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Muchas gracias, Miguel, muchas gracias. Dios te bendiga, Miguel.

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes; es una bendición grande estar con ustedes los aquí presentes y los que están en otras naciones.

Para esta ocasión leeremos en Isaías, capítulo 54, verso 13, donde dice:

“Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos.”

Y en San Juan, capítulo 6, verso 43 en adelante, dice:

“Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros.

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.

Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.”

Que Dios bendiga nuestros corazones con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “SIENDO INSTRUIDOS FIELMENTE POR LA BOCA DE DIOS.”

En Éxodo nos dice… Éxodo, capítulo 4, verso 12; y capítulo 4, verso 14 al 16… Capítulo 4, verso 12, dice:

“Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.

Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar.

Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón.

Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer.

Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.

Y tomarás en tu mano esta vara, con la cual harás las señales.”

Aquí en la Escritura nos muestra que Dios colocó la Palabra en la boca de Moisés; pero él tenía miedo de hablar porque tenía problemas del habla, tartamudo, tardo para hablar, y pidió que enviara por otra persona, o sea, que enviara por su hermano Aarón que sabía hablar muy bien.

Dios se enojó con Moisés; porque la Palabra de Dios viene al profeta y él es el que debe hablar esa Palabra; porque si la pasa a otro, después el otro va a querer establecerse y ser mayor o igual que el profeta al cual vino la Palabra.

La muestra está, que después le dio problemas Aarón - Aarón le dio problemas a Moisés, y por consiguiente trajo problemas a Dios y al pueblo.

¿Recuerdan el caso del becerro de oro? A petición del pueblo lo construyó, lo fundió Aarón; pidió el oro del pueblo... o sea que despojó al pueblo del oro que había traído de Egipto, y lo gastaron (el dinero) en un ídolo babilónico. O sea, que no utilizaron bien las riquezas que Dios les dio para salir de Egipto. Porque Dios había dicho: “Saldrán con gran riqueza,” le dijo Dios a Abraham en el capítulo 15 del Génesis, que su descendencia saldría con gran riqueza de la esclavitud.

Salieron con gran riqueza; pero miren, a petición de una cantidad de personas del pueblo, que por lo que se ve practicaban la idolatría allá en Egipto, y creían en la religión del becerro de oro; encontramos que Aarón no permaneció fiel a Moisés, y por consiguiente tampoco a Dios; y prefirió establecerle la religión pagana al pueblo, con la cual y por la cual luego han venido arrastrando con la idolatría a través de su trayectoria por el desierto.

Y luego, cuando fueron establecidos en la tierra prometida, una cantidad grande permaneció también y se inclinó hacia la idolatría. Ese ha sido el pecado mayor de Israel.

Por lo cual está dicho que toda persona que cargue un ídolo o enseñe o adore un ídolo, o sea, tenga esa religión babilónica pagana, Dios lo desarraigará del pueblo; o sea que deja de ser del pueblo de Dios, del pueblo de Israel. Aunque viva en Israel, no importa que sea descendiente directo de judíos, por la idolatría Dios arranca su nombre del Libro de las tribus de Israel; o sea que para Dios deja de contar como miembro de una de las tribus de Israel.

Aarón le trajo ese problema al pueblo cambiándole la religión, cambiándole el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, por un dios pagano representado en un becerro de oro.

Luego más adelante, encontramos que él (Aarón) y su hermana María o Miriam, dijeron: “¿No ha hablado Dios también por nosotros?” O sea, se quisieron colocar al nivel de Moisés. Y ya, por lo que se ve, tenían ciertos planes; y Dios se enojó contra Aarón y Miriam o María, y quedó leprosa.

No puede ponerse al nivel del mensajero de la edad ninguna persona. No puede ponerse sobre el profeta que Dios ha enviado, sea de una edad o de una dispensación; y mucho menos tratar de ponerse sobre él, tratando de establecer las cosas que le corresponden al mensajero. Así ha sido siempre.

Por eso cuando trataban también, entre los discípulos de Jesús, de mandar a Jesús, Él los paraba. Cuando le decían: “Ese perfume debió de venderse por trescientos (unas monedas equivalentes a trescientos denarios)…” Él dijo: “Buena obra ha hecho esta mujer; dejadla. Me ha ungido para mi sepultura.” O sea que Judas Iscariote creía que él era el que mandaba, aunque tenía la posición de tesorero; por lo tanto, debió ser el más que había estudiado; y digamos que era el contable, y bien reconocido.

Encontramos que en otras ocasiones, por ejemplo cuando Cristo quiso ir a Jerusalén, Cristo había dicho que iría a Jerusalén, sería tomado preso y sería crucificado. Pedro le dice: “No te suceda eso a ti,” o sea, “no vayas para allá.” Cristo le dice: “¡Apártate de mí Satanás! No sabes, no conoces las cosas que son de Dios.” Es en resumen. “Lo que está escrito de mí, cumplimiento tiene.” [San Mateo 16:22-23]

¿Cómo, entonces, se van a cumplir las cosas que están escritas? O sea que el que decidía era Cristo dirigido por el Espíritu Santo, de acuerdo a lo que estaba escrito de Él. Así ha sido con los mensajeros de cada edad y de cada dispensación a través de toda la Biblia.

Es a través de los mensajeros de Dios, que Dios por medio de Su Espíritu le habla al mensajero; y le habla al pueblo el Espíritu de Dios por medio de esos mensajeros que Él envía de edad en edad y de dispensación en dispensación. Si es un Mensaje para una dispensación completa, ¿qué es lo que envía? Un mensajero dispensacional. ¿Si es para una edad? Un mensajero de edad.

Nos dice el apóstol San Pablo en Hebreos, capítulo 1, verso 1 en adelante:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas...”

O sea, aquí tenemos la forma de Dios hablarle al pueblo, al pueblo que está bajo el Pacto vigente para ese tiempo.

Recuerden que nuestro tema es: “SIENDO INSTRUIDOS FIELMENTE POR LA BOCA DE DIOS.” La Boca de Dios siempre han sido los profetas de Dios. Sigue diciendo:

“...en estos postreros días (Dios) nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.”

Ahora vean, el Dios Todopoderoso que había hablado por medio de los profetas, dice San Pablo: “En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo,” o sea, por Jesucristo; el cual, siendo el Hijo del Hombre, era un profeta; el profeta que estaba prometido en Deuteronomio, capítulo 18, verso 15 al 18.

Un profeta como Moisés, ese fue el segundo Moisés; y está prometido un tercer Moisés, que será uno de los Dos Olivos y de los Dos Candeleros que están delante de la presencia de Dios en Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14. O sea que tendremos un profeta como Moisés.

El primero: Moisés, profeta dispensacional; el segundo: Jesús (un profeta como Moisés), profeta dispensacional. El tercer Moisés tiene que ser un profeta dispensacional, para la introducción del Reino de Dios en esta Tierra.

En Zacarías, capítulo 4, están los Dos Olivos. Dice:

“Vino palabra de Jehová a mí, diciendo:

Las manos de Zorobabel echarán el cimiento de esta casa, y sus manos la acabarán; y conocerás que Jehová de los ejércitos me envió a vosotros.”

Recuerden que Zorobabel, el príncipe descendiente del rey David, de la tribu de Judá, tipifica a Cristo, y por consiguiente también tipifica a uno de los Dos Olivos.

O sea que el sumo sacerdote Josué, del tiempo de Zorobabel, y el príncipe Zorobabel, eran los dos olivos de aquel tiempo; tipo y figura de los Dos Olivos correspondientes a este tiempo final, que aparecen en Zacarías, capítulo 4; y Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14.

Sigue diciendo:

“Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán, y verán la plomada en la mano de Zorobabel. Estos siete son los ojos de Jehová, que recorren toda la tierra.”

O sea, esos sietes ojos que están en esa piedra son los siete ojos de Jehová, los cuales en Apocalipsis son también los siete ojos y son los siete espíritus de Dios que recorren toda la Tierra, lo cual es el Espíritu Santo en cada uno de los siete mensajeros de las siete edades de la Iglesia gentil.

“Hablé más, y le dije: ¿Qué significan estos dos olivos a la derecha del candelabro y a su izquierda?

Hablé aún de nuevo, y le dije: ¿Qué significan las dos ramas de olivo que por medio de dos tubos de oro vierten de sí aceite como oro?

Y me respondió diciendo: ¿No sabes qué es esto? Y dije: Señor mío, no.

Y él dijo: Estos son los dos ungidos que están delante del Señor de toda la tierra.”

Los Dos Ungidos que están delante del Señor de toda la Tierra: las Dos Olivas o Dos Olivos de Apocalipsis también, capítulo 11, los cuales son los ministerios de Moisés y Elías para el Día Postrero. Son, los Dos Olivos: el quinto Elías y el tercer Moisés (y el resto no lo explicaré por el momento).

Es importante saber que así como de edad en edad y de dispensación en dispensación el pueblo fue instruido por Dios: siempre por medio del Espíritu Santo en los diferentes hombres profetas que Dios enviaba.

Amós, capítulo 3, verso 7, dice: “Porque no hará nada el Señor Jehová sin que antes revele Sus secretos a Sus siervos Sus profetas.”

Y en Zacarías, capítulo 7, verso 11 al 12, dice:

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír;

y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

Vino enojo porque no quisieron escuchar la Voz de Dios hablando por medio del Espíritu Santo a través de los profetas, que son los mensajeros que Él enviaba en el Antiguo Testamento; y en el Nuevo Testamento: los apóstoles y los ángeles mensajeros de cada etapa de la Iglesia de las siete iglesias; y luego los Dos Olivos en la Venida del Hijo del Hombre; el Hijo del Hombre viniendo con Sus Ángeles, los Dos Olivos, en el Día Postrero. Así como fue la Boca de Dios hablando, Dios por medio de Su Espíritu hablando por el mensajero correspondiente a cada tiempo, que vino a ser la Boca de Dios para el pueblo de Dios.

Vean, en la lectura que tuvimos al principio, en una de las primeras lecturas, ahí dice… en el capítulo 4, verso 12, del Éxodo:

“Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.”

Dios está con la boca del mensajero que Él envía, y por consiguiente pone Su Palabra en el corazón y en la boca de ese mensajero. Cuando él habla la Palabra, ungido por el Espíritu de Dios, es Dios hablándole al pueblo, es Dios instruyendo fielmente al pueblo. Es eso el pueblo SIENDO INSTRUIDO FIELMENTE POR LA BOCA DE DIOS.

Y en el mismo capítulo 4, verso 15 al 16, dice, del Éxodo:

“Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya (con la de Aarón), y os enseñaré lo que hayáis de hacer.

Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.”

¿Ve? Donde Dios coloca Su Palabra es en lugar de boca esa persona; y quien coloca la Palabra en la boca de esa persona es en lugar de Dios. Cuando la Palabra sale de Dios al profeta, Dios está colocando Su Palabra en la boca del profeta; y por consiguiente, esa es la Boca de Dios para el pueblo.

Cuando el profeta recibe la Palabra de Dios, Dios ha colocado Su Palabra en la boca de ese profeta; y cuando ese profeta la coloca en la boca de otra persona (como hizo Moisés con Aarón), entonces esa persona es la boca de ese que colocó la Palabra en su boca. Y el que colocó la Palabra en la boca de esa persona, le es en lugar de Dios.

Eso es lo que dice Dios a Moisés: “Tú serás en lugar de Dios para Aarón, y él será para ti en lugar de boca (o sea, en lugar de profeta), a través del cual tú hablarás.” Porque se había quejado Moisés que no sabía hablar bien; por lo tanto, le fue dado una boca que sabía hablar bien, que era su hermano.

La Boca de Dios siempre nos instruye con la Palabra de Dios que ha sido colocada en esa boca, como dice Deuteronomio, capítulo 18, verso 15 al 19. Dice:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”

Aquí podemos ver claramente a Dios diciéndole a Moisés que Dios levantará profeta como Moisés. Por eso el apóstol Pedro y los demás apóstoles cuando hablaban de Jesús como profeta, señalaban que era el cumplimiento de lo que Dios dijo a Moisés: “Un profeta como Moisés,” en donde estaba el Espíritu de Dios hablándole la Palabra Divina al pueblo hebreo, y dando a conocer, revelando el Programa Divino correspondiente a aquel tiempo, cumpliendo lo que tenía que ser llevado a cabo en aquel tiempo.

Era un profeta como Moisés; por consiguiente, era también un profeta dispensacional, que sabía lo que tenía que hacer en aquel tiempo. Aun Él supo el tiempo que tenía que partir; Él sabía lo que tenía que hacer para el cumplimiento de todas esas profecías. Era un profeta como Moisés, instruyendo fielmente al pueblo de Dios, un profeta fiel, la Boca de Dios instruyendo al pueblo.

Siempre ha sido en esa forma que Dios ha estado siempre instruyendo al pueblo.

Tenemos el caso de Nehemías, capítulo 9, verso 20, donde nos dice:

“Y enviaste tu buen Espíritu para enseñarles, y no retiraste tu maná de su boca, y agua les diste para su sed.

Los sustentaste cuarenta años en el desierto; de ninguna cosa tuvieron necesidad; sus vestidos no se envejecieron, ni se hincharon sus pies.”

O sea que en el desierto, Dios por medio de Su Espíritu... Y recuerden que el Ángel del Pacto es el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto es Cristo en Su cuerpo angelical; o sea que por medio de Cristo el Ángel del Pacto —a través del cual creó los Cielos y la Tierra— libertó al pueblo hebreo, y les sustentó con pan, agua y carne, por cuarenta años en el desierto.

Hemos visto la forma de Dios instruir, enseñar a Sus hijos, de edad en edad; y Él no cambia Su modelo.

Para cada edad, Dios por medio de Su Espíritu trae la revelación divina correspondiente a esa edad, coloca al mensajero correspondiente a esa edad o a esa dispensación; a él trae la revelación. Y a través de él, luego, oyendo ese instrumento, le habla al pueblo e instruye al pueblo en el Programa de Dios correspondiente a esa edad o a esa dispensación. Y el pueblo puede decir que están siendo instruidos fielmente por la Boca de Dios.

Recuerden que Cristo dijo en San Juan, capítulo 14, verso 26:

“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”

Por eso el Espíritu Santo ha tenido que tener velos de carne, mensajeros. En el Nuevo Pacto tuvo los apóstoles y tuvo a cada mensajero de cada edad; y para el Día Postrero, si le va a hablar a Su Iglesia tendrá que tener un velo de carne a través del cual manifestarse. Tan sencillo como eso.

Para hablar tiene que tener una boca; y la Boca de Dios son los profetas de Dios, que son los mensajeros de Dios que Él envía a Su pueblo que está bajo el Pacto vigente en cada dispensación.

Los que escuchaban a Moisés podían decir: “Estamos escuchando la Boca de Dios hablándonos la Palabra de Dios.” Porque esa es la forma de Dios hablar.

Recuerden que el pueblo le dijo a Moisés: “No hable Dios con nosotros; sino que te hable a ti, y tú nos hablas a nosotros.” Así, la Boca de Dios era Moisés para el pueblo; y así ha sido con todos los mensajeros, todos los profetas que Dios ha enviado. Por eso es que en Deuteronomio (lo cual leímos) dice que pondrá Su Palabra en la boca de ese profeta que enviará, profeta como Moisés.

Hay diferentes lugares donde la Palabra es colocada en la boca de una persona para que luego hable al pueblo. Dice la Escritura en Ezequiel, capítulo 3; y Ezequiel, capítulo 2… Ezequiel, capítulo 2, verso 7 en adelante, dice:

“Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes.

Mas tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy.

Y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en ella había un rollo de libro.

Y lo extendió delante de mí, y estaba escrito por delante y por detrás; y había escritas en él endechas y lamentaciones y ayes.”

Y sigue el capítulo 3, con el verso 1, diciendo:

“Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel.

Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo.

Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel.

Luego me dijo: Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras.”

¿Con qué le envía Dios a hablarle al pueblo? Con las palabras contenidas en ese libro que era en forma de un rollo, un pergamino, como se usaba en la antigüedad.

Y ahora pasamos al capítulo 10 de Apocalipsis, donde dice:

“Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego.

Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra;

y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces.

Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas.

Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo,

y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más,

sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra.

Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel.

Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre.

Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”

¿Qué va a profetizar? El contenido del Libro que se comió. Va a profetizar de acuerdo a lo que esté escrito en ese Libro o Librito que el Ángel Fuerte que desciende del Cielo…, el Ángel Fuerte es Cristo, que desciende del Cielo con el Librito abierto en Su mano; el cual Él tomó (en el capítulo 5 de Apocalipsis) de la diestra de Dios, lo abrió en el Cielo, y lo trae a la Tierra para entregarlo a un hombre para que se lo coma y profetice sobre muchos pueblos, naciones y lenguas; y así viene a ser la Boca de Dios el que se come el Librito y que tiene que profetizar en el Día Postrero. El que se coma el Librito está representado en el apóstol San Juan ahí en la visión.

Y ahora vean quién es el que profetiza aquí en el capítulo 11:

“Entonces me fue dada una caña semejante a una vara de medir, y se me dijo: Levántate, y mide el templo de Dios, y el altar, y a los que adoran en él. 

Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses (42 meses son tres años y medio)

Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio. 

Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.”

Ahora vean, el que se come el Librito es al que le toca profetizar; y ahora corresponde a los Dos Olivos profetizar sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes. Y los Dos Ungidos, los Dos Olivos, serán la boca de Dios en la Tierra para dar la profecía de los juicios divinos que han de venir sobre la raza humana.

“Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos (o sea, la Palabra es Fuego y es también la Espada).”

Podemos ver a quién pasa la Espada Dios en el Día Postrero: la Espada la traerán Moisés y Elías en la Venida del Señor. Y no se puede explicar mucho para que no haya imitaciones en este tiempo final. Pero algún día Dios me permitirá explicar claramente todo este misterio de la Venida del Señor, de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Ya sabemos que los Ángeles son los Dos Olivos: Moisés y Elías, que profetizan 42 meses (tres años y medio), los cuales son 1.260 días. La Palabra de Dios estará en la boca de los Dos Olivos en el Día Postrero, la Palabra de Dios estará en el Ángel Fuerte que viene del Cielo.

La Espada de dos filos, la Palabra de Dios que estuvo en el cuarto Elías, pasará al quinto Elías. Por lo tanto, de la Boca de Dios para el Día Postrero saldrá la Espada, la Palabra. Tan sencillo como eso.

Y por consiguiente, estaremos escuchando la Voz de Dios instruyéndonos fielmente en este tiempo final, y revelándonos todos los misterios de Dios para el Día Postrero, que no hayan sido revelados todavía en las edades pasadas. Y Dios nos hablará y nos revelará el misterio del Séptimo Sello, y nos dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

En resumen: en este tiempo final estaremos “SIENDO INSTRUIDOS FIELMENTE POR LA BOCA DE DIOS.”

Dejo con nosotros nuevamente al misionero, Dr. Miguel Bermúdez Marín, para continuar y finalizar nuestra parte en esta ocasión. Y nos veremos mañana, Dios mediante, en la actividad correspondiente; y luego en las demás actividades que estemos reunidos durante la próxima semana.

Ha sido para mí una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles a conocer la forma en que Dios instruye a Su pueblo. Conociendo la forma en que Dios instruye a Su pueblo no podemos fallar en recibir la educación que Él tiene para nosotros con relación al Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

Ya tenemos al misionero Miguel Bermúdez Marín por aquí; lo vamos a dejar para que continúe y concluya nuestra parte en esta ocasión.

Que Dios les bendiga. Y oren mucho por la actividad de mañana, Dios mediante, para que Dios nos instruya en Su Palabra mañana, Dios mediante.

En cada edad y en cada dispensación Dios ha estado instruyendo al pueblo. Cuando estaba Noé, Dios estaba instruyendo a aquella generación; la Boca de Dios estaba en la Tierra: Noé.

Siempre Dios tiene Su Boca, Su mensajero, de edad en edad y de dispensación en dispensación, para enseñar al pueblo.

Por aquí tenemos a Miguel. Él siempre dice que espera el postre y por eso ustedes lo ven ahí quietecito. Que Dios te bendiga, Miguel.

Que Dios les bendiga a cada uno de ustedes; y hasta mañana, Dios mediante.

“SIENDO INSTRUIDOS FIELMENTE POR LA BOCA DE DIOS.”

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