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Muy buenas tardes, amados hermanos y amigos presentes, y los que están en otras naciones, ministros presentes y también ministros en diferentes naciones junto a sus congregaciones en esta ocasión, para escuchar la Palabra del Señor y ser edificados todos juntos en el Amor Divino.

Un saludo muy especial para todos y especialmente para el misionero Miguel Bermúdez Marín allá en Ciudad Juárez, en República Mexicana. Que Dios te bendiga, Miguel, y te guarde y te use siempre grandemente en Su Obra en este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para hoy tenemos dos videos sobre las actividades de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en la República Mexicana y en la República de El Salvador.

Por otra parte, vamos a conocer cómo están los trabajos de construcción en La Gran Carpa Catedral, un templo que se está construyendo en Cayey, Puerto Rico, pero que será de bendición para miles de personas alrededor del mundo.

Adelante con los documentales, y luego estaré nuevamente con ustedes.

[Proyección de los videos-documentales]

Ya hemos visto el adelanto que tiene el proyecto de construcción; y si se hubiera tenido más… la parte económica, ya estaría mucho más adelantado; pero las condiciones económicas de los diferentes países está en bastante apuro y comprendemos esa parte.

Aprecio mucho el esfuerzo que hace cada uno de los ministros y sus congregaciones para respaldar el proyecto de La Gran Carpa Catedral, donde esperamos la presencia del Ángel del Pacto, de la Columna de Fuego que acompañó a Moisés y a su pueblo en el éxodo de la esclavitud que tuvieron en Egipto, de la cual fueron libertados y llevados por el desierto a la tierra prometida.

Mi aprecio y agradecimiento por el respaldo que le están dando al proyecto. Que Dios los bendiga a todos, los prospere espiritualmente y materialmente; y le quede registrado en el Libro de Memorias en el Cielo todo lo que ustedes están haciendo en este proyecto que todos sabemos que será usado en la Obra del Señor y que Dios lo usará grandemente para Su manifestación de este tiempo final. Que Dios les bendiga y les guarde. ¡Y adelante, que el éxito está asegurado!

También vimos las actividades que estuvo llevando a cabo la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en la República Mexicana y también en la República de El Salvador, las cuales fueron un éxito total para estos trabajos que lleva a cabo la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en favor de la familia humana en todas sus esferas.

Y también vieron hace algunos días las actividades del Congreso de Rabinos que se llevó a cabo en la Argentina; esa la vieron ya hace unos cuantos días, y fue también un éxito total.

Para esta ocasión leemos en Levítico, capítulo 23, versos 9 en adelante, y dice así:

“Y habló Jehová a Moisés, diciendo:

Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, y seguéis su mies, traeréis al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos de vuestra siega.

Y el sacerdote mecerá la gavilla delante de Jehová, para que seáis aceptos; el día siguiente del día de reposo la mecerá.

Y el día que ofrezcáis la gavilla, ofreceréis un cordero de un año, sin defecto, en holocausto a Jehová.

Su ofrenda será dos décimas de efa de flor de harina amasada con aceite, ofrenda encendida a Jehová en olor gratísimo; y su libación será de vino, la cuarta parte de un hin.

No comeréis pan, ni grano tostado, ni espiga fresca, hasta este mismo día, hasta que hayáis ofrecido la ofrenda de vuestro Dios; estatuto perpetuo es por vuestras edades en dondequiera que habitéis”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA PRIMERA GAVILLA MECIDA”.

En estas fiestas hebreas está sellado, codificado, el Programa Divino que Él llevaría a cabo con la raza humana, con Su pueblo Israel y con la Iglesia del Señor Jesucristo. Por eso encontramos estas fiestas tan importantes, ordenadas por Dios para celebrarlas el pueblo hebreo.

Por ejemplo, la Pascua conmemora la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, en donde sacrificaba cada familia un cordero de un año, sin defecto. El padre de la familia lo hacía el día catorce entre las dos tardes, y aplicaba la sangre en el dintel y los postes de su hogar para la preservación de la vida del primogénito o primogénitos que vivieran en esa casa. Podía ser uno o podían ser dos: podía ser el hijo de la casa o podía ser el padre de la casa que fuera primogénito también. Eso era lo único que libraba de la muerte al primogénito de la familia.

El primogénito de la familia representa a los primogénitos de Dios escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, y representa a todos los primogénitos de Israel. Por lo tanto, Israel como hijo primogénito de Dios, conforme a Éxodo, capítulo 4, donde Dios dice [verso 22]: “Israel es mi hijo, mi primogénito”… Y si Israel es el hijo primogénito de Dios como pueblo, entonces el Cordero pascual lo protege, la Sangre del Cordero pascual lo protege; porque esa es la Sangre que quita… que protege a todo primogénito.

E Israel como pueblo es el pueblo primogénito de Dios; y si es el primogénito, después de Israel nacerán otros pueblos en donde Dios derramará Su protección, Sus bendiciones, y que estarán bajo el liderazgo de Israel como hijo primogénito de Dios como pueblo. Recuerden que siempre los hijos menores imitan al hijo mayor, al primogénito.

El primogénito también tiene una doble porción de bendición; por lo tanto es importante comprender que Israel tiene una doble porción de bendición de parte de Dios: hay bendición terrenal y hay bendición celestial.

Por ejemplo, tenemos el caso de José, hijo de Jacob, hijo por medio de la esposa amada; y José recibió la bendición de la primogenitura por medio de su hijo Efraín. 

Esa bendición de la primogenitura, cuando es hablada en la Biblia por Jacob sobre Efraín, le establece las bendiciones que recibirá él y su tribu; y esa es la bendición más importante de todas las bendiciones.

Por eso Jacob también luchó por ella con su hermano Esaú; y hasta que recibió la bendición del Ángel del Pacto, cuando ya regresaba de Harán, de la casa de su suegro con sus esposas, sus siervas y sus hijos…

Recuerden que tenía que enfrentarse a Esaú, que venía con unos 400 o 450 militares, personas armadas con espadas; y como Esaú había dicho que cuando muriera su padre Isaac él mataría a su hermano Jacob por robarle la bendición de la primogenitura, por lo tanto, Jacob estaba muy nervioso; y envió frente a él a su familia, y el último grupo que envió fue a su esposa con sus dos hijos; y él se fue al otro lado del arroyo, cruzó el arroyo, y esperó allí; estaba orando a Dios.

Le apareció el Ángel del Pacto, Jacob lo agarró, no lo soltó. El Ángel le decía: “Suéltame, que tengo que irme”. Es que, por lo que se ve, tenía que reportarse al Cielo, al Trono, porque estaba amaneciendo.

Y Jacob le dijo: “No te dejaré. No te soltaré hasta que me bendigas”. [Génesis 32:22-29]. Él sabía que ese era el Ángel que podía bendecir a Jacob y a sus hijos, y librarlo de la muerte que había dicho Esaú que le daría cuando su padre Isaac muriera.

O sea que era un momento muy importante para Jacob, lo cual es tipo y figura de este tiempo final, en donde tenemos la promesa de que el Ángel de Dios que bendijo a Jacob cambiándole el nombre, es el mismo Ángel de Dios que le apareció a Moisés, es el mismo Ángel que le apareció a Josué, es el mismo Ángel que le apareció a Manoa, llamado el Ángel de Dios o el Ángel de Jehová, o el Ángel del Eterno o el Ángel del Todopoderoso. En palabras más claras: es la imagen del Dios viviente. La imagen es un cuerpo angelical, esa imagen es el cuerpo teofánico de Dios.

Cuando Dios se manifiesta en forma de un hombre en Espíritu, es el Ángel del Dios, el Ángel del Pacto manifestado, en el cual está Dios y está el Nombre de Dios; porque así corresponde al cuerpo espiritual de Dios, así como corresponde al cuerpo espiritual de cada persona llamado espíritu.

El Ángel de Dios, el Ángel del Pacto, es también llamado el Espíritu Santo. Un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Recuerden que en el Ángel está el Nombre de Dios; y cuando el Ángel viene en carne humana, conforme a Malaquías, capítulo 3, antes envía a Su precursor Juan el Bautista, preparándole el camino. Y luego “viene a Su templo el Señor, el Ángel del Pacto, a quien deseáis vosotros”.

¿Cómo viene? Viene a Su Templo, Su cuerpo físico, y también viene al templo literal. Viene en carne humana. El cuerpo de carne es llamado el Templo del Señor.

Recuerden que Él dijo en el capítulo 2, verso 17 al 23, de San Juan: “Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré”. Pensaban que estaba hablando del templo literal, pero luego dice que estaba Él hablando de Su cuerpo como templo, del Templo de Su cuerpo.

Nuestros cuerpos son templos humanos donde habitamos, y donde habitamos en alma y espíritu.

Lo más importante es el alma, porque eso es lo que usted y yo somos: almas vivientes, almas vivientes en cuerpo espiritual y en cuerpo físico. Por eso la transformación se requiere para poder vivir en el Reino de Dios.

Recuerden que Jesús dijo: “El que no nazca de nuevo, no puede ver el Reino de Dios. El que no nazca del Agua y del Espíritu no puede entrar al Reino de Dios”. [San Juan 3:3-5]. En el Reino de Dios la persona nace en y a la vida eterna; es la forma para obtener la vida eterna.

Y ahora, eso es así para los individuos y también las naciones, porque una nación tiene que nacer en el Reino de Dios; y eso va a ser Israel, que va a nacer como nación de Dios, como nación hija de Dios en el Reino de Dios.

Actualmente el reino que está gobernando el planeta Tierra es el reino de los gentiles; pero cuando sea establecido el Reino de Dios en la Tierra, Israel siendo la nación primogénita de Dios estará a la cabeza de todas las demás naciones que como hijas de Dios van a entrar al Reino de Dios.

Por consiguiente, al ser la nación primogénita Israel, será la cabeza de todas las naciones, la capital de todas las naciones, con Jerusalén como capital y todo el territorio de Israel como Distrito Federal. Desde ahí se llevará a cabo el Gobierno del Reino de Dios en la Tierra.

Porque el Reino de Dios en la Tierra es el Reino de David que será restaurado, y el Trono de Dios en la Tierra es el Trono de David. Y será el Mesías-Príncipe, el Mesías del pueblo hebreo, que se sentará en el Trono de David como descendiente del rey David y heredero al Trono y Reino de David.

Por lo tanto, aunque la situación mundial se ve muy oscura, hay una bendición grande para el pueblo hebreo, una bendición de primogenitura para Israel.

Y en ese Reino las naciones prosperarán. El ser humano obtendrá el conocimiento máximo de Dios: “Porque la Tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor”, como dice Habacuc, capítulo 2, verso 14; y también Isaías, capítulo 11, verso 9: “La Tierra va a ser llena del conocimiento de Dios”.

Todos van a conocer a Dios, todos van a conocer el Programa de Dios; y van a acabar las contiendas religiosas, va a acabar la ignorancia de Dios; todos van a conocer a Dios. Y solamente va a quedar una forma de creer y servir a Dios, porque Dios es uno.

Y todo eso saldrá de Israel en el Reino del Mesías, porque allí estará el Ministerio de Religión, también estará el Ministerio de Justicia y estará el Ministerio legislativo, el Ministerio de Gobierno; el Ministerio político estará también allí. Y por eso, siendo que es en el Gobierno Divino, el cual será administrado por Dios a través del Hijo de David, el Heredero al Trono de David, todo va a prosperar.

Será un tiempo de paz sobre la Tierra, el diablo estará atado por mil años, y no habrá problema que surja; y si surge, puede ser resuelto todo problema.

Ese es el Reino al cual todos queremos pertenecer. Ese es el Reino de Gobierno que todos queremos que pronto sea establecido en la Tierra por Dios.

Y está prometido en Daniel, capítulo 2, verso 30 en adelante, que ese gran monte (que es el reino de los gentiles que ha pasado por diferentes etapas, y que se encuentra en la etapa de los pies de hierro y de barro cocido), con la Venida de la Piedra no cortada de manos será desmenuzado; el viento se lo llevará, todos los escombros del reino de los gentiles. Y la Piedra que hirió a la imagen en los pies de hierro y de barro cocido crecerá, y será un Reino muy grande que cubrirá todo la Tierra, un Reino mundial.

Por lo tanto hay grandes promesas divinas para el pueblo hebreo para este tiempo final; y también para la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo hay grandes promesas de grandes bendiciones.

En estas fiestas hebreas o judías está codificado, está escondido todo el misterio del Programa Divino que Él llevaría a cabo.

En los días de Jesús era el tiempo de la Pascua siendo materializada, la cual cada año representaban en la Fiesta de la Pascua, y estaban conmemorando la Pascua que habían llevado a cabo allá en Egipto para la preservación de los primogénitos. 

Luego, la semana: los siete días de fiesta que le seguían, representaba los días por el desierto. Y luego la gavilla mecida, que eran los primeros frutos que llegaban a madurez, la gavilla o manojo de espigas de trigo (o algo parecido al trigo que se usaba para esa fiesta); lo cual representa a Cristo, el cual fue mecido sobre el pueblo al resucitar.

Su resurrección el día domingo de resurrección, la Gavilla, el que llegó a madurez, Ese estaba siendo mecido sobre el pueblo; y estaba siendo mecido delante de la presencia de Dios para que el pueblo pudiera ser acepto delante de Dios.

Sin esa gavilla mecida el resto de la cosecha no tendría la bendición de Dios; pero el ser aceptada la gavilla mecida delante de Dios, el pueblo fue aceptado; el resto de la cosecha que vendría luego, sería aceptada delante de Dios; y esto representa personas, seres humanos. Ahí están representados: el pueblo hebreo para aquel tiempo y la Iglesia del Señor Jesucristo para la Dispensación de la Gracia.

Y ahora, el Hijo del Hombre, la Gavilla, el primero que llegó a madurez dos mil años atrás, ha sido colocado sobre el pueblo, mecido sobre el pueblo por medio de la predicación del Evangelio de Cristo; y el Espíritu Santo ha estado manifestándose para traer esa cosecha, ese recogimiento de los escogidos, del trigo de las diferentes edades, cada persona en la Edad que le toca vivir; se ha estado llevando un recogimiento.

Y ahora en este tiempo final es el llamado final para el trigo. Luego de la Gavilla mecida, que fue el Hijo del Hombre, Cristo, ahora el resto de la cosecha es la Iglesia del Señor Jesucristo: de edad en edad entrando al Reino de Dios y por consiguiente recibiendo las bendiciones de Dios, siendo aceptados en el Reino de Dios.

Y ahora nos encontramos en el tiempo final, donde nuevamente tiene que ser mecida una gavilla: el Hijo del Hombre; el cual es la Gavilla que fue mecida allá dos mil años atrás, y que será mecida en este tiempo final para salir de sistemas humanos y entrar al Programa Divino del tiempo final, para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Y así como todo eso ocurrió allá, dos mil años atrás, en una Edad de Piedra Angular: la Edad de Piedra Angular de la Venida del Hijo del Hombre; ocurrirá en el tiempo final en la Edad de Piedra Angular correspondiente a la Iglesia del Señor Jesucristo.

Estamos en esa edad, estamos en el tiempo de la Gavilla siendo mecida para la bendición de salir a la tierra prometida, de la revelación divina para el tiempo final y para recibir la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

La Gavilla mecida, la primera Gavilla mecida: Jesucristo. Y para este tiempo final habrá una Gavilla mecida: el Hijo del Hombre prometido para ser manifestado en este tiempo final.

Ahí está el misterio más grande de la Biblia para los seres humanos, lo cual será la Venida del Señor a Su Iglesia y luego al pueblo hebreo. Tan sencillo como eso.

Pero para que no haya imitaciones quedó sellado en un misterio cómo vendrá, cuándo vendrá, dónde vendrá, y un sinnúmero de cosas más; pero sí que vendrá, porque Dios lo ha prometido.

Y cuando se complete el número de los escogidos de Dios en el Cuerpo Místico de Cristo, todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, entonces ya terminará el tiempo de misericordia y el Señor se levantará del Trono de Intercesión, donde está como Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec, y tomará el Libro de la diestra del que está sentado en el Trono (o sea, de Dios).

Ese Libro está sellado, cerrado; desde que Adán lo perdió quedó en las manos de Dios. Para este tiempo final es que el Cordero de Dios, Cristo, cambiará de Sumo Sacerdote a Rey y a Juez, y tomará el Libro, lo abrirá en el Cielo, lo traerá a la Tierra abierto y lo entregará a un hombre para que se lo coma y profetice sobre muchos pueblos, naciones y lenguas.

Y ahí es donde Israel va a escuchar al que se comió el Libro, profetizando sobre muchos pueblos, naciones y lenguas. Ahí es que se escuchará también la predicación del día de venganza del Dios nuestro; o sea, de los juicios divinos, de las plagas que han de caer sobre la raza humana; ahí es donde se cumplirá Isaías, capítulo 61, verso 2; porque en los días de Jesús Él vino predicando el año de la buena voluntad del Eterno, que corresponde a la Dispensación de la Gracia, en donde hemos tenido unos dos mil años de predicación del Evangelio.

Así que estamos en un tiempo muy importante, donde las profecías correspondientes a este tiempo final, que están en parábolas, también en estas fiestas hebreas y en otras profecías, se han juntado para cumplirse en este tiempo final; porque son las profecías del Día Postrero.

Y el Día Postrero es el séptimo milenio de Adán hacia acá. “Porque un día delante del Señor es como mil años, y mil años como un día”, nos dice Segunda de Pedro, capítulo 3, verso 8; y también en los Salmos nos habla de estas profecías y de lo que es el Día Postrero.

Por lo tanto estemos preparados, porque la Venida del Señor, la Venida del Hijo del Hombre, para este tiempo final es la Gavilla que es mecida, que se mece delante de Dios; y se mece sobre el pueblo para este tiempo final, para traer un éxodo espiritual y grandes bendiciones, y darnos también la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo.

Hay grandes bendiciones selladas en las fiestas que corresponden a este tiempo final. Luego vendrá, al final de la Fiesta de Pentecostés, la Fiesta del Año Cincuenta; porque los cuarenta y nueve años representan las siete edades o etapas de la Iglesia, en donde venía alimento fresco, maná fresco cada día, en cada etapa, a través del Espíritu de Dios en el mensajero de cada edad, el cual comían; y cada etapa venía alimento nuevo, o sea, alimento fresco, maná fresco para el pueblo de Israel en su trayectoria por el desierto.

Y luego llegaba el año cincuenta, que es el año de Pentecostés, el año importante donde Dios derramaría del Espíritu sobre toda carne; y eso se conmemoraba cada año.

Y el Día de Pentecostés en el aposento alto se hizo realidad. Ya no era tipo y figura, sino que era la realidad de lo que significaba el Día de Pentecostés allá.

Y esos cuarenta y nueve años también representan las diferentes etapas de la Iglesia del Señor Jesucristo, como también encontramos que nos muestra esa trayectoria de Israel por el desierto.

Y luego, el Día de Pentecostés, encontramos que nacieron de nuevo miles, como tres mil personas (sin contar los niños y las mujeres); o sea que el número era bastante grande. Nacieron en el Reino de Dios a la vida eterna, fueron trasladados de este reino terrenal al Reino celestial; entonces tienen dos ciudadanías: la terrenal (del viejo hombre) y la nueva (la celestial, del hombre nuevo que ha nacido en el Reino de Dios).

Es importante saber que luego de nacer de nuevo, ya la persona ha recibido vida eterna, pero le falta la vida eterna para el cuerpo físico, lo cual es una promesa y lo cual será hecho una realidad cuando Cristo complete Su Iglesia y tome el Título de Propiedad y lo abra en el Cielo, y haga Su Obra de Reclamo en la Tierra, pase por el Paraíso como pasó dos mil años atrás, donde trajo a Abraham, a Isaac y a Jacob; y a muchos santos que habían dormido los resucitó, resucitaron con Él.

Y ahora, para este tiempo final el Señor pasará por el Paraíso, donde están los santos del cristianismo que partieron, y los traerá con Él en Su Venida en la resurrección de los santos que partieron, que murieron; y aparecerán a los escogidos de Dios que van a ser transformados en este tiempo final.

Como aparecieron allá los santos del Antiguo Testamento a muchos allá en Jerusalén, aparecerán a los santos del Nuevo Testamento en la resurrección que va a ocurrir durante el tiempo de la Edad de Piedra Angular; y la Edad de Piedra Angular ya comenzó hace años.

Por lo tanto estemos apercibidos, preparados, para darles la bienvenida; porque cuando el reverendo William Branham los visitó, ellos dijeron: “Aquí no comemos ni bebemos ni dormimos; pero cuando regresemos a la Tierra, allí comeremos”. Así que de lo que tengamos les daremos de comer.

Para ese tiempo, así como fue alimentada la multitud que seguía a Jesús (unas dos veces), así también Dios suplirá alimento para todos los creyentes y para también ofrecerle a los que vendrán del Paraíso.

LA PRIMERA GAVILLA MECIDA: el Hijo del Hombre que murió y resucitó al tercer día, día domingo de resurrección, día de ofrecer ante Dios la gavilla mecida, mecer la gavilla, el manojo de espigas de cebada, que representaban al Hijo del Hombre, a Cristo en su tiempo. Y el resto de las gavillas, el resto de la siembra, de la cosecha, estaba asegurado que sería recogido y tendría la bendición de Dios, porque la primera Gavilla fue aceptada delante de Dios.

Así que recuerden que la Gavilla representa a Cristo, y la demás cosecha representa a los creyentes en Cristo.

Ha sido para mí una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, compartiendo este tema: “LA PRIMERA GAVILLA MECIDA”. 

Si hay alguno que todavía no ha recibido a Cristo, lo puede hacer, porque todavía hay tiempo para recibirlo como Salvador; porque la primera Gavilla, Cristo, que llegó a madurez, fue aceptado delante de Dios; y nos hizo aceptos delante de Dios al Él ser aceptado; y al creer en Él somos aceptados delante de Dios para vida eterna.

Los que no han recibido a Cristo todavía, lo pueden hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted. Pueden pasar al frente los que están aquí presentes, y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

No hay cosa más importante que la vida eterna; y no hay dinero con el cual usted la pueda comprar, no tiene precio. Dios la otorga gratuitamente a todos los que reciben a Cristo como único y suficiente Salvador, a todos sobre los cuales es mecida la Gavilla y reciben a Cristo como Salvador. Por lo tanto, pueden venir a Cristo para recibirlo, para que Él les reciba en Su Reino y les dé vida eterna, que es lo que necesitamos.

Cuando la persona está jovencita, cuando es niño, desea que los años pasen. Cuando está más jovencita, también desea que los años pasen para terminar sus estudios.

Luego cuando está un poco más joven - mayor, de 15 a 18 años, y quiere ir a la universidad, desea que llegue rápido ese tiempo para entrar a la universidad, y desea que termine pronto el tiempo para salir con su título universitario. Después desea conseguir trabajo rápido y trabajar.

Luego que pasa de los 21 años nota que sus pensamientos van cambiando un poquito; y cuando las cosas están buenas para la persona, no desea que el tiempo se pase rápido; ya va tomando conciencia del tiempo.

Y luego cuando ya trabaja, tiene familia, ya va pensando que su tiempo ya va por la mitad de la vida y no sabe cuándo se le va a acabar: si a la media vida o terminará a los 70 u 80 años en la Tierra. Ya no desea que pase tan rápido el tiempo, porque no desea irse de aquí, porque no sabe a dónde va. Y si sabe a dónde va, algunas veces al sitio que va no es bueno, porque no ha recibido a Cristo como Salvador y sabe que lo que le espera no es el Paraíso. Pero el creyente en Cristo, sea que viva o que muera físicamente, está bien.

Pero Pablo decía: “Desearía estar en la presencia de Dios, estar ausente del cuerpo y presente ante el Señor; pero prefiero estar aquí presente, en el cuerpo”. [Segunda de Corintios 5:6-8]. Es porque el que se va, el que se va ya no puede estar trabajando en la Obra del Señor aquí. Los que quedan son los que tienen el derecho y el privilegio de trabajar en la Obra del Señor en el Reino de Dios.

Por lo tanto aprovechemos ese tiempo, el cual no se va a repetir. Por lo que trabajemos en el Señor, son las recompensas que Él repartirá a cada persona.

Recuerden que Pablo dice: “Porque vuestro trabajo en el Señor no es en vano” [Primera de Corintios 15:58]; o sea, recibirá su recompensa. Y Cristo en las parábolas también mostró que Él pagará a cada uno según sea su obra. (Apocalipsis, capítulo 22, verso 12).

Y también en la parábola de los siervos, en donde el siervo fiel y prudente multiplicó lo que Dios, el Padre de familia le había dado, lo multiplicó; y el que enterró el talento que le fue dado, quiso dar buenas cuentas a Dios diciendo: “Aquí está el talento que me diste”; pero Dios no… Cuando Dios da algo es para que lo usemos en Su Programa.

Uno que no trabaje en la Obra del Señor es un negligente delante del Señor, y no tiene derecho a que le digan: “Buen siervo y fiel, en lo poco has sido fiel, en lo mucho te pondré” [San Mateo 25:14-30], porque no fue fiel, porque no usó lo que le fue dado para trabajar.

Vamos a orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo en estos momentos en diferentes naciones:

Padre nuestro que estás en los Cielos, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que aquí y en otros países están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración que estaré haciendo a Cristo por cada uno de ustedes:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego me perdones y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Ahora, los que han recibido a Cristo como Salvador, preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?”. Porque Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Por cuanto ustedes han creído de todo corazón, bien pueden ser bautizados dentro de algunos minutos.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo en el cual nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, como lo hacían los apóstoles por orden del Señor Jesucristo.

El bautismo en agua es tipológico. Por lo tanto, siendo un mandamiento de Cristo, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Ya el viernes próximo nos veremos aquí, y luego el próximo domingo también.

Que Dios les bendiga a todos; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, nuestra Gavilla mecida, el primero que llegó a perfección. Y por cuanto Él llegó, todos llegaremos también a ser perfectos en alma, espíritu y cuerpo; como Él es perfecto, también alcanzaremos la perfección.

Y al alcanzar la perfección: la vida eterna total, la vida eterna también del cuerpo físico, que tanto necesitamos para no ponernos ancianos, para no dejar de existir; para existir físicamente por toda la eternidad en un cuerpo glorificado y eterno, igual al cuerpo glorificado de Cristo, para todos tener esa semejanza física.

Así como recibimos la imagen al recibir el Espíritu de Cristo, recibiremos la semejanza física al recibir el cuerpo glorificado y eterno y joven que Él nos dará en la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los que vivimos.

Que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

¡Este es un año de victoria y para la victoria: año 2017!, donde esperamos grandes bendiciones de parte de Dios. Y recuerden que el éxito está asegurado, la victoria está asegurada.

Las profecías bíblicas para el tiempo final hablan de la gran victoria en el Amor Divino. La gran victoria en el Amor Divino está asegurada para la Edad de la Piedra Angular.

Que Dios les bendiga y les guarde; y continuaremos el próximo viernes y continuaremos el próximo domingo.

Dios les bendiga a todos los presentes y a todos los que están en otras naciones.

Dejo con ustedes a cada ministro en cada nación, en cada ciudad, en cada iglesia; y aquí dejo al reverendo José Benjamín Pérez con nosotros.

Dios les bendiga y les guarde a todos.

Con nosotros el reverendo José Benjamín Pérez a continuación.

“LA PRIMERA GAVILLA MECIDA”.

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