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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes países, allá en Puerto Rico y en otros países: República Dominicana, Haití, México, Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Perú, Paraguay, Chile, Bolivia, y todos los demás países que faltan por mencionar: Reciban mis saludos, y que Cristo les bendiga grandemente, y nos abra a todos las Escrituras y el entendimiento para comprender la Palabra del Señor y Su Programa correspondiente a este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra del Señor correspondiente a este tiempo final.

Para lo cual leemos en Efesios, capítulo 1, versos 13 en adelante… Vamos a leer del verso 3 en adelante, del capítulo 1 de Efesios. Nos dice:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,

que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en si mismo,

de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,

a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.”

Y leemos el capítulo 4, verso 30, de Efesios también, que dice:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención (fuisteis sellados para el día de la redención).”

Nuestro tema para esta ocasión tiene dos partes: “EL TESTIMONIO DE JESÚS ES EL ESPÍRITU DE LA PROFECÍA, PREDESTINADOS PARA SER ADOPTADOS EN EL DÍA POSTRERO.”

O sea, predestinados para ser adoptados para el Día Postrero será conforme al Testimonio de Jesús; porque el Testimonio de Jesús es el Espíritu de la profecía.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

EL TESTIMONIO DE JESÚS ES EL ESPÍRITU DE LA PROFECÍA. El Espíritu Santo es el que viene dando testimonio de Jesucristo desde el tiempo de Adán; porque cuando le dice a Eva, cuando habla allá con Eva, con Adán y con la serpiente, cuando pecaron en el Huerto del Edén, en el capítulo 3, verso 15, del Génesis, ya está hablando de Cristo cuando dice… Capítulo 3 del Génesis, verso 15:

“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”

O sea, cuando maldice Dios a la serpiente, luego le dice que la simiente de la mujer —la cual sería el Cristo, el Mesías— va a herir a la serpiente en la cabeza.

Cristo, encontramos que es la simiente de la mujer. O sea, que ya desde el Génesis, Dios, que estaba allí en Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico hablando con Adán, con Eva y con la serpiente trayéndolos a juicio, ya les está hablando allí de la Venida del Señor, de la Venida de Cristo y lo que ha de llevar a cabo. O sea que ya Dios está dando testimonio de Cristo. La profecía da testimonio de Cristo nuestro Salvador.

Y ahora, encontramos que Cristo aparecía del Génesis hasta Su Primera Venida en forma de Ángel, en forma de una Columna de Fuego, y así por el estilo. Era Cristo en Espíritu Santo, el Ángel del Pacto que libertó a Israel de la esclavitud en Egipto. Era la imagen del Dios viviente, el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, en quien moraba Dios; Dios con Su cuerpo angelical, Dios en Su imagen, que es el Ángel del Pacto, que es Cristo en Espíritu Santo; el cual más adelante, conforme al testimonio de la profecía, se haría carne y habitaría en medio del pueblo que estaba bajo el Pacto vigente, que era el pueblo hebreo; porque Él cumple Su promesa al pueblo que está en el Pacto vigente para el tiempo del cumplimiento de esa promesa.

La Primera Venida de Cristo fue cumplida en medio del pueblo hebreo porque era el pueblo hebreo el que estaba en el Pacto vigente para aquel tiempo, Pacto vigente con Dios. Y cuando se llega al tiempo de la etapa de Piedra Angular tiene que aparecer la Piedra Angular, que es Cristo en Su Venida. Él es el que forma esa edad, forma esa etapa, la etapa de Piedra Angular.

Cuando Cristo con Sus discípulos estuvieron predicando, se estaba viviendo en la Edad de la Piedra Angular; porque la Piedra Angular —que es Cristo en Su Venida— estaba entre ellos en medio del pueblo hebreo; y esa era la Piedra de Corona para coronar la Iglesia del Antiguo Testamento, la cual rechazó la Piedra de Corona, y el Reino luego pasaría a otro pueblo. Eso es, al cristianismo o Iglesia del Señor Jesucristo, que sería el pueblo del Nuevo Pacto al cual vendrían todas las bendiciones prometidas para el Pacto Divino con Su pueblo. 

Por lo tanto, desde los días de los apóstoles o desde el Día de Pentecostés nació la Iglesia del Señor Jesucristo, compuesta por los primeros creyentes en Cristo, y fueron siendo añadidos a la Iglesia miles y luego millones de seres humanos a través de la historia de la Iglesia del Señor Jesucristo. Y han estado recibiendo una adopción espiritual; han nacido como hijos e hijas de Dios en el Reino de Dios, de edad en edad.

O sea que de edad en edad, de etapa en etapa, ha estado viniendo Cristo en Espíritu Santo a Su Iglesia en una manifestación espiritual, una manifestación de amor divino, para reproducirse en hijos e hijas de Dios. Ha venido esa manifestación de Cristo en Espíritu Santo a través del mensajero correspondiente a cada edad.

Y eso que ha ocurrido ha sido un despertamiento espiritual, un avivamiento de etapa en etapa, para Cristo reproducirse en cada uno de esos avivamientos, reproducirse en hijos e hijas de Dios.

Vean, Jesé tuvo ocho hijos; se reprodujo en ocho hijos y el octavo fue David. Jesé o Isaí. Y Cristo, encontramos que ha tenido diferentes mensajeros para cada etapa: siete mensajeros para las siete edades, y después para la Edad de la Piedra Angular tendrá uno también, un octavo mensajero, como Isaí tuvo un octavo hijo llamado David.

Encontramos también que es para este tiempo final que Cristo estará manifestado en el avivamiento, despertamiento de la Edad de Piedra Angular, reproduciéndose en  hijos e hijas de Dios en la etapa de Piedra Angular.

Es en esa etapa en donde la Iglesia llegará a su perfección, en donde la Iglesia llegará a su adopción física; así como cada creyente en Cristo ha llegado espiritualmente a la perfección, ha llegado a ser adoptado hijo de Dios por medio de Cristo al recibir el Espíritu de Cristo y obtener así el nuevo nacimiento; ha nacido en el Reino de Dios como un hijo o una hija de Dios.

Y ahora, nos encontramos en el tiempo que corresponde a la Edad de Piedra Angular, la edad octava; y el ocho representa eternidad.

La Iglesia del Señor Jesucristo ha estado esperando la Venida del Señor desde el tiempo de los apóstoles; o sea, ha estado esperando la Segunda Venida de Cristo; porque en este mundo no hay esperanza fuera de Cristo. La única esperanza que hay para el ser humano es Jesucristo nuestro Salvador; porque Cristo es el único que tiene vida eterna para impartirla a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador. Y el Programa Divino que Cristo en Espíritu Santo lleva a cabo en medio de Su Iglesia es lo que trasciende a eternidad.

Por eso es que Cristo decía [San Mateo 6:19-21]: “Haced tesoros en el Cielo.” Porque eso que hagamos aquí en el Programa Divino, trasciende a la eternidad, y allá tendremos el fruto de todo lo que hayamos llevado a cabo en la Obra del Señor. 

Por ejemplo, los apóstoles cuando preguntaron… Pedro pregunta: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué, pues, tendremos? (o sea, ¿qué tendremos en Tu Reino?)” Cristo les dice: “En esta vida cien veces lo que ustedes han hecho, y la vida eterna; y vosotros que me habéis seguido (hablando de Sus discípulos, les dice), vosotros os sentaréis en la regeneración en doce tronos.” O sea, que Cristo ya está mostrándoles cómo va a ser Su Reino en esta Tierra. “Y juzgaréis a las doce tribus de Israel.” [San Mateo 19:27-29]

Esta mostrándoles que Su Reino teocrático será establecido por Cristo, colocando en diferentes posiciones a Sus mensajeros, Sus ministros, los creyentes en Él; porque el Reino de Cristo es para Cristo y los creyentes en Él.

Por eso en el Reino de Cristo, así como Él es el Rey de reyes y Señor de señores, los creyentes en Cristo son reyes también; y como Cristo es el Juez de toda la Tierra, los creyentes en Cristo son jueces también; y como Cristo es el Sumo Sacerdote del Reino celestial, los creyentes en Cristo son sacerdotes también del Orden de Melquisedec, que es un Orden celestial. Porque el Reino de los Cielos va a ser establecido en esta Tierra, por lo tanto, el Orden celestial será establecido en esta Tierra; y los creyentes en Cristo son miembros del Orden celestial.

Así como Cristo es el Sumo Sacerdote del Orden celestial; es el Rey de los Cielos y de la Tierra del Orden celestial; es el Juez de los vivos y de los muertos, de los que ya han partido, Él los juzgará en el Juicio Final; y a los que estén vivos Él también los juzgará en el Juicio Final, porque terminarán sus días aquí en la Tierra en algún momento.

Los miembros de gobierno del Reino de Cristo son los creyentes en Cristo, que serán colocados en diferentes posiciones, cada mensajero con su grupo; o sea, que si hay siete edades entre los gentiles con siete mensajeros, habrá siete territorios en donde ellos estarán gobernando, cada mensajero con su grupo en su territorio; y nuestra edad, nuestra edad estará sobre todas esas etapas pasadas. O sea que la parte administrativa del Reino de Cristo la tendrá el grupo de Edad de Piedra Angular.

Vean ustedes, los apóstoles en los días de Jesús estaban en la Edad de Piedra Angular; y vean ustedes, a ellos se les prometió que se sentarían sobre doce tronos y juzgarían a las doce tribus de Israel. Así que algo paralelo a lo que pasó allá en la Edad de Piedra Angular pasará acá en la Edad de Piedra Angular, porque todo corre paralelo.

En aquel tiempo hubo un precursor de la Primera Venida de Cristo, que fue Juan el Bautista, y luego apareció el Mesías-Príncipe, que era primo de Juan el Bautista; y por consiguiente se podían llamar hermanos, porque eran de la misma familia.

Para el Día Postrero, en el cumplimiento de las promesas mesiánicas en medio de los gentiles corresponde tener un precursor de la Segunda Venida de Cristo en medio del cristianismo, en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo, el cual ya sabemos que fue el reverendo William Branham.

Y es a la Iglesia del Señor Jesucristo a la cual él le trajo el Mensaje que precursa la Segunda Venida de Cristo, porque es la Iglesia del Señor Jesucristo la que ha estado esperando la Segunda Venida de Cristo; y es a Su Iglesia que Él vendrá en este tiempo final, y vendrá con Sus Ángeles, con los Dos Olivos, como fue prometido por Cristo: “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28.

Y en el Monte de la Transfiguración Cristo llevó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, allá a un monte alto; se transfiguró delante de ellos, y aparecieron allí Moisés y Elías. Ese es el orden establecido por Cristo para la Segunda Venida de Cristo, para la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles; por eso aparecen allí, en la visión de la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles, aparecen Jesús, Moisés y Elías.

Así es como Él vendrá en este tiempo final a Su Iglesia. Y el pueblo hebreo lo verá y dirá: “Este es el que nosotros estamos esperando.” Pero Él no viene por ellos, Él viene por Su Novia, Su Iglesia-Novia, para transformarla y llevarla con Él a la Cena de las Bodas del Cordero; y a los que murieron en Cristo, resucitarlos en cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad.

Y eso será la adopción física como hijos e hijas de Dios, que les corresponde tener cuerpos físicos eternos, inmortales, jóvenes, glorificados, como el cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador. Por eso hemos sido sellados con el Espíritu Santo para el Día de la Redención, para el día en que seremos transformados; y obtendremos así la inmortalidad física, que es la segunda porción de la adopción.

Ya hemos recibido la adopción espiritual al Cristo darnos Su Espíritu y producir el nuevo nacimiento en nosotros, y así nacer en el Reino de Cristo; y la segunda parte es la redención física, la adopción física, lo cual será nuestra transformación.

De eso es que nos habla el apóstol San Pablo en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, cuando dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

Nos muestra que somos ciudadanos celestiales, nuestra ciudadanía está en los Cielos, en el Reino de Dios; y nos dice que estamos esperando a Cristo, el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra: eso será la adopción física que está prometida para ser llevada a cabo en el Día Postrero, en los hijos e hijas de Dios que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Para lo cual han sido predestinados, están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, y Cristo con Su Sangre los ha limpiado de todo pecado y los ha colocado en Su Cuerpo Místico de creyentes, que es Su Iglesia.

Hemos sido predestinados para ser adoptados hijos Suyos por medio de Cristo nuestro Salvador. O sea, que no es del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

Eternamente estábamos en Dios y teníamos que ser manifestados en esta Tierra; y hemos sido manifestados en estos cuerpos mortales, hemos venido de otra dimensión. Y por cuanto Eva en el Huerto del Edén alteró el plan o Programa Divino para que vinieran a existencia en la Tierra los hijos de Dios, han estado viniendo a la Tierra en la permisiva voluntad de Dios, en cuerpos mortales y también con un espíritu del mundo, no del Reino de Dios. Pero el alma ha venido de Dios; por eso es que ocurre un cambio en el espíritu de la persona, y luego ocurre un cambio en el cuerpo físico de la persona creyente en Cristo, el cual recibirá un cuerpo eterno, glorificado y joven para toda la eternidad.

Por lo tanto, hemos sido PREDESTINADOS PARA SER ADOPTADOS HIJOS SUYOS EN EL DÍA POSTRERO. Es para el Día Postrero que Cristo dijo que Él resucitará a todos aquellos que han creído en Él y han muerto físicamente. O sea, que la promesa de la resurrección el Día Postrero es Palabra de Dios.

Dice San Juan, capítulo 6, versos 39 al 40:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.”

¿Cuándo es que Cristo resucitará a los creyentes en Él que han muerto? Él dice: “En el Día Postrero.”

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

O sea que es para el Día Postrero (el cual es el séptimo milenio de Adán hacia acá) la promesa de la resurrección en cuerpos glorificados.

Sigue hablando Cristo acerca de la resurrección; en el mismo capítulo 6, versos 44, dice:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.”

O sea, que Dios trae a Cristo todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, para colocarlos en Su Cuerpo Místico de creyentes; y si mueren, serán resucitados en el Día Postrero por Cristo; si permanecen vivos hasta ese momento, pues serán transformados. Sigue diciendo en el capítulo 6 mismo, verso 54, dice:

“El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Otra vez nos dice que la resurrección Él la llevará a cabo en el Día Postrero.

Hay más lugares en donde Cristo habla de la resurrección, como el caso de Lázaro, amigo de Jesús, el cual murió pero al cuarto día Jesús apareció y lo resucitó. ¿Por qué al cuarto día? Ya hacía cuatro días que había muerto, y Jesús llega aparentemente cuatro días tarde. No estuvo en el funeral, no estuvo tampoco en el velorio o velatorio para consolar a la familia, y después que ya pasan unos cuantos días, aparece.

Cualquiera podía decir: “Y eso que eran amigos; y eso que Lázaro, Marta y María eran sus amigos.” Y lo mandaron a buscar diciéndole que fuera porque Lázaro estaba enfermo, y dejó que muriera; lo cual es tipo y figura de los creyentes en Cristo desde el tiempo de los apóstoles hacia acá, que han estado esperando la Venida del Mesías, la Venida de Cristo. Y Él durante todo ese tiempo no ha aparecido y ha dejado que vayan muriendo, cada uno en la edad en que ha aparecido aquí en la Tierra; pero ellos: esperando Su Venida.

Es que la Venida del Señor para resucitar a los muertos creyentes en Él, Él mismo dijo que es para el Día Postrero. Y eso lo sabían los discípulos del Señor Jesucristo. Marta y María también sabían que la resurrección es para el Día Postrero.

Vean, capítulo 11 de San Juan, verso 23, le dice Cristo a Marta:

“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

¿Ven? Ella sabía que Cristo va a resucitar a los muertos creyentes en Él en el Día Postrero.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Ahora vean cómo los cristianos del tiempo del ministerio de Jesucristo y luego de la partida de Cristo, sabían que la resurrección era para el Día Postrero. Y el Día Postrero delante de Dios, para los seres humanos es el séptimo milenio de Adán hacia acá. “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8.

Así que desde los días de Adán hacia acá ya han transcurrido seis mil años, seis días delante de Dios; y ya conforme al calendario gregoriano hemos entrado al séptimo milenio de Adán hacia acá, que es el Día Postrero delante de Dios.

El séptimo milenio es Milenio Sabático. Es el milenio en donde Cristo aparecerá y en donde Cristo establecerá Su Reino, en donde se revelará a Su Iglesia y después al pueblo hebreo. Tan sencillo como eso.

Estamos en esta Tierra todavía, esperando que Cristo en Su Venida con los muertos creyentes en Él, venga y los resucite en cuerpos glorificados, y a los que vivimos nos transforme; para lo cual estamos escuchando la Gran Voz de Trompeta, la Trompeta Final, el Mensaje Final de Dios para Su Iglesia, para la Edad de Piedra Angular.

Ese es el Mensaje de Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, que es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero, en la Edad de Piedra Angular, para darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Recuerden que una Trompeta sonando es un Mensaje sonando, un Mensaje siendo proclamado por el Espíritu Santo a través de un hombre, de un mensajero; así fue de edad en edad.

Por lo tanto, estamos en este tiempo final escuchando la Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, que es la Voz de Cristo en el Día Postrero en medio de Su Iglesia, en la etapa de Piedra Angular; así como en cada edad pasada se oyó, se escuchó la Voz de Cristo, la Voz del Espíritu Santo a través del mensajero de cada etapa, y fueron llamados y juntados los escogidos de esa etapa, de esa edad, fueron llamados y juntados en el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador.

Y así también está sucediendo en este tiempo, en donde están siendo llamados y juntados en el Cuerpo Místico de Cristo, Su Iglesia, en la Edad de Piedra Angular, los escogidos del Día Postrero, para recibir la adopción, la transformación de nuestros cuerpos (que es la adopción física, la redención del cuerpo), para ser eternos físicamente, estar glorificados como Cristo, tener un cuerpo glorificado igual al de Cristo, y vivir eternamente con Cristo en Su Reino, en la posición que Él nos colocará en Su Reino para trabajar en ese Reino glorioso Milenial, y luego por toda la eternidad. Es ahí en donde estaremos todos con Cristo en Su Reino Milenial.

Si los que viven en una Edad de Piedra Angular, que es Edad Mesiánica y que es edad para la Venida del Mesías, y que es Edad del Trono del Señor, les corresponde las bendiciones principales: así también es para nuestra edad y para las personas que están en nuestra edad; porque es la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, el cual es Su Iglesia.

Es a Su Templo que Él viene en el Día Postrero, a Su Iglesia; y se coloca en la Edad del Trono, la Edad del Lugar Santísimo, que es la Edad de Piedra Angular. Así como sucedió cuando vino al tabernáculo que construyó Moisés y se colocó sobre el propiciatorio, en medio de los dos querubines de oro, y como sucedió cuando Salomón dedicó el templo a Dios: vino Dios en la Columna de Fuego y se colocó sobre el propiciatorio, en medio de los dos querubines de oro, allá en el lugar santísimo de ese templo literal que construyó el rey Salomón en Jerusalén.

Vean, en el tiempo de Moisés vino para habitar en ese templo, en ese tabernáculo, habitar en medio del lugar santísimo, y desde allí hablarle a Moisés y guiar al pueblo; y en el templo que hizo Salomón también vino al templo, entró al lugar santísimo en esa Columna de Fuego, esa Nube de Luz, y se colocó sobre el propiciatorio y habitó allí; porque ese es el Trono de Dios, el Trono de Dios en el tabernáculo que construyó Moisés, el Trono de Dios en el templo que construyó Salomón, y el Trono de Dios en la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la Edad de Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Es ahí donde Él se manifestará, se revelará en Su Segunda Venida, para darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, para ser adoptados hijos e hijas de Dios, con cuerpos eternos y glorificados en el Día Postrero; para lo cual hemos sido predestinados desde antes de la fundación del mundo, escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo.

O sea que lo que Dios estará haciendo ya está ordenado por Dios desde antes de la fundación del mundo; y el nombre de cada uno de ustedes está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo. Eternamente está en el Cielo nuestro nombre.

Las etapas de la Iglesia, las edades, son como generaciones. Diríamos: la generación de San Pablo (generaciones entre los gentiles), la generación de San Pablo con los hijos e hijas de Dios de esa generación; la generación del segundo mensajero con el pueblo de esa generación; la generación de la segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta, y séptima edad con el mensajero, reverendo William Branham, y todos los de esa generación. Y la generación octava, con todos nosotros como miembros de esta generación de Edad de Piedra Angular, que esperamos la Venida del Señor para nuestra transformación.

Continuaremos esperando nuestra adopción, que es nuestra transformación física, para lo cual hemos sido predestinados. Hemos sido elegidos, predestinados por Dios, para ser adoptados, ser glorificados y tener un cuerpo eterno y glorificado como el cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador. 

Y el Testimonio de Jesús, que es el Espíritu Santo, que es el Espíritu de la profecía, da testimonio de las cosas que sucederán en y a la Iglesia del Señor Jesucristo en este tiempo final; dan testimonio, las profecías del Día Postrero, dan testimonio de la Iglesia y de lo que Dios hará con Su Iglesia-Novia en este tiempo final.

Por lo tanto, tenemos el testimonio de Jesús, que es el Espíritu de la profecía, en donde está el testimonio que Él da por medio de Su Espíritu, con relación a Su Iglesia, y lo que Él hará en y con Su Iglesia en este tiempo final.

Y así como visitó a Su Iglesia en la séptima edad a través del reverendo William Branham, habrá otra visitación. Así como el Hijo del Hombre —Cristo manifestado en carne humana— en el reverendo William Branham, fue una visita como la que hizo Dios con Gabriel y Miguel a Sodoma y Gomorra, y como hizo la visita a Abraham y comió con Abraham; así fue la primera parte cumplida en el reverendo William Branham. Y la segunda parte será cumplida en este tiempo final, en la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles.

Por lo tanto, le damos gracias a Cristo por Sus bendiciones que Él nos ha dado, por las promesas que Él nos ha dado, y por las promesas que Él ya ha cumplido, y por las que Él cumplirá, las cuales no fallarán.

Tenemos o sabemos que el Testimonio de Jesús es el Espíritu de la profecía, el Espíritu Santo en medio de Su Iglesia dando testimonio de Cristo y preparando a Su Pueblo, a Su Iglesia del Nuevo Pacto, del Nuevo Testamento, los cuales son predestinados para ser adoptados hijos Suyos en el Día Postrero; y estamos en el Día Postrero.

¿Y dónde están los hijos? Aquí estamos escuchando la Palabra del Señor, y preparándonos, o Él preparándonos para nuestra adopción física, que será la redención de nuestro cuerpo, la transformación de nuestro cuerpo, lo cual es la glorificación.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado; y le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted; y los que están en otros países también pueden pasar al frente donde se encuentran, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

Dios tiene mucho pueblo en toda la América Latina y el Caribe y Norteamérica, y los está llamando en este tiempo final. Y en todas las naciones Dios tiene pueblo también, y los está llamando en este tiempo final.

Si oyes hoy Su Voz, no endurezcas tu corazón. Él te está llamando porque Él colocó tu nombre en el Libro de la Vida.

En las diferentes naciones pueden también continuar viniendo a los Pies de Cristo, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador.

En la vida lo más importante es obtener la vida eterna; lo cual toda persona desea obtener, porque sabe que la vida terrenal que tenemos es temporal y se nos acaba en pocos años. No solamente por causa de la edad, de la vejez, sino algunas veces por causa de alguna enfermedad o algún accidente o alguna otra causa, se le acaba la vida a cualquier persona. Pero tenemos que asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno, para así asegurar la vida eterna para nosotros, la cual Cristo nos da gratuitamente.

Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás (o sea, no dejarán de existir). Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30).

También nos dice Cristo en San Juan, capítulo 14, verso 6: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” No hay otra forma de llegar a Dios, solamente por medio de Cristo nuestro Salvador. No hay otra forma de recibir la vida eterna, sino por medio de Cristo nuestro Salvador.

Cristo tiene la exclusividad de la vida eterna y la otorga a aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador. El que no lo cree y el que no lo recibe como Salvador, pues no quiere vivir eternamente; porque para vivir eternamente se requiere recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, porque Él es el que tiene la vida eterna para otorgarla a los que lo reciben como Salvador.

“El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” El que es de Dios es un predestinado para ser adoptado hijo en el Día Postrero; está predestinado para ser adoptado como un hijo de Dios con un cuerpo glorificado, eterno, inmortal, igual al cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador. 

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Lo más importante es la vida, y sobre todo, la vida eterna. Sin vida pues no hay futuro, no hay existencia para el ser humano. Si pierde la vida, dejó de existir en este planeta Tierra; y si no recibe la vida eterna, no vivirá eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador; porque para vivir en el Reino eterno de Cristo la persona tiene que tener vida eterna, la cual Cristo le da cuando la persona lo recibe como único y suficiente Salvador.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra; el pan nuestro de cada día dánoslo hoy; y perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre celestial, vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, aquí y en diferentes naciones. Recíbelos en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en estos momentos:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con todo mi corazón. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos, porque no hay otro nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero vivir Contigo en Tu Reino eternamente. Haz en mi vida una realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque Cristo dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Solamente por medio de Cristo es que podemos obtener la salvación y vida eterna. El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo; aun el mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, y los discípulos de Cristo fueron bautizados por Juan el Bautista (la mayoría).

Y luego, cuando Cristo y Sus discípulos predicaban, los que creían eran bautizados por los apóstoles. Y así, desde aquel tiempo hasta nuestro tiempo, han estado siendo bautizados los que han recibido a Cristo como Salvador en el tiempo que les ha tocado vivir.

El Día de Pentecostés fueron bautizados como tres mil personas que creyeron en Cristo cuando Pedro predicó allá en el libro de los Hechos; y así Dios añadió a Su Iglesia los que han de ser salvos, los que han de tener la salvación y vida eterna, la cual es por medio de Cristo nuestro Salvador.

Después en otra ocasión predicó, y como cuatro mil personas creyeron también, y fueron añadidos a la Iglesia como cuatro mil personas; y así añadía Cristo a Su Iglesia los que han de ser salvos.

Y ahora les ha tocado a ustedes, les ha tocado el turno en el Programa Divino a cada uno de ustedes que han pasado al frente, de recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Por lo cual, bien pueden ser bautizados, conscientes de que el bautismo no quita los pecados, el agua no quita los pecados, sino la Sangre de Cristo nuestro Salvador es la que quita nuestros pecados.

El bautismo en agua es tipológico. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino Eterno. Tan sencillo como eso.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al ministro aquí, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

En cada país y en cada congregación dejo - en cada iglesia dejo al ministro para que haga en la misma forma, de decirles cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor, los que han recibido a Cristo como Salvador en esta ocasión.

“EL TESTIMONIO DE JESÚS ES EL ESPÍRITU DE LA PROFECÍA, PREDESTINADOS PARA SER ADOPTADOS EN EL DÍA POSTRERO.”

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