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Muy buenas noches, amados amigos y hermanos presentes, y también todos los que están en diferentes países, ministros y sus congregaciones en toda la América Latina, Norteamérica y demás naciones, conectados con esta transmisión: reciban mis saludos, y también al misionero Miguel Bermúdez Marín allá donde se encuentra en esta noche reunido con la Iglesia y el ministro allá en el país donde están conectados con esta transmisión que estamos llevando a cabo desde Cayey, Puerto Rico.

Para esta ocasión leemos la Escritura en el libro de Apocalipsis, capítulo 7, verso 1 en adelante (verso 1 al verso 8), y dice así la Palabra del Señor:

“Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre ningún árbol.

Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar,

diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios.

Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

De la tribu de Judá, doce mil sellados. De la tribu de Rubén, doce mil sellados. De la tribu de Gad, doce mil sellados.

De la tribu de Aser, doce mil sellados. De la tribu de Neftalí, doce mil sellados. De la tribu de Manasés, doce mil sellados.

De la tribu de Simeón, doce mil sellados. De la tribu de Leví, doce mil sellados. De la tribu de Isacar, doce mil sellados.

De la tribu de Zabulón, doce mil sellados. De la tribu de José, doce mil sellados. De la tribu de Benjamín, doce mil sellados”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla, nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“EL LLAMADO FINAL DE LAS DOCE TRIBUS DE ISRAEL”.

Ese es nuestro tema para el próximo domingo, y hoy tendremos una corta introducción a ese tema de escuela bíblica del próximo domingo.

Las tribus de Israel son doce, aunque parecen ser trece, pero es que la tribu de José consta de dos tribus; y por consiguiente, Manasés y Efraín son la tribu de José. Por cuanto la primogenitura la tiene Efraín, por consiguiente hay una doble bendición en la tribu de José; esa doble bendición viene por medio de Efraín y Manasés. Efraín representa a la Iglesia del Señor Jesucristo y Manasés al pueblo hebreo.

Por consiguiente hay un misterio ahí grande, porque la restauración de Israel al Reino de Dios no puede ocurrir sin las diez tribus, llamadas las tribus perdidas de Israel, del reino del norte; que fue dividido el reino de David por causa del pecado del rey Salomón, que se tornó en el tiempo, ya de su edad avanzada, se tornó a ídolos, por causa de la influencia de sus esposas gentiles de pueblos paganos, idólatras, y por consiguiente introdujeron (y él lo permitió, Salomón) el paganismo en medio de Israel.

Y por eso en el reino del norte, que fue dado a Jeroboam, descendiente de Efraín, diez tribus fueron dadas a él. Cuando Dios rompió el reino, lo dividió en dos, y dos tribus fueron dadas a Roboam, rey del reino del sur, de la casa de David, descendiente del rey Salomón.

Desde aquel tiempo hacia acá el reino de Israel no ha sido restaurado, pero está la promesa de que será restaurado el reino de Israel; y por consiguiente Israel será restaurado a ese Reino, que es el Reino de Dios en la Tierra, con capital Jerusalén y Distrito Federal todo el territorio de Israel.

Reino que gobernará sobre todas las naciones, serán unificadas en ese Reino también todas las naciones; y esas naciones que entren a formar parte de ese Reino servirán al Trono y Reino de David, que será restaurado; y entonces habrá paz sobre el planeta Tierra, porque todos estarán… los sobrevivientes que pasen la gran tribulación y queden vivos se unirán al Reino de David, que es el Reino de Dios en la Tierra; y se establecerá ese Reino mundial de Dios, en el cual el Mesías-Príncipe judío se sentará en el Trono de David y gobernará sobre Israel y sobre todas las naciones.

Lo que Israel ha deseado tener, el gobierno mundial, lo tendrá, porque ese es el plan de Dios para el séptimo milenio (de Adán hacia acá), el milenio en el cual el Reino de Dios, el Reino terrenal de Dios será restaurado. Y dice Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 22:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

En la misma forma que dijo Cristo en San Mateo, capítulo 26, verso 64, que Él se sentaría en el Trono con el Padre… Veamos cómo lo dice aquí la Escritura. Esto fue cuando estaban juzgando a Jesucristo, a Yeshua; lo estaba juzgando el Sanedrín. Capítulo 26, verso 63 al 64:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”.

Ya Jesucristo había dicho que se sentaría a la diestra de Dios. Y en San Marcos, capítulo 14, verso 53 en adelante, también habla del mismo tema; y dice (cuando lo estaban juzgando) capítulo 14, verso 61 al 62, de San Marcos:

“Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?

Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”.

Aquí habla que se sentará en el Trono de Dios, a la diestra de Dios, y luego viniendo en las nubes del Cielo en Su Venida.

Y en San Lucas, capítulo 22, verso 63 en adelante, dice… Capítulo 22, verso 67 en adelante, de San Lucas, dice:

“¿Eres tú el Cristo? Dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creeréis;

y también si os preguntare, no me responderéis, ni me soltaréis.

Pero desde ahora el Hijo del Hombre se sentará a la diestra del poder de Dios”.

Y en Apocalipsis, la lectura que tuvimos del capítulo 3 y verso 20 al 21, dice: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

En la misma forma que Él se sentó en el Trono celestial, dará al vencedor que se siente con Él en el Trono terrenal.

El Trono del Padre está en el Cielo, el Trono del Reino celestial; pero el Trono del Reino terrenal es llamado el Trono de David, en el cual, en la misma forma que el Padre sentó en Su Trono con Él a Cristo, el Vencedor, el Mesías, el Ungido, Yeshua… en esa misma forma en que el Padre sentó en el Trono con Él a Jesús, el Cristo, Yeshua… y por consiguiente todo poder en el Cielo y en la Tierra le fue dado, y Él es el heredero al Reino celestial, y todas las cosas fueron entregadas en Su mano; por eso Él es el que le da sustento a toda la Creación.

En palabras más claras: Dios a través de Él le da sustento a toda la Creación, gobierna toda la Creación, y está en Su Iglesia en Espíritu, manifestándose de edad en edad.

Pero habrá un Reino terrenal en el cual el Trono de David y Reino de David será restaurado, e Israel será restaurado al Reino de Dios terrenal. Y en ese Trono es que el Señor promete sentar con Él al vencedor, por eso es que le da tantas bendiciones.

Por ejemplo, en el capítulo 2 de Apocalipsis, verso… Capítulo 3, verso 12, dice:

“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

Va a escribir sobre el vencedor el nombre de la ciudad, y el Nombre de Dios y Nombre Nuevo del Señor; todo eso estará en el vencedor del tiempo final.

Y en el capítulo 2, verso 26 en adelante, de Apocalipsis, dice:

“Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,

y las regirá con vara de hierro…”

O sea, le dará autoridad para gobernar, y las va a regir con vara de hierro; o sea que será un Reino de mano fuerte, de mano dura.

“… como yo también la he recibido de mi Padre…”

Vean que en la misma forma que el Padre ha hecho con Cristo en el Reino celestial y en el Trono celestial, así hará Cristo con el vencedor en el tiempo final.

Recuerden que el que se sentó en el Trono de Dios, a la diestra de Dios, fue el mensajero de la Edad de la Piedra Angular, la Piedra del Ángulo, la Piedra Angular: el Señor en Su Venida dos mil años atrás, al cual Juan el Bautista precursó, le preparó el camino.

Y Juan el Bautista no era el mensajero de la Edad de la Piedra Angular, sino de la séptima edad de la Iglesia hebrea bajo la Ley; pero vino preparándole el camino a uno que vendría después de él, el cual sería mayor que él y el cual bautizaría con Espíritu Santo y Fuego para producir una resurrección espiritual en cada persona que lo recibiría como Salvador.

Y ahora, para el tiempo final, en donde esperamos la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos, Dios envió al precursor de la Segunda Venida de Cristo preparándole el camino, preparándole una plataforma en la cual Él se parará en Su manifestación final en la Edad de Piedra Angular.

Por eso el reverendo William Branham, en la página 37 del libro de “Citas”, dice: “Mire hacia arriba, mire a la edad que viene: la Edad de Piedra Angular”.

Esa es la edad para el cumplimiento de la Venida del Señor, para el recogimiento de los escogidos, para la resurrección de los muertos en Cristo y para la transformación de los vivos en Cristo del tiempo final. Esos son los que serán transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero, más los creyentes de edades pasadas nacidos de nuevo en el Cuerpo Místico de Cristo.

Y ahora, todo eso Cristo lo hará en Su Obra de Reclamo como Juez de toda la Tierra; por eso hablará sobre el juicio divino que vendrá sobre el planeta Tierra, sobre todas las naciones; porque estará como León de la tribu de Judá, como está en Apocalipsis, capítulo 5 y también capítulo 10, el cual desciende, y al poner Su pie sobre la tierra y otro sobre el mar clama como cuando un león ruge (porque viene como León) y siete truenos emiten sus voces.

Esa es la Voz del Señor en Su Venida hablando el contenido de esos Truenos. Es el Mensaje Final, la Voz de Cristo en el Día Postrero hablando a Su Iglesia, representada en Juan el apóstol, y luego hablándole al pueblo hebreo.

Por eso en Apocalipsis 10 Juan recibe el Libro sellado con siete sellos; le fue dicho que lo comiera y que le sería dulce en la boca pero amargo en su vientre. Ese es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, es la Palabra; y con la apertura de ese Libro Él hace el reclamo de toda la Creación, del pueblo hebreo y de Su Iglesia. Todo lo regresará al original, a la vida eterna. Por eso aparece el grupo de ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, en Apocalipsis, capítulo 7, los cuales son reunidos, recogidos en este tiempo final.

Cuando la Dispensación de la Gracia termina, es cerrada la Dispensación de la Gracia y se abre la Dispensación del Reino, en donde el Señor estará como León. En la Dispensación de la Gracia ha estado por dos mil años (alrededor de dos mil años) como Cordero de Dios y como Sacerdote, Sumo Sacerdote, haciendo intercesión con Su propia Sangre.

Ahora vean en “Las Edades”, página 30, lo que dice el reverendo William Branham:

“109. Ahora, ¿cuándo volverá el Evangelio a los judíos? Cuando se haya terminado la dispensación de los gentiles. El Evangelio está listo para volver a los judíos. Oh, si tan sólo les pudiera decir algo que está a punto de suceder hoy, en este nuestro día. Esta gran cosa que va a suceder recorrerá hasta Apocalipsis 11; y aquellos dos testigos, aquellos dos profetas, Moisés y Elías, trayendo el Evangelio de nuevo a los judíos. Estamos listos. Todo está en orden. Igual como los judíos trajeron el Evangelio a los gentiles, así también los gentiles se lo llevarán de regreso a los judíos, y el Rapto sucederá”.

Por esa causa fue que el reverendo William Branham trató de llevar el Evangelio a los judíos; y ya cuando estaba en El Cairo, Egipto, el Ángel que lo acompañaba le dijo: “No es el tiempo todavía. Tiene que ser conforme a la Escritura”. O sea, esto es conforme a Apocalipsis, capítulo 11, los Dos Olivos.

Página 458 y 459 del libro de “Los Sellos” en español, dice:

“112. Entonces es entre el Sexto y Séptimo Sello cuando Él llama a esta gente, los cuales fueron mencionados por Jesucristo en Mateo 24:31. Cuando la Trompeta suena, será la Trompeta de los dos testigos de la edad de la gracia para los judíos. Suena una Trompeta… Ahora veámoslo más claro acá en Mateo 24:31: ‘Y enviará sus ángeles (no es solamente uno, sino dos) con gran voz de trompeta.’ ¿Qué es? Cuando Dios habla, se oye el sonido de trompeta. Siempre ha sido así la Voz de Dios, llamando a la batalla. Dios está hablando. Estos dos ángeles vienen con el sonido de la Trompeta. Y noten bien: Pero en los días de la voz del séptimo ángel, suena la Trompeta. En los días de la voz del primer ángel, sonó la trompeta. En los días de la voz del segundo ángel, sonó una trompeta, y así fue cuando Él mandó a cada uno.

113. Pero cuando fueron anunciados los Sellos, estaban todos juntos en una gran escena Divina para llamar un grupo de gente, y hubo el sonido de una sola Trompeta; y fueron abiertos siete Sellos. Él está reuniendo Sus judíos escogidos de los cuatro ángulos de la Tierra.

114. Como hemos visto, Él habló de los seis Sellos, pero no dijo nada del Séptimo Sello. Vemos en Mateo 24:32 que Jesús entra a hablar en parábolas relacionadas al tiempo del llamamiento de los judíos escogidos. Él habló de los primeros seis Sellos, pero no dice nada del séptimo (Sello)”.

Ahora, hemos visto que para este tiempo final habrá un llamado no solamente para la Iglesia en el Día Postrero, en la Edad de Piedra Angular (a donde somos llamados y subidos), sino que también habrá un llamado para ciento cuarenta y cuatro mil judíos escogidos, o sea, hebreos escogidos, doce mil de cada tribu; y son doce tribus, por lo tanto son ciento cuarenta y cuatro mil judíos de las doce tribus de Israel, doce mil de cada tribu; y esto ocurre en el tiempo en que el Señor cambia de Cordero a León.

Estamos en un tiempo muy importante. Por lo tanto, cuando vemos a los judíos preocupados…, porque estamos en un ciclo en donde debe cumplirse la Venida del Mesías hebreo judío, todos están preocupados; y el cristianismo debe estar preocupado porque los judíos están esperando la Venida del Mesías judío en este tiempo final, el cual está prometido para este tiempo final, para el llamado final de las doce tribus de Israel.

Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, en la introducción del tema del próximo domingo de escuela bíblica: “EL LLAMADO FINAL DE LAS DOCE TRIBUS DE ISRAEL”.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo, aquí presente o en alguna otra iglesia, congregación, en otro país, y no ha recibido a Cristo, todavía lo puede hacer en estos momentos y estaremos orando por usted. Para lo cual puede pasar al frente, para que quede incluido en la oración que estaremos haciendo por todos los que estarán recibiendo a Cristo como su único y suficiente Salvador; para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Vamos a estar puestos en pie. Vamos a orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo.

Los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que aquí y en diferentes países y diferentes congregaciones están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el único Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Ha nacido Tu fe en mi alma. Creo en Ti con toda mi alma. Doy testimonio público de mi fe en Ti y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer de nuevo, quiero nacer en Tu Reino, Señor.

Haz una realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Y ahora, los que han venido a los Pies de Cristo preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?” Bien pueden ser bautizados.

El bautismo en agua es tipológico, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado, el agua no quita los pecados. El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” [San Marcos 16:15-16].

Por lo tanto, siendo un mandamiento del Señor, la Iglesia del Señor Jesucristo desde el Día de Pentecostés ha estado guardando ese mandamiento y ha estado bautizando en agua en el Nombre del Señor Jesucristo a todos los que han estado viniendo a los Pies de Cristo recibiéndolo como único y suficiente Salvador.

Recordamos también a Cristo, el cual fue bautizado por Juan el Bautista. Juan el Bautista no lo quería bautizar, decía: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?”. Jesucristo le dijo: “Nos conviene cumplir toda justicia”, y entonces lo bautizó. Entonces vino el Espíritu Santo sobre Jesús y lo llenó de Espíritu Santo, fue ungido con el Espíritu Santo cuando subió de las aguas bautismales [San Mateo 3:13-17].

Y eso es lo que Dios hace con los que reciben a Cristo como Salvador: luego que son bautizados, luego Dios los bautiza con Espíritu Santo y Fuego, y produce en ellos el nuevo nacimiento.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que el Señor los bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino del Señor, en el Reino de Cristo, por toda la eternidad.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes.

Dejo aquí al ministro, reverendo José Benjamín Pérez, a continuación, y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer a las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión, cómo hacer para ser bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo.

Pasen todos muy buenas noches; y hasta el próximo domingo, Dios mediante, para la escuela dominical, para tener la escuela bíblica del próximo domingo, en donde el estudio bíblico será: “EL LLAMADO FINAL DE LAS DOCE TRIBUS DE ISRAEL”.

Oren mucho por la actividad del domingo, Dios mediante, para que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos nosotros, nos abra las Escrituras y nos abra el entendimiento para comprender.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos; y continúen pasando una noche feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Dejo con nosotros al reverendo José Benjamín Pérez a continuación.

Que Dios les bendiga y les guarde grandemente, les cuide, les proteja; y las bendiciones del Cielo y de la Tierra sean derramadas sobre cada uno de ustedes y sobre mí también. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y hasta el próximo domingo, Dios mediante, que estaré con ustedes aquí.

“EL LLAMADO FINAL DE LAS DOCE TRIBUS DE ISRAEL”.

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