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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones, ministros, y congregaciones en diferentes partes de las diferentes naciones. Reciban mis saludos. Y también al misionero Miguel Bermúdez Marín, allá donde se encuentra en el Brasil. Un saludo grande para todos allá en el Brasil.

Para esta ocasión tenemos la Escritura que nos corresponde para la introducción al estudio bíblico del próximo domingo, titulado: “PREPARÁNDONOS PARA LO QUE HA DE VENIR.”

Leemos en San Lucas, capítulo 21, verso 36, donde nos dice:

“Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“PREPARÁNDONOS PARA LO QUE HA DE VENIR.”

Para el mundo, lo que ha de venir son los juicios divinos señalados en el libro de Apocalipsis, los cuales caerán sobre la raza humana durante el lapso de tiempo de la gran tribulación, que durará tres años y medio.

Antes de esos juicios, las señales de lo que viene será visto en el cielo y en la Tierra - serán vistas en el cielo y en la Tierra. Por eso ustedes encuentran al mismo Jesús dando señales, diciendo: “Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas, y en la Tierra angustia de los hombres por las cosas que vendrán sobre la Tierra.” Eso está por San Lucas, capítulo 21, versos 25 en adelante; y San Mateo, capítulo 24, versos 29 en adelante.

Ahora, lo que antecede a “las cosas que vendrán” son las señales. Por eso Jesús en San Mateo, capítulo 16, dijo en una ocasión, a los que no creían: “Ustedes quieren señal”; porque ellos querían que les mostrara señal del cielo. Y Jesús les dijo: “Ustedes cuando ven que hace… que tiene arreboles el cielo nublado, dicen que vendrá lluvia; y cuando tiene el cielo arreboles en la mañana, dicen: habrá buen día (o sea, habrá sol, habrá buen día). Y ustedes que conocen esas señales…” Vamos a ver lo que nos dice:

“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.

Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.

Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado (lo dice todo en la forma… esta es la forma correcta). ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!

La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.”

La señal del profeta Jonás es, que así como estuvo Jonás tres días y tres noches en el vientre de un pez grande (una ballena), y después salió, así el Hijo del Hombre estará tres días sepultado —o sea, bajo la tierra—, y al tercer día resucitará.

De eso era que le estaba hablando Cristo, de la señal de Jonás: la señal de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Y esa es la señal más grande de que Él era el Mesías prometido.

Y ahora, es importante conocer las señales de los tiempos, viendo qué es lo que Dios ha prometido para el tiempo que nos ha tocado vivir; porque habrá señales en el sol, la luna y las estrellas; y en estos días hubo una alineación planetaria de cinco planetas. Esas son señales en el cielo que tenemos que comprender, que están relacionadas a la Venida del Hijo del Hombre para el Día Postrero; así como hubo señales en el cielo cuando Jesucristo nació en Belén de Judea.

Por lo tanto, tenemos que entender lo que esas señales en el cielo nos están diciendo; y el domingo en la escuela bíblica veremos con más detalles esas señales, y veremos lo que significa una alineación planetaria.

Recuerden que Cristo dijo: “Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas.” [San Lucas 21:25] Recuerden que el sol tipifica a Cristo, el cual dijo: “Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” [San Juan 8:12] Y la luna representa a la Iglesia, así como representó al pueblo hebreo bajo el Pacto que le dio Dios a través del profeta Moisés; ahora bajo el Nuevo Pacto la luna representa a la Iglesia del Señor Jesucristo. Y recuerden que esos planetas estaban en línea con la luna.

Y las estrellas... Vean ustedes, Dios le dijo a Abraham [Génesis 22:15-18]: “Tu simiente será como las estrellas del cielo.” Dios lo sacó fuera, le dijo [Génesis 15:15]: “Sal fuera y mira el cielo, y cuenta las estrellas si las puedes contar.” Eso significa que era una noche estrellada, como decimos nosotros; y cuando es una noche así, que no hay nubes que interrumpan la visión del cielo, se ven tantas que usted comienza a contar y ya cuando va por la número cincuenta se le olvida cuántas contó.

Y son millones de galaxias que hay; y no solamente las que son visibles, sino que hay también invisibles, o sea que hay en otra dimensión también. “Porque lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía.” [Hebreos 11:3]

Ahora, esas estrellas bajo el tiempo de la Ley representaban al pueblo hebreo; por eso Dios les dijo: “Ustedes podrían haber sido como las estrellas.” Y ahora bajo el Nuevo Pacto, las estrellas bajo el Nuevo Pacto, son los creyentes en Cristo en la Dispensación de la Gracia, y también para la Dispensación del Reino.

A todo lo que Cristo es heredero y todo lo que Cristo es, lo son también los creyentes en Él. Él dijo: “Yo soy la Luz del mundo.” (San Juan, capítulo 10, verso 9). Y luego en otra ocasión dice: “Vosotros sois la luz del mundo.”

O sea que los creyentes en Cristo, así como Cristo le alumbraba el entendimiento, el corazón a las personas, cuando fue a Galilea de los gentiles, a Zabulón y a Neftalí... allí resplandeció la Luz, Cristo, la Palabra hecha carne, la Palabra para aquel tiempo vindicada, hablándoles la Palabra de Dios para aquel tiempo; y eso era la Luz allí resplandeciendo.

Y luego, del Día de Pentecostés en adelante, Cristo, la Luz, está resplandeciendo a través de Su Iglesia; y por eso es que son luces los creyentes en Cristo en esta Tierra, llevando el Evangelio de Cristo y alumbrándoles el camino divino a las personas para que entren a la vida eterna.

Por eso Cristo dijo [San Marcos 16:15-16]: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado será salvo, mas el que no creyere, será condenado.” Por lo tanto, no podrá vivir eternamente el que no crea; pero el que crea, será salvo y vivirá por toda la eternidad.

La predicación del Evangelio de Cristo es una señal grande en el Programa Divino para la raza humana, es una señal de vida eterna para todos los seres humanos, es una señal de una oportunidad que Dios le da a los seres humanos para que vivan eternamente, escuchando el Evangelio de Cristo y recibiéndolo como único y suficiente Salvador.

Ahora, así como fue dos mil años atrás y como fue en el tiempo de Moisés, y como fue en el tiempo de Noé, y como fue en el tiempo de Abraham; así es también para este tiempo.

La señales en el cielo indican el tiempo que estamos viviendo en el Programa de Dios, y muestran la etapa a la cual ha subido la Iglesia del Señor Jesucristo.

Recuerden que la Iglesia del Señor Jesucristo es la que está esperando la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Padre de familia, que se fue a un lugar lejano para recibir un Reino y volver.

Cuando Él, en Apocalipsis 5, toma el Librito que está cerrado en la diestra del Padre, de Dios, y lo abre en el Cielo, está tomando el Título de Propiedad de toda la Creación, el Título de Propiedad de la vida eterna, el Título de Propiedad donde están también los nombres de los hijos e hijas de Dios, de todos los escogidos de Dios que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por eso hay una proclama en el Cielo, en donde se le otorga al segundo Adán el Título de Propiedad que perdió Adán al pecar; y ahora lo recupera ¿quién? Jesucristo, nuestro segundo Adán, nuestro Redentor, Pariente Redentor, para traerlo a la Tierra y entregarlo a Su Iglesia, a través de la cual ha estado manifestándose, revelándose; pues Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20. Y en San Mateo, capítulo 18, verso 20, dice: “Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, yo estaré.”

O sea que Cristo ha estado en Su Iglesia por estos dos mil años, del Día de Pentecostés hacia acá, en Espíritu; y eso significa que el mismo Ángel del Pacto que le apareció a Moisés en un zarza que ardía y no se consumía, ese Ángel del Pacto, que es Cristo, ha estado con Su Iglesia; el cual le apareció a diferentes apóstoles en diferentes ocasiones; el cual cuando le apareció a San Pablo en aquella Luz, y que San Pablo supo que esa era la misma Luz que le apareció a Moisés en aquella zarza, aquel árbol que estaba encendido en fuego y no se quemaba... porque era Fuego Divino y era la gloria de Dios allí.

Ese Ángel que estaba allí es el mismo que se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, y fue llamado Jesús. Recuerden que en Malaquías 3 dice que “vendrá a Su Templo el Señor, el Ángel del Pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

O sea que el que vendría sería el Ángel del Pacto, el mismo Ángel que le apareció a Moisés, el cual es Cristo. En diferentes ocasiones le aparecía a Moisés; y en una ocasión él quiso verlo en forma física, como lo había visto Abraham (el cual almorzó con Abraham); ahora Moisés quería verlo. Y Dios le dijo que pasaría frente a él Su gloria y entonces vería Sus espaldas, las espaldas del Ángel del Pacto, de Cristo en Su cuerpo angelical.

Luego, Josué en una ocasión lo vio con una espada en la mano, y vino hacia Él allá en el área de Jericó —cuando iban a conquistar a Jericó— y le dice Josué, le pregunta: “¿Eres tú de los nuestros o de nuestros enemigos?” Y Josué también con su espada. Y Él le dice: “No.” Vamos a ver lo que le dice, en Josué, capítulo 5… Capítulo 5 de Josué, versos 13 en adelante, dice:

“Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?

El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora...”

Este Ángel del Pacto es el Príncipe, Comandante en Jefe, de los ejércitos de Dios.

“El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo?

Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.”

El mismo que le había aparecido en una luz a Moisés, en aquel árbol, aquella zarza, y le dijo: “Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es lugar santo, tierra santa,” ahora le dice a Josué, ya al otro lado del Jordán: “Quita tu calzado de tus pies, porque el lugar es lugar santo, tierra santa.” ¿Por qué? Porque allí estaba el Santo de los santos, que es Cristo, el Ángel del Pacto, Dios, Dios en Su cuerpo angelical.

El cuerpo angelical de Dios es la imagen del Dios viviente, a través del cual Dios creó todas las cosas, llamado el Verbo que era con Dios y era Dios. “Por Él fueron hechas todas las cosas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho.” [San Juan 1:1-5]

Ahí tenemos la historia del origen de la Creación. La ciencia lo está buscando —el origen—, y ya los creyentes en el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (desde Adán) saben cuál es el origen; o sea que los creyentes están más adelantados que los científicos.

Lo que los científicos hacen es descubrir algo que ya está; y los creyentes lo que hacen es creer algo que está en la Palabra de Dios, y que luego los científicos lo descubren más adelante. Pero el que llega primero tiene todos los derechos. Los creyentes llegan primero, por la fe lo creen y les pertenece esa revelación divina.

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra.”

La primera oración de la Biblia allá en Génesis (Génesis 1:1) es lo que muestra Quién es el Autor, el que originó la Creación: Dios. ¿Cómo? A través de Su manifestación en el Verbo, en el Ángel del Pacto. Por eso la Escritura dice, hablando de Cristo: que es antes de la Creación, antes que el mundo existiese; y por Él fueron creadas todas las cosas.

Colosenses también, capítulo 1, versos 12 al 25, nos habla sobre el origen de la Creación, y que Cristo es antes de todas las cosas. Y también en Hebreos, capítulo 1, verso 1 al 3, nos habla que por Él fueron creadas todas las cosas.

Y San Juan, capítulo 1, verso 1 al 20, nos habla también de Cristo, el Verbo, y que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Cuando se hizo carne es que los seres humanos pudieron ver a Dios en forma humana, al cual habían visto Moisés, Josué, Abraham y otros profetas y jueces también.

El cuerpo angelical de Dios es Cristo en Su cuerpo angelical, en Espíritu Santo. Recuerden que un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Por eso encontramos que cuando aparecía el Ángel del Pacto, algunos dijeron o decían: “El Espíritu Santo me dijo...” porque el Ángel del Pacto es el Espíritu Santo. Y encontramos que cuando se hizo carne, ese cuerpo de carne es la semejanza de Dios, la semejanza física de Dios. Y la semejanza física de Dios es como el cuerpo nuestro, fisonomía humana; y ya ese cuerpo fue glorificado. Pero Él ha estado trabajando por medio de Su Iglesia, a través de los diferentes instrumentos que Él tiene en Su Iglesia; y todos haciendo la parte que les corresponde.

No hay vagos en la Iglesia del Señor Jesucristo; todos tienen una parte para llevar a cabo en el Programa Divino, que Dios les ha concedido. Es un privilegio grande ser un instrumento de Cristo en Su Iglesia, llevando a cabo la Obra que Él pone en nuestras manos para realizar, y que es de acuerdo al Programa Divino para el tiempo en que estamos viviendo.

No nos manda a construir un arca, porque eso fue para el tiempo de Noé; pero los del tiempo de Noé estaban llamados a estar con Noé trabajando en ese proyecto; y era para bendición de ellos mismos.

Las cosas que sucederán en la Tierra. Para el mundo, ya les dije que son los juicios divinos; y ellos no han comprendido el significado de las señales que han estado siendo vistas por años.

Cristo dijo en San Lucas 21: “Cuando ustedes vean suceder estas cosas, levantad vuestras cabezas porque vuestra redención está cerca.”

¿Qué es “nuestra redención,” que está cerca? Ya tenemos redención del alma y del espíritu, pero nos falta la redención del cuerpo, a la cual se refiere San Pablo en Romanos, capítulo 8, versos 14 al 39.

Eso es la adopción como hijos e hijas de Dios en la parte física, para ser todos a imagen y semejanza de Cristo, jóvenes como Cristo. Él está tan joven como cuando subió al Cielo; y así vamos a ser también nosotros: jóvenes, representando de 18 a 21 años de edad, que es la flor de la juventud. Así también está Cristo.

Recuerden que cuando Cristo resucitó ni Sus propios discípulos, que habían estado con Él por tres años y medio en el ministerio terrenal de Cristo, ahora no lo conocían; pero por lo que les habló y el partir el pan en la forma en que siempre lo hacía, los caminantes de Emaús lo conocieron, en ese momento; ahí les abrió los ojos, el entendimiento, y entonces lo reconocieron; y Él se desapareció de ellos.

Todos los creyentes en Cristo escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, son los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, la cual ha estado pasando por diferentes etapas, en una forma de ascenso, forma progresiva, subiendo; mientras el reino de los gentiles ha estado bajando, y se encuentra en la actualidad en los pies de hierro y de barro cocido, la última etapa. Y en esa última etapa es que desaparecerá el reino de los gentiles.

Y el Reino de Cristo está, de etapa en etapa, subiendo hasta llegar a la etapa de corona, que es la Edad de la Piedra Angular; con la cual se corona el Reino de Cristo en el Día Postrero, y al cual vendrá Cristo en el Día Postrero, vendrá a Su Cuerpo Místico de creyentes, en la edad que corresponde a este tiempo final.

Ahí es que en este tiempo final aparecerá el Hijo del Hombre, para que estemos en pie delante del Hijo del Hombre. Esa es la cosa más grande de las que acontecerá para bendición de los creyentes en Cristo.

Para las vírgenes insensatas habrá una oportunidad. Sí. Pero ya no para transformación y rapto, sino para que su fe se afirme y den sus vidas durante la gran tribulación; porque el anticristo, la bestia, los va a martirizar, los va a matar; y va también a martirizar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

Ellos son los eunucos o como eunucos en el Reino del Mesías; pero la Reina es la Iglesia del Señor Jesucristo y el Rey es Jesucristo, al cual el Ángel Gabriel le dijo a la virgen María que Dios le dará el Trono de David su padre, y reinará sobre la casa de Jacob para siempre; y Su Reino, pues, ya vemos que no tendrá fin.

Esas son de las cosas gloriosas que sucederán a los creyentes en Cristo y a Israel. Aunque tendrá que pasar por la gran tribulación, al final el Reino de Dios será establecido en la Tierra.

Los juicios de la gran tribulación harán la labor de la renovación del planeta Tierra; será restaurado el planeta Tierra, sus ecosistemas, todo será restaurado para el Rey y la Reina, Cristo y Su Iglesia en su luna de miel, que son mil años de luna de miel. Y allí yo voy a estar, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también. Son cosas que sucederán para nosotros.

Para los perdidos habrá una manifestación grande del poder de Dios, que la van a ver, pero no para salvación; porque la Tercera Etapa es para ser manifestada para la Iglesia-Novia, para las vírgenes insensatas y para los perdidos, para el mundo.

Por lo tanto, cosas grandes con grandes bendiciones están prometidas para suceder en este tiempo final, para los hijos e hijas de Dios; esa es la parte buena para nosotros.

Por lo tanto, hagamos como dice la Escritura en Amós, capítulo 4, verso 12:

“Por tanto, de esta manera te haré a ti, oh Israel; y porque te he de hacer esto, prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel.”

Está el Israel literal y está el Israel espiritual. El espiritual son los creyentes en Cristo bajo el Nuevo Pacto; y el terrenal, el pueblo hebreo terrenal, los judíos o hebreos.

Preparémonos para el encuentro con nuestro Dios, preparémonos para el encuentro con el Señor en Su Venida a Su Iglesia en este tiempo final.

Así como Moisés sacó al pueblo para recibir a Dios, que se manifestaría en el Monte Sinaí, también preparémonos para la Venida del Señor a Su Monte Santo, que en el Nuevo Testamento es Su Iglesia. Y Su Venida a Su Iglesia en el Día Postrero es a la parte alta del Monte, la Edad de Piedra Angular, así como fue a la parte alta del Monte Sinaí la Venida de Dios apareciéndole a Moisés y al pueblo hebreo, para darle Su Palabra y adoptarlos como hijos de Dios, como pueblo de Dios.

PREPARÉMONOS PARA LO QUE HA DE VENIR. Hay grandes bendiciones para usted y para mí en este tiempo final. Estemos preparados. Él quiere bendecirnos para que en este tiempo final estemos, en Su Venida, en pie delante del Hijo del Hombre.

Ha sido para mí una bendición grande y un privilegio estar con ustedes en esta ocasión, en esta etapa de introducción a la escuela bíblica de pasado mañana, del próximo domingo, en donde espero que Dios nos dé más luz sobre este tema: “PREPARÁNDONOS PARA LO QUE HA DE VENIR.”

Si Dios nos da todo lo que hay ahí… pero con que nos dé una parte nos conformamos; porque todo eso va a ser para el cumplimiento de la Visión de la Carpa, lo cual deseamos que pronto esté lista para tener a Cristo en Espíritu Santo manifestado, llevando a cabo lo que Él ha prometido en medio de Su Iglesia.

Que Dios les bendiga y les guarde, y nos abra siempre las Escrituras y el entendimiento para comprender.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted; para lo cual puede pasar al frente y oraremos por usted.

Ya el próximo domingo estaremos viendo este tema: “PREPARÁNDONOS PARA LO QUE HA DE VENIR,” y esperamos grandes bendiciones de parte de Dios.

Voy a estar con ustedes unos cuantos días. Ya ustedes saben las actividades que hay programadas; por lo tanto, estaremos viéndonos en las actividades correspondientes, aquí, los días correspondientes; y estaré también en otras actividades en las cuales veré a algunos o a muchos de ustedes también.

Que Dios les bendiga; y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Pasen todos muy buenas noches.

“PREPARÁNDONOS PARA LO QUE HA DE VENIR.”

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