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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, ministros presentes y también ministros en diferentes naciones y sus congregaciones. Reciban un saludo muy especial de mi parte y de parte de aquí de la Iglesia La Gran Carpa Catedral en Puerto Rico; y un especial saludo al misionero doctor Miguel Bermúdez Marín allá donde se encuentra, en la República Mexicana, y en la congregación donde se encuentra allá en la República Mexicana, allá en Monterrey, República Mexicana, la congregación del reverendo Epifanio López, en el Auditorio “Moisés”.

Hoy Viernes Santo el pueblo cristiano conmemora la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario; por lo tanto, demos un vistazo a ese evento tan importante que ha permanecido siendo conmemorado por siglos por el cristianismo, y que tiene una tumba vacía.

Leemos en San Mateo, capítulo 27, versos 45 en adelante:

“Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.

Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.

Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber.

Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle.

Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.

Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron;

y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.

El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.

Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole,

entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para hoy Viernes Santo y día de la introducción para el tema de la clase bíblica, de escuela bíblica, del próximo domingo es: “LA CRUCIFIXIÓN Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO CONFORME A LA ESCRITURA”.

Para ver este tema de la crucifixión de Jesucristo es importante saber quién era, quién es y quién será Jesucristo, Jesús de Nazaret. Para lo cual vamos a la Escritura y examinamos quién es ese personaje tan importante que ha impactado a la humanidad completamente. Dice San Juan, capítulo 1, verso 1 en adelante:

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 

Este era en el principio con Dios.

Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. 

Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció.

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”.

Esta Escritura dice que en el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. O sea, el Verbo, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, el cuerpo angelical de Dios es el Verbo; y era con Dios y era Dios; Dios en Su cuerpo angelical, a través del cual habló a existencia toda la Creación.

“Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Esa es la forma en que Dios creó toda la Creación, así es como Dios la llevó a cabo. Esto también es de lo que nos habla el apóstol Pablo en Colosenses, capítulo 1, lo cual vamos a leer para tener un cuadro claro de quién es Jesucristo, el cual fue crucificado por el ser humano en la Cruz del Calvario; y lo cual se conmemora, se recuerda a través de los siglos en medio del cristianismo.

Colosenses, capítulo 1, verso 12 en adelante, dice:

“… con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

El es la imagen del Dios invisible…”.

La imagen: el cuerpo angelical, llamado el Ángel del Pacto o Ángel de Dios, o llamado Espíritu Santo; porque es un cuerpo espiritual, angelical, no terrenal.

“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él”.

¿Cómo vino a existencia la Creación? ¿Cómo Dios creó? Por medio de Jesucristo estando en Su cuerpo angelical. Esa es la imagen del Dios invisible. Por eso cuando aparecía Dios en forma de un hombre era el Ángel del Pacto, era Jesucristo en Su cuerpo angelical.

Por eso en San Juan, capítulo 8, verso 54 al 58, dice: “Abraham deseó ver mi día, lo vio y se gozó”. ¿Y cómo Abraham pudo ver a Jesucristo? En Su cuerpo angelical, y aun cuando se materializó allá y el día antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra comió con Abraham - o almorzó con Abraham, Él y los Arcángeles Gabriel y Miguel.

Ahora vean que todas las cosas fueron creadas, hechas por Él y para Él.

“Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,

y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”.

Ya estamos viendo quién es Jesucristo. Y ahora, Primera de Timoteo, capítulo 3, versos 15 en adelante, dice:

“… para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.

E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:

Dios fue manifestado en carne,

Justificado en el Espíritu,

Visto de los ángeles,

Predicado a los gentiles,

Creído en el mundo,

Recibido arriba en gloria”.

Ese es Jesucristo, el que fue crucificado en la Cruz del Calvario, el Verbo hecho carne, Dios con Su cuerpo angelical; llamado Su cuerpo angelical el Ángel del Pacto, llamado Su cuerpo angelical también el Espíritu Santo, encarnado en ese velo de carne llamado Jesús de Nazaret.

Dios se hizo carne para poder tomar el pecado del ser humano y morir por nuestros pecados, y así quitar nuestros pecados con Su Sangre preciosa en el Sacrificio realizado en la Cruz del Calvario; como usted puede tomar un pote de tinta o una prenda de ropa que se haya manchado con tinta, y la sumerge en cloro, en blanqueador, y desaparece. Búsquela después, a ver si la encuentra. Así es la Sangre de Cristo: desintegra el pecado y regresa al dueño original del pecado, que es el diablo.

La Sangre de Cristo es la Sangre de Dios, la Sangre del cuerpo de Dios, del cuerpo físico de Dios, que es el cuerpo físico de Jesucristo.

Ningún ser humano podía quitar el pecado del mundo. Los sacrificios de animalitos no podían quitar el pecado, porque los animales no tienen alma; solamente tienen espíritu pero no tienen alma. El ser humano es el que tiene espíritu y tiene alma.

Por eso lo más importante en el ser humano es el alma de la persona; eso es lo que lo hace ser un ser humano. Y por esa causa, para quitar el pecado del ser humano Dios tenía que hacerse carne en este planeta Tierra, para, esa Sangre de Dios que está en Su cuerpo físico llamado Jesús, ser derramada y limpiarnos de todo pecado.

Sin la Sangre de Cristo no hay limpieza de pecado, y mucho menos salvación y vida eterna. Solamente por medio de la Sangre de Cristo somos limpiados de todo pecado, y solamente por medio de Cristo es que podemos obtener vida eterna.

No hay otra forma para obtener la vida eterna: solamente por medio de Jesucristo, el cual es el mismo Dios vestido de un cuerpo de carne, el cual fue crucificado en la Cruz del Calvario alrededor de dos mil años atrás

Por eso es tan importante conocer la historia: para que la fe nazca en el alma, en el corazón de las personas, y reciban la vida eterna por medio de Jesucristo, recibiéndolo como único y suficiente Salvador.

Hemos visto quién es el que murió en la Cruz del Calvario, en medio de dos malhechores; el del medio, el Señor Jesucristo, el cual es Dios con nosotros, Dios en carne humana en medio de la raza humana, para pagar el precio de la redención, para retornar al ser humano a la vida eterna por medio de Su Sacrificio realizado; el cual al ser creído y aceptado —Jesucristo— la persona recibe la vida eterna.

Sin Cristo no hay vida eterna. Por eso cuando Israel iba a salir de Egipto, Dios le ordenó a Moisés que apartara un cordero de un año; y el día 10 - desde el día 10 lo estuvieran observando si tenía defecto o no; y el día 14 lo sacrificaran, cada familia en su hogar, con su cordero sacrificado y asado comiéndolo, y la sangre aplicada en el dintel y los postes de la puerta de su hogar; porque venía la plaga de la muerte para todos los primogénitos que vivían allá en medio del pueblo hebreo, y en medio de Egipto todos los primogénitos morirían si no tenían la sangre aplicada en la puerta de sus hogares. Lo cual es tipo y figura de Cristo, el Cordero de Dios, que moriría y derramaría Su Sangre para que la Sangre quedara aplicada en la puerta del corazón de cada creyente, para la preservación de la vida, para vivir eternamente.

Los que no tenían la señal en la puerta de sus hogares tuvieron la desdicha de que el primogénito de su familia murió. Y hubo gran clamor en Egipto por la muerte de los primogénitos, comenzando desde el hijo primogénito del Faraón. Ellos no tenían la revelación de que un cordero tenía que ser sacrificado para la preservación de la vida de cada primogénito; pero el pueblo de Dios sí la tenía.

Lo mismo es hoy en día: no todo el mundo tiene la revelación del Sacrificio del Cordero de Dios para la preservación de la vida, para la persona poder vivir eternamente.

Por lo tanto, es importante la predicación del Evangelio de Cristo en todas las naciones como Él lo dijo: que lo hicieran para dar esta buena noticia a todos los seres humanos, para que tengan la oportunidad de vivir eternamente en el Reino de Dios. Tan sencillo como eso. Recordando que Jesucristo es Dios encarnado, Dios en carne humana, para llevar a cabo la muerte y redención en la Cruz del Calvario.

Ninguna otra persona podía realizar ese Sacrificio para la salvación del ser humano, solamente Jesucristo; porque era el mismo Dios vestido de carne humana. Por eso Jesucristo dijo en una ocasión, por ahí por el capítulo 10 de San Juan, verso 30: “El Padre y yo una cosa somos”.

Es como usted y yo: somos alma, espíritu y cuerpo. Y usted puede decir: “Yo soy espíritu y cuerpo, somos una sola cosa”. Usted sin el cuerpo no está completo, usted sin el espíritu tampoco está completo; porque el ser humano es alma, espíritu y cuerpo. Y Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios. Por eso “el Padre y yo una cosa somos”, dice Jesucristo; y dice: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. [San Juan 14:9].

Por lo tanto, es importante saber quién fue el que murió en la Cruz del Calvario: fue Dios en Su cuerpo físico lo que murió; Su Espíritu no murió ni Su alma tampoco. Él bajó al infierno y allá dejó los pecados del ser humano, y… (porque Él llevó nuestros pecados) y luego salió de allá, pasó por el Paraíso, donde estaban Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas y todos esos creyentes del Antiguo Testamento; y el domingo bien temprano en la mañana resucitó con ellos. De lo cual hablaremos el próximo domingo, Domingo de Resurrección, pasado mañana.

Hoy hemos visto el propósito de la muerte de Cristo en la Cruz del Calvario. Si Él no moría en aquella ocasión no habría personas viviendo en la Tierra, porque aquel era el tiempo de caer el juicio divino sobre la raza humana; y como Él tomó el pecado del ser humano, Él murió por el ser humano. El día del juicio que tenía que venir en aquel tiempo, cayó todo sobre Jesucristo, sobre el cuerpo físico de Dios, que es el cuerpo de carne de Jesucristo nuestro Salvador.

“LA CRUCIFIXIÓN Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO CONFORME A LA ESCRITURA”.

Hoy tomamos la crucifixión. El domingo próximo tomaremos la parte de la resurrección.

Estamos representados en Cristo porque Él es el segundo Adán, que vino para con Su muerte redimir a todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero.

Que Dios les bendiga y les guarde, y nos ayude a todos a comprender, obtener la revelación de Jesucristo para este tiempo final, para ser preparados para ser transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted.

La única forma de asegurar nuestro futuro eterno es recibiendo a Cristo como nuestro único y suficiente Salvador. No hay otra forma, no hay otro programa de parte de Dios para el ser humano para vivir eternamente; solamente hay uno, y lo diseñó Dios; y cuando Dios diseña algo, eso es lo mejor.

Los que están en otros países también pueden venir a los Pies de Cristo si no lo han hecho todavía, para recibirlo como nuestro único y suficiente Salvador. Y los niños de 10 años en adelante, también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión en diferentes naciones.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti trayendo ante Ti las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego las recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra, por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración que estaré haciendo por todos los que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestro pecados. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos.

Señor, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mí. Creo en Ti con toda mi alma.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

El bautismo en agua es tipológico, no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo.

El mismo Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, y luego vino el Espíritu Santo sobre Jesús cuando subió de las aguas bautismales, y allí recibió el bautismo divino para comenzar Su vida ministerial, conforme a las Escrituras mesiánicas que Él cumpliría [San Mateo 3:13-17].

Y cada creyente en Cristo cuando recibe a Cristo es bautizado, y luego recibe el Espíritu Santo; es equipado para el comienzo de su vida cristiana en el Cuerpo Místico de Cristo, obtiene el nuevo nacimiento, nace de nuevo.

Por lo tanto, el bautismo en agua, siendo un mandamiento divino, ahí la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección; porque estábamos en Cristo eternamente. Así como nuestro cuerpo físico estaba en nuestros padres terrenales, así como hijos e hijas de Dios estábamos en Jesucristo eternamente; porque Él es la Simiente Divina a través de la cual vendrían muchos hijos e hijas de Dios a la vida y vivirían eternamente en el Reino de Dios.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Que Dios les bendiga y les guarde. Y dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez a continuación, y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indique a los que han recibido a Cristo en estos momentos cómo hacer para ser bautizados hoy mismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Hasta el próximo Domingo de Resurrección, o sea, pasado mañana, en que estaré nuevamente con ustedes para el tema de la resurrección de Cristo conforme a las Escrituras.

Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una tarde feliz, llenos de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

“LA CRUCIFIXIÓN Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO CONFORME A LA ESCRITURA”.

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