Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones: ministros e Iglesias, hermanos reunidos alabando a Dios y recibiendo la Palabra del Señor hoy domingo, día importante en medio del cristianismo.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes y sobre mí también, y nos hable directamente a nuestra alma y nos alimente nuestra alma y todo nuestro ser con Su Palabra. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Para esta ocasión leemos Amós, capítulo 8, verso 11 al 12, donde nos dice de la siguiente manera:

Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes; es para mí una bendición grande estar nuevamente con ustedes. Tuve unos días de viaje, pero ya estoy de nuevo con ustedes; y fue de grande bendición ese viaje que tuve esta semana pasada. Tomamos un domingo nada más, fuera, pero esos días fueron muy bien aprovechados. Ustedes vieron hoy algo del Congreso de la República de Chile, eso fue en estos días pasados allá en la República de Chile.

Les felicito a todos, también, por el respaldo que le están dando a la donación de sangre, aquí en Puerto Rico y en diferentes naciones.

Muy buenos días, damas bienaventuradas de este tiempo final; y también jovencitas y jóvenes y adultos, hombres y mujeres que se encuentran en esta ocasión presentes. Es un privilegio grande para mí estar con ustedes en esta ocasión.

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