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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están a través del satélite Amazonas o de internet en diferentes naciones. Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión aquí en Washington, para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Mis felicitaciones y felicidades al reverendo Gian del Corto que está cumpliendo años en estos días, Coordinador en Brasil de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz. Felicitaciones Gian, y un saludo también a tu esposa allá en Brasil. Y también un saludo para Yubelly Quiñonez, esposa de Ariel Cerrud, Coordinador en Panamá. Que Dios te bendiga, Yubelly, y te use grandemente en el Programa Divino correspondiente a este tiempo final.

Y un saludo también muy especial para el misionero Miguel Bermúdez Marín y su esposa Ruth, y todos los que con él están trabajando en el Programa Divino; Miguel el Coordinador Internacional.

También un saludo a José Benjamín Pérez, ministro allá en Puerto Rico, que está con la Iglesia de Puerto Rico conectados con esta transmisión.

Para esta ocasión tenemos el tema “EL HIJO DEL HOMBRE”, de los cuatro títulos de Hijo que tiene Cristo el Mesías, el Ungido, el Cristo. El viernes estaremos tratando un resumen de los cuatro títulos de Hijo, y el domingo próximo estaremos hablando sobre el tema: “El Rey de reyes y Señor de señores.”

Ya estaremos en Puerto Rico el próximo domingo y sábado también, para tratar esos temas que son temas de actualidad, son los temas de actualidad del Programa Divino correspondiente al tiempo final.

Ahora buscamos en nuestras Biblias, en San Mateo, capítulo 16, versos 26 en adelante. Aun vamos a leer desde el 24. Capítulo 16, versos 24 al 28, de San Mateo, donde dice:

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.

Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? (¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?)

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.

De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. Nuestro tema es: “EL HIJO DEL HOMBRE.”

Hemos visto a través de la Escritura, que Cristo tiene diferentes títulos de Hijo: tiene el título de Hijo de Dios, tiene el título de Hijo de Abraham, tiene el título de Hijo de David, tiene el título de Hijo del Hombre.

Como Hijo de Abraham Él es el heredero a toda la Tierra, todo el territorio que Dios le prometió a Abraham, todo el territorio allá de la tierra de Canaán, la tierra prometida. Por eso el Mesías es un descendiente de Abraham, para ser heredero de lo que le ha sido prometido a Abraham, Dios darle por heredad.

Recuerden que Dios puede dar todo o una parte de un territorio, o todo el planeta Tierra, a quien Él desee. La Escritura dice: “Mía es la Tierra, el mundo y su plenitud; y todos los que en él habitan.” [Salmos 24:1] O sea que todo pertenece a Dios; por lo tanto Él a quien quiere... a quien Él quiera lo puede dar, para lo cual tiene que ser un heredero.

Tenemos también..., esa es la otorgación Real; tenemos también al Señor como Hijo de David. Cada título de Hijo tiene su herencia. Como Hijo de David, Cristo es el heredero al Trono y Reino de David. Recordamos cuando le apareció el Ángel Gabriel a la virgen María en San Lucas, capítulo 1, versos 26 en adelante, donde dice:

“Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,

a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.

Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres.

Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta.

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.

Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús.

Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre;

y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

Aquí están las palabras del Arcángel o Ángel Gabriel a la virgen María, del niño que iba nacer a través de ella por obra y gracia del Espíritu Santo. La primera mujer —y única mujer en el mundo— que ha dado a luz un hijo sin la intervención de las relaciones con un hombre, sino por medio de la Obra del Espíritu Santo, la cual trae hijos e hijas de Dios.

Esa era la forma en que Adán y Eva tenían que recibir a los hijos allá en el tiempo del Edén; pero fue alterada la forma y por eso hemos venido con una vida temporal para vivir un corto tiempo y confirmar nuestro lugar en la vida eterna, recibiendo a Cristo como nuestro Salvador, para que Él nos dé la vida eterna; y así ser descendientes de Dios por medio de Cristo nuestro hermano mayor, el Primogénito entre todos Sus hermanos.

Aquí hemos visto la promesa de que Cristo el Mesías es el heredero al Trono de David y Reino de David. Por lo tanto, Dios le dará el Reino de David y Trono de David al Mesías Príncipe, al Príncipe de Paz, el cual es el único que puede traer la paz permanente para Israel; ahí está el secreto de la paz para Israel y para toda la humanidad.

Como Hijo de David hemos visto cuál es la herencia que le corresponde al Señor, al Mesías.

Luego tenemos también el título de Hijo de Dios. Con el título de Hijo de Dios Él es el heredero de los Cielos y de la Tierra; por eso cuando murió y resucitó se cumplió lo que Él había dicho en San Mateo, capítulo 26, versos 64 (para no leer mucho): “Jesús le dijo: Tú lo has dicho…” Vamos a leer el verso 63 también:

“Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.”

Cristo sabía que se iba sentar en el Trono de Dios, esto es sentarse a la diestra de Dios; y el que está en el Trono es el que tiene el poder del Reino. Por lo tanto Él es el heredero de los Cielos y de la Tierra, Él es el Rey de los Cielos y de la Tierra. Por eso es que Cristo está sobre todas las huestes celestiales, a Él están sujetas todas las huestes celestiales.

Como Hijo de Dios Él ha estado en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, de edad en edad, Él es Ángel del Pacto; y Ángel del Pacto es el cuerpo angelical de Dios, el cuerpo teofánico de Dios, el Espíritu Santo. Recuerden que un espíritu es un cuerpo de otra dimensión.

Como Hijo de Dios: en las etapas de la Iglesia, o sea, en la Dispensación de la Gracia, en medio del cristianismo. Él ha estado manifestándose desde el Día de Pentecostés hacia acá, como Hijo de Dios.

Luego tenemos el título de Hijo del Hombre. Ese es un título de profeta. Siempre que es manifestado el Hijo del Hombre, siempre será un profeta. Por eso cuando Dios le habla a Jeremías, a Ezequiel, a Daniel, a todos ellos, puede decirles: “Hijo del Hombre, ¡escucha!” “Hijo del Hombre, ¡habla!” “Hijo del Hombre, come este libro”; porque Hijo del Hombre es título, el título de profeta. Tengan eso en mente siempre, para que cuando Dios nos permita entender completamente, sepamos a qué se refiere la promesa de la Venida del Hijo del Hombre.

Cristo dijo que el Hijo del Hombre viene con Sus Ángeles. San Mateo, capítulo 24, versos 30 al 31:

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.

Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro.”

Ahí los escogidos son ciento cuarenta y cuatro mil hebreos, doce mil de cada tribu, los cuales aparecen en el capítulo 7 del Apocalipsis, versos 1 en adelante; y Apocalipsis, capítulo 14, verso 1 en adelante. Esos son los escogidos de Dios del pueblo hebreo, los cuales serán llamados en este tiempo final en y bajo esa manifestación del Hijo del Hombre.

Por eso es que está prometido para el tiempo final la manifestación de los Ángeles del Hijo del Hombre, que son los ministerios de los Dos Olivos, los ministerios de Moisés y Elías, de Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 14; los cuales también aparecen en Zacarías, capítulo 4, versos 11 al 14, como los dos olivos que están delante de la presencia del Señor, y que son los ministerios de Moisés y de Elías de Apocalipsis, capítulo 11, versos 1 al 11.

Esos son los Dos Olivos y los Dos Candeleros que están delante de Dios. Son los símbolos que tienen que ver con este tiempo final y con la manifestación final de Dios en medio de Su Iglesia y en medio del pueblo hebreo.

Como Hijo del Hombre ¿qué hereda?, ¿cuál es la herencia?, ¿cuál es la heredad? Estamos interesados, porque San Pablo dice en Romanos, capítulo 8, versos 14 en adelante, que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús Señor nuestro; por lo tanto queremos saber cuál es la herencia a la cual somos nosotros herederos como hijos de Dios, y cuál es la herencia a la cual somos coherederos nosotros con Cristo; porque Cristo como Hijo de Dios es el heredero de todas las cosas, pero los creyentes en Cristo son coherederos con Cristo ¿de qué? De todas las cosas también.

Por eso es que son mencionados en Apocalipsis, capítulo 1, y también en el capítulo 5 y en el capítulo 20, como reyes, sacerdotes... Y también en Primera de Corintios, capítulo 2... Vamos a darle exactamente la cita de Primera de Corintios… Es importante que sepamos lo que Dios nos ha dado. Es importante que sepamos cuál es nuestra herencia. Primera de Corintios, capítulo 6, dice, verso 2 en adelante:

“¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?

¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?”

Vean, los creyentes en Cristo, con Cristo, que es el Juez Supremo, al cual Dios ha puesto como Juez de los vivos y de los muertos... Él es el Juez Supremo de la Corte Suprema Divina; y a esa Corte Suprema los creyentes en Cristo pertenecen como jueces, pues que van a juzgar al mundo y también a los ángeles.

En palabras más claras: al poder judicial del Reino de Dios pertenecen todos los creyentes en Cristo como jueces; son miembros del poder judicial, por eso es que podrán juzgar. No puede juzgar una persona que no sea juez, no puede juzgar al mundo ni puede juzgar a los ángeles. Y Cristo es el Juez Presidente de la Corte celestial, al que Dios ha puesto por Juez de los vivos y de los muertos.

Por cuanto es el Hijo del Hombre, Dios lo ha colocado como Juez. En el capítulo 5 de San Juan, nos dice que por cuanto es el Hijo del Hombre… Lo vamos a buscar para que lo tengan claro. Capítulo 5, verso 27, de San Juan, dice:

“…y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.”

También nos dice que el Padre a nadie juzga, sino que ha dado al Hijo el hacer juicio por cuanto es el Hijo del Hombre.

¿Cómo va Dios a juzgar a la humanidad? Por medio de Cristo, que es el Juez Supremo colocado por Dios para juzgar a los vivos y a los muertos. Para lo cual Él cambiará de Cordero a León, de Sumo Sacerdote a Juez, para llevar a cabo esa labor.

Por eso el Salmo 2... veamos lo que nos dice… Salmo 2, verso 6 en adelante, dice:

“Pero yo he puesto mi rey

Sobre Sion, mi santo monte.

Yo publicaré el decreto;

Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú;

Yo te engendré hoy.

Pídeme, y te daré por herencia las naciones,

Y como posesión tuya los confines de la tierra.”

Aquí tenemos que Dios dará todas las naciones, todos los confines de la Tierra. Es que como Hijo del Hombre, Cristo es el heredero del planeta Tierra con todo lo que tiene el planeta Tierra, con todas las naciones, con todos los seres humanos, con todos los animales, con todo lo que está sobre el planeta Tierra.

Y dice: “Pídeme, y te daré por herencia las naciones.”

Recuerden que Adán perdió la herencia, y por eso el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos, que es el Título de Propiedad de la Herencia Divina, regresó a la diestra de Dios, y en Apocalipsis, capítulo 5, lo encontramos en la diestra de Dios; y es reclamado por Cristo como León. Toma el Libro, lo abre en el Cielo en el capítulo 6 de Apocalipsis en adelante; y luego en Apocalipsis 10 lo trae a la Tierra abierto y se lo entrega a un hombre. Cristo, el Ángel Fuerte que desciende del Cielo clamando como cuando ruge un león, hablando como León (no como Cordero sino como León, y por consiguiente como Juez), lo entrega a un hombre representado en Juan el apóstol, el cual representa a la Iglesia del Señor Jesucristo y a todos los mensajeros que tendría la Iglesia del Señor Jesucristo.

Por lo tanto, en Juan recibiendo ese Librito abierto y comiéndoselo, por cuanto la Palabra viene a los profetas, habrá en la Tierra un profeta que recibirá ese Título de Propiedad y se lo comerá; y luego en Apocalipsis, ahí, 10, dice: “Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, y lenguas.” Y luego en Apocalipsis 11 comienza el ministerio profético a profetizar las cosas que van a suceder durante la gran tribulación.

Y ahí tenemos ese ministerio profético de los Dos Olivos siendo manifestado para el tiempo de la gran tribulación, trayendo la Palabra, dando a conocer los juicios divinos que han de venir sobre el planeta Tierra.

“Pídeme, y te daré por herencia las naciones.”

Recuerden que el que tiene el título de propiedad, de una propiedad, es el dueño legal de esa propiedad; y el Título de Propiedad no solamente del planeta Tierra sino de toda la Creación, es ese Libro sellado con Siete Sellos, es el Título de Propiedad de la vida eterna, donde están escritos los nombres de todos los hijos e hijas de Dios; están en la parte, la sección, del Libro de la Vida del Cordero.

Esas son las ovejas del Padre, que Dios le daría a Cristo, el Buen Pastor, para que las buscara, las trajera al Redil y les diera vida eterna. Por eso mandó a predicar el Evangelio a toda criatura: “y el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” [San Marcos 16:15-16]

¿Quiénes creerán? Las ovejas que el Padre le da a Cristo para que las busque y les dé vida eterna. Por eso Cristo dijo: “Yo he venido a buscar y a salvar lo que se había perdido.” O sea, que vino a buscarme a mí, y ¿a quién más? A cada uno de ustedes también.

Recuerde que usted ha venido a Cristo porque Dios lo ha traído. El ser humano no busca a Dios, es Dios el que busca al ser humano. “Yo he venido para buscar y salvar lo que se había perdido.” ¿Ve? Para eso vino Cristo. Y por eso Él dice [San Juan 10:27-30]: “Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” O sea, que no se puede perder la persona que está escrita en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. Esos son los hijos e hijas de Dios en los cuales Dios pensó desde antes de la fundación del mundo.

Algunas veces cuando alguien nos dice: “Yo estaba pensando en ti en tal fecha,” uno dice: “¡Qué bueno que alguien piense en mí!” ¡Cuánto más saber que Dios pensó eternamente en cada uno de nosotros! Pensó..., estábamos en el pensamiento divino.

Es como en lo humano acá cuando una persona piensa, un joven piensa y dice: “Deseo tener niños, un niñito y una niñita,” que casi siempre es lo que quieren, la parejita; luego cuando se casan (llevando a cabo las cosas en la forma bíblica: se casan) y tienen la parejita como querían. Sus papás les pueden decir: “Habíamos pensado en tener una parejita (un nene y una nena), y ustedes son en los cuales habíamos pensado.” Esos niños se sienten felices diciendo: “Papá y mamá pensaron en mí, pensaron en traerme a esta Tierra. ¡Gracias a Dios que pensaron en mí!”

¡Y gracias a Dios que Dios pensó en nosotros, para traernos a existir a la vida! Para que así, estando en esta Tierra, hagamos contacto con la vida eterna y confirmemos nuestro lugar en la vida eterna con Cristo, para vivir con Cristo en Su Reino, ¿por cuánto tiempo?, por toda la eternidad.

Recuerde que el escogido no se puede perder. Estaba en la mente de Dios eternamente. Y cuando Cristo estuvo aquí en la Tierra: estábamos con Él.

Ahora, ¿cómo usted puede explicar eso?, ¿cómo lo puede entender? Si usted tiene un árbol de aguacate o de mango, usted puede decir: “Yo tenía en mi mano este árbol de aguacate o este árbol de mango con todos los aguacates o todos los mangos que tiene ahora.” Le pueden decir: “Usted está loco.” ¿Y cómo lo tuvo? Cuando lo tenia en la semilla. En la semilla estaba el potencial, estaban las raíces, estaba el árbol con sus ramas y con todo el fruto, que son los hijos, el fruto.

Y Cristo es el Árbol de la Vida. Estábamos en Cristo, el Árbol de la Vida; y por consiguiente hemos aparecido en el tiempo correspondiente, ¿en dónde?, manifestados en la Iglesia del Señor Jesucristo.

Recuerden, Cristo dijo: “Yo soy la vid, vosotros las ramas.” [San Juan 15:5]

O sea, que nosotros pertenecemos a Cristo, somos parte de Cristo. Cuando Él estuvo aquí en la Tierra, estábamos en Él: como atributos que seríamos manifestados más adelante en forma de personas. Así como el árbol estaba con sus frutos en la semilla, Cristo es la semilla, la simiente de Dios a través de la cual vendrían todos los hijos e hijas de Dios a y con vida eterna. No recordamos nada, pero sí sabemos que estábamos en Él.

Miren, el cuerpo del ser humano estaba en el papá; y antes de estar en el papá estaba en el abuelo; y antes de estar en el abuelo, en el bisabuelo.

El apóstol Pablo en Hebreos, capítulo 7, hablando acerca de Leví, dice que cuando Abraham diezmó a Dios, estaba Leví también diezmando, el cual estaba en los lomos de Abraham. O sea, que la vida surge en la cuarta generación anterior a la persona; ya ahí Leví estaba en los lomos de Abraham. Eso es lo que nos dice la Biblia, San Pablo hablándonos. Y así vino viajando de los lomos de Abraham a los lomos de Isaac, de los lomos de Isaac a los lomos de Jacob, y de los lomos de Jacob a manifestación, naciendo Leví.

Y nosotros estábamos en Dios eternamente, hemos venido de la eternidad; y hemos venido para confirmar nuestro lugar con Cristo en la vida eterna. Este planeta es el lugar donde confirmamos nuestro lugar en la vida eterna.

Ahora, la Escritura también dice: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajera, no le trajese.” [San Juan 6:44] Si no le trae el Padre, no puede venir.

“Mis ovejas oyen mi voz, y me siguen.” Las ovejas que el Padre le dio a Cristo son esas personas que están escritas en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero; las cuales, cuando llegan a comprender quiénes son, le agradecen a Dios la bendición y privilegio de ser una hija o un hijo de Dios. Esos son los hijos e hijas de Dios; y por consiguiente son la familia de Dios. Y Dios es el Rey de los Cielos y de la Tierra; y Sus hijos son reyes, sacerdotes y jueces; son la Realeza, miembros de la Realeza celestial.

Recuerden que los que pertenecen a la realeza son los descendientes del rey y la reina. Y esos son los creyentes en Cristo; por eso es que la Iglesia es la Reina y Cristo es el Rey, y Sus hijos son príncipes y princesas. Es importante que sepamos lo que somos delante de la presencia de Dios. No son cualquier cosa, son miembros de la Realeza.

Cristo como Hijo del Hombre, nos dice Romanos, capítulo 4, algo muy importante. Capítulo 4, verso 12 al 13... verso 13, dice:

“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.”

La descendencia de Abraham, Cristo, ¿heredero de qué? Del mundo entero. Por lo tanto, somos coherederos con Cristo del mundo entero también. “Al Padre le ha placido daros el Reino,” dice Cristo. [San Lucas 12:32] “Los mansos recibirán la Tierra por heredad.” [San Mateo 5:5]

Todas estas bendiciones están prometidas para los creyentes en Cristo como coherederos de Dios, coherederos con Cristo, herederos de Dios y coherederos con Cristo Señor nuestro.

Como Hijo del Hombre vimos que es el heredero del mundo entero. Por eso es que en Isaías, capítulo 9... capítulo 9 de Isaías, versos 6 al 7, dice:

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.

Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.”

Ese Reino del Mesías cubrirá estos títulos de Hijo del Hombre. Como Hijo de David reinará sobre Israel, se sentará sobre el Trono de David, y así será la restauración del Reino de David. Jerusalén será la capital de ese Reino, y desde ahí también va a gobernar, va a reinar, sobre todas las naciones; y la paz saldrá de Jerusalén: la Ciudad de Paz, la Ciudad de Dios.

El Reino del Mesías, del cual todos los profetas han hablado, es la única esperanza de un gobierno que traiga la paz permanente para la familia humana. Por eso es que la única esperanza que hay para la humanidad es la Segunda Venida de Cristo; no hay otra esperanza que pueda tener el ser humano.

El Hijo del Hombre está prometido que vendrá, será revelado, manifestado en este tiempo final. Él fue mostrado en el Monte de la Transfiguración, en el capítulo 17 de San Mateo; se transfiguró delante de Pedro, Jacobo y Juan, y aparecieron a cada lado de Jesús: Moisés y Elías, que son los Ángeles del Hijo del Hombre que son enviados para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos. Esos son los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en el Día Postrero para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil hebreos. No son literalmente Moisés y Elías sino sus ministerios repitiéndose.

Cristo el Hijo del Hombre, el heredero de la Tierra, sabe qué va a hacer y cómo lo va a hacer, para establecer Su Reino en la Tierra, y traer la paz y la felicidad al ser humano.

El evento más grande prometido para este tiempo final es la promesa de la Venida del Hijo del Hombre; recordando que ese es un título de profeta. Es este el tiempo final, y por consiguiente es el tiempo para la Venida, la manifestación del Hijo del Hombre, para la manifestación de Dios en el Día Postrero, donde cumplirá las promesas que ha hecho a Su Iglesia.

Por lo cual, estemos preparados, con nuestras vidas arregladas delante de Dios, habiendo recibido a Cristo como Salvador. Y si alguno no lo ha recibido todavía, es importante que lo reciba lo más pronto posible, porque ya estamos en el fin del tiempo, en donde de un momento a otro Cristo completará Su Iglesia, y luego se cerrará la puerta; como muestra Cristo en la parábola de las diez vírgenes: que vino el Esposo, y las que estaban preparadas entraron con Él a las Bodas y se cerró la puerta.

También... Eso está en San Mateo 25, capítulo 25. Y en San Lucas, capítulo 13, verso 21 al 27, también nos habla que cuando el Padre de familia se haya levantado y sea cerrada la puerta... O sea, que la puerta va a ser cerrada, la puerta de la Dispensación de la Gracia va a ser cerrada de un momento a otro. Cuando Cristo complete Su Iglesia ya terminará Su labor de Sumo Sacerdote en el Cielo y se convertirá en el León de la tribu de Judá, Rey de reyes y Señor de señores, para llevar a cabo Su Obra de Reclamo, tomando el Título de Propiedad y haciendo el reclamo de lo que Él ha redimido con Su Sangre preciosa. Estemos preparados, porque estamos en el tiempo final.

Vendrá una manifestación grande de parte de Dios, como fue en los días de Jesús, en los días de los apóstoles y en los días del reverendo William Branham. En el reverendo William Branham estuvo una manifestación del Hijo del Hombre, o sea, de Cristo manifestado a través de un profeta obrando como obró dos mil años atrás. Y dice el reverendo William Branham que se volverá a repetir, pero que cuando eso ocurra ya no habrá oportunidad para la humanidad. Eso será la Tercera Etapa, de la cual habló el reverendo William Branham de acuerdo a lo que el Ángel le habló de la Tercera Etapa, y le mostró una Gran Carpa-Catedral.

O sea, que por ahí vamos a ver, por esa Visión vamos a ver en su cumplimiento una manifestación grande del Hijo del Hombre; pues esa es la promesa para los creyentes en Cristo para el Día Postrero: la Venida o manifestación del Hijo del Hombre.

Cristo ha estado con Su Iglesia todo el tiempo; y ha estado velándose y revelándose a través de diferentes mensajeros de Dios. En Su Iglesia, entre los gentiles, estuvo en la primera edad en y con San Pablo, velado en San Pablo y revelado a través de San Pablo; y así a través de cada edad de la Iglesia se veló y se reveló en y a través del mensajero de cada edad. Esas son manifestaciones de Cristo en medio de Su Iglesia, en medio de la cual ha estado desde el Día de Pentecostés en adelante.

Cristo dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.” San Mateo, capítulo 28, verso 20. Y San Mateo, capítulo 18, verso 20, dice: “Donde estén dos o tres reunidos en mi nombre, yo estaré, allí yo estaré.” Y Él toma diferentes instrumentos, mensajeros, y manifestado en ellos y a través de ellos le habla a Su pueblo, llama y junta a Sus escogidos de cada edad, y así va formando Su Iglesia de edad en edad; va juntando a los escogidos de Su Iglesia.

Y en este tiempo final completará Su labor, completará el número de los escogidos. Como un padre de familia con su esposa dicen: “Hasta aquí,” ya no tienen más hijos. Y Dios completará Su Iglesia, Sus hijos e hijas, completará la Realeza; y luego llevará a cabo las demás cosas que tiene que llevar a cabo, como la resurrección de los muertos en Cristo en cuerpos glorificados y la transformación de los que vivimos; para todos ser iguales a Jesucristo: con cuerpos glorificados y jóvenes para toda la eternidad, representando de 18 a 21 años de edad.

Y si alguien no aprecia eso, yo sí; y si alguien no lo necesita, yo sí; porque el cuerpo que tengo es temporal; y por cuanto el cuerpo humano tiene cuatro rayos de luz y se van agotando, en el nuevo cuerpo no se agotan. El nuevo cuerpo por ser eterno y glorificado permanecerá vivo y joven por toda la eternidad. Y ese será el cuerpo que Dios destinó, predestinó, eligió, para que usted y yo tengamos para toda la eternidad. Así que el cuerpo que tenemos es temporal; tiene sus problemas porque no es un cuerpo perfecto, es en la permisiva Voluntad de Dios en lo que recibimos el nuevo; el nuevo es el eterno que Dios diseñó, predestinó para todos nosotros, igual al del Señor Jesucristo, interdimensional.

Así que la bendición de ahí para los creyentes en Cristo es la más grande de todos los tiempos; y hay una fiesta que está esperando por los invitados: “Bienaventurados los que son convidados a la Cena de las Bodas del Cordero.” [Apocalipsis 19:9] Yo he sido convidado y acepté la invitación. ¿Y quién más? Cada uno de ustedes también.

Por lo tanto nos está esperando una fiesta grande en el Cielo, la fiesta más grande que se haya llevado a cabo en el Cielo, en la Casa del Padre celestial; que es la Cena de las Bodas del Cordero, la recepción de las Bodas de Cristo con Su Iglesia. Y están esperando por nosotros allá. Por lo tanto, estemos preparados y trabajando siempre en la Obra del Señor.

Estamos en el tiempo para la manifestación del Hijo del Hombre. La vimos en Jesús, la vimos en el reverendo William Branham, y se repetirá en este tiempo final.

Por eso bajo esa manifestación vimos que tenía autoridad el Hijo del Hombre, Cristo, sobre la naturaleza, sobre todas las cosas; vimos también esa manifestación así en el reverendo William Branham; y volverá a ser vista conforme a Apocalipsis, capítulo 11. Por lo tanto estemos preparados, porque hay buenas noticias para los creyentes en Cristo. Buenas nuevas de paz y de felicidad.

Ya estamos muy cerca para el cumplimiento de todas esas promesas. Por dos mil años, alrededor de dos mil años se ha estado esperando la Segunda Venida de Cristo, la Venida del Hijo del Hombre, y ahora a nosotros nos toca el tiempo final; o sea, que estamos dos mil años más cerca de lo que estuvieron los apóstoles del Señor Jesucristo.

“EL HIJO DEL HOMBRE.” El heredero del planeta Tierra con todo lo que tiene; y nosotros coherederos con Él.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador lo puede hacer en estos momentos, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone, y con Su Sangre lo limpie de todo pecado, sea bautizado en Su Nombre, y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego; y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Vamos a dar la oportunidad que pasen al frente para orar por ustedes los que todavía no han recibido a Cristo como Salvador, para que Cristo les reciba en Su Reino y les coloque con vida eterna en Su Reino. Y los que están en otras naciones, en otros países, también pueden venir a los Pies de Cristo nuestro Salvador, para que Cristo les reciba en Su Reino. Y los niños de 10 años en adelante también pueden venir a los Pies de Cristo, para que Cristo les reciba en Su Reino.

Lo más importante en la vida es una sola cosa: la vida eterna; no hay cosa más importante que la vida eterna. Sin la vida eterna la persona no tiene futuro en el Reino de Dios; y todos, al experimentar lo que es la vida, aunque es temporal, vemos que es muy importante y buena, ¡¿cuánto más la vida eterna?!

Vivir en esta Tierra en estos cuerpos mortales, nos da la oportunidad para hacer contacto con Cristo, para que nos dé la vida eterna, para que nos coloque con Él en Su Reino y por consiguiente nos coloque en la vida eterna.

En los diferentes países pueden continuar viniendo también a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Hay un futuro glorioso para el ser humano que recibe a Cristo como su Salvador. Recuerden que el único que tiene la exclusividad de la vida eterna es Jesucristo nuestro Salvador. Nadie más tiene la exclusividad de la vida eterna, solamente Cristo es el único que la tiene; por eso fue que Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (San Juan, capítulo 14, verso 6). Y Él sabía lo que estaba diciendo.

Cristo es nuestra única esperanza, nuestra única esperanza de vida eterna. Sin  Cristo no hay vida eterna.

Cuando una persona tiene a Cristo, mientras descansa (sin todavía haberse dormido), piensa: “¿Cómo será despertar en el Paraíso?”; se acuesta tranquilo, sabe que si muere aparece en el Paraíso, que es la sexta dimensión, la dimensión de los ángeles, de los cuerpos angelicales, y en la resurrección regresará a la Tierra para recibir la resurrección en un cuerpo glorificado y eterno. Tan sencillo como eso. Por eso es que hay que asegurar nuestro futuro eterno con Cristo en Su Reino eterno; es el único que nos puede asegurar nuestro futuro eterno.

Vamos ya a orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo. Con nuestros ojos cerrados y nuestras manos levantadas a Cristo al Cielo:

Padre nuestro que estás en los Cielos, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas presentes y en otros países, que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbelos en Tu Reino, te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, repitan conmigo esta oración que estaremos haciendo por cada persona que está recibiendo a Cristo como Salvador:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi alma, en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida y creo en Tu Nombre como el único Nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador, un Redentor. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador. Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre; y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Sálvame, Señor. Haz una realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén y amén.

Ahora me dirán, me preguntaran: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque Cristo dijo: ‘El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.

Todos queremos ser salvos; por lo tanto hacemos de acuerdo a como Cristo ordenó: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo.”

Se predica el Evangelio para que nazca la fe de Cristo en el alma de la persona, y crea, y dé testimonio público recibiéndolo como Salvador, y sea bautizado en agua en el Nombre del Señor; y Cristo lo bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en la persona el nuevo nacimiento, nazca en el Reino de Cristo, en el Reino de Dios; porque el que no nazca de nuevo, dice Cristo: “No puede entrar al Reino de Dios,” le dijo Cristo a Nicodemo en San Juan, capítulo 3, versos 1 al 6.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados, y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. 

El bautismo en agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado; pero el bautismo en agua es un mandamiento de Cristo nuestro Salvador.

Aun cuando Juan el Bautista predicaba y bautizaba en el Jordán, Cristo fue donde Juan para ser bautizado por Juan, y Juan le dice a Jesús: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?” Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia.” Y entonces lo bautizó. Y cuando subió de las aguas bautismales, el Espíritu Santo vino sobre Jesús en forma de paloma, y permaneció sobre Jesús.

Y ahora, cada persona, como Cristo hizo, hace también toda persona que escucha y cree el Evangelio de Cristo: es bautizada en agua en el Nombre del Señor. Recuerden, así nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. Ese es el simbolismo, la tipología del bautismo en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; es que nos identificamos con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección.

Y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino de Cristo nuestro Salvador.

Así que ustedes que están presentes y los que están en otros países, que han recibido a Cristo en estos momentos, como Salvador; bien pueden ser bautizados.

Que Dios les bendiga, y nos continuaremos viendo por toda la eternidad en el Reino glorioso de Cristo nuestro Salvador.

Dejo al reverendo Joel aquí presente, y en cada país y en cada congregación dejo el ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo.

Que Dios les bendiga y les guarde a todos.

“EL HIJO DEL HOMBRE.”

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