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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, y ministros presentes y en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender las Escrituras correspondientes a este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Un saludo cordial para el misionero Miguel Bermúdez Marín, allá donde se encuentra, en Honduras. Dios les bendiga a todos allá en Honduras, ministros y hermanos allá reunidos; y a todos los que están en otras naciones, allá en Puerto Rico y demás países. Que Dios les bendiga grandemente y nos abra a todos las Escrituras, el corazón y la mente, el entendimiento, para entender las Escrituras correspondientes a este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en San Mateo, capítulo 24, versos 27 al 31, en donde nos dice Cristo:

“Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre.

Porque dondequiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas.

E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión el tema será: “LA PROCLAMA DE LA GRAN VOZ DE TROMPETA.”

A través de la Escritura podemos comprender que la Voz de Dios, a través de diferentes etapas, es tipificada en una trompeta sonando; y así como toda trompeta tiene un mensaje que transmite cuando es interpretado através de la trompeta, y los que tienen oídos para oír... o sea, que saben escuchar el sonido de la trompeta, saben lo que está diciendo... Como por ejemplo, cuando en un país se toca la trompeta, en donde indica en el ejército que es hora de levantarse, los soldados saben lo que está diciendo esa trompeta y se levantan.

Y así por el estilo, cuando se toca la trompeta en diferentes ocasiones, para diferentes festividades en diferentes países... Como en Israel, cuando se tocaba la trompeta era para cierto propósito; ciertas fiestas eran con una trompeta o con dos trompetas, porque tenían dos trompetas también de plata; y para cuando se iba a salir a la guerra también se usaban las trompetas, como en los demás países también se usan trompetas; es necesario que el que escucha, sepa lo que la trompeta está diciendo; y el que suena la trompeta, sepa el sonido que tiene que darle en esa ocasión, para que se haga lo que la trompeta está diciendo en su mensaje, en su sonido.

En Primera de Corintios, capítulo 14, verso 7 al 8, dice:

“Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara?

Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?”

O sea, que aquí habla de instrumentos que son inanimados, pero que una persona los usa para interpretar alguna música, dar un sonido de alarma o lo que sea, y tiene que saber —el que la toca— lo que tiene que interpretar, el sonido que tiene que dar; y el que escucha tiene que saber lo que se está tocando a través de ese instrumento.

Esto es muy importante entenderlo, porque en la Escritura tenemos la promesa de una Gran Voz de Trompeta para el tiempo final, que estará sonando, y por consiguiente la estarán escuchando los que van a ser transformados en el tiempo final. Y los que murieron creyentes en Cristo, miembros del Cuerpo Místico de Cristo, en la dimensión donde están también la estarán escuchando; porque ellos escuchan lo que acá también se lleva a cabo, y ven lo que está pasando acá en esta Tierra, en esta dimensión terrenal. Por lo tanto, todos queremos saber lo que tiene que estar interpretando la Trompeta para este tiempo final, y qué es la Trompeta y de quién es la Trompeta.

Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante, dice:

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.”

O sea, que nos habla de que vamos a obtener la imagen y semejanza de Cristo; vamos a ser adoptados como hijos e hijas de Dios en y con cuerpos eternos, inmortales, glorificados, como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo. Esa es la clase de cuerpo que yo necesito para vivir físicamente por toda la eternidad. ¿Y quién más? Pues cada uno de ustedes también.

Y es una promesa para los creyentes en Cristo, para ser cumplida en el tiempo final, en el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá.

“Porque un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día,” nos dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8.

Ahora, continuando con el verso 50:

“Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.”

O sea que con un cuerpo corruptible no se puede estar viviendo eternamente; tiene que ser un cuerpo incorruptible, el cual Él nos dará en este tiempo final.

“He aquí, os digo un misterio (recuerden que esto es un misterio divino): No todos dormiremos (o sea, que no todos vamos a ver muerte, a morir físicamente; habrá un grupo de creyentes en el Día Postrero, que sin ver muerte serán transformados y obtendrán la inmortalidad, la adopción física, que es la redención del cuerpo); pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta…”

Ahí tenemos la Final Trompeta, el Mensaje Final de Dios, para los creyentes en Cristo que estarán viviendo en este tiempo final. Y así como en cada edad de la Iglesia, cada etapa de la Iglesia, se escuchó el Mensaje de la Trompeta, el Mensaje de Dios por medio del Espíritu Santo a través del mensajero de cada edad, a través del cual Dios por medio de Su Espíritu, el Ángel del Pacto, interpretó la pieza musical —el Mensaje— correspondiente a cada edad; en la hoja musical del Programa Divino para la Iglesia, la pieza que nos corresponde la estará interpretando el Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, para darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Así que estaremos escuchando la Trompeta Final, la Voz de Dios por medio del Espíritu Santo, del cual Cristo dijo: “Él os enseñará todas las cosas, y os hará saber las cosas que han de venir.” [San Juan 14:26]

Por lo tanto, para nuestro tiempo tenemos una pieza musical de parte de Dios, que Él mismo lo va a interpretar por medio de Su Espíritu en el Día Postrero, en la misma forma que hizo de edad en edad cuando envió Su Espíritu a cada edad, al mensajero de cada edad; y a través del mensajero de cada edad interpretó la pieza musical, el Mensaje correspondiente a cada edad; y con ese Mensaje llamó y juntó los escogidos de cada edad, de cada etapa, y les dio la fe para la transformación espiritual; que viene por medio del Evangelio de Cristo al nacer la fe de Cristo en nuestra alma, recibirlo como nuestro Salvador, ser bautizados en agua en Su Nombre y recibir Su Espíritu Santo; y así obtener el nuevo nacimiento y ser sacados del mundo, del reino de las tinieblas, y colocados en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios con vida eterna.

Por lo tanto, así como hemos escuchado la Trompeta para obtener la redención espiritual, para el Día Postrero —en adición— estaremos escuchando la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final para obtener la redención física, la redención del cuerpo, que será nuestra transformación, para poder luego ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, luego de tener unos 30 a 40 días estrenando aquí en la Tierra el nuevo cuerpo que Él ha prometido para nosotros.

Recuerden que Cristo al resucitar (por supuesto, luego de presentarse ante Dios), luego estuvo de nuevo con Sus discípulos, apareciéndoles por unos 40 días, digamos una vez en semana, los domingos digamos, porque aparece que fue domingo la resurrección; después otro domingo también aparece que apareció a Sus discípulos; pues digamos que todos los domingos ese era punto fijo de que el Señor iba a estar con Sus discípulos.

Y siempre, cuando nos reunimos, sabemos que Cristo está con nosotros, porque Él dijo: “Donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estaré.” San Juan y San Mateo, capítulo 18, verso 20. Y San Mateo, capítulo 28, verso 20, nos dice: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Por lo tanto, Él continúa con nosotros en Espíritu Santo, o sea, el Ángel del Pacto en medio de Su Iglesia; el mismo Ángel que le apareció a Moisés, lo envió a libertar al pueblo hebreo, y a través de Moisés libertó al pueblo hebreo, y los guió por el desierto por 40 años, y los introdujo a través del Jordán a la tierra prometida, usando a Josué.

Josué se mantenía firme. Él, cuando tenía que llevar a cabo algo en beneficio de la Obra, él hablaba. Le habló al sol y a la luna, y les dijo que se detuvieran; y se detuvieron. Era la Palabra creativa en la boca de Josué.

Josué es tipo y figura del Espíritu Santo, el cual ha estado en medio de la Iglesia de edad en edad, y que en este tiempo final también estará llevando a cabo la Obra del tiempo final y sonando la Trompeta Final.

El Josué para nuestro tiempo es el Espíritu Santo, que nos llevará, nos introducirá en la tierra prometida del nuevo cuerpo y la tierra prometida del Reino Milenial.

Por lo tanto, es importante estar atentos a la Voz de la Trompeta. Como en el Monte Sinaí, sonaba la Voz de la Trompeta y se iba aumentando el sonido de la Voz; y eso era Dios hablando con Moisés.

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.”

Es necesario. Para ir a la Cena de las Bodas del Cordero no hay bicicleta, no hay avión, no hay cohetes, no hay nada que nos pueda llevar allá; porque es en otra dimensión: la dimensión del Padre, en donde Cristo con Su Iglesia serán investidos como reyes sobre el planeta Tierra. La investidura se recibe allá.

Será la cena más importante de toda la historia, será la fiesta más importante que se haya llevado a cabo en Cielo. Y yo estaré allí, ¿y quién más? Pues cada uno de ustedes también.

“Bienaventurados los que son convidados a la cena de las bodas del Cordero,” dice Apocalipsis, capítulo 19, verso 9 al 10. Por lo tanto, somos bienaventurados; hemos sido convidados ¡y vamos a estar allí!

Es importante saber lo que Dios ha prometido para nosotros para este tiempo final, porque tenemos que estar esperando la bendición de Dios en el cumplimiento de lo que Él ha prometido.

“Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.”

Y se acabó ya la muerte para los creyentes en Cristo. Ya nunca más habrá un creyente en Cristo, miembro de la Iglesia de Jesucristo, que muera; todos jovencitos, representando de 18 a 21 años de edad.

Así será la Iglesia del Señor Jesucristo en la resurrección de los que murieron y en la transformación de los que están vivos en este tiempo final. O sea que estaremos en la flor de la juventud, y eso para toda la eternidad. El Señor Jesucristo dice que serán como los ángeles.

Por lo tanto, tenemos que estar escuchando en el Día Postrero la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, de la cual San Pablo también habló en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 en adelante, donde dice:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor (los que habrán quedado ¿hasta cuándo? Hasta la Venida del Señor), no precederemos a los que durmieron.”

O sea, no vamos a ser transformados antes de los que durmieron, de los que murieron; porque la resurrección ocurre primero, y cuando los veamos ya resucitados en cuerpos glorificados, entonces nosotros seremos transformados.

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero (o sea que ellos resucitan primero).

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”

¡Siempre con el Señor! Ese es el anhelo de nuestra alma: estar siempre con nuestro amado Señor Jesucristo.

“Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

Son palabras que alientan nuestra alma al saber que si nuestro cuerpo físico muere, seremos resucitados en cuerpos eternos, jóvenes, inmortales; y si permanecemos vivos, seremos transformados, y tendremos cuerpos inmortales, glorificados; y nos iremos con Él en el rapto o arrebatamiento de la Iglesia para la gran fiesta de la Cena de las Bodas del Cordero. La recepción allá será en el Cielo, a la cual hemos sido invitados, hemos sido convidados: “Bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero.”

Aquí tenemos la promesa de esa Voz de Trompeta de Dios que estará sonando en este tiempo final.

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel…”

Cuando se dice: “Voz de Arcángel,” eso nos habla de un Mensaje dispensacional. Un Mensaje, una Voz de Arcángel, es mayor que una voz de un ángel común.

“...y con trompeta de Dios…”

O sea, que esa Trompeta de Dios, la Voz de Dios, la estaremos escuchando en este tiempo final.

Es la Voz de Dios para Su Iglesia en una edad más alta, en una nota más alta: la Edad de Piedra Angular, donde el Mensaje de Cristo hablándole a Su Iglesia con esa Voz como de trompeta, que viene a ser la misma Voz clamando como cuando ruge un león y siete truenos emitiendo sus voces; nos estará hablando, nos estará abriendo las Escrituras, y nos estará dando la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; porque nos estará dando la revelación del Séptimo Sello, la revelación de la Venida de Cristo a Su Iglesia en y para el Día Postrero; y mostrándonos los detalles que necesitamos conocer para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

En Filipenses y en Romanos nos habla también de ese momento glorioso. Romanos, capítulo 8, versos 18 en adelante, dice:

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.”

O sea, la Tierra, la Creación, será libertada; libertada del reino de la tinieblas y libertada del dominio de los humanos, que deterioran el planeta Tierra y todo planeta que puedan tomar, también le harían lo mismo.

Pero todos seremos libertados y también la Creación será libertada. Será libertada del reino de las tinieblas, y por consiguiente del control o dominio humano.

“Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

La adopción es la redención del cuerpo, la glorificación, la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados; y para nosotros los que vivimos: nuestra transformación si permanecemos vivos hasta ese momento. Pero si parte alguno de nosotros no hay ningún problema, lo volveremos a ver en la resurrección, y jovencito, sin los problemas que pueda tener en la actualidad.

Por lo tanto, esperamos creyendo. Esperamos esas promesas y esperamos siempre estar escuchando la Voz de Cristo por medio de Su Espíritu Santo en el Día Postrero. Como Él habló en cada edad, así mismo está hablando en nuestro tiempo. Es la Voz de Cristo de edad en edad subiendo más y más alto, hasta llegar a nuestro tiempo.

Los ministerios prometidos para el tiempo final son los ministerios de Jesús, de Moisés y de Elías.

En San Mateo, capítulo 16… Hoy en nuestro estudio bíblico o escuela bíblica, estamos viendo este tema de “LA PROCLAMA DE GRAN VOZ DE TROMPETA,” que está prometida en la Escritura en diferentes pasajes bíblicos, y que es para ser cumplida esa promesa en este tiempo final; por lo tanto, tenemos que estar al tanto de todos los detalles de esta promesa.

San Mateo, capítulo 16, versos 26… capítulo 16… vamos a leer desde el verso 24 al 28, dice:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”

O sea, que Cristo no les ofreció un camino de flores, sino un camino difícil, pero acompañado con Cristo. Porque dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz y sígame.” O sea que estaremos siguiéndolo en ese camino.

“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”

¿De qué le vale a un persona vivir en esta Tierra y ser multimillonario, y perder su alma? ¡De nada le sirvió! Y su dinero no le sirve para comprar la vida eterna. Por lo tanto, estuvo entretenido en las cosas de la Tierra y se olvidó que hay una vida eterna para todo aquel que escucha la Voz de Dios por medio de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.

“...¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”

¿Qué recompensa dará? No hay recompensa que Dios acepte por la salvación del alma de la persona. Solamente hay una ofrenda, y es la de Cristo hecha en la Cruz del Calvario; es lo único que Dios aceptó por la salvación del ser humano.

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

Aquí nos habla de la Venida del Hijo del Hombre en la gloria de Su Padre con Sus Ángeles. Los Ángeles son los Dos Olivos de Zacarías, capítulo 4, versos 1 al 14. Son los Dos Olivos que están delante de Dios, son los dos olivos también de Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14.

Esos son los ministerios que serán manifestados por el Espíritu Santo para el llamado de los escogidos: “Y enviará a sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos.” [San Mateo 24:31]

Los escogidos ahí son los escogidos del pueblo hebreo, doce mil de cada tribu, que serán llamados bajo el Sexto Sello, bajo el ministerio de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías.

Recuerde que cuando habla de los dos olivos, está hablando de los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero, para llamar y juntar los escogidos del pueblo hebreo, que son ciento cuarenta y cuatro mil, doce mil de cada tribu.

Esa es una promesa que Cristo hace aquí en la Escritura, y concuerda con las promesas hechas para la restauración de Israel en el Antiguo Testamento.

Por lo tanto, Cristo está dando más Luz de lo que ya ha sido hablado en Zacarías, capítulo 4; y en Malaquías, capítulo 4, también.

[San Mateo 16:27] “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

“Viniendo en Su Reino.”

En Colosenses, capítulo 1, verso 12 en adelante, dice:

“...Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

¿Nos ha trasladado a qué Reino? Dice que nos ha libertado…

“...el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas (o sea que nos ha librado del poder del reino de las tinieblas, nos ha sacado de ahí y nos ha colocado en el Reino ¿de quién?), y trasladado al reino de su amado Hijo (nos ha trasladado al Reino de Jesucristo).”

Recuerden que Cristo dijo en San Mateo, capítulo 21, versos 43 en adelante:

“Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.”

Y ahora, las palabras de Cristo a Sus discípulos fue, a los creyentes en Él: “A vosotros os es dado a conocer los misterios del Reino (del Reino de Dios o Reino de los Cielos).” Y también la promesa que el Reino es dado a los creyentes en Cristo. “A vosotros os es dado el Reino de Dios.” [San Lucas 8:10]

Por lo tanto, estando en el Reino de Cristo, que está en la esfera espiritual, y que la Iglesia está en el Reino de Cristo y es el Reino de Cristo, compone el Reino de Cristo, lo veremos viniendo ¿a dónde? A Su Reino, a Su Iglesia. Tan sencillo como eso.

Porque la que tiene la promesa de la Venida del Señor para el Día Postrero es Su Iglesia, que está bajo el Nuevo Pacto; y después es que pasará al pueblo hebreo para revelarse, hablarle al pueblo hebreo y llevar a cabo todo lo que se requiere para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra en la forma física, como está prometido al rey David, como está prometido al pueblo hebreo: que el Reino de Dios va a ser establecido en la Tierra, y será llamado el Reino de David y Trono de David, al cual Cristo es el heredero.

Por eso Él puede decir: “Al que venciere, yo le daré que siente conmigo en mi Trono.” Ese Trono es el Trono de David al cual Él es el heredero, conforme a las palabras del Ángel Gabriel en el capítulo 1 de San Lucas, versos 30 al 36: “Y Dios le dará el Trono de David su padre, y reinará sobre la casa de Israel para siempre, y Su Reino no tendrá fin.”

Refiriéndose a ese Trono y Reino, en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, dice: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi Trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en Su Trono.”

Cuando Cristo subió al Cielo se sentó en el Trono celestial, el Trono de Dios, y por eso Él dijo: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” [San Mateo 28:18] Porque el que está en el Trono es el que tiene el poder de todo el Reino.

Y ahora, en la misma forma que Cristo dice que hizo, que se sentó en el Trono celestial, como Él lo había dicho también en San Mateo, capítulo 26, verso 64, dice: “Jesús le dijo...” Esto fue al sumo sacerdote: “Jesús le dijo…” [verso 63]:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

O sea, que Cristo ya está diciendo que Él se va a sentar en el Trono de Dios a la diestra de Dios; en el Trono celestial del Reino celestial, que cubre el mundo invisible y el mundo visible. Todo está bajo el poder de ese Reino.

Y si Cristo se sentó en el Trono de Dios a la diestra de Dios, y recibió todo el poder del Reino, ¿se quedó Dios sin poder? No. Porque Dios está dentro del cuerpo glorificado de Jesús, Dios está reinando por medio y en Su cuerpo físico glorificado; porque el cuerpo de Jesús es la semejanza física de Dios, y el cuerpo angelical es la imagen del Dios viviente. Tan sencillo como eso.

Así que las palabras de Cristo [Apocalipsis 3:21]: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi Trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en Su Trono,” Él las va a cumplir.

A los discípulos les dijo: “Ustedes que me habéis seguido, se sentarán en doce tronos y juzgarán a las doce tribus de Israel.” Esa es una promesa para los apóstoles que seguían a Jesús. Y Jacobo y Juan querían otro trono; Jacobo y Juan querían estar a la diestra de Cristo en Su Reino.

Ahora vean la promesa de que se sentarán en doce tronos. San Mateo, capítulo 19, versos 27 en adelante, dice:

“Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?

Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración (o sea, esto es en el Reino Milenial), cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria (el Trono de Su gloria es el Trono de David, al cual Él es el heredero), vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.”

O sea, que tienen una posición muy importante los apóstoles del Señor. Como los jueces que tuvo el pueblo hebreo, y que finalizó esa etapa de los jueces con Samuel, el último de los jueces. La etapa de los jueces es la etapa de la teocracia, donde Dios reinaba a través de un hombre.

Luego vino la etapa de los reyes, que es la etapa del reino donde un hombre, un rey, reinaba, en la monarquía reinaba para Dios; de los cuales Saúl fue el primero y después el rey David, y después le siguió el rey Salomón.

Ahora, los apóstoles van a tener una posición muy importante allí, juntamente con los patriarcas, los doce hijos de Jacob. Todo está reflejado en el Antiguo Testamento. 

Por lo tanto, podemos ver que hay un Programa Divino diseñado por Dios desde antes de la fundación del mundo; y a nosotros nos ha tocado la suerte de estar elegidos por Dios en ese Programa desde antes de la fundación del mundo, y tener nuestros nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Hemos visto que hay una promesa de la Venida del Señor a Su Reino:

“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.” [San Mateo 16:28]

Y Su Iglesia está en el Reino de Cristo. Por lo tanto, los escogidos van a ver la Venida del Hijo del Hombre viniendo en Su Reino con Sus Ángeles, que son los ministerios de Moisés y Elías, los ministerios de los Dos Olivos, como fue mostrado en el Monte de la Transfiguración, donde Cristo se transfiguró delante de ellos. O en palabras más claras, Cristo los transportó en esa visión al Día Postrero, porque ese es el Orden de la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero; por eso aparecen a cada lado de Jesús: Moisés y Elías, hablando con Él de Su partida a Jerusalén.

Por lo tanto, el Orden de la Venida del Hijo del Hombre es la Venida del Señor con Sus Ángeles, con Moisés y Elías.

Eso es el Séptimo Sello, pero todavía está cerrado, porque no conviene que sea dado a conocer hasta cierto tiempo, para que no se interrumpa el Programa Divino que corresponde a la manifestación o cumplimiento de esas promesas divinas que nos darán la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Pero en el cumplimiento de la Visión de la Carpa será abierto todo el cuadro, y será dado a conocer lo que necesitamos para tener la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, en la Tercera Etapa es donde la fe para ser transformados será dada. Es la etapa de la Palabra hablada para la Iglesia del Señor Jesucristo, es la etapa donde estaremos viendo a Cristo viniendo a Su Iglesia en el Día Postrero y llevando a cabo las cosas que están prometidas que hará en esa Tercera Etapa.

Así como cuando Moisés dedicó el tabernáculo a Dios, vino Dios en la Columna de Fuego, el Ángel del Pacto que le había aparecido a Moisés, y entró al tabernáculo y moró en él; y se manifestaba sobre el propiciatorio, en medio de los dos querubines de oro, y de allí le hablaba a Moisés (la tapa del arca es el propiciatorio).

En el arca del pacto estaba la Ley en las dos tablas de piedra, estaba también (San Pablo dice) la vara de Aarón que reverdeció, y una vasija llena de maná que no se dañaba porque estaba en el lugar santísimo, en la presencia de Dios; y ese era el lugar donde únicamente podía entrar el sumo sacerdote con sangre, para presentarla ante Dios por el pueblo. Y en medio de los dos querubines de oro estaba la presencia de Dios.

Luego cuando Salomón construyó el templo y lo dedicó a Dios, vino en la misma forma la presencia de Dios en esa nube, entró al templo y pasó luego al lugar santísimo, y se posó sobre el propiciatorio, en medio de los dos querubines de oro; y que en adición había dos querubines de madera de olivo gigantes, cubiertos de oro.

Y la Iglesia del Señor Jesucristo es el Templo espiritual de Cristo, que ha estado siendo construido de edad en edad. Las siete edades de la Iglesia corresponden al Lugar Santo y la Edad de Piedra Angular corresponde al Lugar Santísimo.

Por eso, aunque en edades pasadas estaban esperando la Venida del Señor, la Venida del Señor se cumplirá en la Edad de Piedra Angular; porque se cumplirá en la Iglesia del Señor Jesucristo al llegar a completarse Su Iglesia, completarse la construcción de ese templo espiritual; y Él morará en Su Templo espiritual —que es Su Iglesia— en el Lugar Santísimo, y ahí se manifestará. Y en esa etapa es que hará grandes maravillas, como están prometidas por Dios para Su Iglesia para este tiempo final.

Ya podemos ver que va a ser dedicado a Dios ese Templo espiritual, que es Su Iglesia, y que Dios va a morar en Su Iglesia en toda Su plenitud; y va a estar hablando a Su Iglesia y dándonos la fe para ser transformados y raptados, para estar en la Cena de las Bodas del Cordero.

¿Y cómo estará hablando? Estará hablando con la Gran Voz de Trompeta, la Voz de Dios para el Día Postrero, en la Edad de Piedra Angular.

Todavía Él sigue llamando y juntando a Sus escogidos que forman Su Iglesia; y después llamará y juntará los escogidos del pueblo hebreo, que son ciento cuarenta y cuatro mil, doce mil de cada tribu. Ellos no van a ser transformados y raptados, porque ellos no pertenecen a la Iglesia del Señor Jesucristo; ellos son siervos, son los eunucos del Templo, son los que servirán en el Reino Milenial a Cristo y a Su Iglesia; como los eunucos hacen en los diferentes reinos, en las naciones, y como se hacía en tiempos pasados.

Por cuanto todavía sigue Dios llamando a Sus hijos en el Cuerpo Místico de creyentes, si hay alguna persona todavía que no ha recibido a Cristo como Salvador —aquí presente o en algún otro país— y está escuchando en estos momentos, puede venir a los Pies de Cristo para que quede incluida en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como Salvador en diferentes países.

Para lo cual, pueden pasar al frente y oraremos por usted para que Cristo le reciba en Su Reino. Vamos a dar unos minutos mientras pasan al frente para orar por las personas que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Lo más importante en la vida es la vida eterna. No hay nada más importante que la vida eterna. Todos queremos vivir eternamente, y solamente hay una forma para obtener la vida eterna, y es por medio de Cristo nuestro Salvador, porque Él es el que tiene la exclusividad de la vida eterna.

Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” [San Juan 14:6] Por lo tanto, nadie puede acercarse a Dios a menos que sea a través de Cristo.

Por eso es que la Escritura dice: “Todo lo que hagáis, ya sea de palabras o de hechos, hacedlo todo en el Nombre de Jesucristo.” [Colosenses 3:17]

Cristo es nuestro Intercesor, Cristo es nuestro Sumo Sacerdote; Jesucristo es el eslabón entre el ser humano y Dios, es el que nos une con Dios. No hay otra persona que nos pueda unir a Dios, solamente Jesucristo nuestro Salvador. Solamente hay una persona que nos puede reconciliar con Dios, y Ése es Jesucristo nuestro Salvador.

Sin Cristo el ser humano está perdido completamente; pero con Cristo está a salvo el individuo, y con promesa de vivir eternamente.

El mismo Jesucristo dijo en San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Mi Padre y yo una cosa somos.”

O sea, que Él es el que nos llama y nos da vida eterna, porque Él es la vida eterna manifestada en forma humana. Por eso Él podía decir a las personas: “Tu fe te ha salvado.” Podía decir también: “Tus pecados te son perdonados.” Solamente Dios por medio de Cristo perdona los pecados del individuo.

Por lo tanto, todos necesitamos a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador, y queremos estar asegurados completamente; y la única forma de estar asegurado para vivir eternamente es recibiendo a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador.

No podemos tratar de inventar algo como si haciendo algo diferente podemos obtener la vida eterna; ya el Programa de salvación y vida eterna lo llevó a cabo Jesucristo, ahora es cosa de aceptarlo como nuestro único y suficiente Salvador. O sea, que la parte difícil la hizo Cristo y la parte sencilla la dejó a nosotros, para que con el libre albedrío que nos ha dado, lo recibamos como único y suficiente Salvador para obtener la salvación y vida eterna.

La vida eterna no se hace realidad, no se hace para la persona, a menos que la reciba de parte de Cristo. O sea, que la persona tiene el derecho y oportunidad de recibir vida eterna; pero hasta que recibe a Cristo, que es el Camino, la Verdad y la Vida, no ha obtenido la vida eterna; pero cuando recibe a Cristo está recibiendo la salvación y vida eterna.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, los que están aquí presentes y los que están en otras naciones también.

Y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, pues Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14] O sea, que Cristo también ha tomado en cuenta a los niños.

Con nuestros ojos cerrados y nuestros rostros inclinados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino, y hágase Tu Voluntad como en el Cielo también en la Tierra. Padre celestial, vengo a Ti con todas estas personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, recíbeles en Tu Reino y dales vida eterna. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Ahora repitan conmigo esta oración, los que han venido a los Pies de Cristo en esta oportunidad:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma, creo en Tu Primera Venida, creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz una realidad en mi vida, la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario; porque yo creo en Ti con toda mi alma, y me rindo a Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).”

Por eso el Día de Pentecostés, cuando San Pedro predicó, como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas ese mismo día en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y después, en otra ocasión que San Pedro predicó, como cuatro mil personas creyeron y también fueron bautizadas en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y así, dice la Escritura que el Señor añadía a Su Iglesia los que han de ser salvos.

Los que han de ser salvos son añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo, añadidos a la Iglesia del Salvador Jesucristo. Los que han de ser salvos son añadidos a Cristo, reciben a Cristo como su único y suficiente Salvador, y Cristo les da vida eterna.

Recuerden que Cristo es el segundo Adán, que nos da vida eterna; y por consiguiente, somos alentados al saber que Él nos ha dado vida eterna, que vamos a vivir eternamente.

Sería triste estar conscientes que tenemos vida física y que después no vamos a vivir más. Eso es una situación muy triste para los que no han recibido a Cristo como Salvador.

Pero para el creyente en Cristo, saber que Cristo nos ha dado vida eterna, que vamos a vivir en Su Reino por toda la eternidad, eso nos trae felicidad, aliento y agradecimiento a Dios por Cristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Por eso fue que Cristo dio la orden de bautizar a todos los que lo recibirían como Salvador.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador. Y cuando estemos ya con los cuerpos eternos en el Reino de Cristo, recordaremos estos momentos, y diremos: La decisión más grande que yo hice para estar en el Reino de Cristo fue aquella decisión en la cual recibí a Cristo como mi único y suficiente Salvador.

Recuerden que Cristo dijo en una ocasión: “Quien me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre y delante de Sus Ángeles.” [San Lucas 12:8] O sea, que es muy importante confesar a Cristo públicamente como nuestro único y suficiente Salvador.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, en este estudio bíblico: “LA PROCLAMA DE LA GRAN VOZ DE TROMPETA.”

En todos los países también pueden ser bautizados los que han recibido a Cristo en esta ocasión como único y suficiente Salvador.

Que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una día feliz, lleno de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, y nos veremos eternamente en el Reino de Dios.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

Dejo con ustedes al reverendo Luis Elías Gómez del Bosque, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo nuestro amado Salvador.

“LA PROCLAMA DE LA GRAN VOZ DE TROMPETA.”

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