Rev. William Soto Santiago, Ph.D.
Domingo, 15 de febrero de 2009
Santiago de Chile, Chile
Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y todos los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones; es una bendición grande estar hoy, domingo, con ustedes, día que siempre nos recuerda el día de la resurrección de nuestro amado Señor Jesucristo, y día en que se reunía la Iglesia primitiva para alabar a Dios (aunque también los sábados lo aprovechaban), y guardaban el día de reposo, y aprovechaban para llevar el Evangelio.
Y ahora, es muy importante los creyentes en Cristo reunirse los domingos para alabar a Dios y escuchar Su Voz, Su Palabra, Su Evangelio para así saber todo lo que debemos conocer en cuanto al mega-proyecto más grande que Dios haya llevado a cabo, que es la construcción del Templo espiritual del Señor. Del cual nos habló el apóstol Pablo en Efesios, capítulo 2, lectura que escucharon hace algunos momentos por el misionero Miguel Bermúdez Marín. Capítulo *2 de Efesios, versos 19 al 22 donde nos dice:
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,
edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,
en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor;
en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”
Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.
“LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO ESPIRITUAL DEL SEÑOR JESUCRISTO ES EL GRAN MEGA-PROYECTO DE DIOS,” y es el más grande de todos los proyectos divinos.
Para comprender esta construcción de este Templo espiritual y entender que es el más grande de todos los proyectos divinos, necesitamos saber, conocer cuál es ese Templo espiritual, el cual a través de la Escritura podemos ver que es la Iglesia del Señor Jesucristo, para morada de Dios en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia como Cuerpo Místico de creyentes y también en cada creyente en Cristo como individuo.
El mismo Cristo en San Mateo, capítulo 28, verso 16 al 20 envió a Sus discípulos a predicar el Evangelio a todas las naciones, bautizándolas en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas estas cosas que Cristo les ordenó a Sus discípulos. Y Cristo dijo allí a Sus discípulos:
“...enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”
Las personas se preguntan: “¿Y dónde estará Jesucristo?” Él dijo que estaría ¿dónde? En medio de los creyentes en Él. Él estaría en medio de los creyentes en Él en Espíritu Santo, por lo cual Él dijo que sería enviado el Espíritu Santo en San Juan, capítulo 14, verso 26, donde dice:
“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”
Y ahora, encontramos que el Espíritu Santo, el cual es Cristo en Espíritu, o sea, Cristo en Su cuerpo angelical llamado en el Antiguo Testamento el Ángel del Pacto, ahora estaría en medio de los creyentes en Él; estaría en medio de Su Templo espiritual, Su Iglesia, morando y llevando a cabo por medio de Sus apóstoles y por medio de Sus diferentes mensajeros de edad en edad y diferentes ministros, llevando a cabo la construcción del mega-proyecto más grande de Dios: la construcción del Templo espiritual del Señor Jesucristo.
Y ahora, es en medio de ese Templo espiritual que ha estado el Espíritu Santo, o sea, Cristo en Espíritu Santo trabajando arduamente por medio de los diferentes ministros, diferentes instrumentos que Él ha tenido, ha colocado en medio de Su Iglesia. El apóstol San Pablo hablando de este mega-proyecto en Primera de Corintios, capítulo 3, dice (verso 5 en adelante):
“¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor.
Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.
Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.
Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor.”
Aquí nos habla de que Dios va a recompensar a cada uno de los que han trabajado en ese mega-proyecto de la construcción del Templo espiritual del Señor Jesucristo. Apolos recibirá la recompensa conforme a la labor que llevó a cabo y San Pablo recibirá la recompensa conforme a la labor que llevó a cabo en la construcción del Templo espiritual de Jesucristo.
Ese Templo espiritual es la Iglesia de la cual habló el capítulo 16 de San Mateo, verso 13 en adelante donde dice:
“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?
Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas.
El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.”
Y ahora, aquí la promesa es que Cristo va a edificar Su Iglesia; y si es Cristo el que va a edificar Su Iglesia, entonces tiene que venir para construir ese mega-proyecto divino: el Templo del Señor Jesucristo, y viene en Espíritu Santo el Día de Pentecostés para la construcción de Su Iglesia. Y por esa causa es colocado allá el fundamento, y el fundamento es Cristo, el cual fue colocado por San Pedro el Día de Pentecostés; y comenzó así la Iglesia del Señor Jesucristo con ciento veinte discípulos del Señor Jesucristo, que fueron llenos del Espíritu Santo, y ahí comenzó el mega-proyecto divino más grande que se haya llevado a cabo, que se haya construido, que es el Templo espiritual del Señor Jesucristo, ese Cuerpo Místico de creyentes llamado la Iglesia del Señor Jesucristo.
Y ahora, continuando con lo que estaba diciendo San Pablo en Primera de Corintios, dice:
“Porque nosotros somos colaboradores de Dios...”
Y ahora vean, Dios tiene colaboradores: personas que trabajan en el mega-proyecto más grande que se haya llevado a cabo de parte de Dios.
“Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.”
¿Qué edificio? El Templo espiritual de Jesucristo, la Casa de Dios, el Templo de Dios, y por consiguiente ahí tiene que estar el Nombre de Dios, y tiene que estar el Espíritu de Dios, que es el Ángel del Pacto. Si está el Ángel del Pacto, está el Nombre de Dios, porque en Él está el Nombre de Dios.
Cuando Dios habló de Jerusalén, Él había dicho que Él escogería una ciudad para poner en ella Su Nombre; y también Salomón dijo que él construyó un templo para Dios, para el Nombre de Dios. Por lo tanto ahí en la ciudad donde estaría el Nombre de Dios (Jerusalén), ahí estaría también el Templo de Dios donde estaría el Nombre de Dios, y por consiguiente estaría el Ángel del Pacto en ese Templo, el cual había libertado al pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto, había guiado al pueblo hebreo por el desierto.
Fue construido el tabernáculo por orden de Dios a Moisés, allá en el monte Sinaí, le dio la orden y le mostró el modelo, y luego encontramos que cuando fue concluido, terminado ese tabernáculo, Moisés lo dedicó a Dios y vino Dios en la Columna de Fuego y habitó en ese tabernáculo. Ese tabernáculo tenía el Nombre de Dios, allí estaba el Nombre de Dios porque allí estaba el Ángel del Pacto en el lugar santísimo sobre el propiciatorio.
En ese Ángel del Pacto que aparecía en forma de una Columna de Fuego, y en algunas otras ocasiones en forma de un hombre pero de otra dimensión, un Ángel de otra dimensión llamado el Ángel del Pacto; en Él estaba el Nombre de Dios conforme a como también Dios dice en Éxodo, capítulo 23, versos 20 al 23.
Por eso fue que este Ángel del Pacto en el cual estaba, está y estará eternamente Dios, cuando le habla a Moisés y lo envía en el capítulo 3 del Éxodo, Moisés le dice al Ángel: “Y ahora cuando yo vaya a los hijos de Israel y les diga que el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob me ha enviado a vosotros, si ellos me preguntan cuál es Su Nombre, ¿qué les diré?” Porque siempre cuando alguien viene a usted y le dice: “He sido enviado por tu amigo para darte esta noticia, o para hacer algo contigo,” le van a preguntar: “¿Y cuál es el nombre de él?” Y Moisés sabía eso, dice, capítulo 3, verso 13 al 16:
“Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?
Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.
Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos.”
Y ahora, le da a Moisés a conocer Su Nombre, el cual no había dado a conocer antes a Abraham, a Isaac y a Jacob como dice en el mismo libro del Éxodo, capítulo 6, versos 1 en adelante, donde dice:
“Jehová respondió a Moisés: Ahora verás lo que yo haré a Faraón; porque con mano fuerte los dejará ir, y con mano fuerte los echará de su tierra.
Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy JEHOVÁ Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos.”
Y ahora, encontramos en este pasaje que Moisés recibe la revelación del Nombre de Dios, el cual no le fue dado a conocer a Abraham, a Isaac y a Jacob. Recuerden: Jacob quería conocer el Nombre, cuando en el capítulo 32, verso 24 al 32 del Génesis lucha con un varón, que es el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, y no soltaba al Ángel si el Ángel no lo bendecía. Y el Ángel le dice: “Suéltame que raya el alba,” y Jacob le dice: “No te soltaré si no me bendices, o hasta que me bendigas.” Siempre hay que estar agarrado de Dios para recibir la bendición de Dios.
Hay personas que quieren la bendición de Dios, y si no llega rápido, algunos se apartan del Señor. No hizo así Jacob, Jacob es el tipo y figura de toda persona que busca la bendición de Dios, y no suelta a Dios hasta recibir la bendición de Dios, y después sigue con Dios.
Y ahora, veamos aquí en el capítulo 23 del Éxodo, verso 20 al 23 donde Dios dice:
“He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado.
Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él.
Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren.
Porque mi Ángel irá delante de ti (era el que le abría el camino)...”
Y ahora, conscientes de que el Nombre de Dios está en el Ángel, y el Ángel del Pacto es el cuerpo angelical de Dios, es la imagen del Dios viviente. Jacob dijo que había visto a Dios cara a cara, y por eso le llamó al lugar donde esto ocurrió: “Peniel,” que significa: “El rostro de Dios.”
También en Jueces, capítulo 13, Manoa y la señora Manoa vieron al Ángel de Dios y luego dijeron, dijo Manoa: “Hemos de morir porque hemos visto a Dios cara a cara.” Reconocieron que era Dios en Su cuerpo angelical.
Cuando aparece el Ángel del Pacto está apareciendo Dios en Su cuerpo angelical, y ese es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Por eso cuando le apareció a Moisés en el capítulo 3 del Éxodo le dice: “Yo soy el Dios de tu padre (o sea, Dios de Amram, el padre de Moisés), Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob,” y era el Ángel del Pacto; pero en ese cuerpo angelical estaba Dios.
Es la imagen del Dios viviente, ese es Cristo: el Mesías en Su cuerpo angelical, en el cual moraba, mora y morará eternamente Dios. Y por medio del Ángel del Pacto, que es el Verbo, la Palabra, el Verbo que era con Dios y era Dios, creó todas las cosas; y aquél Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros, y fue conocido por el nombre de Jesús (el nombre traducido al español), y era nada menos que la plenitud de Dios en un velo de carne llamado Jesús. Dios, el Padre, el Espíritu Santo, el cuerpo angelical, que es el Ángel del Pacto, dentro de aquel velo de carne llamado Jesús.
Ahí tenemos el misterio de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, así como Dios creó al ser humano a Su imagen y semejanza, y por consiguiente el ser humano también es trino, es alma, espíritu y cuerpo, y por esa causa es la corona de la creación.
Y ahora, encontramos que el Nombre de Dios está siempre donde esté el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios que es el cuerpo angelical de Dios, el cual es Cristo, porque Cristo lo que significa es: “Ungido,” el Mesías, el Cristo, el Ungido. Y ese Ángel del Pacto es el Ángel ungido con la Presencia de Dios.
Y luego cuando Dios por medio de Su Espíritu creó en el vientre de María un cuerpo de carne, vino a ser ese cuerpo el velo de carne de Dios, la semejanza física de Dios. Y por cuanto no fue por medio de la unión de un hombre y de una mujer, y por cuanto la simiente está en el hombre, ese velo de carne fue llamado “Hijo de Dios,” y por consiguiente el Nombre de Su Padre lo lleva el Hijo.
Y ahora, encontramos que Cristo podía decir: “Yo he venido en Nombre de mi Padre,” porque todo hijo viene en el nombre de su padre, lleva el nombre de su padre.
Y ahora, en el mega-proyecto de Dios para el Templo espiritual de Cristo, encontramos que Dios por medio de Su Espíritu, Su cuerpo angelical, ha estado construyendo ese Templo espiritual, por lo cual San Pablo en este pasaje (en el cual nos detuvimos un momento), nos va a explicar más claramente la construcción de este mega-proyecto divino. Dice:
“Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios (o sea, un Templo de Dios).
Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica.
Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca,
la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.
Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.
Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.
¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”
Y ahora, vean, en este mega-proyecto de la construcción del Templo espiritual de Cristo está el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, Cristo en Su cuerpo angelical llevando a cabo esta labor usando diferentes ministros, diferentes apóstoles, diferentes mensajeros de edad en edad; y todas las personas que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo y nace la fe de Cristo en su alma, y reciben a Cristo como Salvador, una de las cosas es que son colocados en el Templo espiritual de Cristo como miembros de ese Cuerpo Místico de Cristo, y los nombres de esas personas están escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero.
San Pedro hablando de este templo... dentro de un momentito les voy a citar lo que dice, ahora dice:
“Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”
Y ahora, toda persona o nación que haya perseguido y destruido al Templo de Dios: la Iglesia del Señor Jesucristo, ese Templo espiritual, se ha visto y se verá en problemas con Dios, porque dice:
“Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”
O sea, que toda persona o nación que haya perseguido a los creyentes en Cristo, que son los miembros de ese Templo espiritual, tendrán esas personas o naciones, grandes problemas delante de Dios. El juicio de las naciones del capítulo 25 de San Mateo, versos 31 al 46, dice que cuando el Hijo del Hombre se siente en el Trono de Su gloria, lo cual será sentarse en el Trono de David como Rey, juntará o reunirá delante de Él a todas las naciones, y entonces las va a juzgar.
Unas van a entrar al Reino de Dios, ese Reino del Mesías, pero otras no van a entrar, van a desaparecer de la Tierra; y la explicación que es dada allí por Jesucristo es que los que entrarán, ayudaron, fueron de bendición a los pequeñitos hermanos de Jesucristo que son los miembros del Templo espiritual de Cristo; y también el pueblo hebreo, todos los que han perseguido al pueblo hebreo, también tendrán problemas delante de Dios, “porque el que te bendiga será bendito, y el que te maldiga será maldito.” Eso tiene cumplimiento en favor del pueblo hebreo y en favor de la Iglesia del Señor Jesucristo.
Por eso dice que le es mejor a una persona amarrarse una piedra de molino y tirarse a lo profundo del mar, que escandalizar, o sea, hacer tropezar, hacer daño a uno de estos pequeñitos, o sea, a uno de los creyentes en Cristo, pues esos son los hermanos del Señor Jesucristo, porque son los hijos e hijas de Dios como Cristo es el Hijo de Dios, y Él es nuestro hermano mayor.
Y ahora, veamos lo que el apóstol Pedro nos dice en Primera de Pedro, capítulo 2 [verso 4], con relación a este Templo que está siendo construido durante estos dos mil años en la Dispensación de la Gracia.
“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,
vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual...”
Una casa espiritual, ese es el Templo del Señor Jesucristo, el Templo espiritual, y también es por consiguiente la Familia de Dios. Sigue diciendo:
“...y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”
Y ahora, pasamos a las palabras del apóstol Pablo en Efesios, capítulo 2 [verso 19], la cual leímos al principio, donde dice:
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios...”
O sea, hijos e hijas de Dios, esa es la Familia de Dios, y por consiguiente lleva el Nombre de Dios, y nuestro hermano mayor, Jesucristo, ha estado en medio de Su Iglesia, Su Templo espiritual, la Familia de Dios, para así reproducirse Cristo por medio de Su Iglesia en muchos hijos e hijas de Dios. El Templo espiritual de Cristo, así como Cristo es el segundo Adán, el Templo espiritual de Cristo, que es Su Iglesia, es la segunda Eva, a través de la cual Cristo, el segundo Adán, se reproduce en muchos hijos e hijas de Dios.
Eso es el Templo espiritual de Cristo, la Familia de Dios, los descendientes de Dios escritos en el Cielo en el Libro de la Vida del Cordero, son las ovejas del Padre que le fueron dadas a Cristo para que las busque y les dé Vida eterna. Por eso Cristo dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” San Lucas, capítulo 19, verso 10; y San Mateo, capítulo 18, versos 11 al 14. “Porque no es la voluntad de nuestro Padre que está en los Cielos que se pierda uno de estos pequeñitos,” son los miembros de la Familia de Dios, y por consiguiente llevan el Nombre de Dios en ellos; y en ese Cuerpo Místico de creyentes tiene que estar el Nombre de Dios, porque está ahí el Ángel del Pacto, ahí está Jesucristo en Espíritu Santo, el cual tiene el Nombre de Dios.
Y ahora, dice el apóstol Pablo que hemos sido edificados:
“...edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,
en quien todo el edificio (o sea, todo ese Templo, toda esa familia, es una familia)...
...en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo...”
¿Cómo va creciendo? En las personas, a medida que la persona va recibiendo alimento y van pasando los años, la persona va creciendo. Y el Templo espiritual de Cristo, que es la Familia de Dios, los descendientes de Dios van creciendo, a medida que van pasando las diferentes edades, en donde Cristo va reproduciéndose en muchos hijos e hijas de Dios, que son los que escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, y creen en Cristo y dan testimonio público de su fe en Cristo recibiéndole como su único y suficiente Salvador; y son bautizados en agua en Su Nombre arrepentidos de sus pecados, y Cristo los bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en ellos el nuevo nacimiento, y así nacen en el Reino de Dios, en el Cuerpo Místico de Cristo como hijos e hijas de Dios, y por consiguiente, son los miembros de la Familia de Dios.
Y ahora, esta es una familia celestial, y por consiguiente tiene una herencia en el Cielo, y son los miembros del gabinete de Cristo para Su Reino, y son los miembros que formarán con Cristo el poder judicial, el poder político y el poder religioso. Y Jerusalén será la capital de ese Reino, del Reino del Mesías, y por esa causa a Jerusalén subirán las naciones para adorar a Dios y para recibir la enseñanza de Dios, para conocer el camino o los caminos de Dios.
Y por esa causa de Sión, de Jerusalén saldrá la Ley, la Toráh para todas las naciones; así como salió del monte Sinaí y le fue dada a Moisés para darla al pueblo hebreo, ahora para todas las naciones saldrá de Jerusalén, y eso será en el Reino milenial del Mesías. Tan simple como eso.
Jerusalén vendrá a ser la capital del mundo, porque será la capital del Reino del Mesías que será mundial. Y Jerusalén vendrá a ser el lugar de los ministerios: el Ministerio de trabajo, el Ministerio de educación, para la educación no solamente de los hebreos, sino de todas las naciones en el camino de Dios que cubrirá todas las esferas de la sociedad que estará viviendo en ese Reino del Mesías.
Por lo tanto, cubrirá la parte religiosa, la parte política, la parte académica y todas las demás esferas de la sociedad. Dios tiene Sus leyes para todas las esferas de la vida del ser humano.
Y ahora, la construcción más grande que jamás se haya llevado a cabo es la construcción del Templo espiritual del Señor Jesucristo, al cual han estado entrando millones de seres humanos a formar parte de ese Templo espiritual; han estado entrando al Reino de Dios por medio del nuevo nacimiento, por medio de nacer del Agua y del Espíritu.
Y ahora, los miembros de ese Templo espiritual tienen la bendición más grande que ser humano pueda tener: son miembros de la realeza. Recuerden que en un reino está la realeza, que son los miembros de la familia del rey y la reina; está la aristocracia, la cual pertenece a otra nivel; y está también la plebe (como dicen), que es el resto de la gente. Los miembros del Cuerpo Místico pertenecen a lo más alto del Reino de Dios: a la realeza.
Por lo tanto, es un privilegio grande pertenecer a este Templo espiritual del Señor Jesucristo que está siendo construido, en el cual hemos sido nosotros colocados en este tiempo final.
El Templo tiene Atrio, Lugar Santo y Lugar Santísimo, como lo tuvo el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón. De Adán hasta Jesús corresponde al Atrio, y por eso es que el sacrificio se efectuaba en el atrio; y luego, de los apóstoles en adelante, corresponde el Lugar Santo de ese Templo hasta el séptimo mensajero de la séptima edad de la Iglesia gentil; y luego de eso viene el Lugar Santísimo, que corresponde a la Edad de la Piedra Angular, lugar que es construido con piedras vivas también, con seres humanos que son llamados por medio del Evangelio de Cristo y reciben a Cristo como Salvador, y son colocados en esa etapa o edad de la Iglesia, luego de las siete etapas o edades de la Iglesia, las cuales corresponden al Lugar Santo, pero ahora llega la etapa de la construcción del Lugar Santísimo con seres humanos, con piedras vivas.
En el Lugar Santísimo está la parte más importante, pues es el lugar allá, en el que construyó Moisés y en el templo que construyó Salomón, es el lugar donde estaba el arca del pacto con los dos querubines de oro sobre el propiciatorio de oro, y en donde estaba el maná escondido dentro del arca, la vara de Aarón que reverdeció, y en donde estaba la Columna de Fuego sobre el propiciatorio y en medio de los dos querubines de oro; y en el templo que construyó el rey Salomón estaban también dos querubines gigantes de madera de olivo cubiertos de oro, los cuales son tipos y figura de los dos olivos de Zacarías, capítulo 4, verso 11 al 14, y también de Apocalipsis, capítulo 11, verso 1 al 14.
Son los ministerios de los dos Olivos, de los dos Candeleros, los ministerios de Moisés y Elías que estarán repitiéndose en el Día Postrero en la Edad de la Piedra Angular, el de Elías por quinta ocasión y el de Moisés por segunda ocasión. Y ahí estará la Columna de Fuego, que es Cristo el Ángel del Pacto, y por consiguiente ahí estará Dios para la manifestación final en el tiempo en donde se complete ese Templo, que se completará con la construcción del Lugar Santísimo, y será dedicado a Dios. Y entonces como lo dedicó Moisés, ahora Moisés va a estar nuevamente, el ministerio de Moisés, y Dios en toda Su plenitud vendrá a ese Templo espiritual. Cristo, Dios en Su cuerpo angelical se manifestará en toda Su plenitud, y eso va a estremecer al mundo. Por eso como dijo Sansón: “Señor, una vez más.” Solamente quería una vez más.
Y ahora, Dios va a estremecer una vez más al mundo, no solamente a la Tierra, sino los Cielos también dice San Pablo en Hebreos, capítulo 12, verso 25 al 29. Y también eso está dicho en el Antiguo Testamento de donde San Pablo tomó esa profecía. Por lo tanto, este estremecimiento que está prometido aquí, el cual también fue hablado en Hageo, capítulo 2, verso 5 al 7, vean, tiene un cumplimiento también para este tiempo final como lo muestra el apóstol San Pablo.
Con un terremoto grande resucitaron los santos del Antiguo Testamento y Cristo también; para la resurrección de los muertos en Cristo habrá un terremoto muy grande y será uno de los que están profetizados aquí en la Escritura, y éste que estremecerá los Cielos y la Tierra, no puede ser otro sino el que traerá la resurrección de los muertos en Cristo. Ese lo encontramos también en el libro del Apocalipsis.
Y ahora, conscientes de quién es y qué es ese Templo espiritual de Jesucristo, conscientes de que es la Familia de Dios, los creyentes en Cristo, la Iglesia que Él dijo que edificaría, y a Pedro le fueron dadas las llaves del Reino de los Cielos y abrió la puerta y comenzó la edificación de ese Templo, ahora veamos aquí en Hebreos, capítulo 3, verso 5 al 6 lo que dice el apóstol Pablo:
“Y Moisés a la verdad fue fiel en toda la casa de Dios, como siervo, para testimonio de lo que se iba a decir;
pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.”
Y ahora aquí, la Casa de Dios, el Templo de Dios, dice San Pablo, que somos nosotros. Hemos visto cuál es el Templo espiritual de Cristo: la Casa de Dios, la Casa donde Dios dijo que moraría, un Templo espiritual para morada de Dios en Espíritu, tanto en ese Templo espiritual como Iglesia, como también en cada creyente en Cristo, el cual es también un templo espiritual como ser humano, porque tiene atrio: el cuerpo físico; tiene lugar santo: que es su espíritu y tiene lugar santísimo: que es su alma.
En la misma forma de la construcción del tabernáculo fue construido el templo por Salomón, y de la misma forma ha sido construido el ser humano, y también la Iglesia del Señor Jesucristo que es el Templo espiritual de Jesucristo, y ese es el gran mega-proyecto de Dios, el cual ha estado siendo construido.
Y si faltan algunas piedras todavía, piedras vivas, seres humanos para completar esa construcción, Cristo en Espíritu Santo está en medio de Su Iglesia llamándolos en este tiempo final para colocarlos en la parte más importante de ese Templo que es el Lugar Santísimo, para cuando se concluya esa construcción, Cristo venir en toda Su plenitud y habitar en Su Iglesia y manifestarse plenamente, y traer los muertos en Cristo que forman parte de ese Templo, y entonces todo el Templo estará en pie con la gloria de Dios, por lo tanto, glorificados en y con cuerpos eternos, inmortales y glorificados como el cuerpo glorificado de Jesucristo nuestro Salvador, y jóvenes para toda la eternidad.
“LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO ESPIRITUAL DEL SEÑOR JESUCRISTO EL GRAN MEGA-PROYECTO DE DIOS.” Y es el más grande de todos los proyectos divinos. No hay ninguno más grande.
La Familia de Dios, los hijos e hijas de Dios, son o es lo más grande que Dios tiene. A Cristo como la Cabeza, el Primogénito, y todos los demás hermanos de Jesucristo redimidos por nuestro hermano mayor.
Es importante que toda persona escuche la predicación del Evangelio de Cristo, para que nazca la fe de Cristo en su alma, y crea en Cristo y lo reciba como su único y suficiente Salvador para que sea colocado en el Templo espiritual de Cristo, y tenga así la esperanza de una Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno. No hay esperanza de Vida eterna fuera de Cristo. Él dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, y nadie viene al Padre, sino por mí.” No hay otra forma de llegar a Dios para recibir las bendiciones de Dios, solamente hay un camino, y es Cristo. Solamente hay una Puerta para entrar el Reino de Dios, y es Cristo, el cual dijo:
“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo.”
San Juan, capítulo 10, verso 9, y San Juan, capítulo 14, verso 6 son las dos citas o Escrituras que les he citado. Y también San Mateo, capítulo 7, versos 13 al 14 nos habla de la puerta angosta y del camino angosto, el cual es Cristo, y es el camino que lleva a la Vida eterna. Solamente por medio de Cristo es que obtenemos la Vida terna.
El apóstol Juan en su primera Carta, Primera de Juan, capítulo 5, verso 10 en adelante, dice:
“...Dios nos ha dado vida eterna (y dice); y esta vida está en su Hijo.”
O sea, que la exclusividad de la Vida eterna la tiene Jesucristo, y por consiguiente para obtener la Vida eterna tenemos que venir a los Pies de Cristo. El que tiene al Hijo, tiene la vida, o sea, tiene la Vida eterna, porque lo tiene acá, lo recibió como su Salvador; el que no tiene al Hijo, no tiene la vida, no tiene Vida eterna, lo que tiene es una vida temporera que se le va a terminar y no sabe cuándo se le va a acabar.
Por lo tanto, necesitamos asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en la Vida eterna. Yo escuché la predicación de Su Evangelio, y nació la fe de Cristo en mi alma, y di testimonio público de mi fe en Cristo y lo recibí como mi único y suficiente Salvador, ¿y quién más? Cada uno de ustedes también. Pues Él dijo:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).
Y ahora, si hay alguno aquí presente que no haya recibido a Cristo como Salvador, o a través de los diferentes países que están conectados con esta transmisión, si no lo ha recibido como Salvador, si has escuchado hoy Su Voz, Su Evangelio, y por lo tanto no endurezcas tu corazón. “Si oyes hoy Su Voz, no endurezcáis vuestro corazón.” (Hebreos, capítulo 3, verso 7, y Hebreos capítulo 4, verso 7).
Él te está llamando para darte Vida eterna, el tesoro más grande, la herencia más grande de los hijos de Dios, que es la Vida eterna. ¿Quién puede darte la Vida eterna aparte de Jesucristo? Ninguna otra persona, solamente Jesucristo es el único que nos puede dar Vida eterna. El Evangelio según San Juan, capítulo 3, verso 16, dice:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”
Y también dice Cristo: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy Vida eterna.” (San Juan, capítulo 10, verso 27 al 30).
Por lo tanto, la Voz de Cristo que es el Evangelio, se da a conocer en todas las naciones para que así escuchen la Voz de Cristo el buen Pastor, y lo reciban, lo sigan, lo reciban como Salvador y Cristo les dé Vida eterna. Todos queremos vivir eternamente, y por consiguiente todos necesitamos a Jesucristo para que nos dé Vida eterna.
Si alguno todavía no lo ha recibido, por consiguiente no tiene Vida eterna, puede recibirlo en estos momentos, y estaremos orando por usted, para lo cual pueden pasar acá al frente y estaremos orando por usted. Y los que están en otras naciones también pueden venir a los Pies de Cristo, si todavía no lo han hecho, para que queden incluidos en esta oración que estaremos efectuando.
Vamos a dar unos minutos mientras vienen a los Pies de Cristo los que todavía no lo han hecho, para que aseguren su futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno. Recuerden que recibir a Cristo como Salvador es Vida eterna.
Mientras vivimos en esta Tierra en estos cuerpos mortales es que tenemos la oportunidad de recibir la Vida eterna a través de Jesucristo nuestro Salvador, para también así venir a formar parte del Templo espiritual de Cristo, que es Su Iglesia. Lo más importante para el ser humano es la Vida eterna, no hay otra cosa más importante; por esa causa es que Cristo preguntó en una ocasión:
“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” (San Mateo, capítulo 16, versos 26 al 28).
Todos queremos vivir eternamente, pero la Vida eterna usted no la puede comprar con dinero o con sacrificios suyos, la Vida eterna la tiene Cristo y la otorga a aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador, por eso Él dice: “Mis ovejas oyen mi Voz y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy Vida eterna.” Es Cristo el único que nos puede dar Vida eterna, por eso es que todos necesitamos a Jesucristo como nuestro único y suficiente Salvador, para que Él nos dé la Vida eterna, y así podamos estar felices y estar seguros que cuando termine nuestra vida terrenal, viviremos eternamente con Jesucristo nuestro Salvador.
Ya tenemos acá en nuestra alma la Vida eterna, ahora nos falta solamente la transformación de nuestro cuerpo, y si muere la persona físicamente, pues la resurrección en un cuerpo eterno y glorificado como Cristo ha prometido. Recibir a Cristo significa Vida eterna para toda persona, no recibirlo significa que a la persona no le interesó la Vida eterna, y por consiguiente no vivirá eternamente.
Eso es de lo que habla Cristo en una ocasión para los que no querían venir a Él, Él les explicó claramente lo que pasaba con las personas que no querían venir a Él. En San Juan, capítulo 5, verso 40, dice:
“Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.”
O sea, para que tengáis Vida eterna; los que no querían venir a Él, pues no querían venir a Él para obtener la Vida eterna, pero los que vienen a Cristo quieren tener la Vida eterna, y saben que no hay otra persona, ni otro Nombre en el cual podemos ser salvos. El apóstol Pedro dijo en el capítulo 4, verso 12 del libro de los Hechos. “Porque no hay otro Nombre bajo el Cielo dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” Y si no hay otro Nombre, y solamente hay UNO, y ese Nombre es SEÑOR JESUCRISTO, pues venimos a los Pies de Cristo para obtener la Vida eterna.
Ya vamos a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo, en las demás naciones los que faltan por venir pueden continuar viniendo; y los que están en las cámaras y también las computadoras, que nos avisarán cuando estén listos en las demás naciones, si les pueden pasar alguna toma de las demás naciones.
Todavía están viniendo más personas a los Pies de Cristo en otras naciones; si les pueden pasar una... no tenemos aquí para... la tenemos acá a la pantalla, están pasando, viniendo a los Pies de Cristo también en otras naciones que como ustedes quieren vivir eternamente, y saben que la única forma en que se obtiene la Vida eterna es recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. No hay otra forma para obtener la Vida eterna.
Por eso cuando Cristo ordenó a Sus discípulos en San Marcos, capítulo 16, verso15 al 16 a predicar el Evangelio a toda criatura, dijo:
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” Tan simple como eso.
Y la persona escoge: si quiere ser condenado, entonces no cree, no recibe a Cristo; pero si no quiere ser condenado, sino que quiere ser salvo y vivir eternamente, entonces cree en Cristo y lo recibe como único y suficiente Salvador. Tan simple como eso.
Vean, Dios hace las cosas simples para que todos puedan comprender y puedan recibir la bendición de Dios. Dice la Escritura que Dios ha colocado delante del ser humano la vida y la muerte, la bendición y la maldición, y Dios recomienda que escojamos la vida para que vivamos nosotros y nuestra familia. La bendición es para todas las personas, para toda su familia, por lo cual entonces guíe a su familia a los Pies de Cristo también.
Vamos a estar puestos de pie o en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo. Si falta alguno por venir puede venir, recuerden que es un asunto de Vida eterna recibir a Cristo como único y suficiente Salvador. Hay personas también que son tímidas y escuchan la predicación del Evangelio de Cristo, nace la fe de Cristo en su alma, creen en Cristo, pero les da timidez o vergüenza pasar al frente para recibir a Cristo como Salvador.
Cristo dijo: “El que se avergonzare de mí delante de los hombres, yo me avergonzaré de él delante de mi Padre que está en los Cielos.” No nos podemos avergonzar de Cristo, pues Él no se avergonzó de nosotros para tomar nuestros pecados y morir por nosotros en la Cruz del Calvario. Él dice para los que no se avergüenzan y lo reciben como Salvador, Él dice: “El que me confesare delante de los hombres, Yo le confesaré delante de mi Padre que está en los Cielos.”
Por lo tanto, ya sabemos cuál será el futuro de cada persona: el que se avergüenza de Cristo, Cristo se avergonzará de la tal persona, y por consiguiente no entrará al Reino de Dios; mas el que no creyere, será condenado. Y en San Marcos, capítulo 8, dice del verso 36 en adelante:
“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”
Recuerde que el alma es lo más importante que hay en la persona, eso es lo que en realidad es la persona: alma viviente. El cuerpo físico es una casa terrenal en la cual vivimos por un tiempo, y el espíritu de la persona es otro cuerpo de otra dimensión.
“¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?”
¿Qué recompensa puede dar? No puede comprar la Vida eterna, no puede comprar la eternidad para su alma, no está en venta, el precio lo pagó Jesucristo en la Cruz del Calvario; usted no tiene nada para pagar por la salvación de su alma, Cristo pagó el precio de la salvación de nuestra alma y ahora Él otorga la Vida eterna, la salvación para el alma del ser humano gratuitamente.
“Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.” (Esto está en San Marcos, capítulo 8, versos 36 al 38).
Por lo tanto, tenemos que ser realistas y saber que todos necesitamos a Cristo, porque todos deseamos vivir eternamente. Si vivir en estos cuerpos mortales es tan bueno, cómo será en un cuerpo eterno y glorificado por toda la eternidad y con Cristo nuestro Salvador como Rey en el Reino de Cristo.
Ya vamos a orar por todas las personas, ya están listos en las demás naciones, me hacen señal que ya están todos listos; ustedes también están viendo lo que está sucediendo en otras naciones en donde están reunidos también y están escuchando la predicación del Evangelio de Cristo.
Vamos a estar con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, y nuestros ojos cerrados, y los que han venido a los Pies de Cristo repitan conmigo esta oración:
Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón. Creo en Ti, creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo dado a los hombres en que podemos ser salvos. Creo en Tu primera Venida, creo que Tú eres el Mesías que estabas prometido para venir y para morir en Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor.
Señor, doy testimonio público de mi fe en Ti y Te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y sea producido en mí el nuevo nacimiento. Quiero nacer en Tu Reino, quiero nacer en y a la Vida eterna, quiero vivir Contigo en Tu Reino por toda la eternidad. Me rindo a Ti en alma, espíritu y cuerpo.
Señor, sálvame, Te lo ruego en Tu Nombre eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.
Y con nuestras manos levantadas al Cielo, a Cristo, todos decimos: ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! ¡La Sangre del Señor Jesucristo me limpió de todo pecado! Amén.
Cristo les ha recibido en Su Reino, ha perdonado vuestros pecados y con Su Sangre les ha limpiado de todo pecado, porque ustedes escucharon Su Evangelio y lo han recibido como vuestro único y suficiente Salvador.
Y ahora ustedes me dirán: “Quiero ser bautizado en agua en Su Nombre lo más pronto posible.” Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo como hacían los apóstoles cuando las personas creían y recibían a Cristo, los cuales eran bautizados en el Nombre del Señor Jesucristo; también ustedes pueden ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo en estos momentos.
El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado. En el bautismo en agua la persona si identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo, y cuando la persona es sumergida en las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente está siendo sepultado. Y luego cuando lo levanta de las aguas bautismales, está resucitando a una nueva vida, a la Vida eterna con Cristo en Su Reino eterno.
Por lo tanto, en el bautismo en agua nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Es un mandamiento del Señor: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.” El mismo Jesucristo fue bautizado por Juan el Bautista, los apóstoles también fueron bautizados, y luego Cristo ordenó bautizar a todos los que recibirían el Evangelio de Cristo, y recibirían por consiguiente a Cristo como su Salvador.
Así fue en el tiempo de Jesús y los apóstoles, y así ha sido todo el tiempo, por lo tanto tienen derecho a ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo. Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el glorioso Reino de nuestro amado Señor Jesucristo.
Ustedes también que están en otras naciones, pueden ser bautizados en agua en estos momentos los que han recibido a Cristo como Salvador. Y que Cristo también les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento; y también nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Jesucristo nuestro Salvador.
Ha sido para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, dándoles testimonio de este mega-proyecto divino que es la construcción del Templo espiritual de Cristo, en el cual somos colocados cuando lo recibimos como Salvador, somos bautizados en agua en Su Nombre, y Él nos bautiza con Espíritu Santo y Fuego y produce en nosotros el nuevo nacimiento, y así es como entramos al Reino de Dios. Así es como entramos a formar parte de ese glorioso Templo espiritual del Señor Jesucristo.
Y ahora, dejo al ministro, reverendo, al doctor Patricio Lara, para que les indique hacia dónde dirigirse para colocarse las ropas bautismales, y ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.
Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes. Amén.
Con nosotros el doctor Patricio Lara para indicarles lo correspondiente, y en cada nación dejo también al ministro correspondiente.
“LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO ESPIRITUAL DEL SEÑOR JESUCRISTO EL GRAN MEGA-PROYECTO DE DIOS.”