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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes países, diferentes naciones, ministros y sus congregaciones, hermanos creyentes en Cristo nuestro Salvador; reciban un saludo de todo corazón, y también al misionero Miguel Bermúdez Marín que se encuentra allá en Maracaibo, en la congregación que pastorea el reverendo Jairo Ordóñez en Venezuela.

Que Dios les bendiga a todos allá en Venezuela, en la iglesia que pastorea el reverendo Jairo Ordóñez, donde se encuentra el misionero Miguel Bermúdez Marín: Reciban un cordial saludo, y que Dios los bendiga y los use grandemente en Su Obra, en Su Reino, en este tiempo final.

Y a todos los ministros y congregaciones que están en diferentes países, reciban un saludo también, y que Dios los bendiga y los use grandemente en Su Programa Divino correspondiente a este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén. Y también a ustedes aquí presentes. Amén.

Para esta ocasión leemos en Apocalipsis, capítulo 11, versos 15 en adelante, que nos dice:

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos.

Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios,

diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado.

Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, a los santos, y a los que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra.

Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión el tema es: “EL SÉPTIMO SELLO Y EL FIN DE LOS SISTEMAS MUNDIALES.” Ese es nuestro tema de escuela bíblica para hoy domingo, 10 de enero del 2016.

El Séptimo Sello. ¿Qué es el Séptimo Sello? El Séptimo Sello es la Venida del Señor, la Segunda Venida del Señor a Su Iglesia en el Día Postrero.

Bajo el Séptimo Sello está el secreto, el misterio de la Venida de Cristo para buscar a Su Iglesia en el Día Postrero; para lo cual vendrá con los creyentes que murieron en el pasado, los resucitará (porque están en el Paraíso), pasará por el Paraíso y los traerá a la Tierra, donde les dará un cuerpo glorificado y eterno, igual al cuerpo glorificado que Jesucristo tiene; por lo cual será un cuerpo a la semejanza del de Cristo, pues ya tienen la imagen, que es el cuerpo angelical, el cual habían recibido estando en la Tierra.

En ese cuerpo angelical o teofánico es que los creyentes pasan al Paraíso, que es la sexta dimensión, donde se encuentran despiertos, no duermen; allí no se duerme, ni comen tampoco; están allí felices, sin prisa, descansando de los trabajos terrenales, cada uno de los creyentes de cada tiempo, de cada etapa de Su Iglesia, con el mensajero que tuvieron en la Tierra, en el Cuerpo Místico de Cristo.

O sea que cada ángel mensajero de cada edad está con el grupo de su edad en la dimensión sexta, que es la dimensión angelical, la dimensión de los cuerpos teofánicos en los cuales ellos viven; cuerpos teofánicos parecidos al cuerpo físico que tuvieron en la Tierra, pero jóvenes, que representan de 18 a 21 años de edad.

Allí se encuentran esperando la Venida del Señor al Paraíso, como sucedió cuando Cristo murió, el cual luego de ir al infierno (la quinta dimensión) y tener la lucha allí con el enemigo, el diablo, y quitarle las llaves del infierno y de la muerte, luego pasó al Paraíso (la sexta dimensión), que estaba abajo, allá cerca de la quinta dimensión, como lo muestra el mismo Cristo en la parábola del hombre rico y Lázaro el mendigo; donde muestra que murió el hombre rico y fue sepultado, y murió luego Lázaro (o viceversa) y fue llevado por los ángeles al Seno de Abraham.

Luego que Cristo salió del infierno con las llaves del infierno y de la muerte, y pasó al Paraíso, al Seno de Abraham, tocó la puerta... allí lo estaban esperando. Entró y salió con todos ellos el domingo de resurrección, el domingo de la gavilla mecida, el primer día de la semana.

Luego también, nos enseña la Escritura que Cristo estuvo con Sus discípulos por cuarenta días, apareciéndoles en diferentes ocasiones y hablándoles acerca del Reino de Dios.

Por supuesto, antes de estar esos cuarenta días con Sus discípulos, tuvo que ir a presentar Su Sacrificio y Su Sangre ante la presencia de Dios; por eso le dice a María: “No me toques, todavía no he subido al Padre.” Pero después en otra ocasión, lo encuentra —a Jesús— y Él permite que se acerquen y toquen Sus pies, y así por el estilo. Ya había subido al Padre, había presentado Su Sacrificio, Su ofrenda por el pecado, y luego descendió para estar unos cuarenta días con Sus discípulos, apareciéndoles y hablándoles acerca del Reino de Dios y de que permanecieran en Jerusalén hasta que fueran llenos del Espíritu Santo.

Él sabía cuándo iban a ser llenos del Espíritu Santo; pero cuando una persona le dice a otra: “Espérame en tal lugar; estate allí esperando, porque yo voy a llegar tal día.” La persona dice: “Pero eso es para más adelante. Me voy a hacer otras cosas.”

Pero ellos tenían que estar en el aposento alto en oración y en - unánimes, no solamente juntos sino estar unánimes, de acuerdo en lo que estaban esperando, y estar preparándose para recibir la llegada del Espíritu Santo, y así obtener el nuevo nacimiento; porque el bautismo del Espíritu Santo produce el nuevo nacimiento.

Por eso le dice Cristo a Nicodemo en el capítulo 3, versos 1 al 6 [San Juan]: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua (eso es del Evangelio) y del Espíritu (o sea, bautismo del Espíritu Santo), no puede entrar al Reino de Dios.”

Así como para entrar a este reino terrenal, que está controlado por el enemigo de Dios, el diablo, tuvimos que nacer; y al nacer aquí hemos nacido sin vida eterna. Por eso se requiere que la persona, para obtener la vida eterna reciba al Redentor, a Jesucristo, como su único y suficiente Salvador, el cual lo recibe y le da vida eterna.

Bien dijo Cristo en San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30: “Mis ovejas oyen mi Voz (o sea, escuchan el Evangelio de salvación de Cristo), y me siguen.” O sea, no es solamente escuchar, sino escuchar y seguir a Cristo recibiéndolo como Salvador, y perseverar todos los días de su vida. Dice: “...y me siguen, y yo les doy vida eterna.” Él dice: “...y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” Por eso Él tenía que venir y morir: para darnos vida eterna por medio del Agua y del Espíritu.

En el capítulo 6 también nos dice que los discípulos decían… cuando Él les dice: “¿Quieren ustedes también irse?” Porque se estaban yendo las personas cuando Él les dijo: “El que no coma mi carne y beba mi Sangre, no tiene vida permaneciente en sí.” Se estaban yendo las personas que antes lo seguían, los setenta también se fueron, y quedaban los doce apóstoles; y ellos dicen: “Dura es esta Palabra, ¿quién la puede recibir?”

No la recibieron los que antes lo seguían, se fueron. Pensaron: “Este está loco, diciendo que: ‘El que no coma Su carne y beba Su Sangre, no obtiene vida permaneciente en sí.” Y solamente quedaron los doce, y no muy a gusto, porque vieron que se quedaron ellos solos, y Su Maestro había hablado cosas que hicieron que la gente que lo seguían dejaran de seguirlo.

Y Jesucristo les dice: “¿Quieren también ustedes irse?” Pedro dice: “¿Y a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.”

Pedro sabía que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente; él sabía que Jesús era el Mesías. Era Aquel que Juan el Bautista, al cual Juan el Bautista, precursor de la Primera Venida de Cristo, le había preparado el camino y había dicho: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”

Ahora, encontramos la Primera Venida de Cristo y toda la historia de lo que ocurrió en Su Primera Venida. Para aquel tiempo el reino de los gentiles o reinos mundiales, estaba en la etapa del imperio romano, que corresponde a los pies - a las piernas de hierro en la estatua que Dios le mostró al rey Nabucodonosor en el capítulo 2 del libro del profeta Daniel, y que él quiso saber, porque vio desde el principio del reino de los gentiles, que comenzó con el imperio babilónico, encabezado por el rey Nabucodonosor, pasando por diferentes etapas, mostrado, representadas esas etapas en esa estatua; esa estatua que tenía la semejanza de Daniel el profeta, porque era la estatua que correspondía al nombre que el rey Nabucodonosor le colocó al profeta Daniel.

Y Daniel no se humilló ni los compañeros de él, no se humillaron ante esa estatua que se parecía a Daniel pero que representaba al dios babilónico, y por consiguiente a la religión babilónica; pues estos imperios tenían la parte política y la parte religiosa también, y el rey siempre era tenido por gobernante, por emperador y también por dios; pensaban que Dios estaba encarnado en ese emperador, por eso se postraban ante él y lo adoraban.

Así ha sido siempre la religión babilónica, representada en esa estatua, en la cual representa el poder político y el poder religioso; y el mismo líder político es el líder espiritual también, es rey y sacerdote a la vez. Una imitación de lo que Cristo es, el cual es Rey y Sumo Sacerdote; Rey según el Orden de Melquisedec, y Rey y Sacerdote según el Orden de Melquisedec.

Por lo tanto, el diablo ha hecho una imitación del Programa Divino para confundir a la humanidad y apoderarse de todos los Gobiernos del planeta Tierra. Por eso también le ofreció a Cristo los reinos de este mundo, de los cuales le dijo que eran de él, y que él los daba a quien él quería; y si postrado adoraba a Satanás: Satanás, el diablo, se los daría a Cristo.

O sea que Cristo, entonces, sería rey y sumo sacerdote del reino del diablo, del reino de las tinieblas, y por consiguiente no tendrían las personas la oportunidad de recibir vida eterna, porque el reino de las tinieblas es un reino de muerte.

Por eso Cristo nos sacó del reino de las tinieblas, del reino del maligno, donde la persona nace al nacer en esta Tierra, porque nace por la unión de un hombre y de una mujer; y pasa al Reino de Dios al recibir a Cristo como Salvador, ser bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo bautizarlo con Espíritu Santo y Fuego, y producir en la persona el nuevo nacimiento.

Por eso San Pablo en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, dice: “Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya, por el poder con el cual puede también sujetar a Sí mismo todas las cosas.”

O sea que la Iglesia del Señor Jesucristo, los creyentes en Cristo, al nacer de nuevo han nacido en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios. Son miembros del Reino de Dios que será establecido en este planeta Tierra.

Por lo tanto se encuentran en la esfera espiritual, porque primero hay que pasar por la esfera espiritual, nacer en el Reino de Cristo; esto es nacer de nuevo, nacer en la sexta dimensión, la dimensión de la teofanía, la dimensión de los cuerpos angelicales, cuerpos espirituales; para después recibir, más adelante, la adopción física, que será la transformación de su cuerpo si está vivo, o la resurrección en cuerpo glorificado si partió en alguna de las etapas de la Iglesia.

El Reino de Cristo será establecido en la Tierra, el cual será el Reino del Mesías, del Ungido. Recuerden que Mesías lo que significa es: Ungido. Cristo, Mesías, significa: Ungido. Cuando nos dice: el Mesías, el Cristo, se está diciendo: el Ungido, el Ungido de Dios con el Espíritu de Dios en toda Su plenitud.

Los profetas fueron ungidos con una porción. Cristo fue ungido con la plenitud de la Divinidad, con la plenitud de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, todo en un hombre llamado Jesús, el Cristo, el Mesías, el Ungido.

Él tuvo que morir para llevar a cabo la Salvación, la Redención de todas las personas escritas en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Si Él no moría nosotros no podíamos tener vida eterna, no podíamos ser restaurados a la vida eterna, de donde cayó el ser humano allá en el Huerto del Edén, donde perdió los derechos a la vida eterna y a toda la herencia divina.

Por lo tanto, el segundo Adán, que es Jesucristo, a través de Su manifestación de etapa en etapa en Su Iglesia, que es la segunda Eva, se reproduce en hijos e hijas de Dios en cada etapa de Su Iglesia; y para lo cual viene Cristo, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, y unge un hombre, un mensajero en cada edad: lo prepara, le da Su Palabra, se hace carne en él; él la proclama, y comienza esa manifestación gloriosa, ese despertamiento espiritual, ese avivamiento espiritual en medio del pueblo; y Dios comienza por medio de Su Espíritu a través de ese mensajero a hacer el llamado de los escogidos de esa edad. Así es de edad en edad.

Es la Trompeta llamando y juntando los escogidos de cada edad. Los llama y los junta en el Cuerpo Místico de Cristo, que es Su Iglesia.

Recuerden que la novia - o la esposa y el esposo son una misma carne. Por eso Cristo por medio de Su Espíritu, el cual dijo…, y en el cual vendría cuando dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20. Y San Mateo, capítulo 18, verso 20, donde también nos dice: “Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, yo estaré.”

O sea, que desde el Día de Pentecostés Cristo descendió a Su Iglesia, a los creyentes en Él, y comenzó bautizando ciento veinte creyentes en el aposento alto; y luego en todos esos días…, ese mismo día creyeron miles de personas, las cuales fueron bautizadas en agua, y Cristo los bautizó con Espíritu Santo y Fuego, y fueron añadidas a Su Iglesia miles de personas.

O sea, que la forma de Cristo añadir a Su Iglesia los que recibirían la salvación y vida eterna, es bajo la predicación del Evangelio, ungidos con el Espíritu Santo, y dando fe, produciendo la fe para salvación en el alma, en el corazón de cada persona escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Los que creyeron... dice que fue una cantidad muy grande el Día de Pentecostés: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.” (Libro de los Hechos, capítulo 2, verso 41 en adelante).

Y el verso 46 al 47 de este mismo capítulo 2 del libro de los Hechos, dice:

“Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

Los que han de ser salvos son añadidos a la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el Cuerpo Místico de Cristo, a través del cual obra Cristo, resplandece Cristo, y le alumbra el entendimiento a través de la predicación del Evangelio de Cristo; para lo cual Cristo dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.”

La salvación y vida eterna es para los que escuchan y reciben a Cristo como Salvador, son bautizados en agua en Su Nombre, y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en ellos el nuevo nacimiento.

Todos los nacidos de nuevo son miembros del Cuerpo Místico de Cristo. Todos han nacido del Cielo porque el nuevo nacimiento es del Cielo, no es terrenal; y por eso, como creyentes en Cristo nacidos de nuevo, tenemos la ciudadanía celestial.

Como personas nacidas a través de nuestros padres terrenales tenemos la ciudadanía terrenal del país donde hemos nacido, y algunas veces se pueden conseguir otras ciudadanías también. Pero aunque se consigan otras ciudadanías, va a llevar el nombre (la persona) del país donde nació.

Si nació en Francia lleva el nombre de francés, es francés; si nació en Inglaterra es inglés; si nació en Norteamérica, es americano; si nació en algún otro país lleva el nombre del país en que nació; como ciudadano y como miembro de la familia humana pertenece a una nación.

Hemos visto cómo son añadidos a la Iglesia los que han de ser salvos: escuchando la predicación del Evangelio de Cristo, naciendo la fe de Cristo en el alma de la persona, recibiéndolo como Salvador, siendo bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, y Cristo bautizándolo con Espíritu Santo y Fuego, y Cristo produciendo en la persona el nuevo nacimiento.

Y cada vez que nace de nuevo una persona en el Reino de Cristo pasa lo mismo que sucedió cuando Cristo el Hijo de Dios nació en Belén de Judea: ángeles cantaron en el nacimiento de Cristo, huestes celestiales; y Cristo dice que cuando un pecador se arrepiente hay gozo en el Cielo. También hay gozo, hay alegría, hay cánticos, porque cuando nace un rey siempre hay canticos de bienvenida y de agradecimiento a Dios por un niño que ha nacido en la Tierra.

La Iglesia del Señor Jesucristo, dice San Pablo que es Templo de Dios, que es baluarte de la verdad. Es la Iglesia del Señor Jesucristo lo más grande que Cristo tiene en la Tierra, porque ahí en ella tiene el Espíritu Santo manifestándose de etapa en etapa, reproduciendo a Cristo en hijos e hijas de Dios; Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia reproduciéndose en cada etapa de Su Iglesia.

Como pasa en la familia terrenal: el matrimonio se va reproduciendo de etapa en etapa; no todos nacen a la misma vez, el mismo año (aunque cuando le nacen tres o seis, ya le nacieron todos a la vez); pero no así en el Reino de Dios: van naciendo de etapa en etapa, de ciclo en ciclo.

Y en el ciclo final, la Edad de Piedra Angular, nacen los hijos e hijas de Dios que formarán esa etapa que corona la Iglesia del Señor Jesucristo en el Día Postrero, la etapa más importante de todas las etapas; paralela al tiempo de Noé, al tiempo de Abraham y Lot, y al tiempo también de Jesús.

Hay misterios que están todavía sin ser abiertos al público, por la sencilla razón que no conviene abrirlos al público, para que no salgan los imitadores tratando de hacer lo que tiene que hacer Cristo, y vayan después a decir: “Eso es lo mismo que fulano decía y hacía.”

Como pasó en los días de Jesús, que decían: “Vino Teudas y Judas, y muchos los siguieron; pero cuando murieron se disolvió el grupo.” Gamaliel fue el que dijo eso. Y dijo: “Dejen a esta gente tranquilos. Si es lo mismo de Teudas y Judas se va a disolver.” Pero no fue así porque no era lo mismo de Teudas y Judas.

Siempre el enemigo trata de adelantarse para pervertir el Programa de Dios, para que cuando se cumpla el Programa de Dios no tenga efecto en el pueblo y digan: “Eso es lo mismo. Ya vinieron otros con el mismo cuento.”

No puede haber una imitación si no hay algo verdadero de lo cual se estén copiando los imitadores.

Lo importante no es solamente saber que hay imitadores, que hay cosas falsas, sino conocer cuál es la verdad, porque esa es la que le será de provecho a las personas. Por eso Jesús decía: “Escudriñad la Escrituras; porque en ellas os parece que tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” [San Juan 5:39]

O sea que las Escrituras son las que decían que el Mesías tenía que venir, que tenía que aparecer en Su ministerio en la semana número setenta; y a la mitad de la semana número setenta tenía que ser quitada Su vida, no por Sí mismo, sino que se la quitarían. Eso está en Daniel, capítulo 9.

Ahora, Cristo decía siempre: que el Padre daba testimonio de Él. El Testimonio del Padre está en la Escritura, hablado por el Espíritu Santo a través de los diferentes profetas que Él envió.

La palabra profética, lo que estaba prometido para aquel tiempo, se estaba haciendo realidad en la persona de Jesucristo. Por eso Cristo podía decir: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” (San Lucas, capítulo 4, versos 11 en adelante).

En los farsantes, los falsos profetas, no se estaba cumpliendo la Escritura prometida; solamente en el Enviado de Dios, Jesucristo, en aquellos días. Siempre es al profeta, a los profetas correspondientes a cada etapa del Programa Divino, que viene la Palabra, se hace carne en ellos, ellos la hablan, y entonces se cumple esa Palabra.

Ahora, hablando del Séptimo Sello hemos visto que es la Venida del Señor, de lo cual leeremos algo que habló el reverendo William Branham acerca del Séptimo Sello. En la página 464 y 465 del libro de “Los Sellos” en español, dice:

“[138] Debemos recordar que este Séptimo Sello es el fin del tiempo de todas las cosas. Correcto. Las cosas escritas en el Libro de la Redención, sellado desde antes de la fundación del mundo con siete sellos, todo termina. Es el fin de este mundo agitado, el fin de la naturaleza agitada y es el fin de todo. En eso también encontramos el fin de las Trompetas, de las Copas, de la Tierra; y aun es el fin del tiempo. El tiempo termina, así nos lo dice la Biblia en Apocalipsis 10:1-7, donde el Ángel dijo: ‘El tiempo no será más.’ Y eso será en el día cuando este gran evento suceda. Allí todo termina.

139. Al final de este Séptimo Sello es el fin de la edad de la Iglesia; es el fin del Séptimo Sello, es el fin de las Trompetas, es el fin de las Copas y aun es el fin de la entrada al Milenio. Todo eso es contenido en el Séptimo Sello.”

Y nos habla que el Séptimo Sello es como un cohete, de esos que tiran en las fiestas patronales, que estalla, sube, estalla arriba, salen muchas estrellitas, luego alguna de esas estrellas vuelven y estallan, y salen otras estrellitas, y así por el estilo. Él dice:

[140] Así es el Séptimo Sello. Allí termina el tiempo para el mundo. Es el fin del tiempo para esto y aquello y todas las cosas. Todo termina con el Séptimo Sello. Ahora, ¿cómo lo va a hacer Dios? Eso es lo que no sabemos, no lo sabemos. En esto será el tiempo para todas estas cosas y la entrada del Milenio.”

Hemos visto cómo será el Séptimo Sello, la Venida del Señor. Y en la página 474 a la 475, dice… da más luz sobre la Venida del Señor. Dice:

[173] Yo únicamente les estoy diciendo lo que vi y las cosas que me han sido dichas. Usted haga lo que guste. Yo no sé quién será, ni qué va a suceder. ¡No sé! Solamente sé que esos Siete Truenos contienen el misterio por cuya razón hubo silencio en el Cielo. ¿Todos entienden?”

Y cuando hubo silencio en el Cielo fue cuando fue abierto el Séptimo Sello en Apocalipsis, capítulo 8, verso 1. Y ese es el misterio de la Venida del Señor en el Día Postrero. Dice:

174. Quizás sea ahora el tiempo y la hora cuando aparezca esta gran persona que hemos estado esperando. Quizás este ministerio, por el cual he tratado de convertir a la gente a la Palabra, ha servido de fundamento. Si así es, entonces les estaré dejando para siempre. No habrá dos aquí al mismo tiempo.”

Eso fue como el tiempo de Juan el Bautista, que dijo: “A Él le conviene crecer y a mí menguar.” Eso fue lo que dijo el precursor de la Primera Venida, y eso es también lo que dice el precursor de la Segunda Venida de Cristo.

“No habrá dos aquí al mismo tiempo. Y aun si así fuera, él crecerá y yo menguaré.”

Está hablando de la Venida del Señor, y encontramos que dice que no habrá dos aquí al mismo tiempo, que él no estará aquí en el cumplimiento del Séptimo Sello; pero que si estuviera el Séptimo Sello, el Señor en Su Venida, crecería, y el precursor menguaría. Como en el tiempo de Juan el Bautista y de Jesús: a Juan le siguió mucha gente, pero cuando apareció Jesús y Juan lo identificó, los que seguían a Juan, muchos de ellos se fueron con Jesús, y muchos del pueblo, de las diferentes ciudades y aldeas seguían a Jesús, miles de personas.

Y dicen a Juan: “Mira, aquel del cual tú diste testimonio, ahora bautiza más personas que tú y le siguen más gente que a ti.” Juan le dice: “A Él le conviene crecer y a mí menguar.”

“Y aun si así fuera, él crecerá y yo menguaré. ¡Yo no sé! Pero Dios me ha dado el privilegio de mirar y ver lo que es (o sea que él supo lo que era); lo vi abrirse hasta donde lo vi.”

En la Visión que él tuvo de la Carpa él vio todo eso, vio al Ángel del Pacto, a la Columna de Fuego, que se movió de donde él estaba —la Columna de Fuego que lo acompañaba— y se fue a hablar con alguien más; y luego se fue al cuartito pequeño. Estuvo hablando con alguien más que estaba más arriba de él, y después se fue al cuartito pequeño que estaba en esa Gran Carpa Catedral que le fue mostrada al reverendo William Branham.

Él trató de realizar esa Visión; pero por cuanto no era para él realizarla, no pudo nunca tener esa Gran Carpa Catedral que él vio en visión. Pero es una promesa, es parte del Programa Divino, y para este tiempo final tiene que hacerse una realidad. Le fue mostrado al reverendo William Branham que allí será la Tercera Etapa, y por consiguiente, allí será la gran victoria en el Amor Divino.

Por lo tanto, aparecerá en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, en la Edad de Oro, el cumplimiento de la Visión de la Carpa, a donde se moverá la Columna de Fuego que acompañó a Moisés, la Columna de Fuego que acompañó a los apóstoles, la Columna de Fuego que se hizo carne en Jesús, la Columna de Fuego que acompañó el ministerio del reverendo William Branham.

Fue al lugar santísimo donde voló en el tiempo de Moisés la Columna de Fuego, el lugar santísimo del tabernáculo que construyó Moisés conforme al modelo que le fue mostrado en el Cielo.

El tabernáculo y el templo que construyó Salomón, comienzan su entrada por el Este, y el lugar santísimo queda al Oeste.

Cristo ha estado construyendo un Templo espiritual, que es Su Iglesia. Comenzó por el Este, Medio Oriente, con judíos; continuó por Asia Menor con San Pablo; luego pasó a Europa donde tuvo cinco etapas, cinco edades; y luego voló de Inglaterra, donde tuvo la sexta etapa o edad de la Iglesia, de ahí voló a Norteamérica, en donde tuvo la edad séptima, la edad representada en la iglesia de Laodicea, de la cual su mensajero fue el reverendo William Branham.

Ese fue el ángel mensajero de la Iglesia a quien acompañaba la Columna de Fuego, el Ángel del Pacto, Cristo en Espíritu Santo, y a través del cual le hablaba y le mostraba las visiones de las cosas que tenía que hablar y que tenía que hacer.

Como Jesús, que decía: “Yo no hago nada de mí mismo. Como el Padre me muestra, así yo hago.” [San Juan 8:28] Así fue con el reverendo William Branham. Pero ya él partió.

¿Hacia dónde se ha ido? ¿Hacia dónde voló la Columna de Fuego, el Ángel del Pacto? ¿Cristo en Espíritu Santo hacia dónde se ha ido? Porque hacia donde se haya ido cumplirá las promesas del Día Postrero para darnos la fe para ser transformados y raptados; en donde estará hablándonos como León y estará en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, cumpliendo la Tercera Etapa, la etapa de la Palabra creadora siendo hablada, y donde nos dará la fe para ser transformados y raptados; o sea, donde nos revelará el misterio del Séptimo Sello para darnos así la fe para nuestra transformación.

Y esa es la última etapa en medio del cristianismo. Y como es una etapa representada en el ocho, es una etapa o edad eterna, en donde recibirán la adopción física, la transformación, los creyentes en Cristo del Día Postrero; y los que murieron en edades pasadas recibirán la resurrección en cuerpos glorificados. Porque no hay fin de esa Edad de Oro de la Iglesia, esa Edad de Piedra Angular. Es la Edad del Trono del Señor Jesucristo en Su Iglesia.

Y por eso es que el Reclamo se lleva a cabo en la Edad de Piedra Angular, y donde Cristo cambia de Cordero a León para hacer Su Obra de Reclamo: reclamar a todos los que Él ha redimido con Su Sangre, que han partido, para resucitarlos en cuerpos glorificados; y a los que viven, creyentes en Él, transformarlos, o sea, adoptarlos físicamente, que es la redención del cuerpo, la transformación. Esa es la adopción física, porque ya la espiritual la recibieron cuando recibieron el Espíritu Santo y obtuvieron el nuevo nacimiento.

El cuerpo glorificado es un cuerpo celestial, no es terrenal; es del Reino de Dios, el Reino de Cristo. Por lo cual nos dice San Pablo: “Nuestra ciudadanía está en los Cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya, con el poder con el cual puede también sujetar a Sí mismo todas las cosas.”

El Séptimo Sello, como hemos visto, es la Venida del Señor en el Día Postrero, es la Venida de la Piedra no cortada de manos que es cortada del Monte de Dios; y con Su Venida y en Su Venida vendrá el fin del reino de los gentiles, que se encuentra en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido.

Estemos preparados, porque el fin de los sistemas mundiales, el fin del reino de los gentiles, llega a su fin en este tiempo final; porque no puede haber dos reinos gobernando el planeta Tierra.

Con la venida del Reino de Dios en la Venida de Cristo, el reino de los gentiles tiene que ser quitado para ser establecido el Reino del Mesías en este planeta Tierra.

Por lo tanto, por dos mil años han estado esperando la Venida del Séptimo Sello, la Venida del Señor, para que establezca Su Reino; aun los judíos llevan más tiempo esperando la Venida del Mesías. Pero aunque haya tardado, se cumplirá. Y no es que ha tardado, es que en el Programa Divino estaba escrito así para este tiempo final, para el Día Postrero.

Por lo tanto, en este tiempo final es que todas estas profecías se estarán cumpliendo, se estarán materializando; y los creyentes en Cristo estarán más agarrados de Cristo, preparándose para la Venida del Señor y para nuestra transformación.

Aquí los escogidos no se van a quedar, ni tampoco quieren quedarse para pasar por la gran tribulación, donde los juicios divinos caerán sobre el planeta Tierra. Por cuanto han sido limpiados con la Sangre de Cristo, los escogidos, los miembros de la Iglesia, no tienen pecado, y por consiguiente no pueden pasar por los juicios de la gran tribulación.

Por lo tanto, estemos preparados, porque el Séptimo Sello le pone fin a los sistemas mundiales. Estemos preparados.

En Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2, nos habla también de la Venida del Señor para el tiempo final. Y el mismo Cristo habla de la resurrección de los creyentes en Él para el Día Postrero, en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 58, donde nos dice que Él los resucitará en el Día Postrero. Y también en San Juan, capítulo 11, verso 21 al 27, nos habla de todo ese Programa Divino para el Día Postrero.

El tipo y figura de la resurrección de los muertos en Cristo para el Día Postrero, está en Lázaro, el hermano de Marta y María, el cual fue resucitado al cuarto día. Y el cuarto día viene a ser la cuarta etapa de la Iglesia en el Programa de Restauración, que corresponde a la Edad de Piedra Angular.

Es ahí donde Cristo tocará la Trompeta Final, la Gran Voz de Trompeta, y los muertos en Cristo resucitarán primero, y los que vivimos seremos transformados; y luego nos iremos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero, luego de pasar una temporada transformados, treinta o cuarenta días adoptados; y nos iremos a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo, en la séptima dimensión, la dimensión del Padre, la dimensión de Dios.

“EL SÉPTIMO SELLO Y EL FIN DE LOS SISTEMAS MUNDIALES.”

El Séptimo Sello vimos que es la Segunda Venida de Cristo, la Venida de Cristo a Su Iglesia; y el fin de los sistemas mundiales: el fin de los reinos de este mundo, el fin de los reinos que le ofreció el diablo a Cristo que le daría si postrado lo adoraba. (San Mateo, capítulo 4, versos 8 en adelante).

Estamos en el tiempo final, estamos en el Día Postrero, estamos en el tiempo para la Venida del Señor; estamos en el tiempo mesiánico, reconocido por muchos países y muchas agrupaciones religiosas y políticas. Y se apresura todo en este tiempo final.

Y los creyentes en Cristo escaparán por su vida. Y los que tienen familiares: oren creyendo que Dios se los dará. La misma fe que usó para la salvación suya, úsela para la salvación de sus familiares, creyéndolo acá en el alma, y Dios se los dará; y eso será una demostración de amor suya hacia su familia, hacia sus familiares. Por lo tanto, encomiéndelos al Señor pidiendo la salvación de ellos para que Cristo se los dé. Porque así como le fue dicho al reverendo William Branham: “Todo lo que tú has amado y todos los que te han amado, Dios te los dará,” y los vio en el Paraíso. Así también: todo lo que usted ama, todos los que usted ama y los que lo aman a usted, Dios se los dará, si usted lo cree de todo corazón. Es por la fe. Las promesas de Dios se obtienen por la fe.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre le limpie de todo pecado; sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento, nazca en el Reino de Dios, nazca del Cielo.

Por lo tanto, pueden pasar al frente los que están acá en esta actividad, y los que están en otros países pueden pasar al frente donde ustedes se encuentran, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Y los niños de 10 años en adelante también pueden pasar al frente para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino, y hágase Tu voluntad, como en el Cielo, también en la Tierra. Y el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy; y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

En el Nombre del Señor Jesucristo venimos a Ti, Padre celestial, trayendo todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración que estaré haciendo por ustedes:

Señor Jesucristo, vengo a Ti reconociendo que soy pecador y necesito un Redentor, un Salvador.

Reconozco que no hay otro Nombre bajo el Cielo en cual podamos ser salvos, y reconozco Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Primera Venida y Tu Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

Doy testimonio público de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego me perdones y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente en Tu Reino. ¡Sálvame, Señor! Haz en mi vida una realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario.

Te lo ruego en el Nombre Tuyo, Señor Jesucristo, en Tu Nombre Señor Jesucristo, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora, el bautismo en agua sabemos que es tipológico. En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando Cristo murió en la Cruz del Calvario estábamos en Él como atributos Suyos, y por consiguiente, cuando somos bautizados nos identificamos con Cristo en la muerte que Él tuvo allá.

Y es como cuando Abraham diezmó a Melquisedec: todavía no había nacido Leví. Leví es hijo de Jacob, Jacob es hijo de Isaac, e Isaac es hijo de Abraham. O sea que Abraham viene a ser el bisabuelo de Leví. Y San Pablo dice que cuando Abraham diezmó a Dios, a Melquisedec, Leví (que estaba en los lomos de Abraham) estaba diezmando allí.

Es que la vida de la persona, la vida física de la persona, surge en la cuarta generación anterior a él, y va pasando luego del bisabuelo al abuelo, y del abuelo al padre, y del padre a la persona cuando nace.

Por lo tanto es importante saber que nuestra vida estaba en Cristo. De ahí hemos venido, de ahí hemos nacido; y para eso es que Él tiene una esposa, que es Su Iglesia: para reproducirse a través de ella y producir el nuevo nacimiento en los creyentes que lo reciben como Salvador.

Y luego esos mismos creyentes que nacen de nuevo en el campo espiritual, son los que luego van a ser transformados y a tener cuerpos eternos y glorificados, igual al cuerpo glorificado de Cristo, que es un cuerpo interdimensional. Por eso podía entrar estando las puertas cerradas en el tiempo de los apóstoles; por miedo a los judíos cerraron las puertas y tenían las reuniones en privado. Pero Cristo no tenía necesidad de que le abrieran la puerta: Él pasaba, aparecía en medio de ellos y desaparecía.

Esa es la clase de cuerpo que Él tiene para mí, ¿y para quién más? Para cada uno de ustedes también: cuerpo inmortal, cuerpo glorificado, cuerpo joven, que representa de 18 a 21 años de edad, y cuerpo interdimensional con el cual puede ir al planeta más lejano, a la constelación más lejana, al sistema solar más lejano, en el mismo tiempo, en el mismo lapso de tiempo que tardaría en usted venir de donde se encuentra al frente ahí de la lona, o al dar un paso. A un paso de usted podría ser la velocidad (o menos), que tardaría en ir de un planeta a otro, de una constelación a otra; porque así como Cristo es, serán también los creyentes.

Cuando oramos a Cristo Él está con nosotros, pero otro en otro país está haciendo lo mismo y allí también está. No hay problema con el tiempo y la distancia.

Ha sido para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión en este estudio bíblico: “EL SÉPTIMO SELLO Y EL FIN DE LOS SISTEMAS MUNDIALES.”

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez para continuar y finalizar, y dejo en cada país al ministro correspondiente, para que les indique (a los que recibieron a Cristo como Salvador en estos momentos) cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Que Dios les bendiga y les guarde, y les prospere espiritualmente, y les use grandemente en este año 2016 en Su Programa correspondiente a este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Con ustedes el reverendo José Benjamín Pérez a continuación.

Que Dios les bendiga, les guarde, les prospere espiritualmente y materialmente; y que este sea el año más grande para todos nosotros, el año de victoria mayor que hayamos tenido en nuestra vida. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“EL SÉPTIMO SELLO Y EL FIN DE LOS SISTEMAS MUNDIALES.”

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