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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, y todos los que están en diferentes naciones, ministros y sus congregaciones; y un especial saludo al misionero, doctor Miguel Bermúdez Marín, allá en Valencia, y a su esposa Ruth y toda su familia; y también un especial saludo para el reverendo José Benjamín Pérez allá en Puerto Rico y la Gran Carpa Catedral, todos los hermanos allá reunidos.

Y ahora tendremos un documental del proyecto de la construcción de la Gran Carpa Catedral para ver el avance en el que se encuentra la construcción de la Gran Carpa Catedral. Para lo cual, adelante con el video.

[Proyección del video]

Ya han visto cómo va la construcción. Vemos que ya se está colocando la lona; luego se colocará el piso también, y al final las personas.

Apreciamos mucho el respaldo que le han estado dando todas las iglesias y creyentes, a la construcción de la Gran Carpa Catedral en Puerto Rico. Que Dios les bendiga por lo que están haciendo; y que todo lo que hacen, lo que están haciendo, lo que harán, trascienda al Reino de Dios. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

O sea, que cuando Cristo reparta los galardones, cumpla lo que Él dice en Apocalipsis, capítulo 22, verso 12:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

El respaldo que le están dando son obras agradables a Dios, porque es para el Programa Divino, para el cumplimiento de Sus promesas correspondientes a este tiempo final. Y estará cumpliéndose también lo que Cristo dijo: “Haced tesoros (¿dónde?) en los cielos.” [San Mateo 6:19-20] Hacer tesoros con las cosas que Dios nos provee, usándolas para el Reino de Cristo, el Reino de Dios.

Lo que no usamos en el Programa Divino no puede trascender, porque lo usamos para las cosas terrenales; pero lo que se usa para el Programa Divino trasciende al Reino de Dios y tiene la recompensa de parte de Dios.

Para esta ocasión leemos en Segunda de Corintios, capítulo 6, verso 1 en adelante, donde dice:

“Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios.

Porque dice:

En tiempo aceptable te he oído,

Y en día de salvación te he socorrido.

He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión nuestro tema de estudio bíblico, la clase de estudio bíblico, es: “LA GRACIA DEL SEÑOR JESUCRISTO DERRAMADA A SUS HIJOS.” O sea, a Sus hijos celestiales, que son los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

En el tiempo del profeta Noé… el cual ofrecía sacrificio a Dios por el pecado, por él y su familia, lo cual había comenzado desde el tiempo de Adán y Eva, y él mantenía esos sacrificios en el tiempo correspondiente; por lo cual ellos estaban cubiertos con la sangre de esos sacrificios. Aunque la sangre de animalitos no quitaba, ni quita, ni quitará los pecados del ser humano; solamente los cubría. Por lo tanto, Dios mirando a través de la sangre de los animalitos no veía el pecado; por lo cual hacía justo a Noé delante de Dios.

El pueblo antediluviano, encontramos que estaba en aquellos días de Noé muy violento; violencia estaba inundando a la humanidad en aquellos días; era lo que había en el corazón de ellos, todo pensamiento del corazón de ellos era de continuo al mal.

El Señor Jesucristo dijo que el tiempo final sería también como en los días de Noé (de lo cual hablaremos más adelante), y sería como en el tiempo de Lot, el sobrino de Abraham. Por consiguiente, como los días de Noé, porque él se fue a - como en los días de Sodoma y Gomorra, porque Lot se fue a vivir a Sodoma y era el juez allí en Sodoma.

En los días de Noé Dios determinó que destruiría al ser humano porque había llegado a llenar la copa de la misericordia, a llenar la copa; y por consiguiente, el fin de todo ser viviente, donde había espíritu de vida de hombres y de animales, sería destruido. Pero dice: “Pero Noé halló gracia delante de Dios.”

La gracia de Dios para un individuo o una persona o una familia o una nación, es lo más grande que puede obtener la persona de parte de Dios, es don de Dios, un don inmerecido que le es otorgado al individuo o a la nación. Por consiguiente, por la gracia de Dios no se paga; no se merece tampoco. Es por amor de Dios al ser humano y a toda Su Creación, y por la fe en Cristo, que Dios otorga ese don maravilloso de gracia, donde el amor y la misericordia de Dios es manifestada en favor del ser humano.

El ser humano es lo más grande que Dios ha creado, porque es lo único a imagen y semejanza de Dios. Así como Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, el ser humano es alma, espíritu y cuerpo. Alma y espíritu y cuerpo es equivalente a Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios el Padre, Dios Espíritu Santo (que es el Ángel del Pacto), Dios Hijo.

Por lo tanto, Padre, Hijo y Espíritu Santo es Dios en Sus tres grandes manifestaciones. Como Padre: Creador de los Cielos y de la Tierra; como Hijo o Espíritu Santo: el Ángel del Pacto, que libertó al pueblo de Israel; y el Ángel del Pacto es el cuerpo angelical de Dios, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, o en palabras más claras: Cristo en Su cuerpo angelical, cuerpo teofánico.

Y el ser humano tiene también espíritu, que es un cuerpo espiritual de otra dimensión. Primero se recibe el cuerpo espiritual del mundo cuando la persona nace, que recibe un espíritu del mundo, y por eso su inclinación es a las cosas del mundo; y luego se requiere nacer de nuevo para recibir el Espíritu de Dios, el Espíritu del Reino de Dios, que es el Espíritu Santo enviado por Cristo a cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador.

Por eso Cristo dijo en San Juan, capítulo 3, verso 1 al 6, a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.” Nicodemo pensó que era nacer físicamente nuevamente, y le pregunta: “¿Puede acaso el hombre ya siendo viejo, nacer de nuevo? ¿Cómo puede hacerse esto?” Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.”

Para vivir eternamente hay que entrar al Reino de Dios. El nuevo nacimiento es a Vida, a vida eterna. El nacimiento que obtuvimos por nuestros padres es a vida, pero a vida temporal en un cuerpo temporal. El nuevo nacimiento es a vida eterna, naciendo primero en el Espíritu, espiritualmente; y luego en el Día Postrero nacerá en el cuerpo físico eterno, inmortal y glorificado, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador.

Antes de tener el cuerpo físico Jesucristo, tenía el cuerpo angelical, llamado el Ángel del Pacto; y por eso cuando vino en cuerpo físico, el Verbo, el Ángel del Pacto, el cuerpo espiritual, el Espíritu Santo se hizo carne y habitó entre nosotros. (San Juan, capítulo 1, verso 14).

Ese es el orden para vida eterna espiritual y física. Ese es el orden que cumplió Cristo, y ese es el orden que va cumpliendo cada creyente en Cristo, recibiendo primero el cuerpo angelical o teofánico (que es el bautismo del Espíritu Santo), y luego recibirá el cuerpo físico glorificado, como Cristo recibió el cuerpo físico cuando nació ese cuerpo físico a través de la virgen María; y luego que murió, resucitó glorificado.

Por eso los muertos en Cristo creyentes en Cristo, que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, aunque mueran resucitarán en cuerpos jóvenes, eternos, inmortales y glorificados, como el cuerpo glorificado que tiene Cristo nuestro Salvador; y los que estemos vivos seremos transformados.

Y entonces, en la apariencia física no nos llevaremos mucha ventaja, porque será de 18 a 21 años; así que la diferencia será de 3 años. Digamos que las hermanas se verán 3 años menores que los varones, para compartir la diferencia.

Cuando estemos glorificados confirmaremos, así que eso no nos preocupa. Lo que sí sabemos es que será el cuerpo glorificado igual al cuerpo glorificado que tiene Cristo nuestro Salvador.

Así que no importa los años que tengamos en la Tierra, no hay motivo por preocuparse. Si muere físicamente por la edad o por algún problema: resucitará jovencito o jovencita; si continúa vivo hasta la resurrección: será transformado. Son promesas de parte de Dios por medio de Cristo, de las cuales hablaron también los apóstoles. Y Cristo también en San Juan, capítulo 6, versos 39 al 58, y San Juan, capítulo 11, verso 21 al 27, habló cuando resucitó o fue a resucitar a Lázaro. O sea que el tema de la resurrección es un tema muy antiguo, porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos.

La Ley, la Dispensación de la Ley y otras dispensaciones anteriores, reflejan, tienen el tipo y figura de lo que sería la Dispensación de la Gracia, en donde los tipos y figuras de animales y de árboles se convertirían en realidades en seres humanos.

Por eso cuando se sacrificaba el corderito, sacrificaban las familias el corderito una vez al año, el día 14 del mes primero (del mes de Abib), eso se materializaría en la Venida del Mesías, que vendría a ser el Cordero Pascual que quitaría el pecado del mundo, conforme a las palabras que habló Juan el Bautista cuando vio a Cristo. Dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” [San Juan 1:29]

Allí estaba el Ángel del Pacto hecho carne en medio del pueblo hebreo. Y a todos los que quitaría los pecados, los cuales lo recibirían como Salvador, serían seres humanos los cuales sus pecados no serían cubiertos, sino borrados completamente, echados en el mar del olvido; por lo cual, serían justificados como si nunca antes en la vida hubieran pecado. O sea que lo que era tipo y figura allá, ahora ha sido magnificado en el Nuevo Pacto, en la Iglesia del Señor Jesucristo, por gracia divina.

“Por gracia sois salvos,” dice el apóstol San Pablo [Efesios 2:8-9]; no porque lo planificamos nosotros.

Todo es el Programa Divino; y en el Programa Divino hemos descubierto que hemos sido bendecidos para este tiempo final, y que nos ha tocado el tiempo más importante de todos los tiempos.

En el juicio del diluvio encontramos que fueron salvos los que estaban bajo el Pacto Divino y la dispensación en la cual estaba Noé. Y los que son salvos en el Nuevo Pacto, el Nuevo Testamento, son los que estarán y los que han estado en la Dispensación de la Gracia, en la dispensación en que la misericordia de Dios ha sido extendida a los seres humanos, para que por gracia reciban la salvación por medio de Cristo nuestro Salvador.

Porque no hay otro Salvador, solamente hay uno, y Su Nombre es el Señor Jesucristo. Él es el Sumo Sacerdote del Templo celestial, y también Él es el Rey de reyes y Señor de señores para el Reino del Mesías que será establecido en la Tierra; Su Trono estará en Jerusalén, y el Distrito Federal será todo el territorio de Israel (el territorio que tiene y el que tendrá, el cual será más grande de lo que tiene actualmente).

Por gracia es la bendición de Dios en la Dispensación de la Gracia, para todos los que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador. Él hizo todo lo requerido para extender Su gracia y misericordia a los que lo reciben como único y suficiente Salvador.

¿Y nosotros qué hemos hecho? Lo que hacemos es recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador, y queda la gracia de Dios extendida a nosotros, la salvación y vida eterna; por gracia. No porque éramos buenos, no porque hicimos algo, excepto recibirlo como único y suficiente Salvador al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo. “Porque la fe viene por el oír,” el oír la Palabra, el Evangelio de Cristo, y “con el corazón se cree para justicia (corazón, sinónimo del alma); pero con la boca se confiesa para salvación.” [Romanos 10:17, 10:10]

Se hace una confesión pública de que estamos arrepentidos de nuestros pecados y que recibimos a Cristo como único y suficiente Salvador; y Cristo nos recibe extendiendo Su gracia hacia nosotros, y dándonos la salvación y vida eterna en forma gratuita. Así es como obtenemos la gracia, y por consiguiente la salvación y vida eterna. Y somos sellados en el Reino de Dios por el Espíritu Santo, el cual nos guía, el cual nos cuida y el cual nos lleva a puerto seguro: a la vida eterna en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Hemos nacido en el Reino de Cristo nuestro Salvador, eso es el nuevo nacimiento; así como el antiguo nacimiento es nacer en esta Tierra por medio de nuestro padres terrenales. Lo que no entendió Nicodemo ahora sí finalmente lo podemos comprender, porque ya el que produciría el nuevo nacimiento lo llevó a cabo, lo estableció y lo ha estado dando a todos los que lo reciben como Salvador.

Y nos dice [Segunda de Corintios 6:2]:

Porque dice:

En tiempo aceptable te he oído,

Y en día de salvación te he socorrido.

He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.”

Eso corresponde al Día de la Dispensación de la Gracia, en la cual hemos estado viviendo; hemos obtenido la gracia de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador, lo cual nos asegura nuestro futuro eterno en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

El que no obtiene, recibe la gracia de Dios, por medio de Cristo, recibiéndolo como Salvador por la fe en Cristo, no ha asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino; y por consiguiente está perdiendo la oportunidad de vida eterna en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

“LA GRACIA DEL SEÑOR JESUCRISTO DERRAMADA A SUS HIJOS.”

Sus hijos son los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo de etapa en etapa, de edad en edad, los cuales son las personas que nacen de nuevo, nacen en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios. Y esto es escuchando el Evangelio de Cristo en su edad, donde Dios coloca el mensajero para esa edad, le da la revelación para ese Día; él la obtiene, la predica; y comienzan a llegar a esa edad los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Y así se forma esa etapa de la Iglesia en cada edad.

San Pablo fue, entre los gentiles, el primer mensajero (llamado ángel mensajero, porque un ángel es un mensajero) de la primera edad de la Iglesia entre los gentiles. Después vinieron otros mensajeros, cada uno en su tiempo con el grupo de su tiempo que subió a esa edad.

Tuvimos la séptima edad reflejada, representada en la Edad de Laodicea o iglesia de Laodicea de Asia Menor entre los gentiles; y su mensajero, así como Pablo fue el primero de la primera edad de la Iglesia entre los gentiles, el reverendo William Branham fue el séptimo mensajero de la Iglesia, en la edad reflejada en la iglesia de Laodicea y que corresponde al territorio norteamericano.

¿Y qué de los latinoamericanos y caribeños? La mejor parte les ha tocado a los creyentes latinoamericanos y caribeños, donde se origina la Edad de Piedra Angular, la cual se extiende por el mundo entero también; en la cual son llamados y juntados los escogidos del Día Postrero, para que suban a esa etapa de la Iglesia del Señor Jesucristo donde serán cumplidas las promesas que hay para la Iglesia para el tiempo final. Entre ellas, la Voz de Gran Voz de Trompeta o Trompeta Final, la Voz del Ángel Fuerte que desciende del Cielo, clamando como cuando ruge un león y siete truenos emitiendo sus voces.

Por eso es la única edad que conocerá el misterio, que fueron hablados por el Ángel Fuerte que desciende del Cielo cuando clamó como león, cuando rugió como león y siete truenos emitieron sus voces. Juan iba a escribir, pero le fue dicho: “No los escribas.” Es para este tiempo que esos misterios serán revelados, para darles la fe para ser transformados y llevados con Cristo a los creyentes del tiempo final, de la etapa o Edad de Piedra Angular.

La Edad de Piedra Angular es paralela a la Edad de Piedra Angular de la Primera Venida de Cristo; fue para la Edad de Piedra Angular la Primera Venida de Cristo, y será para la Edad de Piedra Angular la Segunda Venida de Cristo. Intervino el Ángel Gabriel e intervendrá el Ángel Gabriel nuevamente; porque el Ángel Gabriel anuncia la Primera Venida de Cristo, y anunciará la Segunda Venida de Cristo. Tan sencillo como eso.

Hubo una María que aceptó la Palabra del Ángel. Hay una María en el Día Postrero: la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo en el tiempo final, en la Edad de Piedra Angular.

Y para no explicar mucho, en alguna otra ocasión con más detalles veremos más ampliamente este misterio de María allá y la María del tiempo final. La María del tiempo final es la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, hay muchas bendiciones del Cielo, del Reino de Cristo, para todos los creyentes en Cristo, sobre los cuales la gracia de Dios es extendida en este tiempo final.

Siguen siendo añadidos a la Iglesia los que faltan para completar Su Iglesia. Recuerden que la Iglesia del Señor Jesucristo es un Templo espiritual, así como Cristo es un Templo espiritual en Su cuerpo físico.

En San Juan, capítulo 2, dijo: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré,” hablando de Su cuerpo como Templo de Dios. Y los creyentes en Cristo como individuos son también un templo de Dios.

“¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”, nos dice San Pablo [Primera de Corintios 3:16]. Y la Iglesia, los creyentes en Cristo como Cuerpo Místico de creyentes, son también un Templo espiritual, una Iglesia-Templo del Señor Jesucristo; por lo tanto, tiene Atrio, Lugar Santo y Lugar Santísimo; tiene lo que tenía el templo allá que construyó Salomón y del tabernáculo que construyó el profeta Moisés.

Y lo más importante del Templo es el Lugar Santísimo; y nos ha tocado vivir en la Edad del Lugar Santísimo, que es la Edad de Piedra Angular, a la cual el llamado es: “Sube acá, y yo te mostraré las cosas que han de suceder pronto.” (Apocalipsis, capítulo 4, verso 1 en adelante).

Es la Voz de Cristo en el Día Postrero llamando y juntando a Sus escogidos en la Edad de Piedra Angular para completar Su Iglesia en la Edad de Oro de la Iglesia, la Edad del Lugar Santísimo de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Así como hubo dos querubines de madera de olivo gigantes allá, uno a cada lado del arca del pacto en el lugar santísimo, habrá Dos Querubines de oro, Dos Olivos, Dos Querubines de madera de olivo cubiertos de oro en la Edad de la Piedra Angular, que son los ministerios de los Dos Olivos de Zacarías, capítulo 4, verso 1 al 14; y Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14.

Ahí es donde aparecen los Dos Olivos, para luego, desde el Lugar Santísimo, hablarle al pueblo hebreo también luego de haberle hablado a la Iglesia del Señor Jesucristo. Y ahí es el lugar para la Segunda Venida de Cristo.

Cuando Moisés dedicó tabernáculo a Dios descendió la Columna, el Ángel del Pacto en la Columna de Fuego, y entró al tabernáculo que construyó Moisés; y luego se colocó en medio de los dos querubines de oro sobre el propiciatorio, que es la tapa del arca del pacto, donde estaban las piedras de la Ley y donde fue colocado el maná del último día; una parte del maná del último día que tuvieron cayendo (el maná) por cuarenta años, el último día fue tomada una porción y colocada en el arca del pacto, donde estaba la presencia de Dios.

Y cuando Salomón dedicó el templo a Dios, la Columna de Fuego vino al templo y entró al templo; y luego se posó sobre el propiciatorio, en medio de los dos querubines de oro y en medio de los dos querubines de madera de olivo cubiertos de oro.

El lugar santísimo estaba cubierto de oro por dentro y por fuera. Es el único lugar en el templo, cubierto de oro por dentro y por fuera. El oro representa la Divinidad.

Por lo tanto, a nosotros nos ha tocado vivir en el lugar para la Venida de la Divinidad, que está prometida para el Día Postrero, lo cual será la Segunda Venida de Cristo a Su Iglesia. Y cuando los judíos vean a Dios, al Ángel del Pacto viniendo a Su Templo y manifestándose en toda Su plenitud, ellos dirán: “Este es nuestro Dios, al cual hemos esperado.” Eso nos dice el reverendo William Branham en la página 22, y nos habla también en la 23, del libro de “Citas.” Ellos van a ver la Venida del Señor a Su Iglesia.

O sea que estamos en un tiempo muy grande, para estar conociendo las promesas para este tiempo, y esperándolas y viéndolas a medida que van siendo cumplidas. “Porque Dios no hará nada sin que antes revele sus secretos a sus siervos sus profetas.” [Amós 3:7]

Por lo tanto, todo lo que Dios va a hacer ya está escrito en la Biblia, y será confirmado. A medida que Dios cumpla cada promesa, eso es la confirmación de cada promesa. Y será hablado para ser conocido, y será hablado bajo el Mensaje Final de Gran Voz de Trompeta, de Trompeta Final, en este tiempo final.

Y eso es lo que estarán hablando los Siete Truenos de Apocalipsis, capítulo 10. Esa es la Voz de Cristo, el Ángel Fuerte, ya como León de la tribu de Judá, como Rey de reyes y Señor de señores en Su Obra de Reclamo, viniendo a Su Iglesia en el Día Postrero; porque Él siempre viene al pueblo que está bajo el Pacto vigente para esa ocasión.

Y el pueblo que está bajo el Pacto vigente para esta ocasión es la Iglesia del Señor Jesucristo, que es el Israel espiritual, que es el Israel que tiene las bendiciones del Cielo, que es el Israel que ha estado teniendo a Cristo en Espíritu Santo desde el Día de Pentecostés.

Por lo tanto, le damos gracias a Dios por darnos la bendición de ser parte de Su Iglesia, de Su Templo espiritual, desde donde Él se ha estado manifestando y se manifestará en este tiempo final en toda Su plenitud; y entonces todos llegaremos a la perfección. Porque la meta es llegar a la perfección, llegar a ser a imagen y semejanza de Cristo nuestro Salvador; y entonces ya no habrá limitaciones para los creyentes en Cristo.

Los ministerios que estarán en la Tierra serán para bendición de los creyentes en Cristo: el ministerio de Moisés, el ministerio de Elías y el ministerio de Jesús en medio de Su Iglesia en el Día Postrero.

Estamos en el tiempo preciso, en el tiempo más grande de todos los tiempos; y todo ha sido por gracia: La salvación, por gracia; el estar a salvo, por gracia, por la fe en Cristo; y todas las bendiciones que están prometidas para este tiempo final, serán dadas por gracia a los creyentes en Cristo, por ser creyentes en Cristo; porque la gracia de Dios es por medio de Cristo nuestro Salvador.

Así como la creación del universo completo, incluyendo a los seres humanos, ha sido por medio de Cristo, Dios por medio de Cristo (el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo) llevando a cabo la Creación…; porque Jesucristo en Su cuerpo angelical es el Ángel del Pacto. Por eso por medio de Él… y es el cuerpo angelical de Dios.

Por eso cuando aparecía en el Antiguo Testamento el Ángel de Pacto, el Ángel de Jehová ―como comúnmente es llamado en medio del cristianismo―, todos decían que habían visto a Dios. Y luego en San Juan, capítulo 1, verso 18, dice: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo del Padre, Él le ha declarado, le ha dado a conocer.” O sea que lo que vieron fue a Dios en Su cuerpo angelical. No vieron a Dios Padre, sino que vieron a Dios dentro de un cuerpo angelical, hablándole a los seres humanos desde Adán en adelante.

Es lo mismo con nosotros. Yo los miro a ustedes pero yo no los veo a ustedes, no veo el alma de ustedes, pero veo el cuerpo físico donde ustedes están. Y si viera el cuerpo angelical de ustedes (el espíritu), estaría viéndolos a ustedes en su cuerpo angelical, su cuerpo espiritual; pero el alma no la estoy viendo, el alma no la estaría viendo.

Así es con Dios. Por eso Cristo decía [San Juan 12:49]: “Yo no hago nada de mí mismo; el Padre que mora en mí, Él hace las obras”; porque Cristo en Su cuerpo angelical y en Su cuerpo físico es la Casa de Dios. Por eso dijo: “Destruyan este templo (o sea, esa Casa donde Dios estaba morando en toda Su plenitud), y en tres días yo lo levantaré,” lo cual nos habla de la restauración del templo físico como cuerpo, pero siendo restaurado glorificado.

Así es para los creyentes en Cristo como Templo espiritual, como parte de la Iglesia del Señor Jesucristo, y como individuos también. Como individuos somos un templo humano, como Cuerpo Místico de creyentes pertenecemos a la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la Casa de Dios, Templo de Dios como Iglesia del Nuevo Pacto, donde mora Dios y donde ha ido pasando de edad en edad por todo ese Templo; y ha estado construyendo esa Casa, ese Templo espiritual, de edad en edad, con piedras vivas, seres humanos vivos. Así como Cristo es la Piedra viva, la Piedra del Ángulo, los creyentes en Cristo son también piedras vivas, piedras vivas elegidas para la construcción del Templo espiritual de Cristo. Por eso del Monte fue cortado una Piedra, del Monte de Dios. Y ahí también se los debo para otra próxima ocasión.

Estamos en el tiempo más importante de todos los tiempos. Es importante que cada persona sepa quién es, qué es: es un ser viviente que es alma con espíritu (cuerpo espiritual) y con cuerpo físico para manifestarse en esta Tierra. Hemos venido a esta Tierra a confirmar nuestro lugar en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Por lo cual, LA GRACIA DEL SEÑOR JESUCRISTO DERRAMADA A SUS HIJOS ha estado trayendo grandes bendiciones a los seres humanos que han escuchado el Evangelio de Cristo, ha nacido la fe de Cristo en su alma y lo han recibido como único y suficiente Salvador. Han recibido la salvación y vida eterna, han asegurado su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Por lo cual, Cristo reclama Sus derechos para todos esos creyentes, para darles el cuerpo físico glorificado, con vida eterna física, de la cual se habla en toda la Escritura.

Por eso en Efesios nos habla de ese Templo espiritual. Efesios, capítulo 2, verso 19 al 22, dice:

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios (ser miembros de la Familia de Dios significa ser un hijo o una hija de Dios),

edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

en quien todo el edificio…”

¿Ven? Porque la Iglesia, siendo un Templo, es un edificio espiritual.

“…en quien todo el edificio, bien coordinado…”

O sea, bien coordinado. No a como salga.

“…bien coordinado, va creciendo…”

¿Cómo va creciendo? Va creciendo de edad en edad. Como un edificio que fabriquen va creciendo de piso en piso, de edad en edad, de etapa en etapa, hasta que llega a la cúspide. Y la cúspide del Templo espiritual es la Edad de la Piedra Angular, donde hemos sido colocados como piedras vivas.

“…en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;

en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

O sea que es para Dios morar en el Espíritu, de edad en edad, y en nuestro tiempo luego trasciende en toda Su plenitud.

Y en Filipenses, capítulo 3, verso 20 al 21, dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos…”

Así como somos ciudadanos de un país, ¿por qué? Porque hemos nacido en ese país. Luego hay otros que se hacen ciudadanos.

En el cristianismo, los que nacen de nuevo son ciudadanos nacidos en el Reino de Dios, luego otros se hacen amigos; y por eso es que en la Biblia hay vírgenes prudentes y vírgenes insensatas; creyentes en Cristo, de las cuales unas pertenecen al grupo de los hijos e hijas de Dios nacidos de nuevo, y los otros son creyentes que no han nacido de nuevo pero que tendrán la bendición de vida eterna si permanecen firmes creyendo en Cristo nuestro Salvador, aunque pasarán por la gran tribulación y aunque no resucitarán hasta después del Milenio, que es la segunda resurrección.

La primera resurrección en cuerpos glorificados es para los que creyentes en Cristo nacidos de nuevo, que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya...”

¿Para qué es la transformación? Para tener un cuerpo igual al de Cristo: glorificado, eterno, inmortal y joven para toda la eternidad.

Por eso San Pablo dice en Romanos 8, verso 14, que no es comparable las aflicciones del tiempo presente con las glorias que vendrán, que recibiremos. Y nos dice: “porque vamos a ser redimidos (la redención del cuerpo, la adopción).” Vamos a ser adoptados como hijos e hijas de Dios, cuerpos eternos y glorificados que Él nos dará por medio de Cristo nuestro Salvador.

Para eso es la Segunda Venida de Cristo: para la resurrección de los muertos en Cristo que vendrán con Él. Él pasará por la sexta dimensión (el Paraíso), los traerá y los resucitará en cuerpos eternos; y a los que estamos vivos nos aparecerán; y cuando los veamos, seremos transformados. Y después de esa manifestación de 30 a 40 días en la Tierra con cuerpos nuevos, nos iremos con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, en el rapto o arrebatamiento de la Iglesia, que será en carros de fuego.

“… de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”

O sea que Él tiene el poder. El mismo poder que tiene y usa para sujetar a Sí mismo toda la Creación, usará para nuestra transformación.

Recuerden que Él cuando se fue, antes les dijo en San Mateo 28, versos 16 al 20: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.” O sea que Él tiene el poder. El que se siente en el Trono de Dios es el que tiene el poder de Dios para gobernar sobre toda la Creación.

Por eso Él decía en San Mateo, capítulo 26, verso 64, a los fariseos y saduceos que estaban allí, y a los sacerdotes que lo estaban juzgando, Él les dijo: “Veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra de Dios.” Sentarse a la diestra de Dios es sentarse con Dios en Su Trono.

Y en Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, Él confirma que se sentó; y los apóstoles y Esteban lo vieron sentado a la diestra de Dios, lo vieron en el Trono de Dios.

Apocalipsis, capítulo 3, versos 20 al 21, dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Si va a cenar, es en el tiempo de la tarde. Si fuera a desayunar, sería en el tiempo de la mañana, en el tiempo de San Pablo y de los apóstoles. Si era para almorzar, era el tiempo de los mensajeros que estaban en Europa; o sea, sería esa bendición para Europa. Y si es cenar, corresponde al Oeste, al continente americano, y sobre todo la parte (del continente americano) la parte latinoamericana y caribeña. Y eso corresponde para la Segunda Venida de Cristo.

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono…”

Esa bendición trataron de obtenerla, ¿quiénes? Juan y su hermano Jacobo. Por eso hablaron con su mamá y consiguieron que su madre fuera con ellos para que la petición fuera más fuerte. (Capítulo 20 de San Mateo, verso 20 al 26).

Y cuando llegan a donde Jesús… Recuerden que siempre que una persona se acerca a Jesús tiene alguna petición; pero primero rinde adoración y agradecimiento a Cristo. No va con la petición así: “Mira, quiero tal cosa,” como si Él fuera un esclavo nuestro. Somos nosotros esclavos de Su amor.

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

¿Ven? Él está dando testimonio de que ya Él se sentó con el Padre celestial en el Trono celestial.

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Oiga lo que Cristo en Espíritu Santo habla a Su Iglesia; porque todo el Mensaje de las diferentes edades es Cristo hablando a Su Iglesia por medio - al mensajero, y por medio del mensajero al pueblo.

Cada mensajero con su grupo administrará la parte del Reino de Dios que le corresponda; y la parte del Reino de Dios más importante es la del tiempo final. Por lo tanto, habrá una bendición grande para todos los creyentes en Cristo.

Los más cercanos a Cristo serán los del tiempo final, como los más cercanos al Mesías en Su Primera Venida fueron los que vivieron en el tiempo de Edad de Piedra Angular, que fue el tiempo del ministerio de Cristo nuestro Salvador.

A ellos fue, también, que les dijo: “Vosotros que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos y juzgaréis las doce tribus de Israel.” [San Mateo 19:28] Por lo tanto, todo lo que hagamos en pro del Programa Divino correspondiente a nuestro tiempo será recompensado por Cristo en Su Reino, trascenderá al Reino de Cristo. Por eso Él dijo: “Haced tesoros (¿dónde?) en el Cielo.”

Son tesoros que tendremos en el Cielo. El que hizo poco, ya usted sabe que recibirá de acuerdo a lo que haya hecho, como recompensa, aparte de la salvación y vida eterna; y el que hizo mucho, pero de todo corazón, desde lo profundo de su alma, de su corazón, tendrá mucho.

Recuerden que Cristo repartió talentos; y de acuerdo a como repartió fueron multiplicados por aquellos que lo recibieron, y de acuerdo a eso les fue dada ciudades para administrar.

O sea que al mensajero y al grupo de cada edad les son dados los talentos para trabajar en su tiempo. Y los que trabajan, recibirán recompensa; el que no hace nada, pues no puede recibir lo mismo que recibe el que trabajó en la Obra del Señor; será recompensado de acuerdo a sus obras.

“El que tiene oído (para oír), oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

Nuestro estudio bíblico de hoy domingo, 17 de julio del 2016, ha sido: “LA GRACIA DEL SEÑOR JESUCRISTO DERRAMADA A SUS HIJOS.”

“Por gracia sois salvos,” dice la Escritura. Por lo tanto decimos: “Por gracia somos salvos, por medio de la fe en Cristo nuestro Salvador.” Nosotros mismos no pudimos salvarnos. No es por méritos humanos, es por gracia, por la fe en Cristo nuestro Salvador.

Por lo cual, si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, puede recibirlo en estos momentos; y estaremos orando por usted para que Cristo lo reciba en Su Reino, lo perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado; y lo coloque en Su Iglesia, en Su Templo espiritual. Para lo cual puede pasar al frente.

En las demás naciones también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Dios tiene mucho pueblo en la bella Colombia, y los está llamando a Su Redil.

Muchas personas luchan por obtener una ciudadanía de otro país importante. La ciudadanía más grande, más importante que podemos recibir, es la ciudadanía del Reino de Dios, del Reino de Cristo. Por lo cual, todos los que nacen en Cristo, en el Reino de Cristo, tienen la ciudadanía del Reino de Dios, del Reino de Cristo, ciudadanía celestial; por eso reciben las bendiciones celestiales prometidas en la Escritura.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador en esta ocasión.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados, aquí y en los demás países:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego las recibas a todas en el Nombre del Señor Jesucristo, y les des vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra, por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo por cada uno de ustedes:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Extiende Tu gracia a mi alma, a todo mi ser.

Creo en Ti, y creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego y me perdones y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y Señor, me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento, que es la única esperanza de vida eterna. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora, los que están recibiendo a Cristo como Salvador aquí y en otros países, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque escuché el Evangelio de Cristo, nació la fe de Cristo en mi alma, y lo he recibido como mi único y suficiente Salvador, y Su gracia ha sido extendida hacia mí. ¿Cuándo me pueden bautizar?” Es la pregunta desde lo profundo de vuestro corazón.

El bautismo en agua es tipológico. En el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por eso es tan importante, porque estábamos en Él eternamente.

Cuando Él fue bautizado, estábamos en Él; cuando Él fue sepultado, estábamos en Él; cuando Él fue resucitado, estábamos en Él. O sea, nuestra alma estaba en Él. De Él hemos venido, y por eso pasamos por el mismo proceso que Él pasó. Y por eso, así como Él fue bautizado en agua, también somos bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Por eso el testimonio es que hemos muerto con Él, hemos sido sepultados con Él y hemos resucitado con Él. Así como nuestro padre terrenal, que estábamos en nuestro padre terrenal, antes de eso en nuestro abuelo, antes de eso en nuestro bisabuelo, hasta una cuarta generación antes de nosotros; y allá surgió la vida nuestra física; y ahora, para dondequiera que andaba nuestro abuelo en lo físico, andaba nuestro cuerpo representado en el gen que produciría este cuerpo físico que tenemos.

Por eso es que en Hebreos, capítulo 7, dice que cuando Abraham diezmó a Melquisedec en el capítulo 14 del Génesis, Leví estaba diezmando a Dios. Y Leví no había nacido todavía, ni el padre de Leví tampoco había nacido (que era Jacob), ni el abuelo de Leví tampoco (que era Isaac); solamente estaba Abraham. Por lo tanto, eso nos muestra que Abraham tenía hijos y que recibirían las promesas que Dios le dio a Abraham.

Así como en lo espiritual se cumplen muchas cosas, en lo material también. En lo espiritual nacemos de Cristo porque estábamos en Él eternamente, así como en nuestro padre terrenal estábamos también.

Por eso en el bautismo en agua está representada la muerte, sepultura y resurrección nuestra. Cuando Cristo murió, fue sepultado y resucitó, estábamos en Él y con Él. Y ahora, en el bautismo en agua se representa todo eso.

Como en la Santa Cena también (la cual es tipológica) se representa… Por ejemplo, en el Lavatorio de Pies se representa que cada creyente en Cristo cuando falla, lo confiesa a Cristo y Cristo lo limpia de todo pecado que le ha confesado. Ya aun siendo la persona un creyente, que en el camino comete errores, pues Cristo lo perdona cuando lo confiesa a Cristo. Si no lo confiesa, no queda perdonado.

Y encontramos que Cristo nos limpió de todo pecado, y por eso no tenemos que volver a ser bautizados repitiendo el bautismo en agua. Solamente en el Lavatorio de Pies se representa que Él nos limpió de todo pecado que hemos cometido en el camino de la vida cristiana, cuando lo confesamos a Cristo.

Pedro no quería que lavara sus pies, y le dijo a Cristo: “No lavarás mis pies jamás.” Pero Cristo le dice: “Si no te lavo los pies, no tendrás parte conmigo.” —“Entonces hasta la cabeza.” Porque el que busca hacer las cosas en la voluntad de Dios y las bendiciones de Dios, siempre hará lo que Cristo dice. Siempre haremos nuestra voluntad; y nuestra voluntad es: hacer la voluntad del Señor. Para eso se usa el libre albedrío. Elegimos a Cristo y con Cristo nos quedamos para hacer Su voluntad.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados los que han recibido a Cristo como Salvador, en esta ocasión aquí presentes y en otros países. Y que Cristo les bendiga y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos encontraremos juntos en la resurrección y en la transformación, y viviremos en el Reino de Cristo por el Milenio y por toda la eternidad.

Esa ha sido la lección más importante de nuestra vida, y para eso es que Él nos envió a esta Tierra: para elegir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador; para eso fue extendida la gracia de Dios por medio de Cristo a nosotros.

“LA GRACIA DEL SEÑOR JESUCRISTO DERRAMADA A SUS HIJOS.”

Que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Y nos continuaremos viendo, porque estaré acá el próximo domingo en el lugar correspondiente, y el otro domingo también (parece, tres domingos con hoy). Y si aparece otro domingo se los diremos.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, en este estudio bíblico de domingo de escuela bíblica, donde hemos tratado el tema de: “LA GRACIA DEL SEÑOR JESUCRISTO DERRAMADA A SUS HIJOS.”

Que Dios les bendiga y les guarde; y dejo con ustedes al reverendo Martín. Muchas gracias.

“LA GRACIA DEL SEÑOR JESUCRISTO DERRAMADA A SUS HIJOS.”

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