ImprimirImprimir

Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes, ministros, colaboradores, y todos los demás hermanos presentes, y los que están en otras naciones.

Un saludo muy especial al misionero, Dr. Miguel Bermúdez Marín, y Marcos Joya, y a todos los jóvenes que están en el Campamento Internacional Evangelístico “Jóvenes de Fe”, donde han reunido más de 1600 jóvenes.

Que las bendiciones de Dios sean sobre todos ustedes, jóvenes y misionero Miguel Bermúdez Marín y Marcos Joya, allá en Venezuela, y todo el equipo organizador allá también, en ese Encuentro Internacional Evangelístico “Jóvenes de Fe”. Reciban todos allá en ese campamento mis saludos y los saludos de todos los que están acá presentes.

Para lo cual, si pueden pasar una vista o paneo (como le llaman los camarógrafos) a todos los que están aquí presentes, y levantando las manos saludando allá a todos los jóvenes que están en Venezuela en ese campamento (ahí vamos a tenerlos, todos los aquí presentes). Todos estamos saludando allá al doctor Miguel Bermúdez Marín, también a Marcos Joya y todos los jóvenes que están en este Campamento Internacional Evangelístico “Jóvenes de Fe”; y también a todo el equipo que forma parte de toda la organización que han estado llevando a cabo en estos días allá en Venezuela. Y nos veremos también allá en Venezuela pronto.

Leemos la Escritura en esta ocasión en el libro del Apocalipsis o libro de Revelación, en el capítulo 1; y también en el libro de los Hechos, capítulo 3. Libro de los Hechos, capítulo 3, para comenzar, versos 18 en adelante; y nos dice de la siguiente manera:

“Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer”.

Vean cómo dice este pasaje:

“Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”.

“EL CICLO DIVINO PARA LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS”, es nuestro tema para esta ocasión.

La Escritura nos enseña que para todas las cosas hay tiempo: tiempo para sembrar, tiempo para regar y tiempo para cosechar; y en el Programa Divino Dios tiene tiempo para cada cosa que Él se ha propuesto llevar a cabo.

Por eso es importante conocer en qué tiempo, conforme al Programa de Dios, estamos viviendo; porque eso es lo que Dios va a llevar a cabo en el tiempo en que estamos viviendo.

No nos va a decir que construyamos un arca, porque ese fue el Programa de Dios para el tiempo de Noé. Para cada etapa de la vida de la raza humana Dios lleva a cabo algo en Su Programa, y no lleva a cabo otra cosa, sino lo que Él ya se ha propuesto desde antes de la fundación del mundo.

Por eso es que siempre se requiere conocer la Palabra de Dios, para saber lo que Dios ha dicho, lo que Dios ha prometido; porque en eso es donde encontraremos a Dios hablándonos y nos mostrará lo que Él estará llevando a cabo en ese tiempo.

Algunas personas piensan: “Dios no está en medio de la raza humana porque no lo vemos”. Tenemos que ver a Dios en lo que Él está haciendo conforme a lo que Él prometió, porque así es como podemos ver a Dios obrando por medio de Su Espíritu y dándonos a conocer Su Programa para el tiempo que nos toca vivir; y ahí se cumple lo que dice la Escritura: “Y todos serán enseñados por Dios”. Eso será Dios por medio de Su Espíritu enseñándole a los seres humanos.

Recuerden que en Zacarías, capítulo 7, nos dice el verso 11 y 12 de la siguiente manera... Y quiero leerles para que tengamos un cuadro claro de cómo es que Dios le habla a la raza humana, y principalmente a Su pueblo, al pueblo Suyo que está bajo el Pacto que está vigente en cada ocasión y en cada dispensación.

Zacarías, capítulo 7, versos 11 al 12, dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos”.

¿Cómo Dios enviaba Su Palabra a Su pueblo Israel? Por medio de Su Espíritu Santo a través de los profetas. Y el Espíritu Santo es el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, que le aparecía a los profetas como Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas; el mismo Ángel que estuvo con dos Ángeles más visitando a Abraham el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, al cual Abraham le llamó Elohim; y Ése fue el que le había hecho la promesa a Abraham de que le daría un hijo por medio de su esposa Sara, y le pondría por nombre Isaac.

Abraham esperó por 25 años. Ya cuando tenía 99 años y Sara 89 años, visitó a Abraham para darle la confirmación final, y para así decirle: “Ya el año que viene… El año que viene, en el tiempo de la vida, Sara tu esposa, tu mujer, tendrá el hijo - tendrá un hijo”.

Ahora, cualquier persona puede reírse cuando unas personas llegan a ancianos y siguen creyendo lo que Dios les prometió, y que las circunstancias sean contrarias como fueron las de Sara y Abraham.

Ya la costumbre de las mujeres había pasado para Sara; ya no estaba en una etapa de concebir y tener hijos, ni siquiera de tener relaciones íntimas, porque cuando ella se ríe dice en su corazón: “¿Tendré de nuevo deleites con mi señor?”. Lo cual muestra que ya había pasado también esa costumbre para una anciana de 89 años y un anciano de 99 años. Pero Dios dice: “¿Por qué se ha reído Sara, tu esposa, tu mujer, diciendo (ya, pues, dijo esto en su corazón): ¿Habré de tener hijo y deleite, y tener hijo ya siendo anciana?”. ¿Hay alguna cosa imposible para Dios? Todos sabemos que no hay nada imposible para Dios1.

Dios lo que promete lo cumple. No importa lo que Él tenga que hacer para cumplirlo. Cualquiera podía decir: “Si estuvieran jovencitos podría cumplir esa promesa”. ¡Pues Dios los rejuveneció! Los rejuveneció a tal grado que en esos días, luego de la destrucción de Sodoma, Abraham y Sara se fueron a otro territorio, a Gerar; y allá, cuando llegaron, el rey se enamoró de Sara y la apartó; y Abraham no dijo nada. La apartó para (como era costumbre de esos reyes de ese territorio en aquel tiempo) la apartó por cierto tiempo para luego hacerla su esposa. Pero Sara era la que iba a tener el hijo prometido que Dios le dijo a Abraham; no iba a ser el rey de Gerar, no iba ser Abimelec.

Y entonces vean cómo el enemigo también trata de adelantársele a Dios para, cuando Dios tiene una promesa, el enemigo tratar de ocupar el lugar para tratar de producir una imitación. O sea que trataría de hacer - producir un heredero de toda la Tierra a través de Sara y el rey Abimelec; pero el heredero sería el hijo de Abraham.

Así que Dios intervino y le dijo en sueño al rey: “Eres hombre muerto”. Ya había cerrado la matriz de las mujeres de ese reino, y ellos sabían que algo estaba pasando, pero no sabían lo que era; hasta que Dios le reveló al rey que tenía (el rey) la mujer de un hombre, que era ella casada y que su esposo era Abraham: “Devuélvela a su marido; o si no, eres hombre muerto”. El rey temeroso contó a sus siervos, a sus miembros de gobierno, lo que había soñado; y todos temerosos con el rey entregaron la esposa de Abraham a Abraham. Y Dios le dijo al rey en sueño: “Y dile a él que ore por ti”.

Si Abraham no oraba por él, tampoco iba a quitar la plaga, que ni los animales podían multiplicarse ni las personas de ese reino. Tenía el rey, el pueblo y los animales, todo, una sentencia de muerte - advertencia de muerte, si no entregaban a Abraham su esposa Sara.

El Dios de Abraham, que le apareció y que le había prometido que le daría un hijo, le apareció en forma humana con dos Ángeles más, que son Gabriel y Miguel, Arcángeles de Dios. Comieron con Abraham, Abraham les ofreció un almuerzo; y como Abraham comía carne, le ofrece una ternera; Elohim, Dios, la acepta; y almorzaron con Abraham.

Luego los dos Ángeles, más adelante, fueron a Sodoma para visitar a Lot, pero Dios se quedó con Abraham hablando, y le reveló lo que iba a hacer con Sodoma y Gomorra; lo cual es tipo y figura para el tiempo final: la visita de Dios en la Venida del Mesías a la simiente de Abraham por la fe y luego a la simiente de Abraham literal.

O sea, la visita de Dios al cristianismo, sobre todo, a la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo, y luego la visita de Dios a los judíos, al pueblo hebreo. Todo lo que pasó allá viene a ser tipo y figura de lo que sucederá en este tiempo final, en donde el reino de los gentiles con la Venida de la Piedra no cortada de manos, que es la Venida del Mesías, será destruido; caerá el reino de los gentiles. Pero la Piedra no cortada de manos crecerá y formará un gran monte, un gran Reino, que llenará toda la Tierra; porque el Reino del Mesías será un Reino mundial y la capital será Israel, Jerusalén, y el Distrito Federal será todo Israel.

Ahí es donde estará la bendición para el pueblo hebreo, los judíos, y también la bendición para los creyentes en Cristo que forman la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo. Dos pueblos: el pueblo hebreo del Pacto Antiguo que recibió en el Sinaí por mano del profeta Moisés; y la Iglesia del Señor Jesucristo, que está bajo el Nuevo Pacto que estableció Cristo. Y por consiguiente, ahí tenemos dos pueblos: uno literal y otro espiritual.

Ahora, es importante ver cómo Dios obró con el pueblo hebreo y luego ver el tipo y figura de todo eso, de cómo obraría en medio del cristianismo que está bajo el Nuevo Pacto desde el Día de Pentecostés hacia acá, que son los que han creído en el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario.

Cristo en la Cruz del Calvario, hablando del pueblo hebreo dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”2. O sea que ya Cristo otorgó el perdón al pueblo hebreo por la crucifixión, por haberlo rechazado y haber pedido Su muerte en la Cruz del Calvario. Lo que falta es que el pueblo hebreo reciba, acepte ese perdón; si no, dejará de existir Israel.

Algún día le serán abiertos los ojos a Israel, y entonces comprenderán; porque: “Vendrá de Sión el Libertador, Que quitará de Jacob la iniquidad. Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados”3. (Isaías, capítulo 59, verso 20).

O sea que para el pueblo hebreo hay una bendición que traerá el Mesías en el Día Postrero y que restaurará a Israel, y que le traerá la paz permanente a Israel, y establecerá el Reino de Dios (que es el Reino de David) y el Trono de Dios en la Tierra (que es el Trono de David).

El Trono de Dios en la Tierra es el Trono de David, y el Reino de Dios en la Tierra es el Reino de David. Por eso las profecías que hablan con relación a la Venida del Mesías para el Día Postrero identifican la restauración del Reino de David, en Ezequiel, capítulo 37, versos 15 al 28; y en el mismo… capítulo 34, verso 21 al 29, también nos habla de este Reino y el Pacto de Paz que hará Dios con el pueblo hebreo.

Para lo cual, primero Israel va a ver a Elías viniendo y proclamando la paz imperecedera, conforme a Malaquías, capítulo 4, versos 1 al 6. Eso es lo primero que tiene que ver y que verá Israel antes de ver la Venida del Mesías. También va a ver Israel a Moisés viniendo. Esos son los ministerios de Moisés y Elías, los ministerios de los Dos Olivos de Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14. Y luego verán al Mesías viniendo en el Día Postrero para establecer el Reino de Dios. Por lo tanto, vendrá como Rey para Israel; y eso será la Venida del Hijo del Hombre con poder y gloria. Es lo mismo que está esperando el cristianismo: la Venida del Mesías.

Por lo tanto, ambos pueblos tienen promesas de bendición para el Día Postrero, tienen promesas de la Venida del Mesías; unos para ser transformados en cuerpos glorificados y jóvenes, para ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, al Cielo, a la dimensión de Dios, la séptima dimensión; y el pueblo hebreo para la restauración de Israel, la restauración de Israel a Dios, al Reino de Dios, la restauración del Reino de Dios o Reino de David y Trono de David, en el cual el Mesías-Príncipe se sentará y gobernará sobre Israel y sobre todas las naciones.

Ese es el tiempo en donde Israel vendrá a ser cabeza de todas las naciones, vendrá a ser el Distrito Federal del Reino de Dios en la Tierra, del Reino del Mesías. Estará en Jerusalén el Trono del Mesías; por eso será la capital no solamente de Israel, sino del mundo entero.

Hay una bendición grande para los judíos y hay una bendición grande para los creyentes en Cristo para este tiempo final.

En tiempos pasados han estado esperando la Venida del Mesías, la Venida de Cristo a Su Iglesia, y los hebreos o judíos han estado esperando la Venida del Mesías; pero tenemos que comprender que hay ciclos en el Programa Divino así como hay ciclos durante el año. Usted en el tiempo del verano no puede esperar el frío, y en los países que cae nieve no puede esperar nieve cayendo en un tiempo del verano; pero en el tiempo del invierno no puede esperar que esté haciendo calor. Para cada cosa hay un ciclo divino.

Y en el Programa Divino, para las cosas que Dios hará, esos ciclos tienen que ser comprendidos por las personas para poder saber qué está prometido para ese tiempo, y luego ver a Dios llevando a cabo ese Programa en ese tiempo; y escuchar la Voz de Dios.

¿Cómo se escucha la Voz de Dios en cada tiempo? Dice Deuteronomio, capítulo 18, la forma en que Dios le habla a Su pueblo. Capítulo 18, verso 15 al 19, dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis…”.

¿A quién dice Dios que el pueblo tiene que escuchar? Al profeta que Dios levanta, un profeta como Moisés; así como tenían que escuchar a Moisés hablando la Palabra de Dios para el pueblo. Eso era Dios hablando a través de Moisés. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas”. (Amós, capítulo 3, verso 7).

Ahora, continuando aquí en el capítulo 18 de Deuteronomio, continuando en el verso 16, dice:

“… conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”.

¿Cómo y dónde podemos encontrar la Voz de Dios hablándonos? En la boca del profeta que Dios tiene para cada etapa del Programa Divino, para cada edad y cada dispensación de Dios con Su pueblo Israel, y también con Su pueblo: los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo del Nuevo Pacto, los sacados fuera del mundo; así como la Iglesia del Antiguo Testamento es Israel, los sacados fuera de Egipto.

El ciclo divino para la restauración de todas las cosas corresponde al Día Postrero. Para los creyentes en Cristo ese ciclo divino es en el cual Dios resucitará a los muertos creyentes en Él en cuerpos eternos, inmortales, glorificados, igual al cuerpo glorificado de Jesucristo; y a los que estén vivos creyentes en Él los transformará y luego los llevará a la Cena de las Bodas del Cordero, al Cielo, a la dimensión de Dios, que es la séptima dimensión. Tan sencillo como eso.

Esas personas estarán escuchando la Voz de Dios; la Voz de Dios por medio del Espíritu Santo, del Espíritu de Dios, hablando en la misma forma que habló desde el tiempo de Adán hasta el tiempo de Jesús, y hablando como habló desde el tiempo de los apóstoles hasta el tiempo del reverendo William Branham.

Dios enviaba un mensajero, un profeta, y a él le hablaba, le revelaba Su Palabra que tenía que hablar al pueblo.

Como le dijo a Moisés: “Yo te mostraré, yo te enseñaré lo que debes hablar”. Moisés no sabía qué era lo que tenía que hablar, y Dios le dice: “Yo te voy a mostrar lo que tú tienes que hablar”. No importaba los problemas que tenía en su habla, Dios le iba a mostrar lo que tenía que hablar. Y no importa en la forma que lo iba a hablar con su problema que tenía, eso era la Palabra de Dios que se iba a materializar, la cual estaba en Moisés.

A través de Moisés se reflejó la Palabra de Dios; y la Palabra y Moisés se hicieron uno. La Palabra estaba hecha carne en Moisés; él hablaba, pero era Dios hablando a través de él.

Dios habló por medio de los profetas, y eso es el Programa Divino para todos los tiempos: Dios hablar a Su pueblo por medio de un velo de carne a través del cual Él se vela en carne humana y habla a través de carne humana Su Palabra. Y el profeta y la Palabra se hacen carne. Se hace carne la Palabra en el profeta, y a través del profeta se refleja esa Palabra en medio del pueblo de Dios.

Tuvimos los profetas del Antiguo Testamento y luego hemos tenido apóstoles, y luego hemos tenido los mensajeros a la Iglesia entre los gentiles, comenzando con San Pablo y continuando con diferentes mensajeros hasta llegar al reverendo William Branham.

En esos mensajeros se veló la Palabra, se veló Dios por medio de Su Espíritu y habló a ellos; y luego habló a través de ellos al pueblo. Y los que lo escucharon estaban escuchando la Voz de Dios a través de carne humana.

Pero ya las diferentes etapas de la Iglesia, de las siete edades, ya han transcurrido; pero tenemos lo que habló Dios a través del apóstol San Pablo, lo que fue escrito; tenemos algunos escritos de otros mensajeros y tenemos los escritos de lo que Dios habló por medio del reverendo William Branham, en el cual estaba el ministerio de Elías manifestado por cuarta ocasión, él era Elías en su ministerio siendo operado por el Espíritu de Dios.

Siempre que Dios promete a un profeta que ya usó en el pasado, cuando promete que va a venir de nuevo es el ministerio de ese profeta operado por el Espíritu Santo en otro hombre de Dios. Tan sencillo como eso.

Ahora, ya han transcurrido las siete etapas de la Iglesia, donde la Voz de Dios por medio del Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, fue escuchada en la Iglesia del Señor Jesucristo a través de los diferentes mensajeros, diferentes estrellas que tuvo Dios en cada edad. Y una vez más nos dice la Escritura que Dios hablará; una vez más Dios hablará a Su pueblo y a toda la humanidad. (Eso está en Hebreos, capítulo 12).

Durante las diferentes etapas de la Iglesia habló en esa etapa de misericordia, en donde se predicaba “el año de la buena voluntad del Señor”, “el año del jubileo”, en donde se le daba la oportunidad de salvación y vida eterna a todo el que escuchaba, para salir libre del reino del maligno y ser colocado en el Reino de Dios.

Luego hablará Dios en el Día Postrero; y dice Hebreos, capítulo 12, versos 25 al 29, de la siguiente manera:

“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos”.

¿Quién es el que amonesta desde los Cielos? Dios por medio de Su Espíritu Santo, siempre a través de un velo de carne. Dice:

“La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.

Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;

porque nuestro Dios es fuego consumidor”.

Una vez más Dios hablará a Su pueblo, el cristianismo, Su Iglesia, y también hablará al pueblo hebreo. Una vez más hablará. Pero va a hablar como Rey, como Juez; por eso va a conmover no solamente la Tierra, sino los Cielos también.

Una vez más... Y tenemos que saber, conocer ese ciclo donde está prometido que Dios va a hablar. No va a hablar en el ciclo primero del tiempo del apóstol San Pablo, porque ya lo que tenía que hablar por San Pablo, ya lo habló; y quedó escrito lo que Dios quiso que quedara escrito de las cartas enviadas por San Pablo.

Y lo que Dios habló por cada mensajero…, de muchos quedó escrito algunas cosas, de otros más y de otros menos. De lo que habló a través del reverendo William Branham tenemos mucho pero mucho que habló; y eso fue en la séptima etapa, y luego en la brecha entre la séptima etapa de la Iglesia y la etapa de Piedra Angular.

Los que escucharon al Espíritu de Dios hablando a través del reverendo William Branham podían decir: “Estamos escuchando a Dios hablándonos, la Voz de Dios la estamos escuchando”. Pero ya todo eso lo tenemos grabado y lo tenemos impreso también; y lo podemos repasar, y podemos ver las profecías contenidas o la Luz dada sobre las profecías de la Biblia, de las cuales Dios trajo más Luz a través del reverendo William Branham.

Todo eso es importante saberlo, entenderlo; pero tenemos que si queremos escuchar la Voz de Dios hoy, tenemos que conocer el ciclo divino en que Dios tiene que hablarnos en este tiempo final. Y ese ciclo divino es el ciclo divino de la Edad de Piedra Angular.

Y tenemos que entender que la Iglesia del Señor Jesucristo es un Templo espiritual. Y si es un Templo espiritual, el mismo diseño del tabernáculo que construyó Moisés y del templo que construyó el rey Salomón está en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Y por consiguiente podemos decir que aquellos templos, aquel tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó Salomón, es el tipo y figura, la sombra de lo que sería la Iglesia del Señor Jesucristo como Templo espiritual.

Y si la entrada al templo estaba por el este (la entrada a ese templo que construyó Moisés y el que construyó el rey Salomón), entonces comenzaría por el este el Templo espiritual de Cristo; por eso comenzó por Israel, por el Medio Oriente: el Atrio; y luego pasa a los gentiles y pasa al Lugar Santo de ese Templo espiritual que va siendo formado, construido con piedras vivas, seres humanos que reciben a Cristo como Salvador. Y luego tiene que pasar al Lugar Santísimo, y eso está en el oeste.

El oeste corresponde al continente americano. Viene desde el este Cristo, el Espíritu Santo, moviéndose de edad en edad desde el Medio Oriente, Asia Menor, Europa y América, el continente americano. Y el continente americano ya tuvo una manifestación la parte norte a través del reverendo William Branham; el Espíritu de Dios, Cristo en Espíritu en el reverendo William Branham.

¿Y que nos queda del continente americano? La América Latina; o sea, Centroamérica, el Caribe y Suramérica; eso es lo que queda del oeste para la manifestación final que de ahí se extenderá al mundo entero; y eso es lo que va a ver Israel, que va a decir: “Pero si esto es lo que nosotros estamos esperando”. La Venida del Mesías a Su Iglesia en el Día Postrero, la cual estará en la etapa, en el ciclo divino que corresponde al Caribe, Centroamérica y Suramérica.

La Luz, Cristo, el Ángel del Pacto, resplandecerá en el occidente en este tiempo final. “Como el relámpago que sale del oriente y se muestra en el occidente, así será la Venida del Hijo del Hombre”4. El día en que el Hijo del Hombre se revelará, se manifestará.

Pueblo occidental, hay una bendición grande para ser manifestada en el occidente. La Luz, Cristo, el Hijo del Hombre, el Espíritu Santo resplandecerá en el occidente en este tiempo final. Y esa manifestación se extenderá y en el mundo entero impactará a toda la humanidad.

Estamos en el ciclo para esa manifestación, y por consiguiente en el ciclo para la restauración de todas las cosas; para la restauración de todas las cosas con la Venida del Señor, del Hijo del Hombre, para restaurar a los creyentes en Él a la vida eterna física; y luego para restaurar el Reino de Dios en la Tierra, el Reino de David con los judíos, Reino que gobernará sobre todas las naciones, sobre toda la humanidad.

Y al ser un Reino mundial traerá paz; porque el problema es que hay muchos reinos, pero si hay un solo Reino después y todos van a gobernar bajo la corona de ese Rey, habrá paz; porque el Rey será el Príncipe de Paz: el Dios Fuerte manifestado en Su Trono trayendo la paz y la felicidad a la familia humana; porque todos queremos ser felices. La meta es la felicidad.

En lo espiritual todos tenemos la oportunidad de recibir a Cristo como Salvador para obtener el perdón de nuestros pecados y obtener la paz espiritual para el alma, ser reconciliados con Dios y tener paz. Por lo tanto, también los que reciben a Cristo como Salvador reciben la paz del alma, esa paz espiritual.

Por lo tanto, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino.

Para lo cual puede pasar al frente y oraremos por usted. Y en todas las naciones pueden en estos momentos recibir a Cristo como Salvador, en los diferentes auditorios y lugares donde se encuentran escuchando nuestro tema de esta ocasión: “EL CICLO DIVINO PARA LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS”.

El programa contenido en la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario es la salvación del alma del ser humano, para que tenga vida eterna en el Reino de Dios, que es el único Reino eterno y es el único Reino que prevalecerá; prevalecerá para toda la eternidad.

Todos tenemos la oportunidad de obtener la salvación, la vida eterna a través de Cristo, recibiéndolo como nuestro único y suficiente Salvador.

Pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo los que están en diferentes países también, y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, pues Él dijo5: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis;  porque de los tales es el reino de los cielos”.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Recordando que lo más importante para el ser humano es una sola cosa: la vida. Sin vida, no hay nada. Y si la vida temporal es tan importante, ¡cuánto más la vida eterna, la vida que nunca se acabará!, y que la disfrutaremos en nuevos cuerpos, eternos, inmortales, glorificados y jóvenes como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador. Y ese es el futuro para todos los creyentes en Cristo que reconocen la Voz de Dios por medio del Espíritu de Cristo llamándolos y colocándolos como piedras vivas en Su Templo espiritual.

Y por eso es que Cristo y Su Iglesia son una misma carne, como el esposo y la esposa son una misma carne; y como la esposa es la ayuda idónea para el marido, la Iglesia es la ayuda idónea para Cristo.

Vamos a inclinar nuestros rostros, y nuestros ojos cerrados para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador en esta ocasión:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo por ustedes, los que han recibido a Cristo como Salvador en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.  Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión aquí presentes y en otros países, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque he creído y Cristo dijo: El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Por cuanto ustedes han creído de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

El bautismo en agua no quita los pecados, porque el agua no tiene poder para quitar los pecados; es la Sangre de Cristo la que quita nuestros pecados, lo que nos limpia de todo pecado. Pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, porque en el bautismo en agua encontramos que nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantada de las aguas bautismales, está resucitando a nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso es la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor.

Por eso es tan importante el bautismo en agua, y por eso es que Cristo ordenó a que fueran bautizados todos los que creyeran en Él: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.

No hay nada más que una de dos cosas que la persona puede escoger; y escogemos la mejor: la vida eterna, creyendo en Cristo, siendo bautizados en agua en Su Nombre; y Él ha prometido que tendremos la salvación, la vida eterna. Tan sencillo como eso, para que hasta el que no ha estudiado tenga acceso a la salvación y a la vida eterna.

Tan sencillo como eso. Dios hace las cosas sencillas para que todos tengan la misma oportunidad, porque todos tienen el mismo derecho; pero como cada persona tiene libre albedrío le toca a la persona hacer esa decisión, que es la única que lo coloca en la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. No hay otra decisión que la persona pueda hacer, que lo coloque en la vida eterna; solamente recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Bien pueden ser bautizados; y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, de ustedes que están presentes y han recibido a Cristo en esta noche y los que están en otras naciones que también están recibiendo a Cristo como Salvador.

Dejo al ministro aquí, Christian Jessen, para que les indique qué hacer para ser bautizados y cómo hacer, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

Que Dios les bendiga grandemente y nos continuaremos viendo eternamente.

Y el próximo domingo nos vemos en la actividad de domingo en la mañana en Villa Bermúdez, en Santa Cruz, Bolivia, y los que están en otras naciones a través del satélite y a través de internet nos estaremos viendo.

Que Dios les bendiga y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Con ustedes el reverendo Christian Jessen para indicarles cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor, los que han recibido a Cristo como Salvador en esta ocasión, y en cada país al ministro correspondiente de cada lugar.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL CICLO DIVINO PARA LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS”

[Revisión abril 2018]

1 Génesis 18:12-14

2 San Lucas 23:34

3 Romanos 11:26

4 San Mateo 24:27

5 San Mateo 19:14

Encuéntrenos

Carretera No.1 Km 54.5
Barrio Monte Llano
Cayey, Puerto Rico
00736

Twitter