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Muchas gracias misionero, reverendo Miguel Bermúdez Marín. Reciba mi cordial saludo, y cada uno de ustedes presentes reciban mis saludos, y también los que están en otras naciones, otras iglesias, alabando a Dios hoy domingo para recibir las bendiciones de Dios.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Quiero agradecer a todos los Activistas que están trabajando en la campaña de donación de sangre: “En la Sangre está la Vida - Donando la savia de la vida”. ¡La 5.ª Maratón Internacional fue todo un éxito!

Con estas acciones estamos sembrando una cultura de donación de sangre voluntaria y habitual, con la EMAP, la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, en asocio con universidades, también con entidades sin fines de lucro, como iglesias, y el público en general, que se unen a esta campaña de donación de sangre voluntaria y habitual.

Las cifras por país han sido: Colombia 40.255 / Brasil 35.860 / Venezuela 12.908 / México 6162 / España 4300 / Ecuador 3465 / Bolivia 3100 / Argentina 2807 / Chile 2714 / Costa Rica 1550 / Estados Unidos 1109 / Guatemala 911 / Perú 847 / Paraguay 802 / Puerto Rico 600 / Panamá 590 / El Salvador 300 / Honduras 245 / República Dominicana 40.

Con un total de 118.565 unidades de sangre recolectadas.

Comparado con la 4.ª Maratón (la maratón anterior), hemos obtenido un incremento de aproximadamente 50.000 unidades. Juntos hemos salvado vidas; y más allá de las cifras, lo verdaderamente importante es poder regalar vida y esperanza a la familia humana.

Por otra parte, quiero presentarles un video que nos muestra todo el proceso de la construcción de La Gran Carpa Catedral, desde sus inicios hasta la etapa donde estamos actualmente. La estructura ya está concluida, y también se ha finalizado los edificios que componen las facilidades de la edificación. Este resumen de toda la construcción nos muestra cómo Dios nos ha ayudado y nos seguirá ayudando hasta que la obra se concluya.

También tendremos un video que nos muestra todos los trabajos que el pueblo venezolano hace voluntariamente y de corazón, para obtener los recursos que posteriormente son enviados para respaldar la construcción de La Gran Carpa Catedral.

Finalmente veremos un video que se estará colocando en mi blog. Estos videos se realizan con el objetivo de promover los valores universales, principios y derechos humanos. Si ustedes desean compartirlo pueden entrar a la dirección: williamsotosantiago.com

Adelante con los videos, por favor.

[Presentación de los videos-documentales]

Ya han podido ver estos videos para estar al tanto de las labores que se están llevando a cabo.

Es un privilegio grande trabajar en el Programa de Dios, es un privilegio grande trabajar por el bienestar de la familia humana, es un privilegio grande trabajar por la paz del ser humano.

Aprecio y agradezco mucho el respaldo que le están dando a estos proyectos que están siendo llevados a cabo por La Gran Carpa Catedral en la construcción de ese templo maravilloso que se está construyendo en Cayey, Puerto Rico. Y también aprecio mucho el respaldo que le están dando a los proyectos que la Embajada Mundial de Activistas por la Paz está llevando a cabo en favor de la familia humana.

Que Dios los bendiga por todo lo que están haciendo, y les prospere espiritualmente y materialmente, y les use siempre grandemente en Su Reino en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en San Juan, capítulo 3, versos 13 en adelante, donde dice:

Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,

para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”

“UN TOQUE DE FE PARA SALVACIÓN”.

Creyendo en nuestro amado Señor Jesucristo. “Todo aquel que en Él cree...”. “Para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Se requiere un toque de fe para recibir la vida eterna.

El ser humano necesita la salvación para poder vivir eternamente, porque el ser humano perdió la vida eterna, perdió la herencia divina que Dios le había otorgado al pecar en el Huerto del Edén; y por consiguiente, su descendencia, la descendencia de Adán y Eva, apareció con vida temporal, no vida eterna, porque Adán y Eva perdieron esa herencia que le tenían que dejar a su descendencia.

Si no pecaban en el Huerto del Edén (Adán y Eva), usted y yo tendríamos miles de años ya viviendo en esta Tierra, con cuerpos eternos, inmortales, glorificados; pero entró la muerte por medio del pecado y hemos venido en cuerpos mortales, temporales, para hacer contacto con la vida eterna, que es Cristo, y así confirmar nuestro lugar en la vida eterna con Cristo.

La Escritura nos dice en San Juan, capítulo 5, verso 24:

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”.

Se pasa de muerte a vida creyendo en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

Para restaurar al ser humano a la vida eterna se requirió que viniera a la Tierra un segundo Adán con vida eterna para poder impartirla a los que creyeran en Él. Por eso la Venida de Cristo dos mil años atrás, para morir en la Cruz del Calvario, es la manifestación más grande del amor de Dios hacia el ser humano.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

Si vivir en estos cuerpos mortales por un tiempo es tan bueno, ¿cómo será vivir en un cuerpo inmortal, glorificado, eterno y joven para toda la eternidad, sin los problemas que tenemos en estos cuerpos terrenales? No hay palabras para expresar la bendición tan grande que es vivir en un cuerpo eterno como el cuerpo eterno y glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador, que está tan joven como cuando subió al Cielo.

Vean cómo nos dice en Romanos, capítulo 5, verso 6 en adelante. Dice:

Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”.

Es una bendición grande la Primera Venida de Cristo a la Tierra para tomar nuestros pecados y morir por nosotros en la Cruz del Calvario.

¿Y dónde estábamos nosotros? En Cristo. Y por esa causa, cuando Él fue bautizado estábamos siendo bautizados con Él; cuando Él estuvo siendo juzgado, estábamos siendo juzgados con Él; cuando Él fue condenado, estábamos siendo condenados con Él; cuando Él fue crucificado, estábamos siendo crucificados con Él; cuando Él fue sepultado, estábamos siendo sepultados con Él; cuando Él bajó al infierno, estábamos bajando con Él al infierno; cuando Él pasó por el Paraíso para buscar a Abraham, a Isaac y a Jacob, y traerlos en la resurrección, estábamos también con Él; cuando Él resucitó, Cristo resucitó, estábamos resucitando con Él. Y así por el estilo, estábamos siempre en Él y con Él.

Como un árbol de mango, de aguacate o de naranja; usted lleva la semilla de un lugar a otro, y dondequiera que usted lleve esa semilla va el árbol de mango, de aguacate o de naranja que está potencialmente en esa semilla.

Y cuando usted entierra esa semilla, está enterrando el árbol también. Después nace de esa semilla el árbol y lleva los frutos que le corresponde, porque cada simiente producirá de acuerdo a lo que es su simiente, su género. La semilla de aguacate produce aguacates, la de mango produce mangos. Sería raro ver un aguacate produciendo mangos (o un árbol de aguacate), sería ya una alteración que le hayan hecho injertándole alguna rama de otro árbol existente.

Ahora, por cuanto estábamos en Cristo, fuimos creados en Cristo Jesús Señor nuestro, como nos dice San Pablo en Colosenses, capítulo 1, verso 13 en adelante, hablando de Cristo dice:

“… el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo”.

Por medio de creer en Cristo, recibiéndolo como Salvador, siendo bautizados en agua en Su Nombre y Cristo bautizándonos con Espíritu Santo y Fuego, produce el nuevo nacimiento en la persona, y nace así en el Reino de Dios. Así como para estar en esta Tierra en estos cuerpos mortales tuvimos que nacer: nacer por medio de la unión de nuestros padres terrenales; y para nacer de nuevo se requiere nacer del Agua y del Espíritu, o sea, del Evangelio de Cristo y del Espíritu Santo, en esta unión amorosa de Cristo y Su Iglesia de etapa en etapa.

Se nace de nuevo en Cristo, en la Iglesia del Señor Jesucristo, donde Él está, pues Él dijo1: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

Por lo tanto, Él, Jesucristo, el Hijo de Dios, ha estado reproduciéndose en hijos e hijas de Dios por medio de la unión con Su Iglesia, de edad en edad, durante la Dispensación de la Gracia.

Cristo dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, él solo queda; pero si cae en tierra y muere, mucho fruto lleva”. (San Juan, capítulo 12, verso 24).

Cristo es la Simiente original, el Grano de Trigo; y los creyentes en Cristo son los granos de trigo, que son la reproducción de Cristo el Grano de Trigo a través de Su Iglesia. Su Iglesia es la planta de trigo a través de la cual Cristo, el Grano de Trigo, la Vida de Cristo, el Espíritu Santo, se reproduce en muchos hijos e hijas de Dios. Y así se va formando la familia de Dios, así va manifestándose la familia de Dios, los cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Estábamos en Él y Dios conoce a cada uno de Sus hijos por su nombre.

Dios le colocó el nombre a cada uno de Sus hijos que colocó en Cristo, el Ángel del Pacto, el Verbo que era con Dios; porque Él es la Simiente original, la cual se reproduciría en muchos hijos e hijas de Dios. Él, por consiguiente, es el Segundo Adán, y Su Iglesia es la Segunda Eva.

Para lo cual se requiere que se predique el Evangelio de Cristo, para que todo aquel que escuche y cree y lo recibe como Salvador, sea bautizado en agua en Su Nombre, Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en la persona el nuevo nacimiento; nazca en el Reino de Dios, en esa dimensión celestial, para estar sentados en lugares celestiales con Cristo Jesús Señor nuestro.

Vean, Cristo estando en la Tierra dijo2: “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo (y dijo); el Hijo del Hombre que está en el cielo (y estaba en la Tierra)”. Y la Iglesia del Señor Jesucristo está sentada en lugares celestiales en Cristo, donde está Cristo, aunque físicamente en cuerpos terrenales está en la Tierra.

Ahora, sentados en lugares celestiales recibiendo las bendiciones de Dios, las bendiciones espirituales, porque el Reino de Cristo, el Reino de Dios está en la esfera espiritual, en donde se están reproduciendo Cristo con Su Iglesia en muchos hijos e hijas de Dios.

Como Adán y Eva se reprodujeron en hijos, pero mortales, el segundo Adán, Cristo, se está reproduciendo en Su Iglesia y a través de Su Iglesia en muchos hijos e hijas de Dios con vida eterna.

Es vida eterna lo que Cristo dijo que le daría a las ovejas que el Padre le ha dado para que las busque y les dé vida eterna, cuando dijo:  “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna”. Vamos a leerlo tal y como está. Capítulo 10 de San Juan, versos 27 en adelante:

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen,

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

Yo y el Padre uno somos”.

Ahora vean cómo es que Cristo busca, llama y le da vida eterna a esas ovejas. Esas son las personas llamadas en la Escritura: los hijos e hijas de Dios; son llamados también: los elegidos de Dios, los predestinados de Dios, los escogidos de Dios, que estaban en Cristo eternamente.

Por lo tanto, Cristo vino para buscar esas ovejas perdidas que aparecerían de tiempo en tiempo, de edad en edad, en este planeta Tierra; y Cristo les daría vida eterna, las restauraría a la vida eterna, porque están sus nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida.

Sigue diciendo en el pasaje de Colosenses (estábamos en el verso 13):

“… el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas (o sea, del poder del reino de las tinieblas nos ha librado), y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

Él es la imagen del Dios invisible (la imagen es el cuerpo angelical, el cuerpo teofánico, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo), el primogénito de toda creación.

Porque en él fueron creadas todas las cosas…”.

Así como está, en una semilla de un árbol de mango o de aguacate, está un árbol completo con hojas, con fruto también, está potencialmente ahí; así también estaban en Cristo creadas todas las cosas. Luego Él las hablaba a existencia y venían a materialización.

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él”.

O sea que Dios creó por medio de Cristo, del Ángel del Pacto, del Espíritu Santo, todas las cosas; ese es el origen de la Creación. Por eso dice en San Juan, capítulo 1:

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

Y en Hebreos, capítulo 1, dice, verso 1 en adelante:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

O sea que Dios creó el universo por medio de Cristo, por medio del Ángel del Pacto, por medio del Espíritu Santo.

“Por Él fueron creadas todas las cosas…”. Colosenses 1, verso 16, a continuación:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él”.

Por eso en Romanos, capítulo 8, verso 14 en adelante, dice que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro.

“Y él es antes de todas las cosas…”.

O sea, antes de la creación del universo, Cristo es; porque por medio de Él fue que Dios creó todas las cosas.

“Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,…”

En Jesucristo estaba el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Padre, Hijo y Espíritu Santo estaba en forma humana en medio de Israel. Por eso Jesucristo decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”, y también Él decía que era el Espíritu Santo el que hacía las cosas, era Dios.

Por lo tanto, en Cristo estando la plenitud entonces era Emanuel: Dios con nosotros, en un velo de carne llamado Jesús.

“… y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado

en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él”.

Podemos ver que por medio de Cristo hemos recibido la reconciliación con Dios, hemos sido restaurados al Reino de Dios en la esfera espiritual; nuestra alma. Y nuestro espíritu está en el Reino de Dios, en lugares celestiales en Cristo Jesús. Y nuestro cuerpo lo sujetamos a la Palabra del Reino de Dios, a las leyes del Reino de Dios; y algún día la redención del cuerpo también vendrá, que será la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de los creyentes en Cristo que estén vivos en el tiempo final y que hayan entrado al Reino de Dios por medio del nuevo nacimiento; porque el nuevo nacimiento es ese nacimiento espiritual en el Reino de Dios al recibir el Espíritu Santo de Cristo.

Por lo tanto, se requiere que al predicarse el Evangelio de Cristo las personas toquen a Cristo. Se requiere un toque divino, un toque de fe para la salvación del alma de los individuos.

Es la fe la sustancia, esa fe que tiene la persona, que recibe la persona cuando escucha la predicación del Evangelio de Cristo. Y “la fe viene por el oír la Palabra del Señor”3. “Con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”4. Si confesares a Cristo como el Hijo de Dios, serás salvo.

El carcelero de Filipo le pregunta a San Pablo y a Silas, que estaban presos cuando se estremeció la cárcel con un terremoto, un temblor de tierra; pregunta el carcelero: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” —“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”, le dice San Pablo al carcelero.5 Eso es un toque de fe a Cristo para salvación.

Ese toque de fe a Cristo para salvación lo hice yo hace muchos años, ¿y quién más?6 Ese es el momento más importante, la decisión más importante que usted y yo hayamos hecho: ese toque de fe a Cristo para salvación, para la salvación de nuestra alma, para ser colocados en el Reino de Cristo con vida eterna.

Por lo cual, si hay alguna persona que todavía no ha hecho ese toque de fe a Cristo para que le dé salvación y vida eterna, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le dé la vida eterna.

Recuerden que Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna”.

La exclusividad de la vida eterna la tiene Jesucristo nuestro Salvador. Él es el único que nos puede dar vida eterna. Él desde antes de la fundación del mundo nos conoció y nos colocó en Cristo para ser manifestados en este tiempo en el cual nosotros vivimos.

Nuestros nombres están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; por eso en San Juan, capítulo 10, Él dice que Él llama por su nombre a Sus ovejas; y también dice: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; las cuales también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor”.

Las ovejas de otro Redil son los gentiles, y son los que formarían la Iglesia entre los gentiles, la Iglesia gentil creyente en Cristo nuestro Salvador. Dice que oirían Su Voz. Dice: “Y habrá un rebaño (ese Rebaño es la Iglesia), y habrá un pastor (ese Pastor es Jesucristo el Buen Pastor)”. Y cada una de esas ovejas, ¿quiénes son? Somos nosotros.

Dios tiene muchas ovejas aquí en la República Venezolana, y las está llamando en este tiempo final para colocarlas en Su Cuerpo Místico de creyentes, en Su Iglesia.

Lo más importante es la vida y, sobre todo, la vida eterna; porque esta vida terrenal que tenemos es pasajera, pero la vida eterna, como dice la misma palabra “eterna”: es para siempre. Esa es la clase de vida que Cristo le da a todos aquellos que lo reciben como Salvador.

Ninguna otra persona le puede dar a usted o a mí vida eterna; solamente Jesucristo, porque Él tiene la exclusividad de la vida eterna. “En Él estaba la Vida, y la Vida era la Luz de los hombres”.

El mismo Cristo dijo en San Juan, capítulo 14, verso 6, Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”.

No hay otro camino para llegar a Dios, llegar al Padre, sino Jesucristo es el Camino. Él es el Camino angosto que lleva a la vida eterna; y los que lo reciben han tomado el camino de la vida eterna para vivir eternamente con Cristo en Su Reino, en cuerpos glorificados, cuerpos eternos y jóvenes para toda la eternidad.

Por consiguiente, la decisión más importante que una persona hace en su vida es recibir a Cristo como su único y suficiente Salvador. No hay decisión más importante que un ser humano pueda hacer en este planeta Tierra; porque no hay otra decisión que coloca al ser humano en la vida eterna, excepto recibir a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Vamos a orar por las personas que están recibiendo a Cristo como Salvador aquí en Venezuela y en las demás naciones; los cuales también en las demás naciones pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo. Y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino.

Lo más importante es la salvación del alma; por eso Cristo preguntó: “¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”7. El alma es lo que en realidad es la persona: alma viviente; el espíritu de la persona es un cuerpo espiritual de otra dimensión; y el cuerpo físico, un cuerpo de esta dimensión terrenal; pero el alma es lo que en realidad es usted y soy yo: alma viviente.

Por eso se le pide a las personas que den su alma a Cristo, para que Cristo les dé vida eterna; y después les dará un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, para vivir en Su Reino por toda la eternidad.

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que aquí presentes y en otros lugares están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Padre celestial, recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y se haga una realidad en mí la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora me preguntarán los que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos: “¿Cuándo me pueden bautizar?, porque Cristo dijo8: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.

Por cuanto ustedes han creído de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El agua en el bautismo no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, que dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.

Es que en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por esa causa es que es tan importante el bautismo en agua, y es un mandamiento del mismo Señor Jesucristo el cual ha estado siendo obedecido, cumplido desde los días de los apóstoles hasta nuestro tiempo; y continuará hasta que entre al Reino de Dios hasta el último escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, y se complete la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de Jesucristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al misionero, reverendo Miguel Bermúdez Marín, a continuación, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo todos los que han recibido a Cristo como Salvador en esta ocasión aquí presentes o en otros países.

Y para lo cual, también dejó en cada país al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les continúe bendiciendo a todos, y nos veremos eternamente en el Reino eterno de Jesucristo nuestro Salvador; porque hemos tocado a Cristo: UN TOQUE DE FE PARA SALVACIÓN.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“UN TOQUE DE FE PARA SALVACIÓN”.

[Revisión febrero 2018]

1 San Mateo 28:20

2 San Juan 3:13

3 Romanos 10:17

4 Romanos 10:10

5 Hechos 16:25-34

6 [La congregación respondió: “Amén”. –Ed.]

7 San Mateo 16:26

8 San Marcos 16:15-16

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