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Muy buenas noches, amados hermanos y amigos, ministros y congregaciones presentes y las que están en diferentes naciones. Y un saludo muy especial para la Iglesia allá en Puerto Rico y el reverendo José Benjamín Pérez. Que Dios les bendiga grandemente a todos y nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos en Efesios, capítulo 2, verso 8; y en Segunda de Corintios, capítulo 6… El capítulo 2, verso 8… Vamos a leer un poco antes: verso 1 en adelante, para tener el cuadro claro. Dice:

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,

entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 

aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),

y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,

para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;

no por obras, para que nadie se gloríe.

Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

Y en Segunda de Corintios, capítulo 6, verso 1 al 2, dice:

“Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios.

Porque dice:

En tiempo aceptable te he oído,

Y en día de salvación te he socorrido.

He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.”

“LA GRACIA DEL SEÑOR JESUCRISTO DERRAMADA A SUS HIJOS,” es nuestro tema de introducción para la escuela bíblica y estudio bíblico del próximo domingo, que será también como tema de estudio bíblico: “LA GRACIA DEL SEÑOR JESUCRISTO DERRAMADA A SUS HIJOS.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Por gracia somos salvos. Desde antes de la fundación del mundo nosotros estábamos en Dios, así como nuestro cuerpo físico estaba en nuestro padre terrenal; y por medio de la unión de nuestro padre con nuestra madre fue concebido en el vientre de nuestra madre, y luego de unos nueve meses, normalmente, nació nuestro cuerpo físico. Pero vean cómo vino: vino de nuestro padre terrenal; y antes de eso estaba en nuestro abuelo, y antes de eso estaba en nuestro bisabuelo. O sea que unas cuatro generaciones antes de nosotros aparecer, ya estábamos, nuestro cuerpo físico, los genes o gen que formaría nuestro cuerpo físico.

¿Recuerdan en Hebreos, capítulo 7?, que dice que cuando Melquisedec le apareció a Abraham (por el capítulo 14 del Génesis), Abraham pagó a Melquisedec los diezmos de todo, y Melquisedec le dio pan y vino a Abraham. Y en Hebreos, capítulo 7, dice que cuando Abraham diezmó, Leví (que estaba en los lomos de Abraham) diezmó.

O sea que lo que hacía Abraham, toda la descendencia de Abraham lo estaba haciendo; porque estaba en Abraham, como un atributo, cada uno de los descendientes de Abraham.

Y así como fue allá, ahora encontramos que en el segundo Adán estábamos nosotros eternamente; por eso encontramos que estábamos en Dios, de Dios hemos venido, y a Dios volvemos para recibir las bendiciones divinas y ser restaurados a la vida eterna, de donde hemos venido.

El Orden para venir a la Tierra con vida eterna física es primero venir del atributo divino al cuerpo teofánico, al cuerpo angelical; como sucedió con Adán, que antes de tener el cuerpo físico tenía el cuerpo angelical; y como sucedió también con el segundo Adán, Jesucristo, que antes de tener el cuerpo físico tenía Su cuerpo angelical, el cual era el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová de Éxodo, capítulo 23, verso 20 al 23.

El Ángel del Pacto que le apareció a Moisés era nada menos que Cristo en Su cuerpo angelical. Por eso en Zacarías y otros lugares como Malaquías, capítulo 3, dice: “Y vendrá súbitamente a Su Templo el Señor, el Ángel del Pacto, a quien deseáis vosotros.”

El Ángel del Pacto es Cristo en Su cuerpo angelical; y Cristo en Su cuerpo físico es el Ángel del Pacto hecho carne para llevar a cabo la redención del ser humano en la Cruz del Calvario, el cual ya tiene Su cuerpo glorificado.

Ese es el Orden para venir con vida eterna; pero nosotros hemos venido a la Tierra: del atributo divino al cuerpo físico, y hemos recibido un cuerpo angelical o cuerpo espiritual del mundo, del reino de las tinieblas, y por consiguiente se requiere un nuevo nacimiento para vida eterna. Por eso se recibe el Espíritu de Cristo, y así la persona entra al Programa de vida eterna.

Esos son los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo, esos son los que por gracia son salvos, los cuales y para los cuales todas las cosas obran a bien; y que siempre desean como Cristo, hacer la voluntad del Padre.

Por gracia somos salvos, por la fe en Cristo nuestro Salvador. No porque hayamos hecho alguna cosa por la cual nos sea otorgada la vida eterna, sino por gracia, creyendo en Cristo.

Al creer en Cristo como Salvador hemos obtenido la salvación y vida eterna, para vivir con Cristo en Su Reino por toda la eternidad. Por eso se requiere el nuevo nacimiento, como le dijo Cristo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” [San Juan 3:5]

Con el nacimiento físico que hemos obtenido, entramos a este reino terrenal, que es el reino de las tinieblas; y con el nuevo nacimiento hemos entrado al Reino celestial, al Reino de Cristo, y estamos sentados en lugares celestiales en Cristo y con Cristo en Su Reino. Por eso es que en Colosenses, capítulo 1, nos habla de estas cosas tan importantes del Reino de Dios.

Por medio del nuevo nacimiento entramos al Reino de Dios, nacemos en el Reino de Dios. Vean, Colosenses, capítulo 1, versos 12 en adelante, dice:

“…Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

Y ahora, podemos ver que hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al Reino de Cristo nuestro Salvador, el Reino que está en la esfera espiritual; y está, cada creyente en Cristo de cada etapa de la Iglesia, en ese Reino, de edad en edad.

Por eso cuando parte un creyente en Cristo, va al Paraíso, a la dimensión de los espíritus; y luego, en la resurrección de los muertos creyentes en Cristo, obtendremos la glorificación del cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y joven para toda la eternidad; y los que estemos vivos en ese momento, en ese tiempo, seremos transformados; y entonces todos seremos como Dios lo vio desde antes de la fundación del mundo.

Y todo eso no es porque tengamos méritos personales para obtener esa bendición de vida eterna; es por gracia divina, por gracia, por la fe en Cristo nuestro Salvador. Es por elección divina, elegidos desde antes de la fundación del mundo para vida eterna; por eso hemos entrado al Programa de vida eterna.

Por gracia somos salvos, dice el apóstol San Pablo. No es por nuestros méritos humanos, sino por la fe en Cristo, el cual murió por nosotros en la Cruz del Calvario para llevar a cabo la Obra de Redención y colocarnos en Su Reino celestial, en lugares celestiales en Cristo Jesús.

Por gracia somos salvos, por la fe en Cristo.

Cristo dijo: “El que es de Dios, la Voz de Dios oye.” [San Juan 8:47] La Palabra, el Mensaje de Dios, escucha; y nace la fe de Cristo en su alma, recibe a Cristo como Salvador, es bautizado en agua en Su Nombre; y Cristo lo bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en la persona el nuevo nacimiento.

El Espíritu de Cristo se está manifestando de edad en edad en Su Iglesia; y por medio de Su Iglesia en Su manifestación correspondiente a cada tiempo, está reproduciéndose en hijos e hijas de Dios, para luego, en el Día Postrero, darnos el cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado; lo cual será la redención del cuerpo de la cual habla en Romanos, capítulo 8, verso 14 al 39; y Efesios, capítulo 4, verso 30, donde dice: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.” La redención del cuerpo: la transformación de los vivos y la resurrección de los muertos en Cristo, los cuales por gracia han recibido la salvación y vida eterna por la fe en Cristo nuestro Salvador.

Habrá un grupo de creyentes en Cristo en el Día Postrero, en el tiempo de la resurrección de los muertos en Cristo, que estarán vivos en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo, en la edad correspondiente a este tiempo final, que es la Edad de la Piedra Angular, la Edad Mesiánica, la edad para la Venida de Cristo y para la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que estarán vivos en ese momento.

Si alguno se va antes, no tiene problema, le esperamos en su regreso; porque cuando regrese vendrá nuevamente para estar con nosotros y será una prueba de la resurrección de los muertos en Cristo. Pero las personas que partieron o que partan de nuestro tiempo y tengan más de 21 años de edad (digamos 30, 40, 50, 60, 70, 80, 90 o 100 años), no los vamos a esperar como unos ancianos, sino jóvenes de 18 a 21 años de edad; y cuando los veamos seremos transformados, y entonces seremos todos jóvenes para toda la eternidad, con vida eterna.

Y por cuanto tendremos vida eterna física, será juventud eterna, como nuestro Señor Jesucristo que está tan joven como cuando subió al Cielo el día que fue arrebatado; y juntamente con Él subieron los santos del Antiguo Testamento, los santos del Pacto Antiguo.

Y ahora, bajo la Dispensación de la Gracia los creyentes en Cristo pertenecen al Nuevo Pacto, y son simiente de Abraham, la simiente de Abraham con la bendición de Abraham, con la bendición del Nuevo Pacto; para, por fe, ser creyentes en Cristo y ser transformados en el Día Postrero.

Estamos en el tiempo final, en el Día Postrero, que es el séptimo milenio de Adán hacia acá; hemos entrado a ese ciclo divino en donde de un momento a otro ocurrirá la resurrección de los muertos en Cristo en la Venida del Señor, y la transformación de los que estamos vivos, para ir luego con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Pero los santos de edades pasadas y los santos, los creyentes de este tiempo, tendrán un tiempo de manifestación plena de Dios en su medio, en donde en el amor divino, en la Edad del Amor Divino ―que es la Edad de Piedra Angular y es la Edad Mesiánica― Dios se manifestará en toda Su plenitud. Veremos esa etapa que será cumplida en una Gran Carpa Catedral.

Por lo tanto, ya eso fue mostrado por Dios al reverendo William Branham, el mensajero de la séptima etapa o edad de la Iglesia gentil. Él trató de que Dios lo usara para el cumplimiento de esa Visión, pero no le correspondía a él; porque eso corresponde al tiempo final, Día Postrero, en la Edad de Piedra Angular, con el pueblo correspondiente a esa Edad de Piedra Angular; los cuales por gracia también son salvos, y obtendrán todas las bendiciones de Dios correspondientes a este tiempo final, las cuales están escritas, prometidas.

Algunos se preguntan qué Dios estará haciendo en este tiempo  final. Sencillo: lo que Él ha prometido en Su Palabra llevar a cabo. Y estará manifestándose en medio de los creyentes del Día Postrero, la edad correspondiente, que es la Edad de Piedra Angular.

Por lo tanto, al comprender que por gracia hemos recibido la salvación y vida eterna al creer en Cristo como nuestro Salvador, le damos gracias a Dios por esa bendición tan grande. Nada hicimos para merecer la gracia del Señor, nada hicimos para pertenecer a la Iglesia del Señor. Dios lo ha hecho todo. Lo único que hemos hecho es creer en Cristo como nuestro único y suficiente Salvador cuando hemos escuchado la predicación del Evangelio de Cristo; porque la fe viene por el oír la Palabra, y esto es don de Dios.

Por lo tanto estamos agradecidos a Dios por esa bendición: por la gracia del Señor Jesucristo derramada en nuestros corazones, por la fe en Cristo.

Dios está juntando a Sus escogidos del Nuevo Pacto, que son los que forman la Iglesia del Señor Jesucristo; y cuando haya colocado en Su Iglesia hasta el último escogido, luego vendrá la manifestación plena de Dios: Cristo saldrá del Trono de Intercesión en el Cielo y hará Su Obra de Reclamo al tomar el Libro de los Siete Sellos, y manifestará todo Su poder en Su Iglesia; y entonces estará cerrada la Puerta; pero habrá una manifestación plena de Dios, en donde la fe para ser transformados y raptados vendrá a ser manifestada en los creyentes en Cristo en el Día Postrero; para lo cual, los Siete Truenos de Apocalipsis 10 nos darán esa revelación en el tiempo final.

“LA GRACIA DEL SEÑOR JESUCRISTO DERRAMADA A SUS HIJOS.”

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y le llene con Su Espíritu en este tiempo final. Para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que estarán recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, para recibir la salvación por gracia de parte de Dios a través de Cristo nuestro Salvador.

Dios tiene mucho pueblo acá en Panamá, y los está llamando en este tiempo final; y tiene mucho pueblo en todo el Caribe, en toda la América Latina, en Norteamérica también y en otras naciones, y los está llamando en este tiempo en el cual nos ha tocado vivir a nosotros, para, por gracia, salvarlos al creer en Cristo como único y suficiente Salvador, y colocarlos en Su Reino en lugares celestiales en Cristo Jesús.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Recuerden que lo más importante es la salvación del alma. El ser humano es alma viviente. Cristo dijo: “¿De qué le vale al hombre si ganare el mundo y perdiere su alma?, ¿o qué recompensa dará el hombre por su alma?” [San Mateo 16:26]

Es importante saber cómo está compuesto el ser humano: el ser humano es alma viviente. Lo más importante es el alma, porque eso es lo que en realidad es la persona: alma viviente; y tiene espíritu y tiene cuerpo. Por lo tanto, el ser humano es alma, espíritu y cuerpo.

Es la salvación del alma lo más importante para el ser humano, y es por gracia que el ser humano es salvo, por la fe en Cristo nuestro Salvador.

Vamos a inclinar nuestros rostros para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como Salvador aquí en Panamá y en otras naciones. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración que estaré haciendo por todos los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché Tu Palabra, Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único nombre dado a los hombres en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados, y reconozco que soy pecador.

Escuché Tu Palabra, Tu Evangelio, y nació Tu fe en mi corazón.

Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego me perdones, perdona mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino. Te ruego, Padre celestial, te ruego se haga una realidad en mí, la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén y amén.

Y ahora, los que han recibido a Cristo como Salvador aquí y en otros países, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Porque Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor, cuando el ministro luego le corresponda continuar aquí, les indique cuándo pueden ser bautizados, si tienen… (¿No tienen aquí el bautisterio?)

El domingo próximo, los que están aquí en Panamá pueden ser bautizados. Y en otras naciones, si tienen listos los bautisterios en las congregaciones, pueden ser bautizados en estos momentos; como el ministro allá les indique, allá en su país.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión.

Que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo Ariel Cerrud a continuación, y en cada país dejo al ministro correspondiente a continuación.

Que Dios les bendiga, y pasen todos muy buenas noches.

“LA GRACIA DEL SEÑOR JESUCRISTO DERRAMADA A SUS HIJOS.”

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