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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite o de internet en diferentes naciones: reciban mis saludos; y también el misionero Miguel Bermúdez Marín reciba mis saludos, y su esposa Ruth, allá donde se encuentran en la República Mexicana, en Monterrey.

Que Dios bendiga a todos los ministros y sus congregaciones, a cada creyente en Cristo que está en el Programa Divino para nuestro tiempo, y ayude a todos los demás para comprender el Programa Divino correspondiente a este tiempo final, para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta noche leemos Apocalipsis, capítulo 2, verso 17, que dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe”.

“LA PIEDRA (O PIEDRECITA) CON UN NOMBRE NUEVO”.

Encontramos que dos mil años atrás, Cristo vino con el nombre Yoshua o Yeshua, porque significa Salvador, Redentor, para llevar a cabo la Obra de Redención como Cordero de Dios y ser el Sumo Sacerdote que haría intercesión por todos los escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; y todo eso es según el Orden de Melquisedec.

Para el tiempo final, esta Escritura que leímos, en donde Cristo dice que al vencedor le dará a comer del maná escondido, y que le dará una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe; Él dice que tiene un Nombre Nuevo, y que lo va a dar al vencedor.

En Apocalipsis, capítulo 3, verso 12, dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo”.

Es el Señor el que dice que tiene un Nombre Nuevo. Esto será revelado en la Venida del Señor en el tiempo final, para darnos la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

En Apocalipsis, capítulo 19, encontramos al Jinete del caballo blanco, que viene con un nombre que ninguno conoce sino Él mismo. Apocalipsis 19, verso 11 en adelante, dice:

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.

Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.

Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios.

De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores.”

Es este Nombre Nuevo (que dice el Señor que tiene, el cual recibió), ese Nombre es con el cual Él reinará como Rey de reyes y Señor de señores en el Reino Milenial, el Reino del Mesías, el Reino de David siendo restaurado; y todo eso se cumplirá cuando el Ángel del Pacto venga con los santos resucitados para transformar a los creyentes que están vivos y llevarlos con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Por lo tanto, tenemos grandes promesas de grandes bendiciones para este tiempo final, en donde recibiremos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Dice el reverendo William Branham que cuando Cristo subió al Cielo victorioso, recibió un Nombre Nuevo. El mismo Cristo dice que Él recibió un Nombre Nuevo.

Ese Nombre Él lo va a usar —el Ángel del Pacto— en la Venida del Ángel del Pacto con los creyentes que han partido; los cuales buscará en el Paraíso (la sexta dimensión) y los traerá a la Tierra, en donde les dará un cuerpo eterno, inmortal, incorruptible y glorificado; y eso será la resurrección de los muertos en Cristo. Y los que vivimos y permanezcamos vivos hasta ese momento, seremos transformados; para lo cual recibiremos la fe para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

La fe para ser transformados gira alrededor de la Venida del Señor para el Día Postrero con ese Nombre Nuevo que Él dice que recibió. Vendrá con los santos resucitados, como Rey de reyes y Señor de señores —por consiguiente— para establecer el Reino de David y Trono de David con los judíos, que lo están esperando.

Este año del calendario judío es muy importante: 5777, el cual es muy importante para el pueblo judío, que espera la Venida del Hijo de David para restaurar el Trono de David y Reino de David. Él vendrá con un Nombre Nuevo y con los santos que resucitará en el tiempo final.

Por lo tanto, los creyentes en Cristo, los creyentes del cristianismo, y también los judíos, están esperando la Venida del Eterno, la Venida del Verbo, la Venida del Señor en este tiempo final.

Este es un año muy importante para los judíos y para el cristianismo. Para los judíos comenzó el año pasado en el mes de octubre, y concluirá en octubre de este año; o sea, a fines del año finalizará también el año judío 5777. Es un buen año para la Venida del Hijo de David a los judíos.

Por lo tanto, oremos por Israel, para que Dios los prepare para la Venida del Hijo de David, ya sea en este año o el año que viene o el año que sea; pero que estén preparados, porque Dios trabaja, lleva a cabo Su Obra en ciclos.

Y este año del calendario gregoriano y el año presente de los judíos (que comenzó en octubre pasado), es un año muy importante en el Programa Divino, en donde la Era Mesiánica está para ser llevada a cabo muy pronto con los judíos y con la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto estemos preparados, porque grandes bendiciones de parte de Dios están prometidas para ser cumplidas en este tiempo final; y nadie se quiere quedar aquí en la Tierra para pasar por la gran tribulación. Por lo tanto, estemos preparados y conscientes de que Él, la Piedra no cortada de manos, tiene un Nombre Nuevo que nadie conoce sino Él mismo; y aquel a quien es dada la Piedra con el Nombre Nuevo conocerá ese misterio del Nombre Nuevo del Señor.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta noche, en la introducción al tema de estudio bíblico del próximo domingo: “LA PIEDRA CON UN NOMBRE NUEVO”.

Si hay alguna persona que no ha recibido a Cristo todavía y Dios le ha hablado a su corazón, lo puede recibir, y estaremos orando por usted. Si se encuentra en otra nación, también ahí donde se encuentra puede pasar al frente para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo a Dios.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo en diferentes naciones.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, santificado sea Tu Nombre. Venga Tu Reino; y hágase Tu voluntad, como en el Cielo también en la Tierra. Vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que están recibiendo a Cristo como Salvador en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Venida. Creo en Tu Nombre, Señor.

Reconozco que no hay otro nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, sino Tu Nombre. Reconozco que el Sacrificio de Expiación es Tu sacrificio en la Cruz del Calvario.

Creo en Ti con toda mi alma y doy testimonio público de mi fe en Ti, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, los que han recibido a Cristo en diferentes países en estos momentos, pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos veremos eternamente en el Reino de Dios. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez a continuación, y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Que Dios les bendiga grandemente; y nos veremos el próximo viernes y el próximo domingo, Dios mediante, aquí.

Pasen todos muy buenas noches.

“LA PIEDRA CON UN NOMBRE NUEVO”.

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