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Muy buenos días, amados hermanos y amigos presentes, y ministros y sus congregaciones presentes, y también ministros y sus congregaciones en diferentes países; y también misionero Miguel Bermúdez Marín allá en Acapulco, República Mexicana, en la congregación del reverendo Eloi Liberato. Es para mí una bendición grande saludarles y pedirle a Cristo Sus bendiciones sobre cada uno de ustedes que están presentes y los que están en otras naciones.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender, y nos revele Su Palabra prometida para este tiempo final en esta hora. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Leemos en Filipenses, capítulo 3, versos 7 en adelante, donde dice San Pablo:

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.

Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo,

y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;

a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte,

si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.

No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,

prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“PROSIGUIENDO A LA META.”

Para el estudio bíblico de hoy, de escuela bíblica, nuestro tema es: “PROSIGUIENDO A LA META.”

Encontramos que Dios, Creador de los Cielos y de la Tierra, desde antes de la Creación tiene un Programa, el cual ha estado llevando a cabo de generación en generación. La creación de los Cielos y de la Tierra es Obra de Dios.

Ahora, ¿cómo es que Dios ha creado los Cielos y la Tierra? Dice en San Juan, capítulo 1:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.”

El Verbo, dice:

“Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.”

O sea que toda la Creación fue hecha por el Verbo, que era con Dios y era Dios; y nada de lo que fue hecho, fue hecho sin Él. Él lo hizo, lo creó todo; por lo tanto nos conviene conocer al Verbo de Dios.

En San Juan, capítulo 1 también, verso 14, dice:

“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, fue conocido por el nombre Jesucristo. Jesucristo es el Verbo hecho carne. El Verbo es el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová conocido en medio del cristianismo, y conocido como el Ángel que libertó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto.

Hablando de ese Ángel, en Éxodo, capítulo 23, verso 20 en adelante, dice… Éxodo 23, verso 20 al 23:

“He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.

Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.”

El Nombre de Dios está en Su Ángel, el Ángel del Pacto que le apareció a Moisés en una llama de fuego, en un árbol, en una zarza que ardía y no se consumía.

“Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.

Porque mi Angel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.”

El Ángel de Dios, el Ángel de Jehová que les aparecía a los profetas en el Antiguo Testamento, es nada menos que Jesucristo en Su cuerpo angelical, en Su cuerpo teofánico; y por eso es llamado el Ángel de Jehová, porque está en cuerpo angelical. Luego, más adelante Él se haría carne en medio del pueblo hebreo, pero estuvo manifestado en carne humana a través de los profetas desde Adán en adelante (hasta Juan el Bautista).

Ahora, en San Juan, capítulo 8, versos 54 al 58… Capítulo 8, versos 56 al 58, de San Juan, Cristo hablando dice:

“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.

Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.”

¿Y cómo era antes de Abraham? Pues era el Ángel del Pacto, era Cristo en Su cuerpo angelical, Su cuerpo teofánico. La persona más importante es Jesucristo. Y ahora vamos a ver más claramente quién es Cristo nuestro Salvador.

Ya vimos que por medio de Él fue que Dios creó todas las cosas, conforme a San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante. “En Él estaba la Vida.” Por eso la vida de toda la Creación surgió de Cristo, a través de Cristo nuestro Salvador. En palabras más claras: Dios a través de Cristo en Su cuerpo angelical, habló a existencia todas las cosas.

San Pablo nos da un cuadro más claro aquí en Colosenses, capítulo 1, versos 12 en adelante. Dice:

“…Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo (el Reino de Su amado Hijo, el Reino de Cristo).”

Por eso Cristo dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no nazca del Agua y del Espíritu, no puede entrar al Reino de Dios.” [San Juan 3:5] El Reino de Dios es el Reino de Cristo. Él es el heredero del Reino, a través del cual Dios reina, Dios gobierna toda la Creación. Los creyentes en Cristo han sido librados del reino de las tinieblas y han sido trasladados al Reino de Cristo nuestro Salvador.

El reino de las tinieblas es el mismo reino que se materializaría en la estatua que vio el rey Nabucodonosor. El reino de las tinieblas ha estado materializado en el imperio de Nabucodonosor, reino babilónico; luego en el reino medo-persa… El reino babilónico es la cabeza de oro, con Nabucodonosor como rey; el reino medo-persa corresponde al pecho y los brazos de plata; luego, el vientre y los muslos de bronce corresponden al imperio de Grecia, con Alejandro el Grande.

Luego sigue bajando, porque el reino de las tinieblas, el reino de este mundo, va bajando el reino de los gentiles: de oro bajó a plata, de plata bajó a bronce, y de bronce baja a las piernas de hierro, que es el imperio romano, el imperio de los Césares. Y luego, de ahí baja a los pies de hierro y de barro cocido, que es lo que queda del imperio romano y que es lo que queda del imperio o reino de los gentiles.

En la etapa de las piernas de hierro del imperio o reino de los Césares, Cristo fue crucificado por ese reino o imperio en la etapa de las piernas de hierro; pero en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, Cristo herirá a ese imperio en el tiempo final. Su Venida impactará al imperio de los gentiles en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido, conforme a Daniel, capítulo 2, verso 30 en adelante. Y dice la Escritura que los desmenuzará, y serán desmenuzados también el barro, el hierro, el bronce, la plata y el oro; y no quedará rastro alguno de ese reino o imperio de los gentiles, que ha sido controlado por el enemigo a través de la historia de la humanidad.

Y será establecido en la Tierra el Reino del Mesías, el Reino del Hijo del Hombre, el Reino de Cristo; y su capital será Jerusalén, y el Distrito Federal: Israel. Por lo tanto, hay una bendición grande que se está preparando para el pueblo hebreo.

¿Y qué de los creyentes en Cristo? En ese Reino serán reyes, sacerdotes y jueces. Serán el Gabinete del Mesías, del poder político, judicial y también del poder espiritual o religioso.

Por eso cuando el Ángel Gabriel le apareció a la virgen María, le habló acerca del niño que le iba a nacer a ella, y le dijo quién sería ese niño. San Lucas, capítulo 1, versos 30 en adelante… 28 en adelante, dice:

“Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.

Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Aquí tenemos la promesa del Reino que será establecido en la Tierra, el cual y del cual Cristo es el heredero de ese Reino. Y los creyentes en Cristo, por cuanto son coherederos con Cristo, también son reyes, sacerdotes y jueces; porque a todo lo que Cristo es heredero, lo son también los creyentes en Cristo que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, Dios continúa hacia adelante, prosigue a la meta del Reino para su establecimiento en la Tierra. Y los creyentes en Cristo continúan adelante, a la meta, para la entrada al Reino de Cristo en la forma física, que será con nuestra transformación, para ser a imagen y semejanza de Cristo, con cuerpos angelicales, eternos y cuerpos físicos eternos, glorificados, jóvenes para toda la eternidad. Esa es la meta de Dios para con Sus hijos que estaban en Él eternamente.

No es que la persona se hace un hijo de Dios, sino que es un hijo de Dios eternamente y viene a la Tierra manifestado en el tiempo que le corresponde; es un atributo divino. Por eso es que la Biblia habla de los elegidos, de los escogidos, de los predestinados.

Vienen de Dios, y por consiguiente, la meta es ser a imagen y semejanza de Dios, lo cual es ser a imagen y semejanza de Cristo nuestro Salvador. Porque Cristo en Su cuerpo angelical es nada menos que el Ángel del Pacto, donde Dios estaba y está, y a través del cual Dios creó todas las cosas; y Cristo en Su cuerpo físico de carne, el cual ya está glorificado, es la semejanza física de Dios. Por eso en San Juan, capítulo 14, verso 9, Cristo dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” Capítulo 14, verso 6 en adelante.

Y también dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” [San Juan 14:6] No hay otra forma para llegar a Dios, sino a través de Cristo. Esa es la enseñanza de Dios por medio de Su Espíritu, contenida en las páginas de la Biblia.

Solamente hay un Dios, y se hizo carne; y por lo tanto ya tiene un cuerpo físico de carne glorificado, que está sentado en el Trono celestial de Dios.

Recuerden que Cristo dijo en San Mateo, capítulo 26, verso 64, que se sentaría a la diestra de Dios en el Cielo; o sea, se sentaría en el Trono de Dios. Estaba en juego el Trono celestial de Dios, quién se sentaría, pero ya Cristo se sentó.

Y si le preguntamos a Cristo si Él se sentó en el Trono celestial, ¿qué nos contestaría? Por cuanto el libro del Apocalipsis es la revelación de Cristo por medio de Su Espíritu hablándole a Su Iglesia de edad en edad, veamos lo que nos dice en Apocalipsis, capítulo 3, versos 20 al 21:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.”

O sea que lo que Él había dicho, que se sentaría, ahora en Apocalipsis dice que ya se sentó. Y por eso fue que en San Mateo, capítulo 28, verso 16 al 20, Cristo dijo: “Todo poder.” Y si dijo todo poder, ¡es todo el poder! Todo poder. “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra.”

Él es el que tiene el poder de los Cielos y de la Tierra, y por medio de Él es que Dios gobierna el universo, toda la Creación. Es que Dios tiene imagen, cuerpo angelical (que es el Ángel del Pacto, es Cristo en Su cuerpo angelical); y tiene semejanza física (que es el cuerpo de Jesucristo glorificado). La imagen es el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical; y la semejanza de Dios es el cuerpo físico glorificado. Por eso Cristo decía: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.” Ha estado viendo al Padre, a Dios, vestido de carne humana.

Y ahora, estamos viendo quién es Dios y cómo ver a Dios en Su cuerpo angelical (o sea, la imagen de Dios, que es Cristo en Su cuerpo angelical), y cómo ver a Dios en Su semejanza física.

Para ver a Dios en Su semejanza física estamos viendo a Jesucristo nuestro Salvador en Su cuerpo físico glorificado; y para ver a Dios en Su imagen, la imagen de Dios, estamos viendo a Dios en Espíritu Santo, que es el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios. Tan sencillo como eso.

Y el ser humano fue creado por Dios a imagen y semejanza de Dios. Por lo tanto, el ser humano tiene alma, tiene espíritu y tiene cuerpo físico.

Cuando una persona ve el cuerpo físico de otra, dice: “Vi a fulano de tal.” Pero no vio a fulano de tal, lo que vio fue la semejanza física de la persona; porque la persona en sí es alma viviente. No ha visto a la persona, no ha visto el alma de la persona, sino el cuerpo físico, la casa terrenal o templo físico donde vive esa persona.

El ser humano, siendo a imagen y semejanza de Dios, tiene espíritu y tiene también cuerpo físico, como Dios tiene el cuerpo espiritual, el Ángel del Pacto, y tiene el cuerpo físico, que es Jesucristo. Ahora podemos entender por qué Cristo dijo: “Antes que Abraham fuese, yo soy.” Tan sencillo como eso.

Y nosotros en nuestras almas estábamos eternamente con Dios. Almas de Dios. Son los hijos e hijas de Dios los que formarían la Iglesia del Señor Jesucristo, y llegarán a la perfección, llegarán a tener un cuerpo glorificado y eterno en la Segunda Venida de Cristo; para lo cual Él viene, para cumplir el Programa de la redención del cuerpo, que es la glorificación nuestra, la adopción, la redención del cuerpo. Porque el cuerpo que tenemos es temporal, es mortal, y por consiguiente, con él no podemos vivir eternamente.

San Pablo dice en Primera de Corintios, capítulo 15, versos 49 en adelante, que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. Pero dice: “He aquí, os digo un misterio…” “He aquí, os digo un misterio (recuerden que es un misterio divino): no todos dormiremos (o sea, no todos vamos a morir); mas todos seremos transformados.”

Cuando estemos transformados es que hemos de tener o tendremos el cuerpo que Dios quería y que Dios diseñó para cada uno de nosotros desde antes de la fundación del mundo. Por lo tanto, este que tenemos es, como diríamos, “prestadito”, para estar una temporada en estos cuerpos y recibir a Cristo para sellar nuestro futuro eterno en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Por lo tanto, no nos preocupamos cómo sea el cuerpo que tenemos, porque este es temporal, sino que nos esforzamos para pronto tener el nuevo cuerpo que Él ha prometido para los creyentes en Él. Y cuando estemos en él, en el nuevo cuerpo, entonces diremos: “¡Este era el cuerpo que yo necesitaba, y que yo quería tener!”

Cristo cuando resucitó no lo conocían, Sus mismos discípulos no lo conocían. ¿Cómo será cuando resuciten los creyentes en Cristo que tenían 50, 60, 70, 80, 90 años o 100 años cuando partieron de la Tierra? Tampoco los van a conocer, ¿por qué? Porque van a resucitar en un cuerpo joven, de 18 a 21 años de edad, que es el cuerpo glorificado que Cristo nos dará para vivir con Él por toda la eternidad.

Esa es la meta divina de Dios para con nosotros: tener Sus hijos en vida eterna física, cuerpos jóvenes y eternos, como reyes, como sacerdotes y jueces en Su Reino; Reino que será establecido en la Tierra y gobernará sobre todo el planeta Tierra.

Para lo cual el Hijo del Hombre vendrá como está prometido en la Escritura; y como Hijo del Hombre Él es el heredero al planeta Tierra completo. Como Hijo del Hombre tiene una herencia: el planeta Tierra con todo lo que tiene y con todo lo que tendrá eternamente.

Son títulos que contienen una herencia: como Hijo del Hombre, heredero de la Tierra, del planeta Tierra; Hijo de David, heredero del Trono de David y Su Reino; Hijo de Dios, heredero de los Cielos y de la Tierra; Hijo de Abraham, heredero de todo el territorio que Dios le dio a Abraham.

O sea que cada título de Hijo tiene una herencia. Y nosotros somos coherederos con Cristo nuestro Salvador; a todo lo que Cristo es heredero, somos también coherederos con Él.

Por ejemplo, Él dijo en San Juan, capítulo 8, verso 12: “Yo soy la luz del mundo,” dice Cristo. Y en otra ocasión dijo: “Vosotros sois la luz del mundo.” [San Mateo 5:14] ¿Ven? A todo lo que Cristo es heredero lo son también los creyentes en Cristo.

Cristo es la Estrella resplandeciente de la Mañana y los creyentes en Cristo son estrellas también.

Recuerden que Dios le dijo a Abraham en una noche estrellada: “Mira los cielos y mira las estrellas, y cuéntalas si las puedes contar. Así será tu simiente, tu descendencia.” [Génesis 15:5] O sea que los creyentes en Cristo están representados en las estrellas también.

E Israel también tiene promesa de ser heredero del Reino físicamente, en el sentido de que allá se establecerá el Reino: la capital será Jerusalén; el Distrito Federal será todo el territorio de Israel, el que tiene actualmente más lo que le será añadido en el Reino Milenial.

Actualmente tendrá la mitad de territorio de lo que va a tener en el Reino Milenial, más el Gobierno del planeta Tierra completo; administrado por el Mesías-Príncipe y Su Gabinete de Gobierno, que son los creyentes en Cristo nuestro Salvador.

“PROSIGUIENDO A LA META.”

Hay una meta que tiene muchas metas pequeñas; y en cada una tenemos nosotros que obtener la victoria hasta llegar a nuestra transformación. Porque la promesa de la transformación es para los creyentes en Cristo nuestro Salvador; y eso será la redención del cuerpo, la adopción de los hijos e hijas de Dios en la Familia de Dios físicamente; así como ha ocurrido en lo espiritual, que ya hemos entrado a la Familia de Dios como hijos e hijas de Dios.

Siempre “PROSIGUIENDO A LA META.”

Hay un camino para llegar, y el Camino es Cristo, el cual dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí.” Y nadie podrá ser transformado si no está en ese Camino que lleva a la vida eterna. No hay otro camino que lleve a la vida eterna, solamente Cristo es el único Camino de la vida eterna.

En el Programa de Dios con Su pueblo Israel hemos visto los tipos y figuras que hubo, los cuales daban testimonio de lo que ocurriría en el Nuevo Pacto, al cual entraría el pueblo que estaría recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Y ellos son aquellas personas de los cuales Cristo dijo: “No temáis, manada pequeña, porque al Padre le ha placido daros el Reino.” [San Lucas 12:32]

Él también dijo: “El Reino de Dios será quitado de vosotros y dado a un pueblo…” Vamos a leerlo para… San Mateo, capítulo 21… Capítulo 21 de San Mateo, verso 43, dice:

“Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.”

La Iglesia del Señor Jesucristo ha recibido ese Reino, y por eso es que con Cristo se sentarán en Su Reino los creyentes en Cristo; y los mensajeros de cada etapa tendrán recompensas como las recompensas que les serán otorgadas a los apóstoles habladas por Cristo en el capítulo 21 de San Mateo… Capítulo 19 de San Mateo (corrijo), verso 27 en adelante, dice:

“Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?

Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.”

Por cuanto el Reino del Mesías gobernará sobre el pueblo hebreo, los apóstoles estarán como jueces juzgando a las doce tribus de Israel. Y los mensajeros de cada etapa de la Iglesia estarán en tronos también, con el grupo que le tocó en cada edad a cada mensajero, para reinar y gobernar en el Reino del Mesías. Por lo tanto, cada mensajero conocerá la gente de su grupo que reinará con Cristo, y ese grupo estará encabezado por el mensajero de cada etapa de la Iglesia.

Cada persona debe conocer la etapa o edad en que está viviendo, conocer el Mensaje que le corresponde a esa edad, conocer el mensajero de esa edad y el territorio donde se desarrolla, donde surge esa edad; porque cada edad tiene un territorio donde surge, y donde surge el mensajero con el Mensaje de Dios para esa edad, para materializarse todo el Programa Divino que hay en esa Palabra prometida para esa edad. Y la meta siempre es, de parte de Dios, cumplir lo que está prometido para cada etapa de Su Iglesia.

Para nuestro tiempo es que hay más bendiciones de Dios prometidas, que culminarán en la Segunda Venida de Cristo, la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de los que están vivos, creyentes en Cristo, en el Cuerpo Místico de Cristo, en la edad correspondiente a este tiempo final; para lo cual nos dará la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y todo eso ocurrirá en el cumplimiento de una Gran Carpa Catedral que le fue mostrada al reverendo William Branham; y en donde vio, donde le fue mostrado la Columna de Fuego, el Pilar de Fuego que acompañaba a Moisés y libertó al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto…

Esa Columna de Fuego, que es Cristo, el Ángel del Pacto, el Ángel de Jehová, pasó al Nuevo Testamento, al Nuevo Pacto; el Día de Pentecostés vino a ciento veinte creyentes en Cristo; y ha permanecido en medio de Su Iglesia, sellando con el Sello del Espíritu Santo a millones de creyentes en Cristo que lo han recibido como Salvador; sacándolos del reino de las tinieblas y colocándolos en la tierra prometida del Reino de Cristo nuestro Salvador; y así, por consiguiente, colocándolos en el Cuerpo Místico de Cristo. Porque la Iglesia del Señor Jesucristo está en el campo espiritual en el Reino del Señor, el Reino de Cristo, trabajando en Su Reino día y noche, de etapa en etapa, de edad en edad.

Para este tiempo final en la etapa de Piedra Angular es que Él culminará Su Programa, y en donde las promesas que hay para este tiempo final para Su Iglesia, serán cumplidas cada una en su debido tiempo; para lo cual, Dios por medio de Su Espíritu en medio de Su Iglesia, estará materializando cada promesa que Él ha hecho a Su Iglesia para este tiempo final.

Por lo cual, así como Él, Dios, por medio de Su Espíritu prosigue en Su meta, Su Iglesia prosigue a la meta correspondiente a este tiempo final. Y la meta será nuestra adopción, la redención de nuestro cuerpo, la glorificación. Como Cristo fue glorificado, seremos glorificados también, y seremos jóvenes para toda la eternidad.

Él sigue llamando y juntando Sus escogidos en Su Cuerpo Místico de creyentes; y cuando se complete Su Iglesia, entonces completará Su labor de Sumo Sacerdote en el Cielo, se levantará del Trono de Intercesión y se convertirá en el León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores, y Juez de toda la Tierra, para reclamar todo lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa; reclamar a todos los que Él ha redimido. Los resucitará en cuerpos glorificados, y a los que estén vivos los transformará; y entonces seremos iguales a Él, con cuerpos glorificados y eternos. Y así Su Gabinete para el Reino y del Reino estará completo, y con el poder para gobernar con Cristo en este planeta Tierra el Reino Milenial y luego por toda la eternidad.

Por lo tanto, vigilamos las promesas que hay para nuestro tiempo y trabajamos en ellas ungidos por el Espíritu de Dios para el cumplimiento de ellas, porque Dios por medio de Su Espíritu usa a Su Iglesia para llevar a cabo la Obra correspondiente a este tiempo final, como usó a Su Iglesia en cada edad para cumplir la Obra correspondiente a cada edad.

Por lo tanto, el mensajero y el grupo de creyentes de cada edad fue el instrumento, fueron los instrumentos de Cristo por medio de Su Espíritu, para cumplir el Programa Divino correspondiente a cada edad; y así es para este tiempo final.

Por lo tanto, somos Sus manos y Su boca para todo el trabajo que Él hará en este tiempo final. Somos instrumentos de Cristo nuestro Salvador. Cristo dijo: “Las obras que yo hago, vosotros también las haréis.” [San Juan 14:12]

Así que proseguimos a la meta, no nos detenemos. Tenemos claro lo que Dios ha prometido para este tiempo final y trabajamos con y alrededor de esas promesas, las cuales son vindicadas, son hechas realidad, son cumplidas en este tiempo final, cada una en su debido momento.

Por lo tanto, adelante, PROSIGUIENDO A LA META correspondiente de Dios para con Su Iglesia.

Se tiene que cumplir la Visión de la Carpa. Es bajo el cumplimiento de esa Visión que el Espíritu de Dios se manifestará en toda Su plenitud. La Columna de Fuego estará en el cumplimiento de la Visión de la Carpa, cumpliendo todo lo que fue mostrado al reverendo William Branham, y cumpliendo todo lo que está prometido para este tiempo final, que Dios hará en medio de Su Iglesia y con Su Iglesia.

Por lo tanto no miramos hacia atrás, sino hacia adelante.

“PROSIGUIENDO (¿a qué?) A LA META.”

Hay una meta puesta por Dios. La meta de Dios es nuestra meta en este tiempo final.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, y le bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Así como Dios tiene libre albedrío, el ser humano tiene libre albedrío, porque Dios creó al ser humano a Su imagen y a Su semejanza.

Todos queremos vivir eternamente, y ya Dios por Su Palabra nos ha dicho que podemos vivir eternamente al recibir a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. Es vida eterna lo que Cristo le da a todos los que lo reciben como su único y suficiente Salvador.

Ninguna otra persona puede darnos vida eterna; solamente hay uno, y Ese es Jesucristo nuestro Salvador.

Cristo dijo: “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y las demás cosas serán añadidas.” [San Mateo 6:33] Lo más importante es buscar el Reino de Dios. Y para entrar al Reino de Dios necesitamos recibir a Cristo como único y suficiente Salvador, para que Él produzca en nosotros el nuevo nacimiento y así podamos nacer en el Reino de Dios.

Dijo Cristo en San Juan, capítulo 6, versos 39 en adelante: “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el Día Postrero.” Todos los que el Padre le ha dado, la ovejas del Padre, Él las resucitará en el Día Postrero.

“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que vea al Hijo, y crea en Él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el Día Postrero.”

Los creyentes en Cristo tienen la promesa de que serán resucitados en el Día Postrero si mueren físicamente; si permanecen vivos tienen la promesa de que serán transformados; y entonces tendrán cuerpos eternos, cuerpos glorificados, igual al cuerpo glorificado que tiene Cristo nuestro Salvador, el cual está tan joven como cuando subió al Cielo. Porque el cuerpo glorificado es eterno… eterno, y por consiguiente no se enferma, no se pone viejo, no se cansa, no tiene problemas para transportación tampoco.

Recuerden a Cristo resucitado, que les aparecía a Sus discípulos en diferentes ocasiones; así es el cuerpo que Él nos dará en la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que estamos vivos en el Día Postrero.

Es un Programa, un Proyecto Divino que Él ha estado llevando a cabo; y culminará con la glorificación, la transformación de los vivos creyentes en Él y la resurrección en cuerpos eternos de los creyentes que murieron. Esa es la Familia de Dios: los hijos e hijas de Dios. En el Reino de Cristo nacemos como hijos e hijas de Dios.

Vamos a estar en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

En las diferentes naciones, diferentes países, también pueden continuar viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador, recordando que la única esperanza que hay para vivir eternamente es Jesucristo.

No hay otra esperanza para la familia humana; solamente hay una, y es Jesucristo nuestro Salvador.

Su Segunda Venida es la esperanza de la Iglesia del Señor Jesucristo, que ha estado esperando Su Venida por alrededor de dos mil años. Desde el momento en que se fue han transcurrido alrededor de dos mil años, y todavía siguen esperando Su Venida. Pero Él dijo que un hombre noble se fue lejos para recibir un Reino y volver.

Él recibirá el reino de este planeta Tierra para establecer el Reino Milenial, el Reino de David; y por consiguiente este planeta Tierra experimentará la bendición de Dios en el Reino del Mesías, y disfrutará de la paz, del amor, de la justicia, de la felicidad y del conocimiento del Dios Creador de los Cielos y de la Tierra. “Porque toda la Tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor, como las aguas cubren el mar.” Habacuc, capítulo 2, verso 14; y también Isaías, capítulo 11, verso 9. Y también Zacarías, capítulo 14, verso 9, nos dice: “En aquel día Jehová será uno, y uno Su Nombre.”

Inclinemos nuestros rostros para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración que estaré haciendo por ustedes a Cristo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único nombre dado a los hombres en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente Contigo en Tu Reino. Haz una realidad en mí la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ahora, los que han venido a los Pies de Cristo preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque Cristo dijo en San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan sencillo como eso: No cree, será condenado; cree, será salvo.

No hay mucho para escoger, solamente una de dos; y queremos vivir eternamente. Por lo tanto, escogemos a Cristo, creemos en Cristo, lo recibimos como Salvador y somos bautizados en agua en Su Nombre. “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” Por lo cual preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Porque cuando los apóstoles predicaban, enseguida bautizaban a los que recibían a Cristo como Salvador.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento de Cristo nuestro Salvador, porque en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; cuando el ministro le sumerge en las aguas bautismales a la persona, tipológicamente está siendo sepultado; y cuando es levantada de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida: a la vida eterna con Cristo nuestro Salvador. Por lo tanto es importante conocer la tipología, el simbolismo del bautismo en agua, para hacerlo conscientemente el bautismo en agua en el Nombre de nuestro amado Señor Jesucristo.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos veremos eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con ustedes aquí al ministro correspondiente, y en cada país dejo al ministro correspondiente para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre de nuestro amado Señor Jesucristo.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, en este estudio bíblico de escuela dominical titulado: “PROSIGUIENDO A LA META.”

Que Dios les bendiga; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo aquí al ministro para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos los presentes y a todos los que están en otras naciones.

“PROSIGUIENDO A LA META.”

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