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Hermanos y hermanas creyentes en Cristo nuestro Salvador, nuestra hermana Áurea Pagán Pagán ha partido con el Señor a los 97 años de edad, el domingo pasado en la mañana. Ha pasado al Paraíso, la sexta dimensión, la dimensión de los ángeles, para descansar de los trabajos terrenales, y estar allí en paz y en un cuerpo espiritual, un cuerpo teofánico, un cuerpo angelical y joven, que representa de 18 a 21 años de edad.

Viuda de Alfonso Ruiz Castro (conocido como Ponchín). Le sobreviven su único hijo, el Dr. Jorge Luis Rodríguez Pagán, y sus nietos Jorge Luis Rodríguez Sáenz (hijo) y Luis Jorge Rodríguez Sáenz.

Reciban mis condolencias; y sepan que ella pasó al Paraíso para vivir allí hasta que ocurra la resurrección de los muertos en Cristo. Por lo tanto, ella está en un lugar de paz y de felicidad, mirando desde allá a todos nosotros en este momento tan importante en que le damos despedida de esta dimensión terrenal a nuestra hermana Áurea Pagán Pagán. Reciban mis condolencias.

Podemos ver que el ser humano se pregunta: “¿Por qué nacemos?” y “¿quiénes somos en este planeta Tierra?” “¿Por qué vivimos y por qué morimos?” Es una pregunta que está en la mente de toda persona perteneciente a la familia humana.

¿Por qué nacemos? Nacemos para hacer contacto con la vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador; y vivimos para entrar al Reino de Dios y vivir en el Reino de Dios, como parte del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia del Señor Jesucristo.

¿Y por qué morimos? Porque estamos aquí por una temporada, confirmando nuestro lugar en la vida eterna, en el Reino de Dios, el Reino de Cristo, para luego resucitar.

Por lo tanto, la otra pregunta es: “¿Por qué resucitaremos?” Para entrar físicamente al Reino de Dios con un cuerpo eterno, inmortal y glorificado, como el cuerpo glorificado que tiene Cristo nuestro Salvador; y vivir en el Reino de Cristo por el Milenio y por toda la eternidad.

O sea que la vida del ser humano, sobre todo de los creyentes en Cristo, tiene un propósito divino, el cual es cumplido en cada cristiano que vive en esta Tierra; porque sus nombres están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, por los cuales Cristo murió en la Cruz del Calvario.

Un personaje muy importante de la Biblia, o bíblico, se hizo una pregunta muy importante también, la cual pasa para ser conocida por todos los seres humanos que viven en esta Tierra. Job el patriarca se preguntó, diciendo [Job 19:25-27]:

“Yo sé que mi Redentor vive,

Y al fin se levantará sobre el polvo;

Y después de deshecha esta mi piel,

En mi carne he de ver a Dios;

Al cual veré por mí mismo,

Y mis ojos lo verán, y no otro,

Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.”

Job sabía que su Redentor ―el cual es Dios― existía, vivía. Y sabía que se levantaría sobre el polvo, lo cual ocurrió cuando Cristo resucitó: se levantó de la tierra. Y luego dice Job:

“Y después de deshecha esta mi piel,

En mi carne he de ver a Dios…”

O sea que él sabía que iba a resucitar, por lo tanto vería a Dios en Su carne.

“Y mis ojos lo verán, y no otro,

Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.”

Él mismo dice que vería a Dios, y no otro. Y ahora, en la misma línea de pensamiento, el apóstol San Pablo y el Señor Jesucristo hablan de la resurrección de todos los creyentes en Él, señalándola para el Día Postrero o tiempo final. En San Juan, capítulo 6, dice el mismo Cristo… por lo cual la resurrección de los creyentes en Cristo está garantizada por el mismo Jesucristo nuestro Salvador. Dice en el capítulo 6 de San Juan, verso 39 en adelante:

“Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 

Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”

El mismo Cristo garantiza la resurrección en el Día Postrero para los creyentes en Él. De lo cual también nos habla la Escritura, de que los creyentes en Cristo de Su tiempo sabían que Cristo iba a resucitar a los creyentes en Él. En el capítulo 11 de San Juan, cuando Cristo fue a resucitar a Lázaro, Cristo le dice a Marta: “Tu hermano resucitará.” Marta le dice: “Yo sé que resucitará.” O sea que ella sabía que habría una resurrección en el tiempo final. Vean: Capítulo 11, verso 21 en adelante, de San Juan, dice:

“Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. 

Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. 

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. 

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”

Vean, en aquel tiempo de Jesús, Sus discípulos sabían que en el Día Postrero Lázaro iba a resucitar; y el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá, Día Postrero delante de Dios. “Porque un día delante de Dios es como mil años, y mil años como un día.” (Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8). Y ahora el apóstol San Pablo hablándonos de la resurrección, siguiendo la misma línea de pensamiento de Job y de Jesús con relación a los muertos creyentes en Cristo, dice en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 45 en adelante:

“Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.

Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual.

El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.

Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales.

Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción.

He aquí, os digo un misterio…”

Y ahora va a hablar de este misterio de la muerte y la resurrección:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos…”

O sea que no todos van a quedar muertos, sino que habrá una resurrección.

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.”

Aquí San Pablo revela que habrá una resurrección de los muertos creyentes en Cristo, en cuerpos glorificados, y una transformación de los creyentes en Cristo que estén vivos en ese tiempo de resurrección. Una transformación para tener cuerpos glorificados y eternos y jóvenes, como el que tiene Jesucristo nuestro Salvador. Por lo cual también habló palabras de consuelo el apóstol San Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, versos 13 al 18; y dice así:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (o sea, de los que han muerto físicamente), para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.”

La tristeza no debe ser como la que tienen los otros, que no tienen esperanza, sino un dolor de separación temporal, que viene como cuando un familiar amado nuestro se va a otro país. Hay una tristeza, pero que ya dijo que volvería; y por otro lado hay alegría, esperando el día de su regreso.

O sea que la tristeza del creyente, cuando parte un familiar amado, no debe ser como los que no tienen esperanza; debe ser como un creyente que sabe que está en el Paraíso su familiar querido, y que regresará en la resurrección de los muertos en Cristo, en cuerpo glorificado y joven para toda la eternidad.

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

Estas son las palabras de aliento que da el apóstol San Pablo por el Espíritu de Dios para todas las personas que tienen un familiar amado y tiene que partir porque su tiempo en la Tierra ha terminado; y pasan al Paraíso, que es la dimensión de los ángeles, la sexta dimensión; y allí están en espera de la Venida del Señor al Paraíso, para que los traiga con Él a la Tierra y los resucite en un cuerpo nuevo, eterno, inmortal, incorruptible, glorificado y joven para toda la eternidad; y luego nosotros los que vivimos seremos transformados también. Y todos seremos jóvenes en el Día Postrero, con la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos en la Venida del Señor.

Por lo tanto, Dr. Jorge Luis Rodríguez Pagán, hijo de nuestra hermana Áurea Pagán Pagán, y sus nietos Jorge Luis Rodríguez Sáenz, y Luis Jorge Rodríguez Sáenz, sean alentados vuestros corazones con estas palabras. Y que Dios los bendiga y les fortalezca en este momento de la partida de nuestra hermana Áurea Pagán Pagán al Paraíso.

Es un viaje al Paraíso el mejor lugar que Cristo tiene para los creyentes en Él cuando parten de esta Tierra al cumplírseles su tiempo de vida en esta Tierra. Salen de ser personas de cierta edad, para ser jóvenes en el Paraíso, en cuerpos angelicales, cuerpo teofánico, cuerpo espiritual. Y desde allá miran hacia acá, y ven que hemos comprendido que ahora se encuentran en mejor situación física, en un cuerpo espiritual sin limitaciones de tiempo; un cuerpo joven, en donde todos los que están allí están felices de estar allí.

No es como aquí en la Tierra, que algunos dicen: “Yo desearía irme ya de esta Tierra porque las cosas se están poniendo peores cada día”. En el Paraíso cada día están mejores; y cuando llegue Cristo en Su Venida al Paraíso, allí se pondrán mejor, porque los traerá para la resurrección en cuerpos glorificados, como el cuerpo joven y glorificado que tiene Cristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, Dr. Jorge Luis Rodríguez Pagán, hijo de nuestra hermana Áurea Pagán Pagán, y sus nietos Jorge Luis Rodríguez Sáenz y Luis Jorge Rodríguez Sáenz, sean consolados vuestros corazones con estas palabras del apóstol San Pablo y de Jesucristo.

Y que Dios los bendiga y les guarde. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“PALABRAS DE CONDOLENCIAS POR LA PARTIDA DE LA HERMANA ÁUREA PAGÁN PAGÁN.”

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