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Muy buenas noches, amables amigos y hermanos presentes, y todos los que están en diferentes naciones. Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Y que nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí una bendición grande estar nuevamente con ustedes en esta ocasión, para esta introducción que llevamos a cabo los viernes, la introducción al estudio bíblico del domingo.

Para esta ocasión quiero extender un saludo especial al misionero Miguel Bermúdez Marín, y que Dios lo bendiga grandemente y lo restablezca en su salud, y lo use siempre grandemente en Su Obra en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en el libro de los Hechos, capítulo 3, versos 18 en adelante, que dice:

“Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.

Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;

y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

En este pasaje que hemos leído nos habla de la restauración de todas las cosas. Y ese será el tema para esta ocasión: “LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS.”

Así como ha habido una restauración de la Iglesia, de edad en edad, en ese proceso para restauración encontramos que para el Día Postrero, el tiempo final, la Iglesia del Señor Jesucristo será restaurada físicamente a la vida eterna. O sea que los creyentes en Cristo van a ser transformados, los que estén vivos, y los que murieron van a ser resucitados en cuerpos glorificados, jóvenes y eternos; y así seremos restaurados a la vida eterna en la forma física también, con cuerpos eternos, cuerpos glorificados.

Para lo cual está prometida la Venida del Señor con Voz de Arcángel, con Trompeta de Dios... con Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios. También en… Eso es Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 16 en adelante. Dice:

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

Son palabras que alientan el corazón, el alma, y el espíritu de los creyentes en Cristo, al saber que Él viene por los creyentes en Él que estén vivos. Y Su Venida es con Voz de Mando —eso es la Aclamación—, con Voz de Arcángel y con Trompeta de Dios; y por consiguiente, estaremos conociendo lo que la Voz de Arcángel... lo que la Aclamación, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios estará hablando.

En Primera de Corintios, capítulo 14, versos 7 al 8, dice:

“Ciertamente las cosas inanimadas que producen sonidos, como la flauta o la cítara, si no dieren distinción de voces, ¿cómo se sabrá lo que se toca con la flauta o con la cítara?

Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?”

O sea que es importante que la Trompeta dé sonido cierto, esta Voz de Trompeta, que es la Voz de Dios hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero.

En Primera de Corintios también, versos 51 en adelante, nos dice [capítulo 15]:

“He aquí, os digo un misterio (o sea que es un misterio divino, del cual San Pablo está hablando en términos proféticos): No todos dormiremos...”

Recuerden que para los creyentes en Cristo, dormir… dormir significa para las personas: morir.

Recuerden el caso de Lázaro cuando murió, Cristo dijo a Sus discípulos: “Lázaro, nuestro amigo, duerme” [San Juan 11:11]; porque están en el Paraíso y van a ser resucitados en el Día Postrero.

O sea que están vivos los creyentes en Cristo aun cuando sus cuerpos físicos han muerto; o sea que después de la muerte se sigue viviendo en espíritu y alma; lo único que se pierde con la muerte es el cuerpo físico, pero para los creyentes: la promesa de una resurrección en cuerpos eternos, inmortales, glorificados y jóvenes, igual al cuerpo glorificado de Cristo.

“...pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta...”

Va a ser en un abrir y cerrar de ojos, a la Final Trompeta: la Trompeta de Dios, la Voz de Dios hablando en medio de Su Iglesia en el Día Postrero.

Y esa Voz de Dios por medio del Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, nos estará dando la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por eso los que escucharán esa Voz y creerán, serán los que van a ser transformados si están vivos; y si han muerto físicamente, serán resucitados juntamente con los santos de otras edades que han partido, los cuales serán resucitados juntos al mensajero de la edad en que ellos vivieron.

Por eso es tan importante saber lo que es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta: es la Voz de Dios sonando la Trompeta Final, el Mensaje final de Dios para Su pueblo, para darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

“...porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.”

Ahora vean lo que tiene que ocurrir antes de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación de nosotros los que vivimos. Los muertos en Cristo escucharán esa Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, y los que estamos vivos también la estaremos escuchando; lo cual será la Voz de Dios hablándonos en este tiempo final, en la etapa o Edad de Oro de la Iglesia, que es la Edad de la Piedra Angular. Tan sencillo como eso.

“Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.”

Para vivir eternamente físicamente, necesitamos un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo. Con razón no lo conocían (habiendo estado con Él en Su ministerio terrenal por tres años y medio).

Estamos deseosos que ocurra esa resurrección de los muertos creyentes en Cristo y de la transformación nuestra, para tener la restauración a la vida eterna que está prometida por Cristo para los creyentes en Él, prometida para ser llevada a cabo por Cristo en el Día (¿qué?) Postrero.

Para todo hay tiempo, dice la Escritura; y por consiguiente, también para escuchar la Voz de Cristo como la escucharon en edades pasadas en medio de la Iglesia, a través del Espíritu Santo hablando por medio del mensajero de cada edad, y llamando y juntando a los escogidos en cada edad.

Así también estará llamando y juntando a Sus escogidos en el Día Postrero, en la Edad de Oro, la Edad de Piedra Angular, para darles la fe para ser transformados y raptados, llevados a la Cena de las Bodas del Cordero con Cristo nuestro Salvador.

O sea que lo que Dios tiene para este tiempo final es grande. Y yo lo creo y lo estoy esperando. ¿Quién más? Cada uno de ustedes también.

En San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40, dice:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

Es Cristo el que dice que la resurrección va a ser llevada a cabo en el Día Postrero; y Él mismo es el que va a llevar a cabo la resurrección de todos los creyentes en Él que hayan muerto físicamente, y la transformación de los que vivimos y permanezcamos vivos hasta ese momento.

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Y si continúan leyendo este capítulo 6 de San Juan, encontrarán otros lugares donde dice que la resurrección será llevada a cabo por Él en el Día Postrero. Dice, por ejemplo, en este mismo capítulo 6, verso 54:

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

O sea, ya el creyente en Cristo tiene vida eterna en su alma y tiene vida eterna en su espíritu, en su interior; le falta vida eterna física: un cuerpo eterno, inmortal, glorificado, igual al cuerpo glorificado del Señor Jesucristo, para así estar restaurados plenamente a la vida eterna.

Para este tiempo final el Título de Propiedad regresará a las manos de Cristo, que lo toma en Apocalipsis 5, el Título de Propiedad que Dios había colocado en las manos de Adán y que al pecar le fue quitado para que no fuera a vivir eternamente en una condición pecaminosa.

Si el ser humano, con tan corto tiempo que vive en la Tierra le ha hecho tanto daño a la Tierra, al planeta Tierra y sus ecosistemas, ¿cómo sería si viviera más de mil años?, ¿y cómo sería si vivieran eternamente en esa condición? Destruirían no solamente el planeta Tierra, sino todas las galaxias; aun se levantarían en contra de Dios, encabezados por el enemigo de Dios, llamado Diablo, Satanás, Lucero, Lucifer, o como le quieran llamar.

Por lo tanto, Dios tomó el Título de Propiedad, y por eso aparece en la diestra de Dios ese Libro sellado con siete sellos en Apocalipsis, capítulo 5; pero va a regresar a la Tierra, va a regresar al ser humano, va a regresar a la Iglesia del Señor Jesucristo cuando Cristo lo tome, lo abra en el Cielo y lo traiga a la Tierra en Apocalipsis, capítulo 10.

Si San Pablo estuviera en la Tierra cuando eso ocurriera, si estuviera en su edad, él lo recibiría y lo colocaría en su edad; o sea, así le sería entregado a la Iglesia, que estaría encabezada por el Espíritu Santo en el ángel mensajero de esa primera edad.

Y así en la edad que ocurriera eso de traer el Libro que está sellado con siete sellos, Cristo tomarlo en el Cielo, abrirlo: ya Cristo estaría como León de la tribu de Judá y como Juez; ya habría terminado Su Obra de Intercesión y ya la puerta de la Gracia se cerraría; y Cristo vendría con el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos, el Libro de la Vida del Cordero, donde están escritos los nombres de todos los que Él ha redimido con Su Sangre preciosa; y vendría para reclamarlos, para reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa, y restaurarlos a la vida eterna física, resucitando a los que partieron y transformando a los que estarán vivos en ese tiempo.

Los Truenos de Apocalipsis 10, del Ángel Fuerte que desciende del Cielo, el cual es Cristo con el Librito abierto en Su mano para entregarlo a Su Iglesia a través del Espíritu Santo, que estará —como siempre— manifestado en Su Iglesia utilizando a un mensajero de edad en edad; para el Día Postrero debe Cristo colocar en Su Iglesia un mensajero dispensacional, al cual entregar el Título de Propiedad, y a través de él entregarlo a Su Iglesia para la restauración de todas las cosas.

Sin que eso ocurra, no habrá resurrección de los muertos en Cristo ni transformación de nosotros los que vivimos; y por consiguiente continuará el ciclo de nacer, crecer, vivir un tiempo y morir.

Y esos ciclos, comparados con los del tiempo o los tiempos de Adán y Eva luego de la caída... y de los profetas antiguos, como Set, como Enoc, como Noé y como todos estos hombres que vivieron 600, 700, 800 y 969 años; vean, ya la vida en la Tierra se ha acortado a 70 o 100 años; y de 70 en adelante se vive con más trabajo; y lo que obtienen las personas, la mayor parte de las personas, algunas veces no les da ni para comprar medicamentos; porque el cuerpo humano se va afectando de etapa en etapa, por causa de que el medio ambiente está afectado, y también los alimentos están afectados por consiguiente; y hay mucha contaminación en el cuerpo humano. Todo eso es fruto de la caída en el Huerto del Edén.

Pero lo importante no es vivir muchos años; lo importante es recibir a Cristo como Salvador, para que Cristo le imparta a la persona vida eterna, y asegura así su futuro eterno con Cristo en Su Reino. Y el tiempo que le da Cristo a la persona después que lo ha recibido como Salvador, es para que viva sirviendo a Cristo, y por consiguiente trabajando en la Obra de Cristo, en el Reino de Cristo, que está en la esfera espiritual.

Y luego Cristo le pagará a cada uno - recompensará a cada uno según sea su obra, dice Apocalipsis, capítulo 22, verso 12: “He aquí vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

Algunos quieren recibir recompensas grandes sin hacer nada. Las recompensas son por lo que haya llevado a cabo la persona: “He aquí vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.” ¿Ve? O sea, las obras de los creyentes serán recompensadas por Cristo.

Por lo tanto, lo importante no es ser rico en esta Tierra; es ser rico en Dios. Y para ser rico en Dios hay que amar a Dios, hay que amar a Cristo, hay que amar Su Obra y trabajar al máximo en la Obra de Cristo; sin defraudar a Cristo y Su Obra, sino... no tratando de beneficiarnos de la Obra de Cristo, sino siempre de aportar para la Obra de Cristo. Y así se cumple lo que Cristo dijo: “Haced tesoros (¿dónde?) en el Cielo.” [San Mateo 6:20]

Los tesoros se hacen en el Cielo, donde son para toda la eternidad. En la Tierra se devalúan; y en la Tierra, si muere la persona quedan para otras personas y una parte para el Gobierno.

Por lo tanto, aprovechemos bien el tiempo trabajando en la Obra del Señor con amor divino; no con el propósito de que Él nos dé galardones. Él lo hará voluntariamente para todo aquel que voluntariamente trabaja en la Obra del Señor por amor a Cristo.

Algunos, sabiendo que Él recompensará a cada uno, podrán trabajar; pero si no lo hacen por amor, de nada les sirve.

Recuerden que hay recompensas para los creyentes en Cristo.

El apóstol Pedro en una ocasión, por ahí por el capítulo 19 de San Mateo, pregunta - dice: “Nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué tendremos?” O sea: “¿Qué tendremos en el Reino del Mesías, en Tu Reino? ¿Qué tendremos en la regeneración de la cual nos está hablando?”, porque Cristo les está hablando de la regeneración, en donde Cristo restaurará la Tierra, en donde Cristo restaurará el Reino de David y Trono de David. San Mateo, capítulo 19, versos 27 al 30.

Y como les he dicho siempre, los apóstoles, la mayor parte de ellos eran comerciantes y les gustaba ganar dinero; y le preguntan: “Nosotros lo hemos dejado todo. ¿Qué tendremos en Tu Reino?”

“Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?

Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria…”

Eso es en el Trono de David, del cual el Ángel Gabriel le dice a la virgen María que Dios le dará el Trono de David Su Padre, en San Lucas, capítulo 1, versos 30 al 36.

Ese el Trono del cual también Cristo dice en Apocalipsis, capítulo 3, versos 21: “Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi Trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en Su Trono.”

El Trono del Padre está en el Cielo. El Trono de Cristo del cual Él habla aquí, es el Trono de David. Y esa bendición la buscaban los apóstoles Santiago (que es Jacobo) y Juan su hermano, en San Mateo, capítulo 20, verso 20 al 25; cuando pidieron y llevaron a su madre también, y pidieron sentarse a la derecha y a la izquierda cada uno de ellos en el Reino de Cristo.

O sea que va a haber un Reino aquí en la Tierra, y la posición que ellos querían en ese Reino era la de la derecha y de la izquierda.

Recuerden que cuando un rey o un gobernante dice: “Este es mi mano derecha,” o sea que es la persona a través de la cual ese gobernante lleva a cabo muchas cosas, es como un administrador del gobernante. Es como era José el hijo de Jacob, en Egipto, para el faraón; era la mano derecha del faraón. Tan sencillo como eso.

Y allí le toca la diestra y la siniestra, a la derecha y a la izquierda, a los que allá aparecieron en el Monte de la Transfiguración, uno a la derecha y el otro a la izquierda. Jacobo o Santiago… Ni Jacobo o Santiago, ni Santiago ni Juan tenían el ministerio de los Dos Olivos; por lo tanto estaban pidiendo algo que no les tocaba a ellos. Porque los que aparecieron en el Monte de la Transfiguración eran los Dos Olivos, Moisés y Elías, los cuales están delante de la presencia del Señor.

Por eso ellos conocían esa visión bien, que habían visto en el capítulo 17; y ya en el capítulo 20 están pidiendo esa posición. Y en otro capítulo están pidiendo que Cristo les permita mandar a descender fuego del cielo para que queme a la ciudad de los samaritanos que no le permitió entrar a esa ciudad. O sea que ya le habían pegado el ojo a esos dos ministerios.

En Malaquías, capítulo 4, también está la promesa de la venida de Elías, el cual restaurará… o sea, que viene para restaurar.

Por lo tanto, para este tiempo final hay grandes bendiciones de parte de Dios. Viene una restauración para el pueblo hebreo, bajo los ministerios de los Dos Olivos: de Elías por quinta ocasión y de Moisés por tercera ocasión.

Recuerden que estoy hablando de los ministerios de Moisés por tercera ocasión... No de Moisés literalmente. Porque el ministerio de Moisés se repitió en Jesús, un profeta como Moisés, un profeta dispensacional; y se repetirá en el Día Postrero en la Edad de Oro, porque la Edad de Oro en el tiempo final es paralela a la Edad de Oro de la Primera Venida de Cristo.

Así que hay una bendición muy grande para los creyentes en Cristo para este tiempo final, y será la restauración de todas las cosas. Y la más urgente que necesitamos es la restauración de nuestro cuerpo físico, una transformación para ser todos a imagen y semejanza de Cristo nuestro Salvador.

Con la restauración de la Iglesia a como era en el tiempo de los apóstoles, luego viene la fe para ser transformados; fe que nos dan los Siete Truenos, la Voz de Cristo en este tiempo final, en la Edad de Piedra Angular.

Por lo tanto, tenemos que estar apercibidos, sabiendo que habrá un Mensaje final con Gran Voz de Trompeta, representado en una trompeta sonando; y eso será la Voz de Cristo hablando como león, y siete truenos emitiendo sus voces.

Por lo tanto estemos apercibidos, sabiendo que el reverendo William Branham dijo que los Truenos darán la fe para ser transformados, la fe de rapto; y eso será en la etapa que está vigente delante de Dios.

Ya la primera edad pasó; la segunda, la tercera, la cuarta, la quinta y la séptima, han pasado esas edades; por lo tanto, así como Dios habló por medio de Su Espíritu a través de cada mensajero en cada edad, estará hablando en la Edad de Piedra Angular con Gran Voz de Trompeta, dándonos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Tan sencillo como eso.

Y eso será estar escuchando la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final; dando sonido cierto, dando el Mensaje correcto, el Mensaje cierto para este tiempo final. Y eso es nada menos que la Gran Trompeta del Año del Jubileo para los creyentes en Cristo.

Y para los judíos sonará la trompeta de Levítico, capítulo 23, verso 24; de lo cual, por ahora, por hoy no vamos a hablar. Quizás cubramos esa parte el próximo domingo, Dios mediante, ya que hoy es solamente la introducción al estudio bíblico del próximo domingo.

Así que vamos a ver con más detalles el próximo domingo este tema: “LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS”, que incluirá la restauración de la Iglesia, la restauración de nuestros cuerpos a cuerpos eternos, la restauración del Reino también, y todo lo que tenga que ver con la restauración; la restauración también del planeta Tierra para el Reino Milenial.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de nuestro tema: “LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS.”

Continúen pasando una noche feliz, cada uno de ustedes aquí en Puerto Rico y los que están en otras naciones.

Dejo con ustedes nuevamente al reverendo José Benjamín Pérez para finalizar en esta ocasión; y nos vemos el próximo domingo, Dios mediante.

“LA RESTAURACIÓN DE TODAS LAS COSAS.”

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