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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, ministros de aquí de Guatemala y demás naciones de la América Latina, de Norteamérica, del Caribe y también de otras naciones; y especialmente la Iglesia en Puerto Rico, la Gran Carpa Catedral, y el pastor, el ministro José Benjamín Pérez allá en Puerto Rico. Mis felicitaciones por la labor que están llevando a cabo allá en Puerto Rico, de la construcción de la Gran Carpa Catedral.

Quiero felicitar al coordinador nacional de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en Guatemala, Miguel González, y a todos los Activistas por las excelentes actividades realizadas durante estos días en favor de la familia humana.

El día de hoy estaremos viendo algunos videos sobre los últimos trabajos realizados con el proyecto “Hijos de la Madre Tierra” y las campañas internacionales de sangre “En la Sangre está la Vida - Donando la Savia de la Vida.” Por otra parte, estaremos viendo un video sobre la importante labor de construcción de la Gran Carpa Catedral en Puerto Rico, la cual se está llevando a cabo gracias al respaldo de cientos de iglesias a nivel mundial. Adelante con los videos.

[Proyección de los videos]

Hemos estado viendo los trabajos que está llevando a cabo la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en diferentes naciones; también hemos estado viendo todo lo que ustedes han estado realizando aquí en Guatemala y otras naciones; y también hoy hemos visto la construcción de la Gran Carpa Catedral que se está llevando a cabo en Puerto Rico.

Quiero extender mis saludos al diputado Víctor Manuel Estrada y a su esposa y a su hija, quienes están con nosotros en esta ocasión. Bienvenidos.

El domingo es un día muy especial para los seres humanos; es el día que conmemora la resurrección de Cristo, la cual fue domingo. Y domingo se reunían los cristianos allá con los apóstoles; y el Señor Jesucristo cuando resucitó, domingo, se reunió con ellos; y luego todos los domingos les aparecía durante un lapso de tiempo de cuarenta días, digamos cada domingo de la semana de esos cuarenta días, le aparecía a Sus discípulos. Y luego encontramos que el Día de Pentecostés también fue domingo.

O sea que el cristianismo tiene suficiente motivo para reunirse los domingos para adorar a Dios en el Nombre del Señor Jesucristo, oír Su Palabra y pedirle a Dios Sus bendiciones para su familia y para su prójimo.

La única esperanza que hay para el ser humano es Jesucristo, y la única esperanza que tiene la raza humana es la Segunda Venida de Cristo para este tiempo final.

Ya el cristianismo lleva alrededor de dos mil años esperando la Segunda Venida de Cristo. Pero ¿por qué aparentemente ha tardado tanto? Si hubiera venido en Su Segunda Venida en el día de los apóstoles, no estaríamos nosotros aquí adorando a Dios y creyendo en Cristo. Es que durante este lapso de tiempo de alrededor de dos mil años, Cristo ha estado en el Trono de Intercesión en el Cielo como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, haciendo intercesión por cada persona escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Esos son los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, de etapa en etapa, de edad en edad, y a nosotros nos ha tocado en este tiempo para vivir y conocer el porqué de nuestra existencia aquí en la Tierra.

Estamos en la Tierra para hacer contacto con la vida eterna a través de Cristo nuestro Salvador, para que Él nos dé vida eterna. Ese es el propósito para el ser humano.

Bien lo dijo Cristo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y Su Justicia, y las demás cosas serán añadidas.” [San Mateo 6:33] Y también dijo: “¿De qué la vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con Sus Ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” San Mateo, capítulo 16.

Y ahora, es importante que sepamos el porqué existimos, el porqué hemos llegado a esta Tierra sin nosotros decir que queríamos llegar. Por tanto, la Mano Divina nos ha traído a esta Tierra. Hemos venido de otra dimensión: de la dimensión de Dios, para vivir en esta Tierra y servir a Cristo y entrar al Programa de Redención para sellar nuestro destino eterno con Cristo en Su Reino eterno.

Leemos en San Lucas, capítulo 21, versos 25 en adelante. Dice:

“Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas;

desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas.

Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria.

Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.

También les dijo una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles.

Cuando ya brotan, viéndolo, sabéis por vosotros mismos que el verano está ya cerca.

Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“IDENTIFICANDO EL FIN DEL TIEMPO.”

Es importante saber en qué tiempo estamos nosotros viviendo. Cualquier persona dice: “Estamos viviendo el día domingo, 10 de julio de 2016”; eso es conforme al calendario gregoriano. Pero conforme al calendario de Dios, ese es el calendario del cual nosotros queremos saber qué día está marcando en el Programa Divino, porque esta Tierra con todos sus habitantes está sujeto al calendario de Dios.

Por lo cual, Cristo en una ocasión en que vinieron los fariseos y saduceos a tentarle, vean lo que allí sucedió. Capítulo 16 de San Mateo, verso 1 en adelante, dice:

“Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.

Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.

Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado. ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!

La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue.”

Los seres humanos miran el cielo y lo ven nublado, y dicen: “Va a llover.” Y el que no reconoce esa señal de lluvia sale sin llevarse su capa o su paraguas, y se moja; pero el que ve la señal de que va a venir lluvia, se prepara, porque conoce la señal de la lluvia; porque sin nubes no hay lluvia; las nubes están cargadas de agua para derramarla sobre la Tierra.

Y de esto es que habla Cristo aquí. Compara las señales del tiempo ―lo físico― con las señales del tiempo de Dios, del tiempo del Programa Divino, en donde Dios ha prometido llevar a cabo ciertas cosas.

Para aquel tiempo de Jesús la promesa era la Venida del Mesías como Cordero de Dios, como lo presentó Juan el Bautista cuando dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” [San Juan 1:29]

Así como en Egipto Dios ordenó a Moisés que cada padre de familia tomara un corderito y lo sacrificara el día de la Pascua, y colocara la sangre en la puerta, en el dintel y los postes de sus hogares, para la preservación de la vida de los primogénitos, y el cordero pascual.

San Pablo dice en Primera de Corintios, capítulo 5, versos 7: “Porque nuestra Pascua, la cual es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”

Así como la vida de los primogénitos hebreos allá en Egipto fue librada, no murieron cuando vino la muerte sobre los primogénitos allá en Egipto...; sin embargo, los primogénitos egipcios, incluyendo el hijo del rey, del Faraón, murió. No conocían la señal del tiempo para la preservación de la vida de los primogénitos.

Y ese cordero representa a Cristo, que es nuestra Pascua, el cual fue sacrificado por nosotros en la Cruz del Calvario para la preservación de la vida, para que podamos preservar nuestra vida para toda la eternidad. Por lo tanto, sin Cristo y Su Sacrificio ninguna persona puede preservar su vida por la eternidad.

Cristo mismo dice que el que cree en Él tiene vida eterna, y que Él lo resucitará en el Día Postrero. (San Juan, capítulo 6, versos 39 en adelante).

Ahora nos habla de un Día en específico: el Día Postrero. Recuerden que un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día. [Segunda de Pedro 3:8] El Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá. Y ya la raza humana ha estado entrando al Día Postrero, que es el tiempo en que Cristo resucitará a los muertos creyentes en Él, y a los creyentes vivos los transformará; y por consiguiente, tendrán cuerpos eternos, inmortales, glorificados, igual al cuerpo glorificado que tiene Cristo nuestro Salvador.

Es para el Día Postrero que Cristo estableció que Él resucitará a todos los creyentes en Él que han muerto físicamente.

Y San Pablo, conocedor de ese misterio, en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58, nos dice: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, no todos moriremos); mas todos seremos transformados, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos en Cristo resucitarán primero, y luego nosotros los que vivimos seremos transformados.”

Hay una promesa divina para el Día Postrero, de resurrección, para todos los creyentes en Cristo que han muerto en edades pasadas; y de este tiempo también, que han partido; y para los que estén vivos la promesa es que serán transformados. Y obtendrán la inmortalidad física que tanto necesitamos y que nos llenará de regocijo, con la cual todos llegaremos a ser a imagen y semejanza de Cristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, tenemos que saber cuál es el Día Postrero; ya sabemos que es el séptimo milenio de Adán hacia acá. “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día.” (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8).

Y sabemos también, que habrá una Trompeta sonando: eso es la Voz de Dios hablándole a Su Iglesia en el Día Postrero el Mensaje de Gran Voz de Trompeta, para darles la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, en el rapto o arrebatamiento de Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 al 58; y Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 13 en adelante. Y esto será la redención del alma y del espíritu y del cuerpo; y sobre todo, la redención del cuerpo, para ser inmortales físicamente. Es llamado también la adopción de los hijos e hijas de Dios, conforme a Romanos, capítulo 8, verso 14 en adelante, donde dice:

“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza;

porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;

y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.”

La redención del cuerpo, en donde los que murieron creyentes en Cristo resucitarán en cuerpos glorificados, jóvenes y eternos, y los creyentes en Cristo que estén vivos serán transformados; y entonces tendremos vida eterna física conforme al Programa Divino, de acuerdo a la Palabra profética de Dios.

De eso también nos habla San Pablo en Efesios, capítulo 4, verso 30, cuando dice:

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

Sellados con el Espíritu de Dios para el Día (¿qué?) de la Redención.

Por lo tanto, es importante conocer que el Día de la Redención será el día de la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que están vivos; lo cual será en la Segunda Venida de Cristo en el Día Postrero; pues Cristo es el que dice que Él llevará a cabo esto en el Día Postrero.

Y por eso es tan importante conocer estas promesas divinas, para estar preparados para nuestra adopción: la redención de nuestro cuerpo, para poder vivir en el Reino de Cristo por el Milenio y por toda la eternidad.

Estamos en el tiempo más glorioso de todos los tiempos, el tiempo que desearon vivir los profetas y los apóstoles.

Vean, en San Juan, capítulo 6 y versos 39 en adelante, dice: 

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

Cristo es el que dice que Él va a resucitar a los creyentes en Él en el Día Postrero; y esto, los seguidores de Cristo de aquel tiempo lo sabían bien, pues cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro tuvo una conversación allí con una de las hermanas de Lázaro, en donde nos dice en San Juan, capítulo 11… verso 21 en adelante, de San Juan, capítulo 11, dice:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.”

Desde aquellos tiempos los creyentes en Cristo sabían que en el Día Postrero es que se llevará a cabo la resurrección de los creyentes en Cristo.

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Y ahora, Marta y María también creían que Cristo resucitaría a los creyentes en Él en el Día Postrero; por lo tanto, ella sabía que Lázaro va a resucitar en el Día Postrero, pero no sabía que Cristo puede resucitar en cualquier tiempo a cualquier creyente que parte y que Él quiere que permanezca viviendo por un tiempo más.

Jesús es la Resurrección y la Vida, por lo tanto Él puede resucitar a cualquier persona en el tiempo en que Él quiera; pero la resurrección en cuerpos eternos, inmortales y glorificados es para el Día Postrero; no es para otro tiempo. Esa pertenece a la primera resurrección; y ya hubo una resurrección de los creyentes del Antiguo Testamento cuando Cristo resucitó domingo en la mañana.

Por lo tanto, Cristo es el que llevará a cabo la resurrección de todos los creyentes en Él; lo tipificó, lo representó al resucitar a Lázaro de entre los muertos, ya siendo de cuatro días de muerto.

No importa cuánto tiempo pase de la partida de un creyente en Cristo, no importa que pasen años, Cristo lo resucitará en el Día Postrero; y ya sabemos que el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá.

Cristo, por consiguiente, es la única esperanza de vida eterna para el ser humano, y es el único camino para llegar a Dios. Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6).

Por lo tanto, la única esperanza que hay para el ser humano es la Segunda Venida de Cristo, para la resurrección de los muertos creyentes en Él y la transformación de los que estén vivos en esta Tierra, para obtener la inmortalidad física e ir con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; que durarán tres años y medio, que corresponden al tiempo de la gran tribulación para la raza humana aquí en la Tierra, mientras la humanidad estará pasando por la gran tribulación, que es la segunda parte de la semana número setenta de la profecía de Daniel, capítulo 9. Porque la primera parte de esa semana setenta ya la cumplió Cristo en Su ministerio terrenal de tres años y medio; y a esa semana le faltan tres años y medio, que es el tiempo del fin de las setenta semanas de Daniel, y por consiguiente es el tiempo del fin del reino de los gentiles.

Estamos muy cerca de la adopción, de la resurrección de los muertos en Cristo y de la transformación de los creyentes vivos en Cristo. Estamos viendo las señales en el cielo, en el sol, en la luna, en las estrellas, en el mar, los volcanes también, terremotos, tsunamis, maremotos, guerras; todas estas señales que Cristo mismo habló que estarían siendo manifestadas para el tiempo final. Por lo cual, Cristo dijo que cuando veamos estas cosas, entendamos que el Reino de Dios está cerca.

El Reino de Dios será establecido o restaurado en la Tierra.

¿Y cuál es el Reino de Dios?

El Reino de Dios es el Reino de David que será restaurado en la Tierra y el Trono de David en el cual se sentará el Mesías-Príncipe para gobernar sobre el pueblo hebreo y sobre todas las naciones. Para lo cual, el reino de los gentiles, que ha estado pasando por diferentes etapas, se encuentra en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, y por eso en este tiempo podemos ver la situación en que se encuentran los países.

Por lo cual, tenemos las señales de que estamos en el tiempo para el cumplimiento de la Venida del Señor, para resucitar a los muertos creyentes en Él y transformar a los que están vivos, y llevarlos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Las señales de los tiempos, dijo Cristo que las personas de aquel tiempo no las veían, no las entendían, no las conocían.

Cuando una persona va rumbo a otra ciudad, tiene que ir por la vía o carretera o camino que lo lleva a ese lugar; para lo cual están las señales también, que debe ver y obedecer para llegar a ese lugar. Y así es para llegar al Programa Divino correspondiente a nuestro tiempo: hay señales que Cristo indicó que estarían sucediendo, las cuales ya vemos manifestadas en el planeta Tierra. Por lo cual, Cristo dijo que cuando veamos estas cosas suceder, sepamos que el verano está cerca, el Reino de Dios está cerca.

El Reino de David va a ser restaurado como dice Ezequiel, capítulo 37, y como dice Ezequiel, capítulo 34.

Y el Reino y Trono de David será restaurado, y el reino de los gentiles será quitado, se desmoronará (como está en Daniel, capítulo 2) con la Venida de la Piedra no cortada de manos, que herirá a la imagen, al reino de los gentiles en los pies de hierro y de barro cocido; y será establecido el Reino de Dios en la Tierra. La capital será Jerusalén, el Distrito Federal será el territorio de Israel, y desde ahí el Mesías-Príncipe, el Hijo de David, gobernará sobre la raza humana. Y eso será el Reino de Dios conforme a Isaías, capítulo 9, que traerá la paz para y entre los seres humanos.

Las personas buscan la paz, pero siempre hay problemas, hay guerras en diferentes lugares; pues Cristo dijo que tendríamos guerras y rumores de guerras. [San Mateo 24:6]

La paz verdadera y permanente vendrá en el Reino del Mesías-Príncipe, porque Él es el Príncipe de Paz, el Príncipe de Paz de Isaías, capítulo 9; y es el único que puede traer la paz para toda la humanidad. Así como la trae para el alma, la traerá para las naciones. Por eso en el Reino del Mesías las armas de guerra serán convertidas en herramientas de trabajo, para la agricultura y para otras labores en favor de la familia humana; y que no contaminarán el medio ambiente ni contaminarán al ser humano. Será un reino de paz, de felicidad, para todos aquellos que han recibido a Cristo como Salvador.

Estamos en el tiempo en que las señales de los tiempos, las señales de los tiempos mesiánicos, están siendo vistas en todas las naciones. Por lo cual, es importante estar IDENTIFICANDO EL FIN DEL TIEMPO por medio de las señales que Cristo dijo que estarían siendo vistas en la Tierra, en el tiempo para entrar el fin del tiempo; o sea, los tres años y medio de la profecía de Daniel, capítulo 9, que son los últimos tres años y medio de las setenta semanas de Daniel y de la semana número setenta; porque Cristo ya cumplió los primeros tres años y medio de la semana número setenta.

Cada semana consta de siete años proféticos; y ahora a Israel le faltan tres años y medio de Dios tratar o para tratar con Israel, por eso se tornará a Israel para cumplir esos tres años y medio que le faltan a la semana número setenta. Y ahí es donde el pueblo hebreo va a ser despertado a la realidad de que hay un Sacrificio de Expiación por el pecado; y van a ser convertidos a Dios, y Dios va a tratar nuevamente con el pueblo hebreo. Pero mientras tanto está tratando con el pueblo del Nuevo Pacto, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; por eso Cristo dijo: “Esta es la Sangre (mi Sangre) del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.” (San Mateo, capítulo 26, versos 26 al 29).

Y ahora, hay un Nuevo Pacto del cual Dios habló en Ezequiel y en Jeremías también, y en Isaías. Por lo tanto, es una bendición grande, un privilegio grande estar dentro del Nuevo Pacto, porque eso significa (para la persona) que pertenece al pueblo del Nuevo Pacto, que ha sido redimida por la Sangre de Cristo y que tiene promesas de vida eterna en el Reino de Dios.

Más adelante el pueblo hebreo comprenderá. Mientras tanto, el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, desde el Día de Pentecostés en adelante ha estado en medio de Su Iglesia llevando a cabo la llamada de cada persona escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, llamándola al Redil del Señor.

Cristo dijo en San Juan, capítulo 10: “También tengo otras ovejas que no son de este redil, las cuales también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor.” Esas ovejas son los creyentes en Cristo del Nuevo Pacto, del Nuevo Testamento, que estarían entre los gentiles.

También Cristo dijo en San Juan, capítulo 10, verso 27 en adelante: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.”

Los creyentes en Cristo forman la Iglesia del Señor Jesucristo, están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; son las ovejas del Padre dadas a Cristo para que las busque y les dé vida eterna. Por eso Él le envió a predicar el Evangelio a toda criatura, para que el que creyere y fuere bautizado, sea salvo. Eso es buscando las ovejas del Padre, que le son dadas a Cristo para que las busque y les dé vida eterna. “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Vino a buscarme a mí y a salvarme a mí, ¿y a quién más? A cada uno de ustedes también. Por lo cual le damos gracias a Cristo que vino a la Tierra y no escatimó Su vida para preservarla, sino que la entregó por nosotros en Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Si Él no moría, pues continuaba viviendo pero solo, en este planeta Tierra. Pero gracias a Dios que Él vino para cumplir la voluntad del Padre; y lo que Él hizo fue cumplir el Programa Divino correspondiente a aquel tiempo.

Algunos pensaron que había fracasado en Su movimiento religioso-espiritual, pero triunfó, tuvo la victoria. Él es nuestra victoria. Él vino para eso: para morir por nosotros. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” [San Juan 3:16]

La vida eterna solamente se obtiene creyendo en Cristo, no hay otra forma. No hay laboratorio que pueda producir la vida eterna, solamente Dios por medio de Cristo nos da la vida eterna gratuitamente.

Por lo cual, si hay alguna persona presente, que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y sea bautizado en agua en Su Nombre, y Cristo le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento; y así entre al Reino de Dios.

Lo más importante es la vida eterna. No hay otra cosa más importante que la vida eterna; y está al alcance de todo ser humano, de todo ser humano que extienda la mano de la fe para recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

El ser humano en la Tierra tiene que hacer grandes decisiones siempre; pero de todas las decisiones que hace, ninguna le da la vida eterna, con ninguna obtiene la vida eterna, excepto con una: con recibir a Cristo como único y suficiente Salvador.

La decisión más grande que una persona hace en su vida es recibir a Cristo como único y suficiente Salvador; por eso Cristo dijo: “El que me confesare delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre.” [San Mateo 10:32] Confesamos a Cristo como nuestro Salvador públicamente, y Él nos confiesa delante del Padre celestial.

Hemos venido a este planeta Tierra para obtener la vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador. Para eso es que estamos en esta Tierra, ese es el motivo de nuestra existencia aquí en la Tierra: obtener la vida eterna en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Es el Reino de Cristo el que será establecido en la Tierra, y por consiguiente es importante nacer en Su Reino.

Dios tiene mucho pueblo en Guatemala y en todas las naciones, y los está llamando en este tiempo final para colocarlos en Su Reino, en Su Cuerpo Místico de creyentes.

La vida eterna es lo más grande que un ser humano puede obtener estando en la Tierra; por eso tiene la mayor importancia la vida eterna para el ser humano. Si el ser humano no recibe la vida eterna por medio de Cristo, ¿de qué le valió vivir en esta Tierra?

“¿De qué le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?” [San Mateo 16:26] Recuerden que el ser humano es alma viviente. “¿De que le vale al hombre si ganare todo el mundo y perdiere su alma?” De nada le habrá servido vivir en esta Tierra.

Es importante conocer el porqué de nuestra existencia en esta Tierra.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo aquí y en otras naciones.

Con nuestros rostros inclinados, nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, aquí y en otros países. Recíbeles en Tu Reino y dales vida eterna. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego.

Y ahora repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo por cada uno de ustedes:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre como el único nombre dado a los hombres en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz una realidad en mí la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, los que han recibido a Cristo como Salvador preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Porque Cristo dijo: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:16]

El bautismo en agua es un mandamiento de Cristo nuestro Salvador. Aun el mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista. Juan no lo quería bautizar, le decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice.” Y Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia”, entonces lo bautizó. Y cuando subió de las aguas bautismales, el Espíritu Santo en forma de paloma vino sobre Jesús. [San Mateo 3:13-16]

Es importante hacer como Cristo dice.

Y ahora, el bautismo en agua no quita los pecados; es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero es un mandamiento de Cristo, en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Ese es el simbolismo del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Por lo cual, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión.

Que Dios les bendiga y les guarde; y dejo con nosotros al misionero Miguel Bermúdez Marín a continuación, y al ministro correspondiente aquí, reverendo Esteban Golón.

Y en cada país dejo al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre de nuestro amado Señor Jesucristo, y así cumplan la orden de Cristo nuestro Salvador: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Que Dios les bendiga grandemente, les cuide, les proteja; y nos veremos eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Nuestro tema de estudio bíblico fue:

“IDENTIFICANDO EL FIN DEL TIEMPO.”

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