tenemos la reunión mensual del primer sábado de cada mes, con ministros, sus ayudantes, y también todos los hermanos y hermanas de todas las naciones; congregaciones diferentes, congregaciones en todos los países.

Mis saludos para el misionero Miguel Bermúdez Marín allá en Maracaibo, y también para el ministro allá, Jairo Ordoñez, y todos los hermanos y hermanas allá reunidos.

También un saludo para el licenciado Oswaldo Aparecido Natale y su hijo Diego, el cual está cumpliendo año hoy. ¡Feliz cumpleaños!

Para esta ocasión leemos en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30; y dice de la siguiente manera:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos”.

“LA VOZ DE LA SEÑAL”, es nuestro tema para esta ocasión. Y el domingo próximo continuaremos hablando bajo este tema, bajo el título: “LA VOZ DE LA SEÑAL EN CADA TIEMPO”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Dios le dio a Moisés dos señales, y luego al final una tercera señal. La primera señal era para ser mostrada ante el pueblo, tirando al suelo su vara, la cual se convertiría en una culebra, una serpiente, y la cual luego Moisés tomaría por la cola y se volvería nuevamente una vara. Esa señal la imitaron los magos en Egipto.

Luego la segunda señal era meter su mano en su costado, sacarla y saldría leprosa; luego la metería de nuevo en su seno y al sacarla nuevamente saldría limpia, como estaba al principio.

Ambas varas, ambas señales, representan a Cristo. Cristo, la vara: la Palabra con la cual Moisés llevaría a cabo las señales. Y la mano volverse leprosa: eso fue cuando Cristo tomó nuestros pecados, y luego encontramos que al resucitar salió sin pecados, porque los dejó allá en el infierno, al originador del pecado, que es el diablo; y Cristo está glorificado.

Luego encontramos que la señal siempre... siempre le sigue a la señal la voz: la Palabra de Dios. Y es con la Palabra de Dios que se alimentan espiritualmente los creyentes: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye”. Eso es lo que Cristo dice en Su Palabra.

Él dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen”. Esa es la identificación mayor de una oveja del Señor: que oye la Voz de Dios para el tiempo en que está viviendo en la Tierra.

Él, Cristo, ordenó a Sus discípulos el llevar el Evangelio por todo el mundo, y les dio señales que llevarían a cabo; pero a esas señales les seguía la Voz de Cristo, la Voz del Evangelio, como Él prometió cuando dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; las cuales también debo traer, y oirán mi Voz; y habrá un rebaño, y un pastor”. Eso está en San Juan, capítulo 10, versos 16 en adelante.

La Voz de la Señal es lo más importante; por lo tanto, la Voz es para oírla no solamente con los oídos sino con el alma, creyéndola de todo corazón. Porque la promesa es que Cristo llamará a Sus ovejas y las colocará en Su Redil, que es Su Iglesia.

Luego encontramos a Moisés, por Orden Divina, llevando a cabo una señal muy grande: tomando agua en una vasija y derramándola sobre la tierra (agua del río) y convirtiéndose en sangre el agua, y también todo el agua del río. Ya eso es una señal de muerte para los peces, y por consiguiente, señal de muerte para Egipto.

Al reverendo William Branham también le fueron dadas dos señales: una señal en la mano, la cual, al colocar sobre su mano una persona la mano suya, por medio de vibraciones él sabía la enfermedad que tenía la persona; su mano se hinchaba, y él por medio del Espíritu de Dios llegaba a conocer las enfermedades que tenía la persona; y oraba por la persona, y la enfermedad se iba y la mano se volvía como estaba al principio. Una señal en la mano, como le fue dada también una señal en la mano a Moisés.

También le fue dada otra señal, la cual fue conocer los secretos del corazón de las personas; porque la Palabra discierne los pensamientos y las intenciones del corazón de las personas.

Esas dos señales fueron vistas por miles o millones de personas cuando él las mostró públicamente. Fueron imitadas esas señales.

Detrás de las señales siempre está la Voz de Dios, la Palabra de Dios. Si no está la Palabra, el Mensaje de Dios para el tiempo en que la persona está viviendo, las señales no tienen valor positivo para los hijos de Dios; porque los falsos profetas hacen señales también, pero no les sigue la Voz de Dios para el tiempo en que se está viviendo. Por lo tanto, las señales atraen a las personas, las señales que vienen de parte de Dios, para que la persona escuche la Voz de Dios.

Ahora, el profeta tuvo esa primera señal en la mano, primera etapa; luego tuvo la segunda señal, que discernía los pensamientos del corazón de las personas por medio del Espíritu de Dios. Detrás de la señal también estaba la Voz de Dios hablándole al pueblo.

La señal es para llamar la atención del pueblo, para que se siente a escuchar la Voz de Dios.

Luego hay otra señal, otra etapa, una tercera etapa, de la cual fue dada una muestra a través del reverendo William Branham, el cual tuvo esa tercera señal, esa tercera etapa, detrás de la cual estaba la Voz de Dios.

Esa Tercera Señal traerá en el Día Postrero, a la Iglesia del Señor Jesucristo, la Voz de Dios, la Palabra de Dios para el tiempo final. Por medio de esa tercera etapa manifestada en el reverendo William Branham era hablada la Palabra, y luego las cosas sucedían. Era la Voz de Dios, la Voz creadora de Dios a través de un hombre, el Espíritu Santo hablando al pueblo.

Esa Tercera Señal, esa Tercera Etapa, se va a repetir en el cumplimiento de la visión que le fue dada al reverendo William Branham: la Visión de la Carpa. Ahí va a estar en cierto tiempo la señal de la Tercera Etapa, y por consiguiente, va a estar allí la Voz de Dios hablándole a Su pueblo, a Su Iglesia; y después le hablará al pueblo hebreo.

Ahora, si es la Voz de Dios la que está en cada tiempo detrás de esas señales Divinas, allá en el tiempo de Moisés estaban esas señales en medio del pueblo hebreo; luego en el Nuevo Pacto estarán en la Iglesia del Señor Jesucristo manifestadas esas señales.

Ya las vimos manifestadas en el reverendo William Branham, la primera y segunda señal, y nos fue dada una muestra de lo que será la Tercera Señal, la Tercera Etapa en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo. Fue dada una muestra a través del reverendo William Branham de lo que Dios va a hacer en el Día Postrero en toda Su plenitud.

Ahí entonces estará la Palabra de Dios, la Voz de Dios hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero y revelándole lo que necesita conocer la Iglesia para tener la fe para ser transformada y llevada con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Siempre hay un Orden Divino para Dios hablar a Su pueblo. Recordemos que Dios habla a Su pueblo por medio de Su Espíritu, de etapa en etapa, de edad en edad, y ahora vamos a ver… porque no queremos que se nos escape la Voz de Dios en este tiempo final. Porque lo más importante es la Voz de Dios, lo que Él estará hablándole a Su Iglesia.

Como Dios obró en el Antiguo Testamento y luego en Su Iglesia, así obrará en este tiempo final. En el libro de Las Edades, página 168 y 169, dice el reverendo William Branham, dice… leyendo dice:

“[168] El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

Siempre al final del Mensaje para cada edad, en el capítulo 2 y capítulo 3, donde aparecen las siete iglesias representadas en las siete iglesias de Asia Menor, siempre al final nos dice: “El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Esa es la Voz que la Iglesia del Señor Jesucristo en cada etapa, cada edad, tiene que escuchar: una Voz. No muchas voces. Una sola Voz. La Voz de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia hablándole; hablándole el Mensaje correspondiente a cada etapa de Su Iglesia, en donde estará Cristo vivificando, o sea, haciendo realidad cada promesa correspondiente a cada etapa de Su Iglesia. Eso es lo que Él vivificará. Y con esa Palabra nos vivifica, de edad en edad.

“[168] El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

Es que Cristo dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. San Mateo, capítulo 28, verso 20. Y San Mateo, capítulo 18, verso 20, nos dice: “Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, allí yo estaré.” O sea, que Cristo continúa acompañando Su Iglesia. Aunque Su cuerpo físico glorificado está en el Cielo, en el Trono de Dios, Cristo en Espíritu Santo está en medio de Su Iglesia desde el Día de Pentecostés en adelante.

Y Él dice: “Estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Por lo tanto, Él está en la actualidad con nosotros también.

Él dijo: “Aún tengo muchas cosas que deciros pero aún no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu Santo…”. Capítulo 16, versos 12 en adelante, de San Juan, dice:

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad (o sea, el Espíritu Santo), él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.

Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber”.

O sea que es Cristo en Espíritu Santo, el Espíritu Santo que estaba en Cristo, Él ha prometido que estaría en Su Iglesia y estaría dándonos a conocer las cosas que no podían llevar en aquel tiempo. O sea, estaría dando a conocer; dice: “...os hará saber las cosas que habrán de venir”.

Por lo tanto, el Espíritu de Cristo ha estado en medio de Su Iglesia dando a conocer las cosas que la Iglesia debe saber. Y encontramos que Cristo en Espíritu Santo es el Ángel del Pacto, el mismo que le apareció en aquella Luz en una zarza que ardía y no se consumía, allá en el capítulo 3 del Éxodo, en el monte Horeb, al profeta Moisés. Dice la Escritura que era el Ángel de Dios, el Ángel de Jehová, el Ángel del Pacto, del cual nos habla el Éxodo, capítulo 23, verso 20 en adelante, donde dice:

“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.

Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Ángel irá delante de ti…”

Este Ángel es nada menos que el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo apareciéndole a Moisés y libertando luego al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, y llevándolos por el desierto rumbo a la tierra prometida.

Por eso es que la Escritura nos dice que la Ley fue dada por comisión de Ángeles. Hebreos, capítulo 2. Y también en el libro de los Hechos se nos habla del mismo tema. “La Ley fue dada por comisión de Ángeles”, nos dice la Escritura.

Y si fue dada por comisión de Ángeles, el Ángel de Jehová, que dio la Ley allá en el Monte Sinaí y estableció el Pacto con el pueblo hebreo, es el mismo Ángel que se hizo carne, el Ángel de Dios, el Ángel del Pacto, y fue conocido por el nombre de Jesucristo; el Ángel del Pacto que estaba prometido en Malaquías, capítulo 3, verso 1 al 2.

Y por eso es que en la última cena de Jesús con Sus discípulos les dice, tomando el pan y dando gracias al Padre, y partiendo y dando a ellos, dice: “Comed, este es mi cuerpo”. Y luego tomando la copa de vino y dando gracias al Padre, dice: “Tomad de ella todos, porque esta es mi Sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada”. Esto para remisión de los pecados.

Ahí Él está mostrando que va a establecer el Nuevo Pacto; porque Él es el Ángel del Pacto que vino en carne humana para establecer el Nuevo Pacto, al cual han estado entrando millones de seres humanos al recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Recuerden que Él dijo: “Yo he venido en nombre de mi Padre”. Porque el Ángel del Pacto viene en el Nombre de Dios, porque en el Ángel del Pacto está el Nombre de Dios.

Ahora podemos ver que el Ángel del Pacto es el Señor Jesucristo, el cual se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo; y fue Emanuel: Dios con nosotros. Es el mismo que luego en Espíritu Santo descendió el Día de Pentecostés y ha permanecido en medio de Su Iglesia durante estos dos mil años que han transcurrido, y continúa en medio de Su Iglesia conforme al Programa Divino, el cual para este tiempo final también nos estará hablando; y por consiguiente estaremos escuchando Su Voz, así como sucedió en cada una de las edades pasadas.

Y ahora continuando la lectura de la página 168 y 169 de Las Edades, dice:

[168] El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.’ Note aquí que Jesús (por el Espíritu) en cada edad se dirige solamente a UNA persona, en relación a la Palabra para esa edad. Sólo UN mensajero en cada edad recibe lo que el Espíritu tiene que decir a esa edad, y aquel mensajero es el mensajero a la Iglesia Verdadera. Él habla por Dios, por revelación a las ‘iglesias’: Tanto a la verdadera y a la falsa. Así que el Mensaje es transmitido a todos; pero aunque es transmitido para todos los que están al alcance del Mensaje, tal Mensaje es recibido individualmente sólo por un cierto grupo calificado y de cierta manera. Cada individuo en aquel grupo es uno que tiene la habilidad para oír lo que el Espíritu está diciendo por medio del mensajero. Aquellos que lo están oyendo, no están recibiendo su propia revelación, ni tampoco están (el grupo) recibiendo su revelación colectiva, pero cada persona está oyendo y recibiendo lo que el mensajero ya ha recibido de Dios”.

Ahí tenemos el orden para oír la Voz de Dios en cada edad. En la página 169, dice:

[171] Cuánto cuidado debemos tener de oír UNA Voz, porque el Espíritu solamente tiene una Voz, la cual es la Voz de Dios. Pablo les advirtió que dijeran lo que él dijo, como también lo hizo Pedro. Él les advirtió que ni aun él (Pablo) podía cambiar una sola palabra de lo que había dado por revelación. Oh, ¡cuán importante es oír la Voz de Dios por medio de Sus mensajeros, y luego decir lo que les ha sido dado a ellos para las iglesias!”

Y la página 265, dice:

“96. Como ya hemos mencionado, Jesús se identifica con el mensajero de cada edad. Ellos reciben de Él la revelación de la Palabra para cada edad. Esta revelación de la Palabra saca del mundo a los escogidos de Dios y los coloca en unión completa con Cristo Jesús. Estos mensajeros son llamados estrellas porque brillan con una Luz prestada o reflejada, la Luz del Hijo, Jesús. También son llamados estrellas porque son ‘portadores de luz’ en la noche. Así que en la oscuridad del pecado, ellos traen la Luz de Dios a Su pueblo”.

Y en la página 227 del libro de Las Edades, dice:

“177. Ahora, siendo que cada uno de estos mensajes es dirigido al ‘ángel’ (mensajero humano), su porción es una grande responsabilidad como también un privilegio maravilloso. A estos hombres Dios hace promesas especiales, como en el caso de los doce apóstoles estando sentados en doce tronos juzgando las doce tribus de Israel. Luego, acuérdese de Pablo, a quien se le fue dado una promesa especial: la promesa de presentar a Jesús a la gente de la Novia de su día”.

Esta promesa es para cada mensajero correspondiente a cada edad; a él le toca presentar el grupo de su edad, presentarlo a Cristo. Es a través del mensajero de cada edad que Cristo en Espíritu Santo le revela Su Mensaje para ese tiempo; y luego usa ese mismo mensajero ungido con el Espíritu Santo para hablar ese Mensaje al pueblo, y así nace cada edad.

Han transcurrido diferentes edades, en donde Cristo por medio de Su Espíritu ha estado cortando esas piedras vivas, esos creyentes que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo; cada cual, cada uno, en la edad que le corresponde.

Han transcurrido ya siete etapas de la iglesia gentil o entre los gentiles, y ahora nos encontramos en la etapa de la Piedra Angular; donde Él corta por medio de Su Espíritu las piedras vivas que formarán esa etapa de la Iglesia, la etapa de Piedra Angular, que es la etapa más importante de todas las edades, de todas las etapas, porque es la etapa que corona y con la cual corona Cristo a Su Iglesia.

Esa es la etapa que nos toca vivir a nosotros. Esa es la etapa para la cual está la promesa de una Tercera Etapa que ha de ser manifestada en una Gran Carpa Catedral. Por lo tanto, la señal de las maravillas que sucederán en esa manifestación de Tercera Etapa, de parte de Dios en toda Su plenitud, tendrá una Voz: que es el Mensaje Final de Dios, que es los Siete Truenos, la Voz de Cristo hablando como León de la tribu de Judá a Su Iglesia, y dándole así la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Es en esa etapa donde la Iglesia del Señor Jesucristo recibirá la revelación de la Segunda Venida de Cristo a Su Iglesia. Esa es la etapa paralela a la Primera Venida de Cristo.

Esa etapa es la más gloriosa de todas las etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo, porque es la etapa donde la Iglesia recibirá la fe para irnos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Es la etapa en la cual Cristo vendrá en Su Segunda Venida y se manifestará en toda Su plenitud. Por lo tanto, es la etapa más gloriosa de todas las etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo. Y es un privilegio grande vivir en el tiempo correspondiente a esa etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo, en donde Él cumplirá todas las promesas que le ha hecho a Su Iglesia.

Tenemos grandes promesas en las Escrituras, para ser cumplidas en este tiempo final.

Está prometido que Cristo se manifestará en toda Su plenitud en medio de Su Iglesia, y los judíos lo van a conocer. Aquí, en la página 41, párrafo 189 de este folleto o mensaje: “La Fiesta de las Trompetas”, predicado el 19 de julio de 1964, dice:

“Esto será la trompeta, la fiesta fue rechazada; entonces su Mesías será dado a conocer. Note, ellos (o sea, los judíos) conocerán a su Mesías cuando le vean. Él viene en poder esta vez, el que ellos buscaron; Él viene en poder para la Novia Gentil, y los judíos van a reconocerlo.”

O sea, que la manifestación de Cristo en el Día Postrero, en el cumplimiento de esa Tercera Etapa, en donde Él se va a manifestar en toda Su plenitud en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, los judíos van a ver esa manifestación y van a decir: “Pero ¡este es el que nosotros estamos esperando!”. Israel está esperando la Venida del Mesías. Y la Iglesia del Señor Jesucristo también está esperando la Venida del Señor. Por cuanto la Iglesia del Señor Jesucristo está en el Nuevo Pacto, el cual está vigente, es a la Iglesia que Él vendrá en este tiempo final.

El próximo domingo continuaremos hablando sobre “LA VOZ DE LA SEÑAL EN CADA TIEMPO”. Dimos un recorrido rápido en esta ocasión. El domingo (pasado mañana) continuaremos hablando de “LA VOZ DE LA SEÑAL EN CADA TIEMPO”; porque queremos estar al tanto, escuchando LA VOZ DE LA SEÑAL.

Porque es la Voz de Cristo para el Día Postrero, clamando como cuando un león ruge y siete truenos emitiendo sus voces, y dándonos a conocer el misterio del Séptimo Sello, el misterio por el cual hubo silencio en el Cielo como por media hora en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1. Ese misterio es el misterio de la Venida del Señor. Ese es el misterio que le dará la fe para ser transformados y raptados a los creyentes en Cristo en el Día Postrero. Esa es la Voz de Cristo clamando como cuando un león ruge y siete truenos emitiendo sus voces.

Esa Voz de Cristo como león clamando y siete truenos emitiendo sus voces, es la Voz de Jesucristo en el Día Postrero para la Edad de la Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo. Y esa Voz será la que estará escuchando la Iglesia del Señor Jesucristo, y estaremos viendo también las señales que están prometidas que serán manifestadas en medio de la Iglesia en el Día Postrero.

“LA VOZ DE LA SEÑAL”. Esa es la Voz de Cristo para el Día Postrero. “El que tiene oídos para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. [Apocalipsis 2:7]

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, ministros presentes y ministros que están en diferentes países, y sus congregaciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos mantenga abierta el alma, el corazón, para escuchar la Voz de Cristo en el Día Postrero y que nazca la fe de Cristo en toda Su plenitud en nuestro corazón, en nuestras almas; y pronto todos tengamos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Hasta el próximo domingo, Dios mediante, pues continuaré con ustedes casi todo este mes; o sea, que faltan más domingos para estar con ustedes.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos, y dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y finalizar.

Hasta el próximo domingo, Dios mediante, que estaré con ustedes aquí; y oren mucho por el tema del domingo próximo, que será una continuación del tema de hoy, en donde esperamos que lo que hemos escuchado hoy sirva de base para entender más claramente lo que el próximo domingo estaremos platicando.

Que Dios les bendiga a todos y les guarde, y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA VOZ DE LA SEÑAL”.

[Revisión enero 2018]

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