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Muy buenos días, amables amigos y hermanos, ministros y congregaciones aquí en Colombia y en diferentes naciones. Un saludo especial para el doctor Miguel Bermúdez Marín: que Dios te bendiga, Miguel, y te use siempre grandemente en Su Obra en este tiempo final.

Un saludo también para el coordinador nacional de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en Paraguay, abogado William Paras y su esposa Kárita Machado de Paras; y a todos los coordinadores regionales allá en Paraguay y todos los Activistas por la Paz allá en Paraguay, los cuales están preparando la Cumbre CUMIPAZ 2016-Paraguay.

Todo allá en Paraguay saldrá bien. Consigan los auspiciadores también para la Cumbre Paraguay-2016, que se llevará a cabo este mismo año. Y todo el apoyo que le dan a esa Cumbre es importante para el éxito de esa Cumbre Paraguay-2016. Deseamos que sea igual o mayor que la que se llevó en Chile el año pasado. Hay mucho trabajo para hacer en los preparativos y luego en la Cumbre, pero ustedes son el mejor equipo que hay en el mundo. Ustedes allá en Paraguay respaldados por los demás países, con el coordinador nacional de cada país respaldándoles también.

También, en algunos países desde ayer, hoy y otros días, han estado teniendo y tendrán un almuerzo pro fondos para la EMAP, para la Embajada Mundial de Activistas por la Paz, lo cual es muy apreciado por todos los que participan, han participado y participarán en ese almuerzo, porque lo hacen de todo corazón.

En el mundo hoy hay mucha expectativa de las elecciones en los diferentes países, y sobre todo las elecciones de Norteamérica. Hay una profecía dada por el reverendo William Branham acerca de Norteamérica, de una mujer levantándose con el poder político; y también de que habrá un presidente, otro presidente católico. Puede cumplirse en lo espiritual o en lo literal. Por lo tanto esperen. Cuando vean que se cumpla en una de las dos formas, esa era la interpretación a esa profecía. De lo cual no vamos a hablar por ahora, sino que vamos a esperar un poquito. Eso será una señal grande del fin y para el fin del reino de los gentiles, y para la introducción al Reino del Mesías, el Reino Milenial; y la introducción, veremos más adelante cómo está prometida que será llevada a cabo esa introducción del Milenio.

Leemos en San Juan, capítulo 9, verso 1 en adelante, donde dice:

“Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento.

Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?

Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.

Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.

Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema de escuela bíblica para esta ocasión es: “LAS OBRAS DE JESUCRISTO EN MEDIO DE SU IGLESIA.”

Que Dios nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender.

Las obras de Jesucristo en medio de Su Iglesia son la manifestación, la realización de las promesas divinas para ser cumplidas en y a través de Su Iglesia, y en Su Iglesia, durante la Dispensación de la Gracia, y luego durante la Dispensación del Reino se sigue con las obras correspondientes a la Dispensación del Reino.

Para cada dispensación hay Palabra prometida para ser cumplida; por ejemplo, tenemos el caso de la promesa que fue hecha a Abraham, que su simiente sería esclava en tierra ajena pero a los cuatrocientos años Dios los libertaría con mano poderosa. Génesis, capítulo 15, verso 15 en adelante. Capítulo 15, verso 12 en adelante, dice:

“Mas a la caída del sol sobrecogió el sueño a Abram, y he aquí que el temor de una grande oscuridad cayó sobre él.

Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años.

Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez.

Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.”

Aquí tenemos la promesa del cautiverio de la descendencia de Abraham en tierra ajena, y ya sabemos que esa tierra fue Egipto; para lo cual hubo motivos por los cuales tuvieron que llegar hasta allí: por vender a su hermano José, las tribus… alguno de las tribus… se le cuenta a las cabezas de tribu, a los hijos de Jacob, que vendieron a su hermano José porque siempre estaba dando a conocer los sueños y visiones que recibía, y se llenaron de celo.

Es que él tenía las dos conciencias juntas y por consiguiente podía ver en otra dimensión (la dimensión de los espíritus) y oír la voz de los Ángeles mensajeros que le eran enviados, como a Gabriel y Miguel, y podía decir las cosas que iban a suceder. Y como siempre aparecía él en una posición mayor que los demás, los demás hermanos, representados en los manojos, y su padre y su madre representados en el sol y la luna arrodillándose, inclinándose delante de él… lo cual lo presentaba entonces como príncipe, delante del cual tenían que humillarse, tenían que arrodillarse. También… Eso fue en los manojos, y en el sol y la luna y las estrellas también. Doble confirmación de la posición que en el Programa Divino ocuparía José. No que él la buscó, sino que fue elegido por Dios y predestinado por Dios para esa posición.

Y algo muy importante es que José pertenece a la tribu de Efraín. Vamos a verlo después, porque José es hijo de la esposa que Jacob amaba, de la amada; y la bendición de la primogenitura vendría sobre la descendencia de José.

Por eso José tiene a Efraín y a Manasés. Manasés es el mayor, Efraín el menor. Por lo tanto, al mayor le toca la bendición de la primogenitura, pero con el cruce de manos que hizo José y también Jacob… Aunque no parece que José hizo cruce de manos, pero sí, así sucedió; porque colocó a Efraín y a Manasés delante de Jacob para que le echara la bendición, y quedó delante de Jacob, a su diestra, Efraín.

Por lo tanto, la bendición de la derecha le tocó a Efraín, aunque estaba a la diestra de José, Efraín; pero el que iba a bendecir no era José, era Jacob, el que le correspondía echar la bendición de la primogenitura y luego la otra bendición. Y José se molestó con Jacob, porque creyó que porque estaba ciego, o medio ciego, no estaba viendo bien; pero un profeta siendo con vista o sin vista, él está viendo en otra dimensión; y ahí no hay ciegos, en la dimensión de Dios.

Y Jacob le dice: “Hijo mío, lo sé.” Él muestra que Dios ha cruzado Sus manos en una ocasión, y le echó la bendición de la primogenitura a Efraín.

Si buscamos en las bendiciones que son echadas sobre cada uno de los hijos de Jacob y sobre las tribus de cada uno de los hijos de Jacob, encontramos que la bendición más grande es la de José: bendición del Cielo y de la Tierra. Y por consiguiente, Israel nunca podrá llegar a ser el Gobierno, o el lugar de la capital del mundo - Jerusalén, como la capital, y el territorio de Israel como Distrito Federal, si no tiene la bendición de la primogenitura que le corresponde a Efraín. Sin esa bendición desaparecería Israel.

Y esa bendición la trae el Mesías en Su Venida en el Día Postrero, juntamente con la bendición de Judá, para la introducción al Reino Mesiánico, al Reino del Mesías; y para bendición también de la Iglesia del Señor Jesucristo, que es la Iglesia del Nuevo Pacto, el pueblo del Nuevo Pacto, el cual ha estado saliendo como salió Israel de Egipto, ha estado saliendo del reino de las tinieblas y siendo colocados en la tierra prometida del Reino de Dios, del Reino de Cristo.

Como nos dice la Escritura en Colosenses, capítulo 1… Capítulo 1 de Colosenses, para que sepamos dónde son colocadas las personas que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.

Recordemos que en la entrevista que tuvo Nicodemo con Jesús una noche, Nicodemo le dice: “Sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer las cosas que Tú haces si Dios no está con Él.” (San Juan, capítulo 13, verso 1 al 6).

¿Qué estaba viendo Nicodemo? Que estaba haciendo las obras de Dios que estaban prometidas para aquel tiempo, las estaba haciendo un hombre llamado Jesús, carpintero de Nazaret. Y como la profecía también decía que era de Belén, y ellos no sabían la historia del nacimiento de Jesús en Belén de Judea, Dios ocultó ese misterio de la Primera Venida de Cristo durante veintinueve años y medio.

Estaba allí la Venida del Mesías, el Mesías estaba allí; pero Su ministerio mesiánico no había comenzado hasta que Juan lo bautizó y fue ungido con el Espíritu de Dios, para el Espíritu de Dios ministrar a través de Él y cumplir las profecías correspondientes al tiempo de la Primera Venida del Mesías.

Vean, Colosenses, capítulo 1, verso 12 en adelante:

“…Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.”

¿De dónde nos ha sacado? Del reino de las tinieblas, del reino del maligno, y nos ha colocado en el Reino de Cristo.

Recuerden que Él es el Rey de reyes y Señor de señores; y si es Rey, tiene un Reino. Y a ese Reino pertenecen todos los creyentes en Cristo, nacidos de nuevo en la edad que les ha tocado vivir.

Y ahora, hablando de Cristo, dice:

“El es la imagen del Dios invisible…”

La imagen es el cuerpo angelical, el cuerpo teofánico, llamado también el Espíritu Santo o Ángel del Pacto, que libertó por medio del profeta Moisés al pueblo hebreo, que estaba esclavizado en Egipto.

Vean, para Dios cumplir esa profecía de Génesis, capítulo 15, versos 12 en adelante, para Dios cumplirla —Él dijo que los libertaría— tuvo un hombre llamado Moisés, en el cual se veló en carne humana para llevar a cabo la Obra correspondiente a aquel tiempo (de la liberación); y por medio de él habló al pueblo, le hablaba a Moisés y Moisés le hablaba al pueblo.

Porque Dios era Dios para Moisés, pero Moisés era Dios para Aarón y para el pueblo hebreo; porque era la boca de Dios a través del cual Dios en Espíritu… o sea, el Ángel del Pacto, y en palabras de este año y de este siglo: Jesucristo, el Ángel del Pacto en Espíritu Santo libertando al pueblo hebreo, usando un velo de carne llamado Moisés, un profeta dispensacional.

Recuerden que Cristo dijo: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” (San Juan, capítulo 8, versos 54 al 58). Una tremenda revelación de quién era Cristo, y por poco lo matan, por poco lo apedrean. O sea que no todo el mundo desea saber la verdad.

Y la verdad es la verdad, les guste o no les guste a las personas; y sobre todo la verdad divina, el Programa Divino correspondiente al tiempo en que a la persona le toca vivir.

Ahora vean cómo Cristo habla de Su existencia antes de nacer en Belén de Judea; porque lo que nació en Belén de Judea fue la semejanza física, el cuerpo físico, donde Dios con Su cuerpo angelical, que es el Espíritu Santo, habitó y ministró por tres años y medio; ese es el cuerpo, la semejanza física de Dios.

Por ejemplo, si una persona quiere ver a Dios… Vean, Jacob dijo: “Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.” Pero vamos a ver más adelante lo que nos dice acerca de esta verdad que está hablando: capítulo 32, verso 24 al 32, dice… Esto fue cuando Jacob iba de regreso para la tierra prometida con sus esposas y sus hijos y algunos nietos. Ya iba una nación representada en Jacob y su familia. Capítulo 32, verso 21 en adelante, dice [Génesis]:

“Pasó, pues, el presente delante de él; y él durmió aquella noche en el campamento.”

O sea, estuvo mandándole regalitos, presentes, a su hermano Esaú, para que no lo atacara con los cuatrocientos o cuatrocientos cincuenta que venían con Esaú para enfrentarse a Jacob, porque le había robado la bendición de la primogenitura. Le tocaba a Jacob, por eso Dios respaldó a Jacob.

El peor negociante fue Esaú y el mejor comerciante fue Jacob, que por un plato de lentejas le compró la primogenitura a su hermano Esaú; y luego, cuando supo que su padre iba a echar la bendición de la primogenitura, como ya él tenía el negocio hecho y había pagado ya por el negocio, pues le tocaba a Jacob. No sabía lo que estaba haciendo (Esaú), pensaba terrenalmente. Jacob pensaba celestialmente y terrenalmente también.

La bendición de Dios es la que enriquece, la bendición de Dios es lo que permanece; por eso siempre el creyente en Cristo trata de que lo que hace en la Obra de Cristo trascienda al Reino de Cristo, porque allá encontrará su recompensa, en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Para eso es que Dios nos da bendiciones, para eso es que nos da talentos, para eso es que nos prospera espiritualmente y materialmente: para que trabajemos en el Reino que nos corresponde, el Reino de Cristo, que es al cual nosotros pertenecemos como creyentes en Cristo nacidos en ese Reino.

Hemos sido trasladados del reino de las tinieblas al Reino de Cristo; y por consiguiente, todo lo que hagamos en el Reino de Cristo en medio de Su Iglesia ―la cual es y está en el Reino de Cristo―, será recompensado en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Recuerden que en una ocasión los judíos le preguntaron (los discípulos): “Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué tendremos nosotros?” O sea: “¿Qué tendremos en el Reino?”

—“En el Reino tendrán cien veces más de lo que han hecho; y se sentarán sobre esos tronos en el Reino y juzgarán a las doce tribus de Israel.” [San Mateo 19:27]

Ya les repartió esa posición, por lo tanto nadie tiene derecho a reclamar que lo coloquen como juez.

Viene el tiempo de los jueces de nuevo, que corresponde a la teocracia; y viene también la etapa de la monarquía, que corresponde al Reino de David que será establecido en la Tierra por mil años.

Ahora, continuemos aquí:

“Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jacob.

Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía.

Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.

Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

Y dijo (el Ángel): Déjame, porque raya el alba…”

Recuerden que este encuentro fue al estar o al rayar el alba.

“Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices (buscando siempre Jacob la bendición de Dios).

Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.

Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.”

Siempre los profetas han deseado conocer el Nombre de Dios. Por ejemplo, Moisés también dijo en una ocasión, por el capítulo 3 del Éxodo: “Si ellos me preguntan: ¿Cuál es Tu nombre, qué les responderé?” Y Dios le dijo que le dijera al pueblo: “Yo Soy el que soy. Yo Soy me envió a vosotros.” [Éxodo 3:13-14]

Pero Moisés llegó a saber el Nombre de Dios, por eso se lo colocó a Josué. Josué es Salvador, y el Nombre del Mesías es Salvador.

“Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.

Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera.

Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo (le dio un calambre), el cual está en el encaje del muslo; porque tocó a Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo.”

Ahora vean cómo Jacob dice que vio a Dios cara a cara y fue librada su alma.

Hay otro lugar donde nos dice también… Jueces, capítulo 13. Eso fue cuando los padres de Sansón… los cuales no tenían hijos y estaban ya con unos añitos; el Ángel le dijo que iban a tener un niño y que le pusieran por nombre Sansón; y que sería nazareno toda la vida, se dejaría el cabello largo.

Él se hacía los rizos (siete guedejas, siete rizos), en los cuales estaba representado el poder de Dios que era manifestado en Sansón. Cuando se los cortaron perdió la fuerza, porque perdió aquello que representaba el poder de Dios en él. Del verso 15 en adelante, del capítulo 13, dice, de Jueces:

“Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová…”

Recuerden que es el Ángel de Jehová, conocido por nosotros cariñosamente como Jesucristo en Su cuerpo angelical. Cristo en Su cuerpo angelical es el Espíritu Santo. Recuerden que Él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” Esto es en Espíritu Santo, en Su cuerpo angelical. “Y donde estén dos o tres reunidos en mi Nombre (Él dice), allí yo estaré.” San Juan, capítulo 28, verso 20; y San Juan, capítulo 18, verso 20.

Tenemos que conocer quién es nuestro Salvador, tenemos que conocer quién es Dios en toda Su plenitud, quién es Dios en imagen y semejanza; porque Dios creó al hombre, al ser humano, a Su imagen, cuerpo angelical, cuerpo teofánico (o sea, en espíritu, cuerpo espiritual); y a Su semejanza. La semejanza física es el cuerpo físico de Jesucristo, el cual ya está transfigurado.

“Entonces Manoa dijo al ángel de Jehová: Te ruego nos permitas detenerte, y te prepararemos un cabrito.

Y el ángel de Jehová respondió a Manoa: Aunque me detengas, no comeré de tu pan; mas si quieres hacer holocausto, ofrécelo a Jehová. Y no sabía Manoa que aquél fuese ángel de Jehová.”

No sabía que era el Ángel de Jehová; pensó que era un común, importante, pero no sabía que era el cuerpo angelical de Dios, la imagen del Dios viviente, el Espíritu Santo, el cuerpo espiritual de Dios.

“Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos?

Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable?

Y Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre una peña a Jehová; y el ángel hizo milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer.

Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra.

Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová.”

¡Qué susto! No sabía con quién estaba hablando. Estaba hablando con Dios en Su cuerpo teofánico, cuerpo angelical, que es un Espíritu, el Espíritu Santo; el Espíritu Santo por medio del cual Dios creó todas las cosas.

Por eso dice en Colosenses, capítulo 2, que por medio de Él, de Cristo, Dios creó las cosas que se ven y las que no se ven; y en Hebreos, capítulo 11, también. Creó los Cielos y la Tierra; toda la Creación fue hecha por Dios a través y por medio de Su cuerpo angelical, que es el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios.

“Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto.”

Recuerden que la Biblia dice: “A Dios nadie le vio jamás.” [San Juan 1:18] Y también Dios le dijo a Moisés: “No me verá hombre y vivirá.” Pero cuando pasó frente a Moisés, Dios colocó a Moisés en la roca, en una grieta de la roca, mientras Dios pasaba; y le dice a Moisés: “No vas a ver mi rostro, porque no me verá hombre y vivirá. Verás mis espaldas.” Y cuando pasó vio las espaldas como las espaldas de un hombre. ¿Qué vio? A Dios en Su cuerpo angelical pasando delante de Moisés. [Éxodo 33:20-23]

Y ahora, Manoa y Jacob dijeron que vieron a Dios cara a cara; pero vamos a ver lo que nos dice San Juan, capítulo 1, con relación a esa verdad. San Juan, capítulo 1, verso 18, dice:

“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”

A Dios nadie le ha visto jamás; pero la Escritura dice que también Jacob y Manoa vieron a Dios. Entonces, si no ha visto a Dios nadie, ninguna persona, ¿cómo es que Manoa y Jacob dicen que vieron a Dios? Vieron a Dios en Su cuerpo angelical, en teofanía, cuerpo teofánico, que es un cuerpo espiritual, de otra dimensión. Esa es la imagen de Dios. Vieron a Dios en Su imagen, vieron la imagen de Dios.

Es como cuando nos vemos el uno al otro. No nos estamos viendo, porque somos almas vivientes; pero sí estamos viendo el cuerpo físico, la semejanza física que tenemos, y decimos: “Vi a fulano de tal”; pero lo que vio fue la semejanza física de la persona, que algunas veces la puede cambiar.

En la resurrección será cambiada al ser glorificado cada creyente en Cristo por un cuerpo glorificado, eterno, inmortal, incorruptible, como el cuerpo glorificado que tiene Cristo. Como es Cristo en Su cuerpo glorificado, la semejanza física de Dios, serán también los creyentes en Cristo; porque todos somos hijos de Dios por medio del segundo Adán: Jesucristo.

Y ahora, la forma en que Dios se ha dado a conocer a través de la historia de la Biblia, la historia bíblica, la historia del ser humano, de la raza humana, comenzando desde Adán hasta nuestro tiempo, es por medio de Cristo, de Su imagen; y luego en la Venida del Mesías dos mil años atrás, por medio de Su semejanza física, a través de la cual cumplió las promesas correspondientes a la Primera Venida de Cristo.

Por eso Cristo decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” [San Juan 14:9] ¿Qué estaba viendo? ¿Al Padre? Al Padre lo estaba viendo vestido dentro del cuerpo angelical con el cuerpo físico, en el cuerpo físico llamado Jesús.

Por eso Cristo podía decir: “El Padre y yo una cosa somos.” [San Juan 10:30] No tres personas, sino una sola persona: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Y el ser humano es alma, espíritu y cuerpo. Ahí está el misterio del ser humano como el misterio de Dios; porque Dios creó al ser humano a Su imagen y a Su semejanza física, que tendría cuando estuviera encarnado en la persona del Mesías en Su Primera Venida.

Por eso las obras que Dios llevaría a cabo desde la Creación serían llevadas a cabo por medio de Cristo. Por medio de Cristo creó todas las cosas. Veamos a ver si… qué dice Hebreos, capítulo 1. Capítulo 1, verso 1 en adelante, dice:

“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas…”

¿Por qué por los profetas? Porque todavía no tenía el cuerpo físico, la semejanza física, la cual estaba siendo representada en los profetas; y por eso cuando tuviera Su semejanza física manifestada en la Tierra, sería un profeta también: Hijo del Hombre; porque el título del Hijo del Hombre es título de profeta. Cuando se menciona Hijo del Hombre se está mencionando un profeta.

Por eso cuando vino en carne humana dos mil años atrás, Él decía “el Hijo del Hombre”, refiriéndose a Sí mismo como profeta. Los velos de carne a través de los cuales Dios hablaba era por medio de los profetas; y cuando se hizo carne Dios, era un profeta también el velo de carne a través del cual habló y cumplió las profecías correspondientes a la Primera Venida de Cristo para la Obra de Redención en la Cruz del Calvario.

“…en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo…”

Muchas personas, Gobiernos y personas ricas, dicen: “Tengo tanto dinero, tengo tanto terreno, tantas propiedades.” No tiene nada. Es que cuando se vendían las propiedades o las perdía el pueblo hebreo o una familia, en el año del jubileo regresaban al dueño original. Y todo el planeta Tierra con todo lo que tiene y todo lo que tendrá, regresará a los hijos de Dios, a Cristo y Sus creyentes.

Así que habrá suficiente para repartir galardones a todos. No podemos perder esa oportunidad única que tenemos para almacenar tesoros en el Cielo, como dijo Cristo: “Haced tesoros (¿dónde?) en el Cielo.” [San Mateo 6:19-20] Ahí es donde los tesoros permanecen, donde no hay ladrones, donde no hay polilla ni orín ni nada que dañe lo que es almacenado ahí. Diríamos: en el banco del Reino de Dios. Ahí no entran ladrones ni se pierde nada, sino que se multiplica; no se deprecia, sino que se multiplica lo que colocamos allá, porque trasciende al Reino de Dios y los galardones que están prometidos.

Miren ustedes, Pedro y los demás apóstoles, pescadores, ¿qué tenían? Sus negocios terrenales. No eran ricos la mayor parte de ellos. Pero ahora en el Reino de Cristo son jueces que se sentarán en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Y Cristo les dijo que tendrían cien veces más de lo que tenían ellos; y en la vida eterna, en el Reino, en la regeneración, se sentarían en doce tronos.

Siempre hay que apreciar las oportunidades que Dios nos da en Su Reino. No hacer como Judas Iscariote, que no le dio importancia y perdió el trono. Pero en el Reino de Dios no se pierde nada; hay alguien a quien le es pasado el trono, y no hay problema.

“…en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo…”

Los creyentes son coherederos con Cristo, conforme a Romanos, capítulo 8, verso 14 al 39.

“…y por quien asimismo hizo el universo…”

Ahora vean, tanto que fue criticado Jesús, y por medio de Jesucristo en Su cuerpo angelical fue que Dios creó el universo completo para colocar la raza humana aquí en la Tierra.

El planeta más importante es el planeta Tierra, por lo cual Dios establecerá Su Trono y Su Reino en la Tierra. (Apocalipsis 21 y 22).

Ahora, dice:

“…y por quien asimismo hizo el universo…”

Y luego aparece como un sencillo carpintero en la Tierra. Siendo rico, dueño del universo completo, se hizo pobre, para que en Su pobreza y por Su pobreza, nosotros seamos ricos y herederos de toda la Creación, coherederos con Cristo.

“… el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia (la imagen de Su sustancia: el cuerpo angelical, el Espíritu Santo), y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder…”

Cristo es el que sustenta todas las cosas con la Palabra de Su poder. Por medio de Él fue que Dios creó todo, los Cielos y la Tierra; y luego, cuando subió al Cielo, se sentó a la diestra de Dios; y sustenta todas las cosas por medio de la Palabra de Su poder.

O sea que si el universo existe y los seres humanos existen, es porque Cristo está sustentando la vida del universo y la vida de los seres humanos.

“…habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.”

Se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, se sentó en el Trono de Dios, como dijo el mismo Cristo en San Mateo, capítulo 26... Versos 63 al 64, dice, del capítulo 26 de San Mateo… Esto era cuando estaba siendo juzgado por el sumo sacerdote y el Concilio del Sanedrín:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo (no lo negó): Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Aquí está mostrando que aunque iba a morir, resucitaría, subiría al Cielo y se sentaría a la diestra de Dios en el Cielo.

Ahora, algunas personas piensan: “Entonces hay uno sentado en el Trono aquí ¿y hay otro en otro trono?” Dice: “En el trono,” no “en los tronos.” ¿Y cómo puede ser posible que se siente en el Trono de Dios, en el Trono del Padre? Es que Dios está dentro de Cristo. Y si Cristo está sentado en el Trono, Dios está en Él. Tan sencillo como eso.

Es como usted, está sentado o sentada ahí, y está sentada su alma y su espíritu también, porque está en su cuerpo físico su alma y su espíritu.

Encontramos que el pueblo hebreo es el pueblo del Antiguo Pacto, del Pacto que le dio Moisés de parte de Dios al pueblo hebreo; por lo tanto es el pueblo sacado de Egipto, la Iglesia, el pueblo sacado de Egipto, los sacados fuera y llevados a la tierra prometida. Y ese es el tipo y figura, la sombra del pueblo del Nuevo Pacto, que es la Iglesia del Señor Jesucristo, compuesta por los hijos e hijas de Dios.

El pueblo del Pacto Antiguo, del Antiguo Testamento, es el pueblo de los siervos de Dios. Dios dice que Abraham era Su siervo. Y ahora, el pueblo de los hijos de Dios es la Iglesia del Señor Jesucristo, descendientes del Hijo de Dios, Jesucristo, el segundo Adán, los cuales en la Obra de Cristo en medio de Su Iglesia, va reproduciéndose en hijos e hijas de Dios, conforme al Programa original de Dios, que es teniendo el cuerpo angelical llamado el Espíritu Santo, y obteniendo así, por consiguiente, el nuevo nacimiento del cual le habló Cristo a Nicodemo en el capítulo 3 de San Juan, verso 1 al 6, cuando le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios.”

Nicodemo pensó que tenía que nacer físicamente de nuevo, pero se refiere al nacimiento espiritual, al nacimiento en el cuerpo angelical o espiritual; y le pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto? ¿Puede el hombre ya siendo viejo entrar en el vientre de su madre y nacer de nuevo?” Cristo le dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca de nuevo - el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” Y todo ser humano quiere entrar al Reino de Dios.

El Reino de Dios es el Reino de Cristo nuestro Salvador, compuesto por los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo. Su Reino está en la etapa o fase espiritual, naciendo desde el Día de Pentecostés hacia acá, millones de personas en el Reino de Dios, por medio de la Obra de Cristo en medio de Su Iglesia, de edad en edad.

Así como en la familia humana: se van teniendo hijos cada cierta fecha del matrimonio de la familia. No los tiene todos a la vez, a menos que se opere la esposa.

Y en cada visitación correspondiente a cada edad de Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, en medio de la cual ha estado con Ella de edad en edad desde el Día de Pentecostés, cuando llega el tiempo de reproducirse en hijos e hijas de Dios, viene el Mensaje de parte de Cristo manifestado al mensajero de cada edad; y luego él lo capta, lo predica y comienza el avivamiento para la reproducción de hijos e hijas de Dios que obtendrán el nuevo nacimiento, que nacerán en el Reino de Dios y que obtendrán, por consiguiente, esa entrada a la vida eterna, serán restaurados a la vida eterna en el campo espiritual.

Y para recibir la vida eterna en el cuerpo físico, es en la resurrección, en el Día Postrero. Y entonces habrá resurrección espiritual, que es la que se recibe cuando se recibe a Cristo y Cristo bautiza la persona con Espíritu Santo y Fuego; y luego la segunda parte de la redención es la transformación de nuestros cuerpos para los que estemos vivos en ese tiempo; y para los que murieron: la resurrección en cuerpos glorificados, en cuerpos eternos, de los que fueron sellados con el Espíritu de Dios en el tiempo del Mensaje correspondiente a cada etapa de la Iglesia; Mensaje que se extiende de parte de Dios al mensajero, y del mensajero al pueblo, y llena toda la Tierra que pueda ser alcanzada en esa etapa de esa edad.

Hay diferentes etapas, y por consiguiente hay más Luz de edad en edad. Cristo dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, mas tendrá la luz de la vida.” (San Juan, capítulo 8, verso 12 en adelante). Y en otros lugares dice: “Yo, la Luz, he venido al mundo”. [San Juan 12:46]

¿Cómo un hombre puede ser la Luz? Cristo es la Luz, el Ángel del Pacto que aparecía en forma de Luz, es la zarza que ardía y no se consumía cuando le apareció a Moisés en el capítulo 3 del Éxodo.

Y Dios es Luz. Dios manifestado a través de cada profeta en el Antiguo Testamento era la Luz para esa etapa; y manifestado en Cristo es la Luz para el mundo entero. Y por consiguiente, luego vienen a ser la Luz también los creyentes en Cristo, de los cuales Cristo dijo: “Vosotros sois la luz del mundo.” [San mateo 5:14] Porque serían los que llevarían la Luz de Cristo, la Luz del Evangelio, la Luz de la Primera Venida de Cristo, el Evangelio de la Gracia, a todas las naciones.

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16]

Hay dos cosas, y una de ellas va a obtener cada ser humano: o la salvación, o la condenación, para que no escoja mucho. Y todo lo hace Dios. Es por la fe, que viene, por el oír la Palabra de Dios, el Mensaje de Dios para el tiempo en que la persona está viviendo; y es llamada toda persona que está escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, desde antes de la fundación del mundo.

Esas son las personas que tenían que venir en el tiempo de Adán y Eva. El primer Adán no las trajo, pero el segundo Adán, Cristo, las trae por medio de la segunda Eva, que es Su Iglesia.

Es en medio de Su Iglesia donde Cristo ha estado haciendo la Obra correspondiente a la Dispensación de la Gracia, la Obra de Salvación y vida eterna (en cuanto al llamado; porque ya la Obra de Redención la llevó a cabo en la Cruz del Calvario). Y con la predicación del Evangelio de Cristo, que presenta la Primera Venida de Cristo y Su Obra de Redención en la Cruz del Calvario, es alumbrado el entendimiento y el alma, el corazón de cada ser humano escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Recuerden que en el capítulo 10 también, verso 27 en adelante, algunos no querían (del 26 en adelante) no querían escuchar, y Él les dijo: “Vosotros no podéis escuchar, no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. El Padre y yo una cosa somos.”

Y ahora, “LAS OBRAS DE JESUCRISTO EN MEDIO DE SU IGLESIA” podemos ver que ha sido estar cumpliendo la promesa correspondiente a cada edad, para traer la salvación y vida eterna a todo aquel que está escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. ¿Desde cuándo? Desde antes de la fundación del mundo. Por eso no se pueden perder.

Son personas que están elegidos por Dios. Son los genes del pensamiento divino. Por eso estábamos en Cristo y continuamos en Cristo; venimos a Cristo para que nos restaure a la vida eterna.

Ya la Obra para la primera edad se cumplió entre los gentiles, en la Iglesia del Señor Jesucristo del Nuevo Pacto, la segunda, la tercera, la cuarta, la quinta, la sexta y la séptima; y ya hemos estado subiendo a la Edad de la Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia, la edad paralela a la Primera Venida de Cristo, que fue la Edad de Piedra Angular para aquel tiempo en donde vino la Piedra Angular, que es Cristo, un hombre, la Piedra del Fundamento y la Piedra de Corona, en donde estaba el Nombre de Dios para la Obra de Redención.

La Edad de Piedra Angular tiene una cualidad: las siete edades de la Iglesia corresponden al tiempo de la noche, tiempo de oscuridad, pero la Edad de Piedra Angular corresponde al tiempo del día. Por eso Cristo dijo: “Yo soy la Luz del mundo.” Por eso también dice Malaquías, capítulo 4, verso 2: “A los que temen mi nombre, nacerá el Sol de Justicia, y en Sus alas traerá salud, salvación.”

Vino en Su ministerio en la mañana, alumbrando, en medio de la Iglesia del Antiguo Testamento: el pueblo hebreo. Y para el Día Postrero vendrá en la Edad de Piedra Angular, que corresponde al tiempo de la mañana.

Recuerden que a Jacob le apareció también, cuando estaba rayando el alba; y le dice: “Déjame, que raya el alba, me tengo que ir.” Y así será para el tiempo final con los judíos, para el tiempo en que tenga que irse Cristo con Su Iglesia ellos verán a Cristo en medio del pueblo del Nuevo Pacto, la Iglesia del Señor Jesucristo, y dirán: “Este es el que nosotros estamos esperando.” Pero Él viene por Su Iglesia, para llevarla, para resucitar a los muertos creyentes en Él, y a los vivos transformarlos y llevarlos con Él a la gran Cena de las Bodas del Cordero; donde será investida la Iglesia como la Reina junto al Rey de reyes y Señor de señores, y donde Cristo será investido como Rey sobre la Tierra. Y luego de esa fiesta de tres años y medio regresar a la Tierra para comenzar el Reino Milenial, el Reino Mesiánico, que tendrá su capital en Jerusalén; y como Distrito Federal todo el territorio que tiene y el que tendrá Israel.

Traerá la paz para Israel, para todo el Medio Oriente y para toda la familia humana. Ahí es donde la paz verdadera será establecida por el Príncipe de Paz de Isaías, capítulo 9, verso 1 en adelante, que es el Mesías en Su Segunda Venida, el cual en Su Primera Venida nos ha traído la paz para el alma, la paz para nuestro interior; y traerá la paz en Su Segunda Venida para la familia humana; la paz física también, y la paz para las naciones, y la sanidad de la Tierra.

Recuerden que la Tierra fue maldecida cuando Adán y Eva pecaron; pero Dios bendecirá la Tierra, el agua, el aire y todo para el Reino del Mesías; así como bendice nuestro cuerpo físico, que es tierra y agua también.

Hay bendición para el cuerpo y bendición para el medio ambiente, para los ecosistemas. Y si hay sanidad para ellos es porque están enfermos. La Tierra está enferma clamando con gemidos indecibles, conforme a Romanos, capítulo 8, versos 14 al 39; clamando por la adopción, la redención de los hijos de Dios, la redención del cuerpo, que es nuestra transformación.

Y por eso en la etapa de Edad de Piedra Angular vendrá la adopción física, que será nuestra transformación para los que ya estarán ahí y tendrán la adopción espiritual, que es el nuevo nacimiento, el bautismo del Espíritu Santo, y por lo tanto han entrado a la tierra prometida del Reino de Dios; y entrarán físicamente también, con cuerpos glorificados al Reino de Cristo, al Reino de Dios.

La Edad de Piedra Angular es la Edad del Día, pero antes del Día… Recuerden que el día comienza por la tarde, conforme al calendario judío. A la caída del sol termina un día y comienza el otro.

Por eso los judíos el día sábado… El sábado para ellos comienza viernes a la caída del sol. O sea que ya viernes están en sábado, están en reposo, descanso, están en séptimo día. Y así son las edades también. Las edades se entrelazan unas con otras, como los días se entrelazan para los judíos en la tarde, y para los gentiles: unos en cierta hora, otros en otra, otros a los doce de la noche y así por el estilo.

Pero lo más importante es el campo espiritual del Programa Divino, que habrá un entrelace entre la séptima edad de la Iglesia y la Edad de la Piedra Angular. Por eso el precursor de la Segunda Venida de Cristo habló tanto de la Venida del Hijo de Hombre; habló también de la Venida de Moisés y Elías, de los Dos Olivos, porque a él le tocaba hacer esa introducción, para que sepan lo que está prometido para la Iglesia del Nuevo Pacto y qué estará cumpliendo, haciendo, Jesucristo en medio de Su Iglesia.

El misterio del Séptimo Sello, el misterio de la Segunda Venida de Cristo, corresponde a la Edad de Piedra Angular, para ser revelada por medio de los Siete Truenos – o de Cristo hablando en el Día Postrero, en la Edad de la Piedra Angular, hablando con una Voz como de Trompeta, una Gran Voz como de Trompeta, clamando como león, y siete truenos emitiendo sus voces.

El misterio, el contenido de la Voz de los Siete Truenos es la revelación de la Segunda Venida de Cristo con Sus Ángeles. Y de eso no se debe hablar mucho para que los copiadores no vayan a tratar de imitar y vayan a perjudicarse. Y si tratan de imitar, bien se merecen ir a donde Judas fue; porque los imitadores siempre tratan de hacer las cosas que Dios no les manda a hacer. La Escritura dice: “El Señor está en Su Templo; calle delante de Él toda la Tierra.” [Habacuc 2:20]

La Edad de Piedra Angular es tiempo para escuchar lo que está prometido y lo que está siendo cumplido conforme a los que está prometido en la Escritura para este tiempo final, correspondiente a la etapa de Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia, el lugar secreto de Dios, el lugar del Trono de Cristo en Su Iglesia.

Recuerden que en el templo que construyó Salomón y el tabernáculo que construyó Moisés, el lugar de morada de Dios era (¿dónde?) el lugar santísimo sobre el propiciatorio, donde estaban los dos querubines de oro y los dos querubines de madera de olivo cubiertos de oro en el templo de Salomón.

Por eso es en la parte del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo, Templo que es la Iglesia del Señor; es en ese Lugar Santísimo, la Edad de Piedra Angular, donde aparecerán los ministerios de los Dos Olivos representados en los dos querubines de olivo que construyó Salomón y los cubrió de oro.

Esa es la Edad del Amor Divino, esa es la edad de la cual el reverendo William Branham le colocó “Amor.” Y Jesucristo es el amor de Dios manifestado. Por lo tanto, es la edad para la gran victoria en el amor divino, que está prometida para el tiempo final; para luego de la manifestación en toda Su plenitud, de Cristo en medio de Su Iglesia en la Visión de la Carpa, llevarnos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

En esta ocasión hemos estado hablando principalmente de los escogidos que forman la Iglesia del Señor Jesucristo. En otra ocasión hablaremos de los que ayudarán o han ayudado a través de las edades y en nuestro tiempo, a la Iglesia del Señor Jesucristo compuesta por los creyentes en Cristo nacidos de nuevo.

“LAS OBRAS DE JESUCRISTO EN MEDIO DE SU IGLESIA.”

Históricamente hemos ya visto en diferentes ocasiones la Obra de Jesucristo en medio de Su Iglesia, de edad en edad; y ahora nos toca ver las obras de Jesucristo en la Edad de Piedra Angular, que es la edad nuestra.

Conocer todo lo que pasó en las edades pasadas y no conocer lo que corresponde a nuestro tiempo es muy poco productivo espiritualmente; porque seríamos creyentes de la historia y no de la realidad que se está viviendo en este tiempo en el Programa de Dios que corresponde a la Edad de Piedra Angular; y que culminará con la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos y el arrebatamiento de Su Iglesia.

Todavía Dios está llamando. Cuando se complete el grupo de los escogidos del Día Postrero en la Edad de Piedra Angular, entonces Cristo saldrá del Trono de Intercesión, donde está como Sumo Sacerdote intercediendo por cada persona que tiene su nombre en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; y que Cristo no puede salir de allá, del Trono de Intercesión, hasta que haya redimido hasta el último escrito en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Por lo cual, siempre se les da la oportunidad a las personas que no han recibido a Cristo como Salvador, de recibir a Cristo como Salvador, al escuchar la predicación del Evangelio de Cristo y nacer la fe de Cristo en el alma de la persona; porque la fe viene por el oír la Palabra del Señor, el Evangelio de Cristo. Y la persona con su alma, con su corazón, cree o no cree.

Si es un escogido de Dios, nacerá la fe en su alma, creerá y recibirá a Cristo como Salvador. Para lo cual y por lo cual, tienen la oportunidad en estos momentos, los que están presentes y los que están en otras naciones que no han recibido a Cristo, de recibirlo en estos momentos como único y suficiente Salvador. Para lo cual puede pasar al frente, y estaremos orando por usted.

Los niños de 10 años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo. Recuerden que Cristo dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” [San Mateo 19:14] Los niños no tienen pecado, por eso cuando un niño muere va al Cielo.

En los demás países pueden también continuar viniendo a los Pies de Cristo para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por cada uno de los que ha escuchado y ha nacido la fe de Cristo en su alma, y quieren dar testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como único y suficiente Salvador.

Recuerden que Cristo dijo: “El que me confiese delante de los hombres, yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos; mas el que me niegue delante de los hombres, yo le negaré delante de mi Padre que está en los Cielos.” [San Lucas 12:8-9] O sea que es una confesión pública, en donde confiesa la persona a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Cristo no se avergonzó por nosotros ni de nosotros para morir en la Cruz del Calvario como si fuera un malhechor; y ahora nosotros no nos avergonzamos de Cristo para recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador.

Es la vida eterna lo que está en juego para todo ser humano. Recibirlo como Salvador significa vida eterna en el Reino de Cristo nuestro Salvador. Rechazarlo, no recibirlo, significa que la única vida que viviremos será esta terrenal y el tiempo que se viva en el tiempo del Juicio Final, y nada más. Después desaparecerá, no habrá memoria de la persona.

La oportunidad que tiene todo ser humano para recibir la vida eterna es mientras vive en esta Tierra. Y algunos tienen muchos días y años, y algunas veces ni reciben a Cristo; por lo tanto están perdiendo su tiempo en la Tierra.

Lo principal para el ser humano al vivir en la Tierra es hacer contacto con la vida eterna a través de Cristo, para recibir la vida eterna y ser colocados en el Reino eterno de Cristo para vivir por toda la eternidad; y jóvenes, representando de 18 a 21 años de edad, y sin problemas de salud, con cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado de Cristo nuestro Salvador.

Y sin necesidad de aviones, porque en el cuerpo glorificado tenemos el ejemplo en Cristo, que estando los discípulos con las puertas cerradas, luego de Su resurrección, entraba y después desaparecía. Es que ya viene con el equipo por dentro, equipo de transformación y todo el equipo que se necesita.

Todo lo que tiene Cristo en Su cuerpo lo tendrán los creyentes en Cristo nuestro Salvador; y jóvenes para toda la eternidad; y como miembros del Reino de Cristo, como reyes, sacerdotes y jueces, dice Apocalipsis, capítulo 1, y capítulo 5, y capítulo 20, verso 4 al 6. Y para comenzar a reinar con Cristo por mil años, cuando allá en la Cena de las Bodas del Cordero Cristo y Su Iglesia estén ya investidos como reyes, el Rey y la Reina para reinar sobre la Tierra por mil años y luego por toda la eternidad.

Lo que vivimos aquí en la Tierra en estos cuerpos es menos que un grano de arena, en cuanto a años. Comparado con el Milenio sería, digamos, una décima parte para los que vivan cien años; y comparado con la eternidad, no hay comparación, el grano de arena es muy grande.

Por lo tanto, le damos gracias a Dios por Cristo y por Sus obras en medio de Su Iglesia, para darnos la Luz, alumbrarnos el alma y el entendimiento para recibirlo como Salvador; y para obtener la vida eterna y ser colocados en Su Reino eterno y vivir con Él por toda la eternidad.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, vengo a Ti con todas estas personas que han venido a los Pies de Cristo recibiéndolo como Salvador. Recíbelos en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Ahora repitan conmigo esta oración que estaré haciendo por ustedes que están presentes y en otros países:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón, en mi alma.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo que Tú eres mi Salvador, y reconozco que no hay otro nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma. Creo en Ti con toda mi alma.

Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo preguntarán en los diferentes países: “¿Cuándo me pueden bautizar? Ya que Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo.

Por cuanto ustedes han creído de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento, recordando que el bautismo en agua es tipológico.

Cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales, está tipológicamente siendo - muriendo; y cuando es levantada de las aguas bautismales… Cuando recibe a Cristo como Salvador, está muriendo; cuando es sumergido en las aguas bautismales, está siendo sepultado espiritualmente, tipológicamente; y cuando es levantado de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. Tan sencillo como eso.

Y aun cuando Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, y se levantó luego (de las aguas bautismales), y vino el Espíritu Santo, estábamos en Él todos nosotros; porque somos los genes del pensamiento divino de los hijos e hijas de Dios. Por eso “todos los que han sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos,” dice la Escritura. [Gálatas 3:27]

Por lo tanto, cuando Cristo estaba creando el universo, estábamos en Él; porque los hijos están en los lomos de su padre, y Cristo es el Padre de esa Familia celestial, de los hijos e hijas de Dios. Y cuando Cristo estuvo en la Tierra, estábamos también en Él; y cuando Cristo murió, estábamos en Él; cuando Cristo fue bautizado, estábamos en Él también.

Por eso podemos ver el Orden del bautismo ahí, para los creyentes en Cristo, en agua; y después el bautismo del Espíritu Santo como vino sobre Jesús. Ese Orden siguen todos los hijos e hijas de Dios.

Juan no lo quería bautizar; como algunas veces pasa, que las personas creen y después no le dan la oportunidad rápida para ser bautizados. Cristo le dijo: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y para los creyentes en Cristo les conviene cumplir toda justicia lo más pronto posible. Por lo cual pueden ser bautizados; y que Cristo los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca el nuevo nacimiento en cada uno de ustedes.

Recuerden que el Día de Pentecostés, cuando Pedro predicó, como tres mil personas creyeron y fueron bautizadas el mismo día. Ese es el Orden de la predicación del Evangelio, de la oportunidad para recibir a Cristo, y del bautismo en agua para luego recibir el Espíritu de Cristo nuestro Salvador.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, en el estudio bíblico: “LAS OBRAS DE JESUCRISTO EN MEDIO DE SU IGLESIA.”

Que Dios les bendiga y les guarde; y dejo al reverendo Martín Franco para que les indique cómo hacer para ser bautizados a los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión. Y en cada país y en cada iglesia dejo al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y en Puerto Rico dejo al reverendo José Benjamín Pérez para que les indique cómo hacer para ser bautizados a los que hayan venido a los Pies de Cristo en esta mañana allá en Puerto Rico.

Que Dios les bendiga y les guarde; y hasta el próximo... Hasta el próximo domingo en Cali, Dios mediante, y hasta las próximas ocasiones en que nos volveremos a ver.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“LAS OBRAS DE JESUCRISTO EN MEDIO DE SU IGLESIA.”

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