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Muy buenos días, amados amigos, ministros y hermanos presentes, y los que están en diferentes países, ministros y hermanos en sus congregaciones; y también el misionero Miguel Bermúdez Marín allá en Monterrey, en la congregación del reverendo Epifanio López.

Reciban todos mis saludos; y que Dios les bendiga y les guarde, y les use grandemente en Su Obra, y nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para estos momentos estaremos viendo tres videos de las actividades de la Embajada Mundial de los Activistas por la Paz, desarrolladas como parte de los proyectos En la Sangre está la Vida – Donando la Savia de la Vida y el Programa Hijos de la Madre Tierra. Por lo tanto, adelante con la transmisión.

[Proyección de los videos-documentales]

San Mateo, capítulo 28, verso 1 en adelante, que nos habla de la resurrección de Jesucristo (esto sucedió domingo en la mañana):

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.

Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.

Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve.

Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos.

Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado.

No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.

E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho.

Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, 

he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron.

Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Para hoy tenemos el tema de escuela bíblica de hoy domingo en la mañana: “LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO CONFORME A LA ESCRITURA”. Ese es el tema de escuela bíblica para hoy domingo, 16 de abril de 2017.

Jesucristo, con Su muerte y en Su muerte, en Su cuerpo, llevó los pecados del ser humano. Aquel era el día de juicio divino sobre la raza humana; si no moría Él, tenía que morir toda la raza humana por causa del pecado. Allí Él salvó al mundo de la muerte que le tenía que venir a la humanidad.

Él tomó nuestros pecados y se hizo mortal muriendo como un pecador por los pecados no de Él, sino de la humanidad. Eso fue lo que salvó a la humanidad de la muerte el día del Viernes Santo, en donde el diablo colocó el aguijón de la muerte en Cristo y el diablo perdió el aguijón de la muerte; y ahora el ser humano puede obtener vida eterna por medio de Cristo nuestro Salvador, puede entrar en el Nuevo Pacto Divino para vivir eternamente naciendo de nuevo en el Reino de Cristo, el Reino de Dios, con vida eterna.

Primero es la parte espiritual del nuevo nacimiento y luego vendrá la parte física, que es la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los creyentes en Cristo que estén vivos, nacidos de nuevo, en el Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador.

El Día de la Resurrección, domingo en la mañana, se levantó victorioso Jesucristo; porque el Espíritu que estaba en Él levantó el cuerpo, resucitó el cuerpo físico; y con Él resucitaron también muchos de los santos del Antiguo Testamento, como dice la Escritura: “Y aparecieron a muchos en la ciudad de Jerusalén”. [San Mateo 27:53].

Jesucristo resucitó victorioso para beneficio de todos los creyentes en Él: para todos los escritos en el Libro de la Vida del Cordero y para todos los elegidos de Dios, ya sean judíos o gentiles.

La resurrección de Jesucristo, domingo en la mañana, muy temprano se levantó de entre los muertos victorioso. Vemos también que ángeles de Dios estaban allí. Como también cuando nació, el Ángel Gabriel le apareció a la virgen María y le habló de quién era el hijo que ella iba a tener. ¿Y de quién era? De Dios, por medio del Espíritu Santo.

Y también encontramos que hay otras Escrituras que hablan de quién era, es y será Jesucristo, el Verbo hecho carne; lo cual nos habla de Dios en Espíritu Santo en ese velo de carne llamado Yeshua o Jesús, en el cual moró Dios en toda Su plenitud; y mora Dios en toda Su plenitud en el cuerpo de Jesucristo glorificado, el cual está sentado en el Trono de Dios y todo poder le fue dado en el Cielo y en la Tierra; por lo tanto, Dios por medio de Su Espíritu operando en Jesucristo glorificado gobierna toda la Creación desde Su Trono celestial. Tan sencillo como eso.

Es Emanuel, Dios con nosotros, vestido de un cuerpo de carne, el que nos visitó alrededor de dos mil años atrás. El velo de carne es el cuerpo físico de Dios, el cual ya está glorificado y sentado a la diestra de Dios, intercediendo como Sumo Sacerdote por cada persona que lo recibe como único y suficiente Salvador.

Él es el dueño, el heredero de toda la Creación; porque por medio de Él, estando en cuerpo angelical, Dios creó todas las cosas. El cuerpo angelical de Dios o teofánico, es Jesucristo en Su cuerpo espiritual, llamado el Espíritu Santo.

Por lo tanto, tenemos un Sumo Sacerdote en el Cielo, que resucitó y que se ofreció a Sí mismo por cada uno de nosotros, el cual dijo que se sentaría a la diestra de Dios; y así hizo Él cuando subió al Cielo.

Vean, en San Mateo, capítulo 26, verso 63 al 64, dice:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo”.

Y en Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 21, confirma que Él está sentado en el Trono de Dios. Dice, capítulo 3, versos 20 al 21, de Apocalipsis:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

Y ahora, en la misma forma que Él subió al Cielo victorioso el Día de la Resurrección, y se sentó a la diestra de Dios, y le fue dado todo poder en el Cielo y en la Tierra, y es el Rey de los Cielos y de la Tierra, y es el Rey —por consiguiente— venidero en Apocalipsis, capítulo 19, versos 11 en adelante…; y ahora promete (dice):

“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”.

Se sentó en el Trono celestial con el Padre. Y ahora dice que al que venciere le dará que se siente con Él en Su Trono, así como sucedió con Él en el Cielo, en el Trono celestial.

El Trono celestial es el Trono de Dios; el Trono terrenal es el Trono de David, al cual Cristo es el heredero; y le dará al vencedor que se siente con Él en Su Trono, en la misma forma en que Dios hizo con Él en el Reino celestial. Tan sencillo como eso.

En otras actividades y conferencias veremos con más detalle ese tema; pero de ese tema hemos hablado en otras ocasiones; pero daremos un repaso en alguna ocasión sobre ese tema de Apocalipsis, capítulo 3, verso 21, del Trono terrenal al cual Cristo es el heredero.

Y ahora, para Cristo, para Dios y para todos los creyentes en Cristo, la gran victoria de la resurrección de Cristo nos ha traído las grandes bendiciones de Dios, y una fe y esperanza de vida eterna en el Reino de Dios.

Por consiguiente, hay esperanza para el ser humano que cree en Cristo, hay esperanza para la persona que ha recibido a Cristo como Salvador, ha sido bautizado en Su Nombre arrepentido de sus pecados, y Cristo lo ha bautizado con Espíritu Santo y Fuego, y ha producido en la persona el nuevo nacimiento: ha nacido de nuevo; pero no ha nacido de nuevo terrenalmente, sino ha nacido de nuevo en el campo espiritual, ha nacido de nuevo en el Reino de Dios, en el Reino de Cristo, que está en la esfera espiritual.

Y cuando en Su Segunda Venida Él resucite a los muertos creyentes en Él, que vienen con Él, transformará a los que estén vivos; y todos, entonces, tendremos cuerpos glorificados igual al cuerpo glorificado que Jesucristo tiene: cuerpo joven para toda la eternidad, un cuerpo con vida eterna.

El cuerpo físico que tenemos es con vida temporal, porque es en la permisiva voluntad de Dios; pero el nuevo cuerpo, el cuerpo glorificado que Él nos dará, es un cuerpo con vida eterna, juventud eterna y todo lo eterno: poder eterno y posición eterna en el Reino de Dios.

Por lo tanto, somos bienaventurados en haber tenido nuestros nombres escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, por los cuales Cristo murió en la Cruz del Calvario y luego al tercer día resucitó victorioso para la gloria de Dios. Somos Sus beneficiarios de toda la Obra de Redención que Cristo ha hecho para el ser humano.

La resurrección de Cristo victorioso es la bendición más grande para cada uno de nosotros dada por Dios. La resurrección de Jesucristo conforme a las Escrituras nos trae fe, nos trae esperanza, nos trae alegría, nos trae todas las bendiciones del Cielo.

Primera de Corintios, capítulo 15, verso 20 en adelante, dice:

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho.

Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos.

Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.

Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.

Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.

Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.

Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.

Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas.

Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos”.

Y luego nos habla en el capítulo mismo 15, verso 51 en adelante:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.

Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria.

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?

ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley.

Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”.

Hemos visto que no es en vano nuestro trabajo en el Señor, todo queda acumulado en el Reino de Dios. El mismo Cristo dijo: “Haced tesoros (¿dónde?) en el Cielo”. [San Mateo 6:19-21]. El tesoro de los creyentes es hecho en el Cielo.

Aquí en la Tierra hasta el dinero se desvaloriza, pierde su valor; hasta las propiedades también pierden su valor. Pero en el Cielo lo que sucede es que se multiplica todo lo que uno hace en la Obra del Señor, todo para heredarlo y disfrutarlo en el Reino Milenial de Cristo y por toda la eternidad.

La Iglesia del Señor Jesucristo está dentro del Nuevo Pacto. Dice Jesús, capítulo 12, verso 18 en adelante, hablando del monte Horeb o monte Sinaí, dice [Hebreos]:

“Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad,

al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,

porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo;

y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando;

sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles,

a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos,

a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel”.

Los creyentes en Cristo, la Iglesia del Señor Jesucristo, están bajo el Nuevo Pacto, con la sangre ya no de animalitos, sino la Sangre del Cordero de Dios, Jesucristo, del cual Juan el Bautista dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. [San Juan 1:29].

Por lo tanto, la resurrección de Cristo nos trae todas esas bendiciones que Él ganó con Su muerte en la Cruz del Calvario, y con Su ascensión al Cielo glorificado, donde recibió todo poder en el Cielo y en la Tierra; y está sentado a la diestra de Dios en el Trono celestial de Dios.

Y pronto tendremos también el Trono terrenal de Dios, que es el Trono de David ocupado, en donde Él estará gobernando, así como está gobernando desde el Cielo. Y hará como fue hecho con Él en el Cielo para sentarse en el Trono celestial, hará también con el vencedor, que dice: “Le daré que se siente conmigo en mi Trono”.

LA CRUCIFIXIÓN, de ella hablamos el viernes pasado como introducción a la escuela bíblica de hoy; y hoy nuestro tema ha sido: “LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO CONFORME A LA ESCRITURA”.

Luego de unos minutos pasaremos a la Santa Cena, la cual es importante porque es un memorial que nos recuerda el Sacrificio de Cristo en la Cruz del Calvario, y que nos enseña que el que no la toma no tiene parte con Cristo; porque es la Sangre del Nuevo Pacto la que se conmemora con el vino, y es el cuerpo de Cristo el que se conmemora con el pan; y es la limpieza con la Sangre de Cristo la que se conmemora con el Lavatorio de Pies.

Por eso es tan importante, a tal grado que Pedro decía: “No me lavarás jamás los pies”. Cristo le dijo: “Si no te lavare, no tienes parte conmigo”. [San Juan 13:8]. 

O sea que ese memorial permanece en la Iglesia del Señor Jesucristo hasta que seamos transformados y llevados con Él a la Cena de las Bodas del Cordero.

Si hay alguna persona que no ha recibido a Cristo todavía, lo puede hacer, y estaremos orando por usted, ya sea que esté aquí presente o en otro país.

Lo más importante para la persona, para cada persona, es la vida; y sobre todo, la vida eterna. Sin vida eterna no hay esperanza para el ser humano. Sin Cristo no hay esperanza y fe para esperar vivir eternamente; y Jesucristo es la Verdad y la Vida, y nadie viene al Padre si no es por Él (dice San Juan, capítulo 14, verso 6 en adelante).

Hay un camino de vida eterna y a la vida eterna, y es Jesucristo, el que dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre sino por mí”.

No busque la vida eterna en otra cosa; solamente está en Jesucristo. No es asunto de religiones, sino de una persona que murió en la Cruz del Calvario y que resucitó al tercer día, domingo en la mañana; y Su Nombre es Señor Jesucristo o Yeshua, el Mesías.

Es tan sencillo obtener la vida eterna, pero la tiene solamente una persona: el Señor Jesucristo, para impartirla a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador. Por eso dijo en San Marcos 16, versos 15 al 16: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.

No hay nada más que dos cosas: vida eterna o condenación. Y la persona tiene libre albedrío; por lo cual, le toca a cada persona —luego que escucha el Evangelio— elegir entre creer en Cristo y recibirlo como Salvador para ser salvo, o rechazarlo para perdición, para no vivir eternamente. Pero todos queremos vivir eternamente y queremos que todas las personas vivan eternamente; para eso se predica el Evangelio de Cristo, el Evangelio de nuestra salvación.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo aquí y en otros países.

Con nuestros rostros inclinados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, vengo a Ti en el Nombre del Señor Jesucristo con todas estas personas que aquí y en otros países están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que han venido a los Pies de Cristo:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida… Creo en Tu Primera Venida como Cordero de Dios para quitar el pecado del mundo.

Reconozco Tu Sacrificio en la Cruz del Calvario como la expiación por nuestros pecados.

Señor, reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de Tu fe en mí y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ahora, los que han venido a los pies de Cristo preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque he creído en Cristo como mi Salvador”.

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, que dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”.

Es que en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Estábamos en Él como simiente de Dios.

Por lo tanto, el bautismo en agua pueden efectuarlo ya, como se hacía en medio del cristianismo en el tiempo de los apóstoles; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez a continuación, y luego también dejo a los ministros en diferentes países a continuación, para que les indiquen cómo hacer a los que recibieron a Cristo para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor.

Luego tendremos la Santa Cena en memoria de Cristo y Su Sacrificio en la Cruz del Calvario.

Nuestro tema de escuela bíblica de hoy ha sido: “LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO CONFORME A LA ESCRITURA”.

Que Dios les bendiga y les guarde; y con ustedes el reverendo José Benjamín Pérez, y en cada país el ministro correspondiente.

Hoy es día de fiesta espiritual en conmemoración a la resurrección de Cristo nuestro Salvador; por lo tanto, tendremos la Santa Cena también, cada cual confesando a Dios cualquier falta, falla o problema, y bien con sus hermanos, con su prójimo y todo; y si tiene que hablar con su hermano habla también, para que la Santa Cena sea de bendición para usted, para que no coma juicio, para que no beba y coma juicio, sino bendición de Dios.

Dios les bendiga y les guarde; y nos continuaremos viendo en la próxima actividad de la Santa Cena.

“LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO CONFORME A LA ESCRITURA”.

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