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Muy buenas tardes, amados amigos y hermanos presentes, y todos los que están conectados por internet o el satélite Amazonas. Es para mí una bendición y privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión, para compartir con ustedes alrededor de la Palabra de Dios, unos momentos de compañerismo espiritual.

Para esta ocasión tenemos la lectura de Apocalipsis, capítulo 22, versos 16 al 17, y dice así:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla. Nuestro tema para esta ocasión es: “UNIDOS CON EL ÁNGEL, TRABAJANDO EN LOS PROYECTOS DIVINOS.”

Tenemos en el Programa Divino las diferentes manifestaciones de Dios, tanto en el Antiguo Testamento o Antiguo Pacto, como también en el Nuevo Pacto, el Nuevo Testamento, en donde siempre hemos visto la presencia de Dios manifestada; así lo muestra la historia bíblica. Lo hemos visto manifestado en la forma de luz, una columna de fuego, el Ángel del Pacto; y en algunas ocasiones se ha dejado ver en forma de hombre de otra dimensión, o sea, de ángel, llamado el Ángel del Pacto, el Ángel de Dios, en donde podemos comprender que es el cuerpo angelical de Dios o cuerpo teofánico o cuerpo de otra dimensión; y es también llamada la imagen del Dios vivo, del Dios viviente. La imagen de Dios es Su cuerpo angelical llamado el Ángel del Pacto, el cual es Cristo en Su cuerpo angelical.

Y luego la semejanza física de Dios es Cristo en Su cuerpo físico dos mil años atrás, Su cuerpo de carne llamado Jesús, nacido a través de una virgen de la descendencia del rey David; y ese cuerpo físico es la semejanza física de Dios.

Por eso Cristo decía [San Juan 14:9]: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre,” como cualquiera de ustedes puede decir que el que lo ha a visto a usted ha visto a aquel por el cual es mencionado su nombre; porque ha visto que es su semejanza física. Pero aun con todo y eso, en San Juan, capítulo 1, verso 18, dice: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le declaró (o sea, le ha dado a conocer).”

En algunas ocasiones, cuando aparecía el Ángel del Pacto y hablaba con diferentes personas en diferentes ocasiones, los que habían tenido esa experiencia de ver a ese Ángel decían que vieron a Dios. Es como cuando una persona ve el espíritu o cuerpo angelical de otra persona, dice: “Vi a fulano de tal,” pero lo que vio fue su cuerpo angelical. También cuando ve a la persona físicamente, dice: “Vi a fulano de tal,” pero lo que vio fue la casa terrenal; porque la persona es alma viviente, que vive en esta Tierra en medio de los seres humanos en un cuerpo físico, donde también está el cuerpo angelical de la persona.

Así es el misterio de Dios y de Cristo. Por eso Cristo decía [San Juan 14:28]: “El Padre mayor es que yo.” Porque es mayor Dios el Padre, que la casa que Él habitaba. Vean, de eso nos habla Hebreos, capítulo 3, verso 1 en adelante, y otros lugares donde nos dice que el que hace la casa es mayor que la casa.

Y Cristo en una ocasión dijo: “Destruyan este templo y en tres días yo lo levantaré.” Todos pensaron que estaba hablando del templo de piedras, pero Él estaba hablando de Su cuerpo físico, que es la casa humana de Dios, la casa donde Dios habitaba en toda Su plenitud.

Así como el apóstol Pablo nos dice también en Corintios y otras Escrituras, que somos templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en nosotros. Si somos templo, somos casa de Dios.

En el Antiguo Testamento la casa de Dios era el tabernáculo que construyó Moisés, y luego el templo que construyó el rey Salomón; y el pueblo de Israel como pueblo es el pueblo-casa de Dios.

Ahora, en el Nuevo Pacto la Casa de Dios, el Templo de Dios espiritual, es la Iglesia del Señor Jesucristo; y por consiguiente, cada creyente en Cristo es también casa de Dios, templo de Dios, para Dios morar en la persona. Y el lugar de morada de Dios en el tabernáculo que construyó Moisés y en el templo que construyó el rey Salomón, era el lugar santísimo, sobre el propiciatorio (que era la tapa del arca del pacto); allí moraba Dios en medio de aquellos dos querubines de oro que estaban sobre el propiciatorio (que también era de oro, esa tapa del arca del pacto era de oro también).

Y ahora, en el Nuevo Testamento encontramos que la Iglesia, el Templo Espiritual de Dios, ha estado siendo construido en el mismo orden. Lo más grande encontramos que es aquello de lo cual se hace un tipo y figura. El tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón, es el tipo y figura de la Iglesia del Señor Jesucristo y de cada creyente en Cristo como individuo.

Por eso era que Cristo decía: “Destruyan este templo y en tres días yo lo levantaré,” hablando de Su cuerpo de carne. “Destruyan este cuerpo y en tres días yo lo resucitaré,” eso es lo que les estaba diciendo; y al tercer día lo resucitó. Por eso dice: “Pero Él no hablaba del templo de piedra sino que Él hablaba de Su cuerpo, de Su cuerpo como Templo espiritual.” Eso está por ahí por San Juan... San Juan, capítulo 2, por ahí lo encontramos. Voy a darles exactamente... San Juan, capítulo 2, verso 19, dice [Reina Valera antigua (1909)]:

“Respondió Jesús, y díjoles: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fue este templo edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás?

Mas él hablaba del templo de su cuerpo.”

O sea, que el cuerpo físico es un templo; el cuerpo físico de Jesús es el templo perfecto de Dios. Y por eso luego ya no se hacen sacrificios de animalitos, porque en el Templo y por el templo de Dios fue hecho el Sacrificio perfecto de Cristo para quitar el pecado del ser humano; ya no se requieren sacrificios de animalitos.

Y ahora, la Iglesia es el Templo de Dios como Cuerpo Místico de creyentes, y cada creyente en Cristo como individuo es templo de Dios. Vean, Hebreos, capítulo 3:

“Por tanto, hermanos santos, participantes de la vocación celestial, considerad al Apóstol y Pontífice de nuestra profesión, Cristo Jesús;

El cual es fiel al que le constituyó, como también lo fué Moisés sobre toda su casa.

Porque de tanto mayor gloria que Moisés éste es estimado digno, cuanto tiene mayor dignidad que la casa el que la fabricó.

Porque toda casa es edificada de alguno: mas el que crió todas las cosas es Dios.

Y Moisés á la verdad fué fiel sobre toda su casa, como siervo, para testificar lo que se había de decir;

Mas Cristo como hijo, sobre su casa; la cual casa somos nosotros, si hasta el cabo retuviéremos firme la confianza y la gloria de la esperanza.”

Aquí podemos ver que ahora la Casa de Dios en el Nuevo Pacto es la Iglesia del Señor Jesucristo; y cada creyente en Cristo como individuo es casa de Dios, para morada de Dios en Espíritu Santo en el alma de la persona.

Así como en el tabernáculo que construyó Moisés y el templo que construyó el rey Salomón, también el lugar de morada de Dios era el lugar santísimo; y por consiguiente el Lugar Santísimo en la persona es el alma.

Y ahora, así como Dios moró con y en Su pueblo Israel, el pueblo terrenal, ha estado obrando en el pueblo celestial, que es la Iglesia del Señor Jesucristo; ahí es donde vemos al Espíritu Santo trabajando y cumpliendo las promesas correspondientes a cada tiempo.

Y así como envió profetas - jueces y profetas al pueblo hebreo, y se reveló y le reveló a ellos la Palabra que Dios quería hablar al pueblo (lo cual hizo a través de los profetas), ahora bajo el Nuevo Pacto está en medio de Su pueblo, de Su Templo espiritual, que es Su Iglesia, y ha enviado apóstoles, profetas, evangelistas y pastores a Su Iglesia.

Y por cuanto no viene la Palabra de Dios al pueblo sino por medio del Espíritu Santo a través de los profetas, para cada etapa de Su Iglesia ha enviado un mensajero al cual se ha revelado y le ha revelado la Palabra de Dios correspondiente a ese tiempo, y él la ha proclamado; y con ese Mensaje ha sido llamado el grupo de escogidos de Dios en cada edad. Esa es la forma.

Y ese Mensaje lo capta el mensajero, lo proclama, lo predica (eso es tocando la Trompeta de Dios); y Dios llama y junta a ese mensajero los escogidos de cada edad; y entre ellos levanta pastores, evangelistas, misioneros, y así por el estilo, los cuales se mantienen unidos a ese mensajero. Y la Palabra que Dios le da a ese mensajero, esos misioneros y pastores y evangelistas la toman y la llevan ellos también a otros lugares, y Dios los usa en esa forma; y así es como Dios llama y junta Sus escogidos en cada edad.

Lo que significa que si Dios va a juntar escogidos en un tiempo, entonces Dios va a hablar y a llamar. Cristo dijo: “También tengo otras ovejas que no son de este redil; las cuales también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.” [San Juan 10:16]

La Voz de Dios, la Voz de Cristo, es la Voz del Espíritu Santo de edad en edad, manifestado en el mensajero de cada edad, revelando al mensajero Su Palabra para esa edad; y él hablándola, proclamándola; y ungido con el Espíritu Santo, esa es la Voz de Dios para ese tiempo, para esa etapa, para esa edad de la Iglesia.

Y estar escuchando la Voz, el Mensaje de ese mensajero, es estar escuchando (¿qué?) la Voz de Dios; la Voz de Dios por medio del Espíritu Santo a través del instrumento que Él tiene para ese tiempo. De eso era que hablaba el reverendo William Branham cuando decía cómo funcionaba todo el Programa Divino.

También él nos habló de que el Ángel que le reveló a Juan todas esas visiones… Vean, en “Las Edades,” página 265, dice:

“Y le daré la estrella de la mañana.’

‘Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente, y de la mañana.’

Apocalipsis 22:16

‘…hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones.’

2 de Pedro 1:19

Según estos versículos, Jesús es la Estrella de la Mañana. El Espíritu Santo está haciendo una promesa a los escogidos de las Edades del Oscurantismo en relación a Sí mismo, y luego a las edades por venir.

Como ya hemos mencionado, Jesús se identifica con el mensajero de cada edad. Ellos reciben de Él la revelación de la Palabra para cada edad. Esta revelación de la Palabra saca del mundo a los escogidos de Dios y los coloca en unión completa con Cristo Jesús. Estos mensajeros son llamados estrellas porque brillan con una Luz prestada o reflejada, la Luz del Hijo, Jesús. También son llamados estrellas porque son ‘portadores de luz’ en la noche. Así que en la oscuridad del pecado, ellos traen la Luz de Dios a Su pueblo.”

Y el reverendo William Branham, hablando acerca del Ángel que le dio a Juan la revelación del Apocalipsis, vean lo que dice... Esto está en la página 40 y 41, párrafo 330 del libro de “Citas.” Dice:

330 – “Y fue enviado al – ‘Y significó esto por su ángel a Juan.’ No sabemos quién era el ángel. La Biblia no dice quién era el ángel, pero sabemos que era un profeta, porque la Biblia enseguida dice: ‘Yo Jesús he enviado mi ángel para testificar de las cosas que han de acontecer brevemente.’ Luego vemos que cuando Juan comenzó a adorar al ángel, el ángel dijo: ‘Mira que no lo hagas.’ Revelación (Apocalipsis), capítulo 22. Y él dijo: ‘Porque yo soy siervo juntamente con los profetas.’ Podía haber sido Elías. Podía haber sido uno de los profetas... Juan era un apóstol, pero este profeta fue enviado. Y Juan siendo un apóstol... mire la naturaleza de sus demás epístolas; prueba que Juan no lo escribió; porque no tiene la naturaleza como Juan. Tome 1a. de Juan, 2a. de Juan y etcétera y léalo; y mire la naturaleza de ellos, luego mire la naturaleza de esto. Juan era un escritor y un apóstol, pero éste es un espíritu de profeta; es enteramente una persona diferente.”

Y luego en la página 301 y 302 del libro de “Los Sellos,” hablando de este Ángel del Señor Jesucristo, el reverendo William Branham dice:

“106. Noten bien: En el tiempo cuando Dios iba a librar al mundo antes del diluvio, Él mandó un águila. Cuando decidió librar a Israel, también mandó un águila. ¿No cree usted que cuando Juan estaba en la Isla de Patmos, este Mensaje era tan perfecto que aun no podía ser confiado a un ángel? Ahora, un ángel es un mensajero, pero ¿sabía usted que aquel mensajero era un profeta? ¿Lo creen? Vamos a probarlo. Veamos Apocalipsis 22:9 para ver si no fue un águila (recuerden que las águilas representan profetas). Él era un ángel, un mensajero, pero era un profeta, el cual reveló a Juan completamente este libro de Apocalipsis. Ahora veamos lo que Juan vio:

Yo Juan soy el que ha oído y visto estas cosas. Y después que hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas.

Y él (el ángel) me dijo: Mira que no lo hagas (ningún verdadero profeta recibiría adoración, o mensajero cualquiera): porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.

Apocalipsis 22:8-9

107. Ahora, el Libro era tan importante, y es la Palabra de Dios. ¡Cuidado! Cuando la Palabra de Dios es revelada, tiene que ser traída por el profeta, porque solamente a él llega la Palabra de Dios.”

O sea, que en cada tiempo en que Dios va a revelar Su Palabra habrá un mensajero de Dios, un profeta de Dios. “Porque no hará nada el Señor Jehová, sin que antes revele Sus secretos a sus siervos Sus profetas.” (Amós, capítulo 3, verso 7).

Ahora, tenemos que la Palabra de Dios tiene que ser revelada en este tiempo final. Cristo, el Ángel Fuerte de Apocalipsis 10, viene con el Librito abierto en Su mano y tiene que darlo a Su Iglesia; y para eso tiene que haber un profeta en Su Iglesia, al cual venga la Palabra de Dios para el tiempo en que Él le va a dar a Su Iglesia el Título de Propiedad.

El Libro sellado con siete sellos, es abierto en Apocalipsis, capítulo 5 y 6, y 7 y 8; y luego traído a la Tierra en Apocalipsis, capítulo 10, y dado a Su Iglesia a través de un hombre representado en Juan el apóstol. Recuerden que Juan representa a la Iglesia del Señor Jesucristo con todos los mensajeros que tendría.

Para el Día Postrero, la Iglesia del Señor Jesucristo, así como ha venido subiendo de edad en edad, de una edad a otra edad…; y cada vez que tiene que subir de una edad a otra, Dios envía un mensajero y coloca Su Palabra en el corazón, en el alma, en la mente y en la boca de ese mensajero, y lo unge con Su Espíritu; y Él habla a través de ese mensajero y llama a Su pueblo de ese tiempo; y así se va formando la Iglesia del Señor Jesucristo, va creciendo como un Templo espiritual, conforme a Primera de Pedro, capítulo 2, versos 4 al 6.

Como piedras vivas son los creyentes en Cristo, esos son de aquellos que Cristo dijo Dios podía levantar de estas piedras hijos de Abraham.

Por eso son también, los creyentes en Cristo, hijos e hijas de Abraham que van formando el Templo espiritual de Cristo de edad en edad. Y luego viene la etapa de corona de la Iglesia, que es la Edad de Piedra Angular o de la Piedra Angular, la Edad de Oro de la Iglesia del Señor Jesucristo.

Esa Edad de Oro es paralela al tiempo de la Primera Venida de Cristo. Es en ese tiempo de Edad de Piedra Angular que Cristo vino en Su ministerio terrenal; y para el Día Postrero, para Su Segunda Venida, tiene que haber una Edad de Piedra Angular a la cual Él venga para manifestarse y cumplir la parte final de la Venida del Señor, que tiene dos partes: La primera parte es la Primera Venida, y ya se cumplió dos mil años atrás en medio del pueblo de Dios, el pueblo hebreo, la Iglesia del Pacto Antiguo; y la Segunda Venida es para la Iglesia del Señor Jesucristo, los hijos e hijas de Dios del Nuevo Pacto.

Por eso en medio de la Iglesia del Señor Jesucristo es que desde el Día de Pentecostés hacia acá ha estado obrando Cristo en Espíritu Santo, el cual dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo,” San Mateo, capítulo 28, verso 20; y San Mateo, capítulo 18, verso 20, dice: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí yo estaré.” Por eso encontramos a Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia, de edad en edad, en medio del cristianismo, que es donde está la Iglesia del Señor Jesucristo, que es donde están las vírgenes prudentes, que es donde está el trigo, que son los hijos del Reino de Dios.

Y por consiguiente, es ahí donde Cristo por medio de Su Espíritu se manifiesta; esa Columna de Fuego, esa Luz, se manifiesta a esos mensajeros, de edad en edad, los unge, están ungidos con el Espíritu de Dios. Así como los profetas hablaban ungidos por el Espíritu Santo, así también estos mensajeros hablan ungidos por el Espíritu Santo; y lo que dicen se llega a cumplir.

Y ahora, para el cristianismo, todo lo que pasó con Israel bajo el Pacto Antiguo es lo que pasaría bajo el Nuevo Pacto en la Iglesia del Señor Jesucristo, diferentes etapas, diferentes mensajeros y un pueblo diferente de edad en edad. O sea, nuevas personas en los cuales se va llevando a cabo el Programa Divino, el Plan de Dios; y esas personas con el mensajero de su edad van trabajando, y eso es trabajando con el Ángel de Dios, el Ángel de Jehová, Cristo en Espíritu Santo a través del Ángel mensajero terrenal, de edad en edad.

O sea, que el Ángel celestial, que es Cristo en Espíritu Santo – el Espíritu Santo trabaja a través del Ángel terrenal de cada edad, le habla al pueblo, llama y junta a Sus escogidos de edad en edad, y en el Día Postrero nos llamará también con esa Gran Voz de Siete Truenos, y nos dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero; y también estaremos escuchando la Gran Voz de Trompeta correspondiente a este tiempo final, para que venga la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de nosotros los que vivimos; ese es el Programa de Dios para este tiempo final.

Por consiguiente, habrá un pueblo, habrá un ministerio también manifestado a través de un instrumento que Él tendrá, un instrumento que Él tendrá en el Día Postrero, y se cumplirá la Visión de la Carpa, se cumplirá la Tercera Etapa que Él manifestará en esa Visión de la Carpa; y nos dará la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Estará trabajando, entonces, cada creyente unido al Ángel terrenal y al Ángel celestial.

Así ha sido de edad en edad, así ha sido en el Antiguo Pacto y así es también en el Nuevo Pacto; y estamos cubiertos con la Sangre, no de animalitos sino del Nuevo Pacto, de Cristo nuestro Salvador; y estamos unidos con el Ángel trabajando en los proyectos divinos correspondientes a este tiempo final. Así como Cristo no hacía nada, excepto aquello que el Padre le mostraba, y eso era hacer la Voluntad de Dios, hacer lo que estaba prometido que Dios haría a través del Mesías para aquel tiempo.

Siempre Dios tiene instrumentos para hacer aquello que Él dijo que iba a hacer. Siempre lo hará usando instrumentos de carne, de sangre y de huesos. Y lo glorioso es y lo maravilloso es que cuando eso se cumple o se va cumpliendo, los que Dios va usando se van dando cuenta que Dios es el que los está usando en Su programa, en Sus proyectos, en Sus proyectos correspondientes al tiempo final.

Si Dios dijo, por ejemplo, que resucitaría a los muertos en el tiempo de la Venida del Mesías, pues Cristo estuvo resucitando a los muertos y estuvo cumpliendo lo que Él prometió, y así por el estilo; por eso le dijo a Juan: “Vayan a Juan y digan (el cual estaba en la cárcel): ‘Los muertos son resucitados, los ciegos ven, los cojos andan, los sordos escuchan y a los pobres es predicado el Evangelio.” Miren esas cosas; y eso era lo que Cristo estaba haciendo. Juan tenía que entender que cuando esas promesas estuvieran cumpliéndose con y a través de un hombre, ése sería el Mesías, esa sería la identificación de la Obra del Mesías en Su Primera Venida.

Y ahora, lo que hay que ver: cuáles son las promesas de Dios para el Día Postrero, para la Segunda Venida de Cristo, para el tiempo final, las promesas de Dios de lo que también los ministerios de Moisés y Elías van a llevar a cabo en el Día Postrero; y cuando veamos eso sucediendo, entonces tenemos que tener nuestros ojos abiertos para comprender que estamos frente a lo que Dios prometió para este tiempo final.

Y dijo que - le mostró al reverendo William Branham una Gran Carpa-Catedral y las cosas que Él estaría haciendo allí; pues cuando vean esa promesa de una Gran Carpa-Catedral, ahí será que Él va a cumplir la Tercera Etapa, de la cual el reverendo William Branham habló. Ahora, no sabemos si será desde el comienzo de esa Visión de la Gran Carpa-Catedral, o será a mediados o al final; porque no somos nosotros los que le ponemos condiciones a Dios, es Dios que tiene ya Su Programa; Él lo va hacer de la forma en que Él lo pensó antes de la fundación del mundo. Así que usted llegó tarde para aconsejar a Dios. La Escritura pregunta: “¿Quién fue Su consejero?” [Romanos 11:34] ¿Quién fue Su consejero para aconsejarle que tuviera una Gran Carpa-Catedral donde se manifestaría en toda Su plenitud? Si eso Él lo pensó desde antes de la fundación del mundo. Por lo tanto, ni usted ni yo aconsejamos a Dios; pero Él nos aconseja a nosotros, ese es el consejo más importante.

En una ocasión Él dijo: “Cuando ustedes vean a Jerusalén cercada de ejércitos, esa es la hora; ha llegado el tiempo de su destrucción. Huyan fuera de Jerusalén los que estén en Jerusalén; los que estén fuera, no regresen a Jerusalén; porque ese es el tiempo para su destrucción.” O sea, que la señal de ver a Jerusalén cercada de ejércitos, lo cual fue cuando el general romano Tito cercó a Jerusalén por unos dos años, ese era el tiempo para la destrucción de Jerusalén.

¿Ven? Siempre hay señales; y esas señales que Él dijo que serían vistas no las podemos pasar por alto. Tenemos que darnos cuenta del tiempo para el cual Dios prometió que esas profecías fueran cumplidas.

Y cuando la Visión de la Carpa, la cual está ligada completamente a la Iglesia-Novia del Señor Jesucristo, en donde la Tercera Etapa, la etapa de la Palabra hablada creadora va a ser manifestada, también nos dará la fe para ser transformados, nos dará también la revelación de la Segunda Venida de Cristo, de Su Nombre Nuevo; y así nos dará la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Estemos preparados, con nuestros ojos espirituales bien, pero que bien abiertos.

Estamos en la etapa de Edad de Piedra Angular, donde todas las promesas del Día Postrero tienen que ser cumplidas. Todas las promesas que Cristo ha hecho a Su Iglesia tienen que ser cumplidas en este tiempo final; todas aquellas que no fueron cumplidas en edades pasadas, ¿por qué no se cumplieron? Porque eran para nosotros, para cada uno de ustedes y para mí también.

De todos los tiempos del cristianismo en donde han estado los bienaventurados, los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, los escogidos, el tiempo más glorioso es este. Este es el tiempo más glorioso, en el cual los creyentes en Cristo suben a la etapa de Edad de Piedra Angular, la de  Edad de Oro, la Edad del Lugar Santísimo del Templo espiritual de Cristo; o sea, que tenemos la bendición más grande.

Siempre la bendición más grande viene al final; por ejemplo, cuando las bodas de Caná, el mejor vino, ¿vino cuando?, al final; cuando se acabó el vino, entonces Cristo convirtió el agua en vino, y ese fue el mejor vino; y el vino representa el estímulo por la Palabra revelada que viene al pueblo. O sea, que el tiempo del mejor vino es nuestro tiempo.

Estamos en un tiempo muy importante. Recuerden que allá fue en un tiempo de boda en donde el mejor vino vino al final; y recuerden que estamos en tiempo de y para la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; estamos en el tiempo de y para las Bodas del Cordero, las Bodas, la unión de Cristo con Su Iglesia. Y si hay boda, hay vino.

Recuerden que el vino representa el estímulo que produce el vino; y eso llena de gozo y alegría a las personas; y saben dónde están parados espiritualmente, conocen la edad, la etapa del Programa Divino que están viviendo en el Cuerpo Místico del Señor Jesucristo.

Son bienaventuradas las personas que pueden ver la edad que les ha tocado vivir y ocupar su posición trabajando unidos al Ángel y con el Ángel en los proyectos divinos del tiempo que les toca vivir.

Y a nosotros nos toca en este tiempo trabajar en los proyectos divinos que ya han sido establecidos para ser llevados a cabo en el Programa Divino; y Él así poder reconocer luego, que en cada proyecto de Dios para con Su Iglesia correspondiente al tiempo final, hemos hecho nuestra parte, hemos tenido parte en todos los proyectos divinos que han estado siendo llevados a cabo por Cristo en y a través de Su Iglesia en esta Tierra; y decimos: “Yo no me quiero perder la oportunidad de trabajar en el Proyecto Divino, en todos los proyectos divinos; no en uno solo, sino en todos los proyectos divinos.”

Por lo tanto, estén con sus ojos espirituales bien abiertos porque hay muchos proyectos divinos en el gran Proyecto de Dios; hay muchas etapas, muchos proyectos divinos para llevarse a cabo. Yo quiero estar en todos los proyectos divinos que Él tenga para este tiempo final; y no estar como espectador sino como actor, teniendo parte, actuando, trabajando con el Ángel celestial y el Ángel terrenal que Él tenga en nuestro tiempo; trabajando con Cristo en Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.

Así como trabajaron en cada edad con Cristo, el Ángel del Pacto, juntamente con el mensajero, el ángel que Él tenía para cada edad, que así sea en nuestro tiempo con cada uno de ustedes presentes y los que están en diferentes naciones.

Y que Dios les bendiga grandemente y les use, unidos con el Ángel, trabajando en los proyectos divinos correspondientes a este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y mañana nos veremos, Dios mediante. Tendremos el tema: “Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la Tierra?” Y vamos a ver sobre ese tema hasta donde Dios nos permita escuchar.

Que Dios me los bendiga a todos y los guarde, y les use grandemente en Su Obra en este tiempo final.

Dejo con ustedes al reverendo Epifanio para… por aquí lo tenemos.

“UNIDOS CON EL ÁNGEL, TRABAJANDO EN LOS PROYECTOS DIVINOS.”

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