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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones, ministros e iglesias.

Para esta ocasión tenemos dos reportajes sobre los últimos trabajos de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz. Estaremos viendo el resumen del 4o. Encuentro de Universidades por la Paz (ALIUP) y el resumen de la 5ta. Donación Internacional de Sangre; y luego estaré de vuelta con ustedes.

[Presentación de videos-documentales]

Leemos en San Marcos, capítulo 1, versos 14 al 15, y dice de la siguiente manera; hablando de Juan el Bautista y de Jesús, dice:

“Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,

diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra, nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Dijo Jesús: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio.”

“EL REINO DE DIOS SE HA ACERCADO.” Es nuestro tema para esta ocasión.

Cuando se habla del Reino de Dios en la Tierra, se está hablando del Reino de Dios con el pueblo hebreo, que fue colocado en los días de Moisés, el cual fue el instrumento de Dios; y de ahí en adelante encontramos que el Reino de Dios estuvo con Israel, estuvo administrado por el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo a través del profeta Moisés; luego también a través de Josué, luego a través de los demás jueces de Israel; y por último, como el último de los jueces, Samuel.

Luego se hizo el entrelace entre la teocracia, que fue con los jueces, en donde Dios reinaba en medio de Israel a través de un hombre; ahora va a reinar en la monarquía un hombre para Dios.

Comenzó con Saúl, a petición del pueblo que quiso tener un rey como las demás naciones tenían reyes. El rey Saúl fue un rey conforme al corazón del pueblo, pero fue señalado por Dios; porque Dios le señalaría a quién pondrían por rey; y esto era conforme a la Escritura.

Capítulo 19, versos 5 al 6 del Éxodo, nos dice que el pueblo sería un Reino de sacerdotes; y luego en Deuteronomio, capítulo 17, verso 14 al 20, Dios dice:

“Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores;

ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano.”

Ya Dios le está diciendo que cuando llegue el tiempo, ellos van a querer tener un rey como las demás naciones, pero no podrán ellos decidir cuál será el rey; Dios les va a señalar a quién ungirán por rey. Y fue Saúl el rey que Dios le indicó a Samuel para que lo ungiera, lo presentara al pueblo por rey y lo ungiera. El pueblo se alegró mucho y dijo: “¡Viva el rey!”

Eso era lo que querían. Querían la monarquía, o sea, un hombre reinando para Dios; y rechazaron la teocracia, en donde era Dios reinando a través de un hombre, como reinó a través de Moisés, de Josué y los demás jueces hasta Samuel.

Por eso fue que cuando el pueblo pidió rey, Samuel se puso triste y oró a Dios. Dios le dijo: “No te han desechado a Ti, me han desechado a mí para que no reine sobre ellos.” Ellos querían que un hombre reinará sobre ellos y no que Dios reinara sobre Israel a través de un hombre.

Y ahora, viene el cambio de la teocracia a la monarquía; y el primero de los reyes falló a Dios en obedecer lo que Dios le ordenaba. Los jueces hacían como Dios les ordenaba, porque era Dios reinando a través de los jueces.

Fue rechazado Saúl y Dios le dijo a Samuel, que fue el instrumento que Dios usó para hacer esa transición de la teocracia a la monarquía, Dios le dijo a Samuel que había rechazado a Saúl; y le dijo que tenía un hombre, una persona al cual Él colocaría en lugar de Saúl; el cual vino a ser un joven, llamado David, pastor de ovejas, compositor, cantautor, músico; le llamaban “el dulce cantor de Israel.” Un hombre que tenía inspiración, un joven que tenía inspiración para las composiciones que dedicaba a Dios.

Tenemos los Salmos, muchos de ellos composiciones del rey David; y músico también. La música era tan perfecta que hasta los espíritus malos salían de Saúl; o sea, echaba fuera espíritus malos por medio de la música.

Hay un misterio en la música y algún día se dará a conocer. La música viene del Cielo. Aunque en muchas ocasiones y en diferentes generaciones la han pervertido, y ha estado produciendo efectos negativos; pero algún día —y sobre todo en el Reino de Dios en la Tierra, que es el Reino del Mesías— la música será la música correcta para todos los seres humanos por Decreto del Rey; y la enseñanza será una.

Dice que “en aquel día Jehová será uno y uno Su Nombre.” No va a haber muchos dioses; un solo Dios, y uno Su Nombre. También dice la Escritura cómo vendrá a hacerse conocido todo esto. Les cité Zacarías, capítulo 14, verso 9, que corresponde al Reino del Mesías, en donde el Señor será uno, y uno Su nombre.

Y Habacuc, capítulo 2, verso 14, dice: “Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.” Eso es referencia a lo que Dios dijo por medio del profeta Isaías en el capítulo 11, verso 9. O sea que la Tierra va a ser llena del conocimiento de la Venida del Señor en gloria, para el establecimiento de Su Reino Mesiánico, al cual el Mesías Príncipe es el heredero; el cual será un profeta como Moisés, conforme a Deuteronomio, capítulo 18, verso 15 al 19.

Por lo tanto, será un profeta como Moisés. Y ¿por qué? Porque Él tiene diferentes títulos para diferentes manifestaciones, diferentes labores y diferentes etapas de Su Programa.

Por ejemplo, el Mesías Príncipe es representado en José; por lo tanto, habrá un José, un hijo de Jacob, el cual obtiene la Bendición de la Primogenitura, la cual le es impartida a sus hijos Efraín y Manasés; sobre todo, a Efraín. Manasés representa  a los judíos y Efraín representa a la Iglesia del Señor Jesucristo. Cristo en Su Venida se dará a conocer a Israel como lo hizo José a sus hermanos.

También habrá un Isaac, el hijo prometido. Como Hijo de Abraham Él es el heredero, el heredero del territorio que Dios le dio a Israel cuando entraron a la tierra prometida.

Recuerden que cuando Abraham iba a morir, repartió su herencia; y a Isaac le dio todo, y a sus demás hijos les dio dones, regalos.

Luego también está el título de Hijo de David. Como Hijo de David y descendiente de David Él es el heredero al Trono y Reino de David. Por eso cuando el Ángel Gabriel le apareció a la virgen María allá en Nazaret, le trae una buena noticia. San Lucas, capítulo 1, versos 30 en adelante, dice:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Ese reino y trono en el cual y el cual heredó Salomón, del cual es dicho que es el Trono de Dios y Reino de Dios… Primera de Crónicas, capítulo 29, verso 22 al 23, dice:

“Y comieron y bebieron delante de Jehová aquel día con gran gozo; y dieron por segunda vez la investidura del reino a Salomón hijo de David, y ante Jehová le ungieron por príncipe, y a Sadoc por sacerdote.

Y se sentó Salomón por rey en el trono de Jehová en lugar de David su padre, y fue prosperado; y le obedeció todo Israel.”

¿En qué trono se sentó Salomón? Se sentó en el Trono de Dios, de Jehová, en lugar de David; porque el Trono de Dios, para el Reino ser administrado en la Tierra, es llamado: el Trono de David.

Ese es el Trono de Dios terrenal. Y es desde ese Trono, el cual hereda el Mesías Príncipe, que será llevado a cabo el Gobierno del Reino Milenial. Por lo tanto, habrá un David y habrá un Hijo de David. Como Hijo de David el Mesías Príncipe es el heredero a ese Trono, y por consiguiente a ese Reino.

Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21, dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

En la misma forma en que sucedió con Jesucristo, el cual venció, el cual murió, fue sepultado y resucitó victorioso...; y subió al Cielo y se sentó en el Trono celestial de Dios, como Él lo había dicho, porque Él conocía todo el Programa Divino. Por eso Él podía hablar de las cosas que iban a suceder, de las cosas que Él iba a llevar a cabo, de las cosas que Dios haría con Él y a través de Él.

Vean, cuando está siendo juzgado por el Concilio del Sanedrín, encabezado por el sumo sacerdote, en el capítulo 26, versos 63 al 64 de San Mateo, dice:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Y en Apocalipsis 3, verso 21, dice que Él se sentó con el Padre en el Trono. Y Esteban cuando fue apedreado dice que vio el Cielo abierto y vio a Jesucristo sentado a la diestra de Dios. [Hechos 7:55-56] Eso fue lo que Dios hizo con Jesús al subir resucitado ya, glorificado: se sentó a la diestra de Dios.

El que está sentado en el Trono es el que tiene el poder. Por eso en San Mateo 28, versos 16 al 20, Jesús dice ya resucitado, antes de ser raptado dice: “Todo poder me es dado en el cielo y en la tierra.”

Por eso bajo Su administración del Reino de Dios celestial, Él dirige todo el gobierno celestial. A Él están sujetas huestes, potestades, ángeles, querubines; todo está sujeto a Él; porque todo está sujeto al que está sentado en el Trono.

Él está sentado a la diestra de Dios en el Reino celestial, en el Trono celestial, el cual lo convirtió en un Trono de Misericordia.

Y como Él es el que tiene todo el poder en el Cielo y en la Tierra, Él dice: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono.” [Apocalipsis 3:21] ¿A qué Trono se refiere? Al Trono de David; porque ese es el Trono al cual es heredero aquí en la Tierra. Y en la misma forma en que el Padre hace en el Cielo, sentándolo en Su Trono y a través de Él gobernando toda la Creación, Cristo hará desde Su Trono terrenal.

Ese es el Trono de David que va a ser restaurado. El Mesías Príncipe se sentará en el Trono de David y gobernará sobre Israel y sobre todas las naciones, por mil años y luego por toda la eternidad.

Para después del Reino Milenial los dos Tronos, los dos Reinos, se unen; porque el Reino de Dios celestial es colocado en la Tierra. Y la Tierra será el centro del Gobierno del Reino de Dios, conforme a Apocalipsis 21 y 22.

Ahora, así como para las diferentes cosas de la vida hay señales, para la Venida del Reino de Dios también Cristo dijo: “Habrá señales en el sol, en la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de los hombres, confundidos a causa del temor y la expectación por las cosas que sobrevendrán sobre la Tierra.”

Capítulo 21 de San Lucas, versos 25 en adelante, dice:

“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas (bramido del mar y de las olas, esto nos habla de maremotos y tsunamis);

desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra (todos esos problemas del medio ambiente que tendrá la Tierra); porque las potencias de los cielos serán conmovidas.”

Y hacemos una pausa ahí para ver lo que dice San Pablo con relación a esto, en el capítulo 12 de Hebreos, verso 25 en adelante:

“Mirad que no desechéis al que habla…”

O sea, al Ángel del Pacto, a Cristo, al Espíritu Santo, que ha estado hablando desde el Día de Pentecostés hacia acá; y hablará nuevamente en este tiempo final.

¿Dónde ha estado hablando? En Su Iglesia. Y desde Su Iglesia le ha estado hablando a toda la humanidad a través de los diferentes instrumentos que Él ha enviado y ha levantado en medio de Su Iglesia.

“...porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos.”

Y el que amonesta desde los Cielos es el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu Santo manifestándose en medio de Su Iglesia.

“La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez…”

¿Ve? “Aún una vez,” como decía Sansón: “Señor, una vez más.” Aún una vez: una vez más.

“...Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.”

De esto era que hablaba Cristo en la lectura que estamos teniendo en San Lucas, capítulo 21; pero vean, nos da más luz San Pablo cuando dice:

“Y esta frase: Aún una vez (¿Ve que al decir: ‘Aún una vez,’ tiene un significado?), indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles.

Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible…”

Recuerden que los creyentes en Cristo han recibido un Reino inconmovible; han sido trasladados del reino de las tinieblas al Reino de Luz, al Reino del Hijo de Dios, al Reino de Cristo.

Por lo tanto, en Su Iglesia se está cumpliendo el Reino del Señor en la esfera espiritual, pero se va a manifestar también en la esfera física con el establecimiento del Reino Milenial del Mesías. Primero viene esa parte espiritual y después la parte física en el Reino Milenial.

Es como es la redención, así también hemos recibido redención; y esta esfera espiritual es la que corresponde al nuevo nacimiento, en donde hemos obtenido una transformación interior; y luego vendrá la redención del cuerpo, que será nuestra transformación, para entrar físicamente al Reino de Dios con vida eterna física, cuerpos jóvenes, glorificados, para toda la eternidad.

“Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia;

porque nuestro Dios es fuego consumidor.”

Lo que está profetizado para el tiempo final, para la raza humana, es terrible; pero lo que está profetizado para los creyentes en Cristo es glorioso.

Y así como Dios habló en la Tierra desde el Monte Sinaí, y el monte se estremecía, y la trompeta sonaba; y Dios le hablaba a Moisés, y Moisés hablaba con Dios; ahora no nos hemos acercado al Monte Sinaí; nos hemos acercado al Monte de Dios, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles. Por lo tanto, es ahí el lugar en donde la Voz de Dios estaría hablándole a Su pueblo del Nuevo Pacto, que son los creyentes en Cristo nacidos de nuevo.

Capítulo 12 de Hebreos, verso 18 en adelante, dice:

“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad,

al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,

porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;

y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

sino que os habéis acercado al monte de Sion (y recuerden que hay una promesa para el Monte de Sión; y el Monte de Sión en el campo espiritual es la Iglesia del Señor Jesucristo bajo el Nuevo Pacto), a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos (los primogénitos son los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, los cuales tienen sus nombres escritos en el Cielo o los Cielos), a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”

Y ahora, la Voz que ha estado hablando en el Monte de Sión espiritual, que es la Iglesia, en la Jerusalén celestial, que es la Iglesia, y en medio de la compañía de millares de ángeles, “a la congregación y en medio de la congregación de los primogénitos escritos en el Cielo”; es la Voz del mismo Ángel del Pacto que le apareció a Moisés en el Monte Sinaí, y que también le dio las tablas de la Ley para el pueblo hebreo, y así le dio la Constitución para Israel.

Esa misma Voz ha estado hablando a través de los diferentes profetas del Antiguo Testamento. Estuvo hablando a través de Jesús, estuvo hablando a través de los apóstoles, estuvo hablando a través de cada uno de los ángeles mensajeros en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el pueblo del Nuevo Pacto rociado con la Sangre de Cristo nuestro Salvador; ya no con sangre de animalitos, sino con la Sangre del Cordero de Dios, que es Jesucristo nuestro Salvador.

Él con Su Sangre nos ha redimido, nos ha limpiado de todo pecado y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes. “Y reinaremos sobre la Tierra,” nos dice Apocalipsis, capítulo 1, versos 5 al 6; y Apocalipsis, capítulo 5, versos 9 al 10; y Apocalipsis, capítulo 20, versos 4 al 6.

Ahora tenemos un Reino de reyes, sacerdotes y jueces con el Juez Supremo, que es Jesucristo; con el Rey de reyes y Señor de señores, que es Jesucristo; y con el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, que es Jesucristo. Por lo cual los creyentes en Cristo pertenecen al Orden Sacerdotal de Melquisedec.

Por eso oran por las personas teniendo como Sumo Sacerdote a Cristo, al cual encomiendan las oraciones, las peticiones, y son concedidas: “Todo lo que pidiereis al Padre en Mi Nombre, yo lo haré,” dijo Cristo (San Juan, capítulo 14, verso 26; San Juan, capítulo 15, verso 26; San Juan, capítulo 16, versos 7 en adelante; y otros lugares de la Escritura también).

El Reino, en San Mateo, capítulo 21, verso 43, dice:

“Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.”

“A vosotros es dado a conocer los misterios del Reino de Dios, del Reino de los Cielos,” dijo Cristo a los creyentes en Él, que lo seguían. Por eso es que son reyes, sacerdotes y jueces en el Reino de Dios, los creyentes en Cristo.

Por eso es que la Escritura nos dice en Colosenses, capítulo 1, versos 12 en adelante, que hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al Reino de Su amado Hijo, al Reino de Cristo.

Por eso es que la herencia de Dios pasa a Cristo, y de Cristo a los creyentes en Él; porque Cristo es el heredero de toda la Creación. El título que corresponde como heredero de toda la Creación es el título de Hijo de Dios; como Hijo de Dios Él es el heredero de los Cielos y de la Tierra.

Por lo tanto, en Su Reino estarán los creyentes en Él como reyes, sacerdotes y jueces.

En Primera de Corintios, capítulo 6, versos 1 al 3, San Pablo dice: “¿No sabéis que los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles?” ¿Por qué? Porque son jueces, pertenecen al Poder Judicial del Reino de Dios.

Recuerden que el Orden de Melquisedec... Melquisedec es Juez y también Sacerdote y Rey; y esos títulos los porta el título de Hijo de Dios. Y los creyentes como hijos de Dios son coherederos de todas esas bendiciones también.

Romanos, capítulo 8, verso 14 en adelante, nos dice que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro.

A todo lo que Cristo es heredero, lo son también los creyentes en Él. Y ¿a qué cosas es Cristo heredero? A todas las cosas: a los Cielos y la Tierra, a toda la Creación. Y por consiguiente, somos coherederos con Él.

Es un Reino de sacerdotes, de reyes y de jueces; tiene el Poder Judicial, el Poder Espiritual —dirían “religioso”— y también el Poder Político del Reino.

Cuando Cristo estuvo en Su Primera Venida aquí en la Tierra, Él se identificaba como Hijo del Hombre. Como Hijo del Hombre Él es el heredero de todo el planeta Tierra, con todo lo que hay y lo que habrá en el planeta Tierra. Y por eso como Hijo del Hombre, siendo el heredero al planeta Tierra, Él pondrá Su Trono en la Tierra en Jerusalén. Será llamado el Trono de David, y Su Reino será llamado el Reino de David. Eso es de lo que nos habla Ezequiel, capítulo 37, versos 15 al 28; y capítulo 34, versos 21 al 29, de Ezequiel.

Cuando nos dice que levantará a David, será el Mesías Príncipe, el Hijo de David, el cual tiene el título de Hijo de David para tomar el Reino y el Trono, y reinar sobre Israel y sobre todas las naciones; pues tiene el título también de Hijo del Hombre, que lo representa como Rey del planeta Tierra completo. Él es Rey de reyes y Señor de señores. (Apocalipsis, capítulo 19, versos 11 en adelante).

Estos títulos de Hijo de Dios, de Hijo de David, de Hijo de Abraham y de Hijo del Hombre, están ligados al Reino de Dios en el Cielo y en la Tierra, cubren todo. Y como Hijo de Abraham es el heredero a toda la tierra prometida que le fue dada al pueblo hebreo, con toda las anexiones o ampliaciones que tendrá ese territorio en el Reino Milenial.

Cuando apareció Juan el Bautista, el precursor de la Primera Venida de Cristo, él (y luego Jesús) decía: “Arrepiéntanse. Arrepentíos, el Reino de Dios está cerca.” [San Mateo 3:2]

Recuerden, se estaba viviendo en el tiempo del séptimo mensajero, precursor de la Primera Venida de Cristo con el espíritu y virtud de Elías; y luego vino el Prometido, al cual le estaba preparando Juan el camino. Y era de la familia, según la carne eran parientes, era su primo; porque María y Elisabet eran parientes.

Vino el precursor y también el precursado, al pueblo que estaba bajo el Pacto vigente de aquel tiempo. Y la Venida del Señor para el Día Postrero será para el pueblo que estará en el Pacto Nuevo, que comenzó desde la crucifixión de Cristo hacia acá; del cual Cristo dijo: “Esta es Mi Sangre del Nuevo Pacto que por vosotros o por muchos es derramada para remisión de los pecados.”

El pueblo que estará bajo el Nuevo Pacto, cubierto con la Sangre del Nuevo Pacto, es el que tiene la promesa de la Venida del Hijo del Hombre con poder y gloria en Su Reino; o sea que vendrá a Su Reino, vendrá a Su Iglesia con poder y gloria en el Día Postrero; así como el relámpago que sale del Oriente, allá la Primera Venida del Hijo del Hombre.

Cuando se habla de ‘Hijo del Hombre,’ se habla de la manifestación de Dios a través de un profeta. Por eso Cristo se identificaba como Hijo del Hombre: un profeta como Moisés, en el cual estaba Dios en toda Su plenitud cumpliendo las Escrituras correspondientes a la Primera Venida del Mesías.

Para el Día Postrero, Cristo dice en San Lucas, capítulo 21, verso 27:

“Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”

Nuestra redención es nuestra transformación; la redención del cuerpo que nos dice San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 23 al 25. Esa es la adopción física como hijos e hijas de Dios, que les corresponde tener un cuerpo físico inmortal, glorificado, igual al cuerpo físico inmortal y glorificado que tiene Dios; un cuerpo como el que tiene Dios, el cual es el cuerpo de Cristo glorificado, en el cual Dios está y en el cual Dios se manifiesta.

Por eso Cristo dijo: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” [San Mateo 28:18] Cualquier persona puede pensar: “¿Se quedó Dios sin poder?” No, porque Dios está dentro de Cristo, manifestando Su poder a través de Cristo, el cual está como Sumo Sacerdote en el Cielo; y algún día terminará Su Obra de Intercesión y será luego el León de la tribu de Judá, el Rey de reyes y Señor de señores, y Juez de toda la Tierra.

Como León Él es Rey, el León de la tribu de Judá, el heredero al Reino de David y Trono de David; el que toma y tiene la Llave de David para abrir ese Programa, para abrir ese Reino Milenial.

Cristo dice en San Mateo 24, verso 27:

“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.”

Sale del Oriente, la tierra de Israel, donde fue la Venida del Hijo del Hombre dos mil años atrás; y luego en el Occidente se mostrará: “y se muestra hasta el Occidente.” O sea que el Occidente tiene una promesa grande, de una manifestación grande del Hijo del Hombre.

En el precursor de la Segunda Venida de Cristo, el reverendo William Branham, hubo una manifestación grande del Hijo del Hombre; porque cuando se habla de ‘Hijo del Hombre’ se está hablando de un profeta donde está Dios manifestado cumpliendo Su promesa.

Y dice: “El Hijo del Hombre es Cristo, pero necesita un velo de carne, lo cual será un profeta, para manifestarse.” Página 164 y 165 del libro de “Citas” de los mensajes del reverendo William Branham.

Por eso vimos en el reverendo William Branham la Palabra hecha carne, la Palabra siendo hablada, y cumpliéndose lo que hablaba; como una muestra de lo que será más adelante en el cumplimiento de la Visión de la Carpa que le fue mostrada al reverendo William Branham, donde él dice que el Ángel le dijo: “Esto será la Tercera Etapa”; donde vio que voló la Columna de Fuego que había aparecido a Moisés y guió al pueblo hebreo, y que el Día de Pentecostés vino sobre los creyentes que estaban en el aposento alto; y ha permanecido en medio de Su Iglesia.

Es Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia. Y lo vio volar hacia un cuarto pequeño de madera, y luego vio las cosas que estaban siendo llevadas a cabo; y el Ángel le dijo: “Esto es la Tercera Etapa, y no se lo dirás a nadie.”

Eso está en el secreto contenido en los Siete Truenos de Apocalipsis, que son los que contienen el misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Venida del Señor a Su Iglesia.

Por eso es que acontecerán en cierto tiempo del Programa Divino, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, grandes cosas que son imposibles humanamente; pero para Dios no hay nada imposible. Todo es posible para Dios y todo es posible para el que cree.

Es en el Occidente donde la misma Luz que resplandeció allá y dijo [San Juan 8:12]: “Yo soy la Luz del mundo,” resplandecerá acá en el Occidente, en el Día Postrero. Será la Venida del Señor a Su Iglesia como ladrón en la noche, porque la humanidad está en tinieblas, está de noche; para la humanidad; pero para los creyentes en Cristo habrá Luz, una Luz que les dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

La Luz de la Venida del Hijo del Hombre resplandeciendo como el relámpago en el Occidente, nos dará todas esas bendiciones.

Y Él dijo: “Cuando ustedes vean suceder estas cosas, levantad vuestras cabezas al Cielo.” Tener nuestra mente y nuestro corazón conectados al Cielo, a las cosas de Dios; y subir a la etapa o edad que nos corresponde, que es la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad de Piedra Angular, la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, para oír la Voz de Cristo mostrándonos todas estas cosas que deben suceder pronto.

Apocalipsis, capítulo 4, dice: “Sube acá.” Así dice la Voz que él escuchó después de la Voz que escuchó en cada edad.

Después de las edades la Voz es más arriba, en la Edad de Piedra Angular; la cual nos dirá todas las cosas que debemos conocer para tener la fe, la revelación, para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Desde los días del reverendo William Branham, precursor de la Segunda Venida de Cristo, el Reino de Dios ha estado cerca.

Y aquí en San Lucas, capítulo 21, verso 29 al 33, dice:

“También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles (o sea, Israel y todas las demás naciones).

Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.”

Recuerden que el tiempo del verano es el tiempo de la cosecha, de la cosecha del trigo para ser colocados en el granero de Dios, en el Reino de Dios, con vida eterna, cuerpos eternos y glorificados.

En la parábola del trigo y de la cizaña, de San Mateo, capítulo 13, versos 30 al 43, dice: “Y enviará Sus Ángeles y juntarán (¿qué?) a los escogidos.” Van a juntar el trigo en el granero, en el Reino de Dios. Esos son los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, que estarán en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo en el Reino de Dios, que es la Iglesia en el campo espiritual; y luego con los judíos.

“...el verano está ya cerca (es el tiempo de la cosecha y por consiguiente es el Reino; está cerca el Reino de Dios).

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.”

El Reino de Dios, en los días de Jesús Él dijo: “el Reino de Dios se ha acercado.” Y en una ocasión dijo: “El Reino de Dios entre vosotros está.” Allí estaba el Rey, el Hijo de David.

El Reino de Dios en este tiempo, desde los días del reverendo William Branham se ha acercado, está cerca. En lo espiritual: la Iglesia del Señor Jesucristo en la esfera espiritual; y pronto físicamente glorificados, entrando físicamente al Reino de Dios con cuerpos eternos y glorificados.

Por cuanto el Reino de Dios se ha acercado, Cristo dijo  [San Marcos 1:15]: “Por lo tanto, creed al Evangelio; arrepentíos, y creed en el Evangelio.” Y el Reino de Dios nuevamente se ha acercado en nuestro tiempo.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo lo reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento. Para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Y para los que están en otras naciones, también pueden pasar al frente en la iglesia o auditorio o lugar donde se encuentran, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Dios tiene mucho pueblo en la República Mexicana y los está llamando en este tiempo final para colocarlos en Su Reino.

Lo más importante para el ser humano y lo más que el alma del ser humano anhela, es la vida eterna, en donde no sufriremos como sucede en estos cuerpos terrenales.

Cristo dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna.” [San Juan 10:27-28]

Es para darnos vida eterna que Él ordenó predicar el Evangelio a toda criatura; es para darnos vida eterna que Él vino dos mil años atrás y murió por nosotros en la Cruz del Calvario; para darnos vida, y vida en abundancia: vida eterna. Y es el único que nos puede dar vida eterna.

Por lo tanto, todos los seres humanos necesitamos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Él es el único que tiene la exclusividad de la vida eterna para otorgarla a los que lo reciben como su único y suficiente Salvador.

“La fe viene por el oír la Palabra de Dios,” el Evangelio de Cristo siendo predicado. “Y con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” [Romanos 10:17, 10:10]

Por eso se le da la oportunidad a las personas, que confiesen públicamente a Cristo como su único y suficiente Salvador. ¿Para qué? Para salvación del alma.

El alma es lo más importante que tenemos, porque somos almas vivientes; que vivimos en estos cuerpos terrenales por cierta cantidad de tiempo, y luego tenemos que abandonar el cuerpo físico porque le toca otra etapa en la vida a la persona. Y esa nueva etapa que le toca a la persona, por cuanto el ser humano tiene libre albedrío, el ser humano o acepta o rechaza la oportunidad que Dios le da de recibir la vida eterna para ir al Paraíso de Dios, para vivir allí en cuerpo angelical en lo que ocurre la resurrección de los creyentes en Cristo, que será en cuerpos eternos y glorificados.

No hay otra esperanza para el ser humano. Solamente hay una, y es Jesucristo, el cual dijo [San Juan 14:6]: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” Dijo Cristo nuestro Salvador.

No hay otro camino que pueda llevar al ser humano a Dios, no hay otra verdad, tampoco hay otra vida; solamente vida eterna la tiene Cristo para impartirla a todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador.

Por eso Él dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16: 15-16]

La persona por cuanto tiene libre albedrío, o cree para ser salvo, o no cree y será condenado. Por no creer, será condenado; por creer, será salvo. Tan sencillo como eso.

Pero por creer en Cristo, será salvo; y por no creer en Cristo (los que no creen en Cristo), serán condenados. O sea que no hay mucho para escoger, hay dos cosas para escoger; y uno tiene la oportunidad de escoger una de las dos: o a Cristo para vida eterna, o rechazar a Cristo para ser condenado y no poder vivir eternamente.

Vamos a estar en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra.

Padre celestial, vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, aquí y en otros países. Recíbelos en Tu Reino, te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, con todo mi corazón y con todas mis fuerzas. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo en el cual podemos ser salvos. Creo en Tu Nombre en esa forma; y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Te lo ruego, en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Ahora me dirán o preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque escuché la predicación del Evangelio de Cristo y nació la fe de Cristo en mi alma, en mi corazón.”

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo en el cual la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por eso instituyó Cristo el bautismo en agua en Su Nombre, para todos los que lo recibirían como único y suficiente Salvador. Es tipológico, pero es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual ha estado siendo guardado, practicado desde el tiempo de los apóstoles hasta nuestro tiempo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador, porque el Reino de Dios se ha acercado.

Dejo con ustedes aquí al ministro, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y en cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma allá donde se encuentren.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de que: “EL REINO DE DIOS SE HA ACERCADO.”

Muchas gracias y buenas tardes; y Dios les continúe bendiciendo a todos.

“EL REINO DE DIOS SE HA ACERCADO.”

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