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Muy buenas noches, reverendo Mauricio Vivas y todos los presentes en esta ocasión aquí en Cali, Colombia; y los que están en diferentes naciones conectados con esta actividad transmitida por satélite o internet.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también; y nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprenderlas y creerlas de todo corazón, de tal modo que nazca la fe en nuestras almas creyendo en Cristo y Su Palabra por toda la eternidad. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en San Mateo, capítulo 28, versos 16 al 20, donde Cristo nos dice:

“Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado.

Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;

enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

Para esta ocasión pedimos las bendiciones de Cristo sobre nuestras almas. Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos las abra, y nos abra el entendimiento también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Nuestro tema para esta ocasión es: “YO ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS HASTA EL FIN DEL MUNDO.”

Ese es el tema de introducción y al cual haremos introducción, porque es el tema para el domingo próximo, para la escuela bíblica o escuela dominical. El estudio bíblico del próximo domingo tiene como tema: “YO ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS HASTA EL FIN DEL MUNDO.”

Y hoy viernes, 15 de enero del 2016, tenemos la introducción aquí en Cali, Colombia. Y el domingo próximo tendremos el estudio bíblico en Bogotá, Colombia: “YO ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS HASTA EL FIN DEL MUNDO.”

Cristo dijo que no lo verían más, pero que Sus discípulos lo verían. O sea, que no lo verían más en carne humana después que se fuera, pero lo verían obrando en medio de Su Iglesia en Espíritu Santo; o sea, el Ángel del Pacto que le dio a Israel por medio del profeta Moisés, al cual le apareció en una zarza allá en el Monte Sinaí, y le dijo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob” [Éxodo 3:1-6]; o sea, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, que es la imagen del Dios viviente, que es el cuerpo angelical de Dios; y en palabras más claras, que es Jesucristo en Su cuerpo angelical; el cual es la imagen del Dios viviente, como nos enseña la Escritura desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

Recuerden que Dios hizo al ser humano a Su imagen y a Su semejanza. Primero la imagen, que es el cuerpo angelical; cuando Dios creó a Adán lo hizo en cuerpo angelical, o sea, en espíritu, cuerpo teofánico primero; y después le hizo un cuerpo físico del polvo de la tierra.

El cuerpo angelical o teofánico, que es el espíritu de la persona, espíritu de Adán, es la imagen de Adán, que es a imagen de Dios. Y el cuerpo físico que sacó Dios del polvo de la tierra, que creó del polvo de la tierra, es la semejanza física de Adán. Y por consiguiente, Dios tendría una imagen, una semejanza física algún día, lo cual estaba en la mente de Dios; o sea que Dios, así como se vistió de un cuerpo angelical teofánico, se vestiría de un cuerpo de carne igual al cuerpo físico de los seres humanos pero creado por Dios; y eso sería la semejanza física de Dios.

Por eso cuando eso sucedió, eso sucedió de acuerdo a la profecía que la virgen concebiría y daría a luz un hijo, y se llamaría Su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. (Isaías, capítulo 7, verso 14).

Y en San Mateo, capítulo 1, cuando se le revela a José, el cual pensaba dejar secretamente a María, la cual estaba embarazada; el Ángel del Señor le aparece a José y le dice que recibiera a María su mujer, porque lo que en ella estaba engendrado, del Espíritu Santo era; y por consiguiente José recibió a María, su mujer. Miren cómo dice, capítulo 1 de San Mateo [verso 18]:

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.

José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.

Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.

Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo:

He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo,

Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.

Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre Jesús.”

Esta es la historia del nacimiento de Cristo a través de una virgen. Lo cual concuerda también con las palabras de San Lucas en el capítulo 1, que nos dice, hablando del nacimiento de Cristo, nos dice capítulo 1, versos 30 en adelante:

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Estas son las palabras del Ángel a la virgen María.

“Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón.

Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.

Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril;

porque nada hay imposible para Dios.

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.”

Y se hizo conforme a la palabra del Ángel Gabriel en la virgen María.

Ahora, tenemos la promesa de la Primera Venida de Cristo, la cual se cumplió de acuerdo a las Escrituras. Era Emanuel, Dios con nosotros, Dios en Su semejanza física con el Nombre Jesús, el cual dijo: “Yo he venido en nombre de mi Padre.”

Por lo tanto, las palabras de San Juan, capítulo 14: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo, pues, dices tú: muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?” O sea que el Padre que le hablaba estaba en Él. El Padre que hacía las obras estaba en Él.

Él decía que no hablaba nada de Sí mismo y no hacía nada de Sí mismo; sino como el Padre le mostraba, así Él hacía. Es esa la forma de Dios obrar: le mostraba en visión las cosas que el Padre iba a hacer y entonces eran hechas a través de Jesús. Pero era el Espíritu Santo el que obraba a través del velo de carne, porque el velo de carne era nada menos que el templo humano de Dios.

El Dios Todopoderoso que libertó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto luego estuvo morando en medio del pueblo, guiándolos; y le ordenó a Moisés la construcción de un tabernáculo, de un templo, en el cual Dios moraría y desde el cual Dios se manifestaría; y lo hizo conforme al modelo que le fue mostrado en el Monte Sinaí.

Encontramos que ese templo, al igual que el templo que construyó el rey Salomón, son tipo y figura de Cristo, y por consiguiente también de la Iglesia del Señor Jesucristo. “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” Eso es lo que nos dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 3. O sea, que los creyentes en Cristo forman el Templo de Dios. Capítulo 3, versos 16 al 17, de Primera de Corintios:

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”

O sea que los que han perseguido a los creyentes en Cristo y que algunas veces los han matado, los han destruido, tienen problemas con Dios. Dios los destruirá a ellos también.

Cristo en una ocasión hablando de Su cuerpo, cuando le piden señal, Él les dice: “Destruyan este templo y en tres días yo lo levantaré.” San Juan, capítulo 2, verso 19 al 22. Ellos pensaban que estaba hablando del templo de piedras que estaba en Jerusalén, pero Él estaba hablando del templo, de Su cuerpo físico; y cuando resucitó entonces comprendieron que les hablaba de Su cuerpo físico que sería destruido en la Crucifixión, pero en tres días, al tercer día Él lo levantaría, lo resucitaría.

Por lo tanto, así como Dios moró en Cristo, Cristo mora en Su Iglesia todos los días desde el Día de Pentecostés hacia acá: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.” ¿Cómo? En Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, de etapa en etapa, de edad en edad, reproduciéndose en hijos e hijas por medio de Su Espíritu manifestado en Su Iglesia en cada etapa de Su Iglesia, cada avivamiento o despertamiento de Su Iglesia. Él ha estado reproduciéndose en hijos e hijas de Dios.

Por lo tanto, la Iglesia del Señor Jesucristo es el Templo espiritual de Cristo. Todo lo que Dios vació en Cristo, Cristo lo ha vaciado en Su Iglesia.

Y ahora, Hebreos nos habla claramente de la Iglesia del Señor Jesucristo; y nos dice San Pablo en Hebreos, capítulo 3, verso 5 al 6:

“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;

pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros…”

¿Ven? ¿Cuál es la Casa de Cristo? Su Iglesia, la cual Casa somos nosotros.

“...si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”

Y ahora, la Iglesia del Señor Jesucristo es la Casa de Dios, la Casa de Cristo, donde Cristo habita en Espíritu Santo desde el Día de Pentecostés.

En Efesios, capítulo 2, versos 19 al 22, dice:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (miembros de la familia de Dios como hijos e hijas de Dios)

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

O sea que así como la Iglesia del Señor Jesucristo es el Templo espiritual en donde Cristo está desde el Día de Pentecostés, cada creyente en Cristo como individuo también es un templo espiritual; como Cristo cuando dijo: “Destruyan este templo (hablando de Su cuerpo) y en tres días yo lo levantaré.”

Y ahora, Cristo está morando no solamente en Su Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes, sino en el alma de cada creyente de Cristo. Somos templo de Dios, templo de Cristo, templo del Espíritu Santo morando en nuestra alma; ese es el Trono de Cristo en el creyente. Y el Trono de Cristo en Su Iglesia es la Edad de Piedra Angular; por eso ha estado en Su Iglesia de edad en edad, pasando del Atrio al Lugar Santo, y del Lugar Santo al Lugar Santísimo, para la dedicación de ese Templo espiritual, para ser adoptado en el Reino de Dios; y cada creyente en Cristo para ser adoptado, ser transformado si está vivo en el Día Postrero, y los que murieron ser resucitados en cuerpos glorificados.

Así como en Su Primera Venida luego de transcurrir las diferentes etapas de la Iglesia hebrea bajo la Ley, Él vino de etapa en etapa, de edad en edad, manifestándose en Espíritu Santo a través de los diferentes instrumentos que tuvo: profetas, jueces y así por el estilo; y luego en Juan el Bautista precursando la Venida del Mesías, y luego en Jesús en toda Su plenitud.

Dios con Su cuerpo angelical, que es el Ángel del Pacto, se hizo carne en el cuerpo que se creó para Sí mismo para manifestarse en toda Su plenitud y ser el templo humano de Dios, desde el cual estuvo hablando por tres años y medio en la primera parte de la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9. Y falta para el pueblo hebreo tres años y medio de la semana número setenta de Daniel, en la cual también le va a hablar directamente al corazón, al alma del pueblo hebreo. Llamará y juntará ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu.

Por lo tanto, es para este tiempo final, la Edad de Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia, que es paralela a la Edad de Oro de la Iglesia hebrea bajo la Ley, en la cual se cumplirá el ministerio de Cristo de tres años y medio, en donde Dios estuvo velado en carne humana, en Su templo humano.

Para el Día Postrero será también como fue allá en medio del pueblo, la Iglesia del Antiguo Pacto, donde se cumplió la Primera Venida del Mesías, de Dios en carne humana. Es para el pueblo del Nuevo Pacto, la Iglesia del Señor Jesucristo, la promesa de la Segunda Venida de Cristo, el cual se ha manifestado en los apóstoles, en los mensajeros de cada edad, en la porción correspondiente a cada edad; y luego se manifestará en el Día Postrero en toda Su plenitud, en el cumplimiento de la Venida del Hijo del Hombre como el relámpago que sale del Oriente y se muestra, se manifiesta, en el Occidente. El Occidente y el Oriente son los dos puntos de la Venida del Mesías.

En el Oriente la Primera Venida del Hijo del Hombre, en el Occidente (el continente americano) la Segunda Venida del Hijo del Hombre. Y la Segunda Venida del Hijo del Hombre tiene dos partes: ya la primera se cumplió en el reverendo William Branham, y la tercera se cumplirá en la Venida del Señor con Sus Ángeles, con Moisés y Elías.

Por lo tanto, estemos preparados, porque el que dijo: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo,” en este tiempo final tiene la promesa hecha a Su Iglesia que se manifestará en toda Su plenitud.

Él vendrá a Su Templo. Su Templo es Su Iglesia. Y para este tiempo final es que se completará Su Iglesia, completándose así la construcción de Su Iglesia con piedras vivas, hijos e hijas de Dios con los cuales es construida la Iglesia, el Templo espiritual de Cristo; y ya lo que falta es la conclusión de la construcción del Lugar Santísimo del Templo espiritual con piedras vivas, seres humanos que lo recibirían en este tiempo final y serían colocados en el Templo espiritual de Cristo, en la Edad correspondiente a este tiempo final.

Es ahí donde Él estará en este tiempo final en la construcción y en la manifestación plena que Él ha prometido a Su Iglesia para este tiempo final, para darnos la fe para ser transformados y raptados; darnos la fe para ser transformados los que vivimos, y los que murieron ser resucitados en cuerpos glorificados.

Cuando estemos transformados, de seguro estaremos unos 30 o 40 días, como dice el reverendo William Branham, porque así fue cuando Cristo resucitó. Aunque Él tuvo minutos, quizás, o algunas horas que subió al Cielo, pero luego regresó para estar con Sus discípulos unos 40 días hablándoles del Reino y fortaleciéndolos, enseñándoles acerca del Reino de Dios. Por eso le preguntaron los discípulos: “¿Señor, restaurarás Tú el Reino en este tiempo a Israel?” Les dijo: “No os toca a vosotros conocer, saber los tiempos y las sazones que el Padre puso en Su sola potestad.” Libro de los Hechos, capítulo 1, versos 1 al 11.

Así que podemos ver lo que está prometido para nuestro tiempo en el cual nosotros estamos viviendo, y por consiguiente tenemos que estar preparados para recibir las bendiciones de Dios para este tiempo final.

El que dijo: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo,” continúa con nosotros; continúa con nosotros en la edad que nos corresponde, en la Edad de Piedra Angular.

Estuvo de edad en edad hasta llegar a nuestra edad, la Edad de Piedra Angular, la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, en donde Él en Su Venida se manifestará en toda Su plenitud y cumplirá Su Venida con Sus Ángeles. “Porque el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

Es importante comprender, conocer estas cosas, estar conscientes, para saber lo que tenemos que estar esperando de parte de Dios. No podemos estar en tinieblas, sino tenemos que estar alertas, con nuestros ojos bien abiertos, para recibir todas las bendiciones que Él trae en Su Venida.

Todavía Él sigue llamando y juntando a los que faltan en Su Cuerpo Místico de creyentes. Por lo tanto, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y le bautice con Espíritu Santo, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Para lo cual puede pasar al frente, para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo por los que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Y los que están en otras ciudades de Colombia o en otros países y ciudades de otras naciones, también pueden venir a los Pies de Cristo en estos momentos, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego; y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Lo más importante es entrar al Reino de Dios, para así entrar a la vida eterna, y por consiguiente ser parte del Templo espiritual de Cristo, de la Familia de Dios; la Familia de Dios, la cual es la Iglesia del Señor Jesucristo.

La Familia de Dios, los descendientes de Dios que por medio de Cristo (el segundo Adán) y Su Iglesia (la segunda Eva) se está reproduciendo Cristo en hijos e hijas de Dios, y esos son los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Esa es la Iglesia del Señor Jesucristo, ese es el Templo espiritual de Cristo. Esa es la Iglesia por la cual Él viene para llevarla a la Cena de las Bodas del Cordero. Esa es la Iglesia por la cual Él murió en la Cruz del Calvario. Esos son los que van a ser transformados si están vivos en el Día de Su Venida, y si partieron serán resucitados en el Día Postrero, en este tiempo final; resucitados en cuerpos jóvenes, eternos, glorificados, igual al cuerpo glorificado que tiene Cristo nuestro Salvador.

Lo más importante, entonces, es: la vida eterna.

Lo más importante, por consiguiente, es: entrar al Reino de Dios.

“Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia.” [San Mateo 6:33] Eso es lo primero que el ser humano tiene que buscar para asegurar su vida eterna, para asegurar su futuro eterno en el Reino eterno de Jesucristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo.

Así serán todos los creyentes en Cristo cuando sean transformados si están vivos, o cuando sean resucitados si murieron, pues serán resucitados en cuerpos glorificados, eternos, jóvenes; y eso es lo que anhela nuestra alma: vivir en un templo, en un cuerpo eterno, joven, inmortal, glorificado, interdimensional; un cuerpo igual al cuerpo de Jesucristo, que está tan joven como cuando subió al Cielo.

Él está con nosotros porque Él dijo: “YO ESTARÉ CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS HASTA EL FIN DEL MUNDO.”

Para este tiempo final nos dará la fe, la revelación, para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra; el pan nuestro de cada día dánoslo hoy; y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal; porque Tuyo es el Reino, el poder y la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Padre celestial, vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, porque Él dijo: ‘Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.’ ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta de cada uno de ustedes que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión.

La lectura que les cité está en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16.

Bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego; y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico. El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, porque en Él nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Estábamos con Él y en Él eternamente.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo Mauricio Vivas, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo nuestro Salvador. Y en cada país y en cada ciudad dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma, indicándoles cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y el domingo próximo nos veremos en Bogotá, Colombia, los que estén allá presentes.

Que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, porque el que dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo,” está con nosotros.

Él dijo en San Mateo, capítulo 18, verso 20: “Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, yo estaré.” Por lo tanto Él está con nosotros en esta noche en Espíritu Santo, hablándonos por medio de Su Palabra directamente a nuestra alma.

Y han oído ustedes la Voz del Señor a través del Evangelio y no han endurecido su corazón, sino que han dado su corazón a Cristo para que Cristo les dé vida eterna.

“Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30).

Cristo ha estado cumpliendo Su promesa: “YO ESTARÉ CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS HASTA EL FIN DEL MUNDO.” Estamos en el tiempo final y Él está todavía con nosotros.

Que Dios les bendiga y les guarde, y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“YO ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS HASTA EL FIN DEL MUNDO.”

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