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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, y los que están en diferentes naciones del Caribe, la América Latina, Centroamérica, Suramérica, también Norteamérica y demás países.

Que las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, sean sobre todos ustedes, ministros y sus congregaciones, y también misionero Miguel Bermúdez Marín, y sobre cada uno de nosotros aquí en Puerto Rico. En el Nombre del Señor Jesucristo. Y que nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender la Palabra de Dios correspondiente a este tiempo final. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Es para mí una bendición grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir con ustedes unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Hoy domingo, 15 de enero de 2017, para el tema de escuela bíblica tenemos: “LA SIMIENTE REAL DE ABRAHAM”; para lo cual leemos en Gálatas, capítulo 3, versos 7 al 9, donde nos dice:

“Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.

Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.

De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham”.

Y en el mismo capítulo 3, versos 26 al 29, dice:

“…Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús;

porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.

Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra, nos abra Su Palabra y el entendimiento para comprender en esta ocasión de escuela bíblica. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

“LA SIMIENTE REAL DE ABRAHAM” es nuestro tema de escuela bíblica de hoy domingo, 15 de enero de 2017.

Tenemos la simiente de Abraham según la carne, que es el pueblo hebreo; y no solamente el pueblo hebreo, pues Abraham tuvo también un hijo llamado Ismael por medio de su sierva Agar; y también tuvo otros hijos más adelante, por medio de Cetura; y los hijos de Abraham que han venido a formar el pueblo de Dios terrenal, del cual Moisés es el profeta de la Dispensación de la Ley…, el cual Dios usó para la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto.

Encontramos que a Moisés le apareció Dios en la Columna de Fuego en un árbol, y le habló para la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto; Moisés, un descendiente de Abraham.

Luego encontramos a Josué también, descendiente de Abraham, y de la tribu de José por medio de la tribu de Efraín, que fue formada por un hijo de José: Efraín, el menor de los dos hijos mayores (Manasés el mayor, y Efraín el menor de ellos dos); pero a Efraín le fue dada la bendición de la primogenitura, que tiene herencia terrenal y celestial también, y que tiene la bendición de la primogenitura.

Y por tanto, Efraín es el que encabeza las diez tribus del norte, que actualmente se les conoce como las tribus perdidas de Israel, pero que para este tiempo final van a ser juntadas; y el cetro o palo de Efraín será juntado al palo de Judá, al cetro de Judá, para la restauración del Reino de Dios en la Tierra, que es la restauración del Reino de David, con el Hijo de David sentándose en el Trono de David, como Rey del Reino de David que será restaurado. Ese Reino es el Reino terrenal de Dios.

Está también la Simiente Real de Abraham, que vienen a ser los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, porque esos son los reyes, sacerdotes y jueces mencionados en Apocalipsis, capítulo 1, versos 5 en adelante.

También en Apocalipsis, capítulo 5, están mencionados estos reyes y sacerdotes que también son jueces que juzgarán al mundo y aun a los ángeles, dice San Pablo en Primera de Corintios, capítulo 6, verso 1 en adelante, cuando pregunta: “¿No sabéis que los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles?”.

En Apocalipsis, capítulo 1, verso 5 al 6, nos habla de reyes y sacerdotes; y también Apocalipsis, capítulo 5, versos 9 al 10, donde dice:

“…Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”.

Y en el capítulo 20, verso 4 en adelante, dice:

“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.

Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección.

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años”.

Aquí en el libro del Apocalipsis encontramos un orden judicial y también un orden de Gobierno y también un orden sacerdotal: “Porque Él nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes”. Y también la lectura de Primera de Corintios, capítulo 6, verso 1 en adelante, dice que los santos juzgarán al mundo y aun a los ángeles.

O sea que estas personas que están mencionadas aquí tienen una posición muy importante en el Reino de Dios; y esos son los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, los cuales son la Simiente Real de Abraham; son los que pertenecen a la Realeza del Reino celestial, que vendrá para el establecimiento y Trono - Reino y Trono de Dios en la Tierra, en el cumplimiento de la promesa de la restauración del Reino y Trono de David; que es la restauración del Trono y Reino terrenal de Dios, con capital en la tierra de Israel, en Jerusalén, y como Distrito Federal todo el territorio de Israel.

Bajo el Trono y Gobierno de ese Reino todas las naciones estarán unidas, y por consiguiente serán parte de ese Reino, serán recibidas en ese Reino, porque será un Reino mundial.

Por lo tanto, es la Simiente Real de Abraham, son los miembros de la Realeza, también son los miembros del poder judicial y también son los miembros del sacerdocio que habrá en la Tierra en ese tiempo del Reino Milenial del Mesías-Príncipe de Isaías, capítulo 9, versos 6 al 7, donde muestra que un niño nacerá y será Padre eterno, Príncipe de Paz, y lo dilatado de Su Imperio no tendrá fin. Se extenderá a todas las naciones ese Reino, y por consiguiente la paz se extenderá a todas las naciones del planeta Tierra, porque el Príncipe de Paz, el Mesías-Príncipe, el Ungido, el Rey de Israel, traerá la paz para Israel y para todas las naciones.

Ese es el Hijo de David, ese es el Hijo del Hombre que se sentará en el Trono de David, ese es el que está prometido venir en este tiempo final.

Cuando viene en el Día Postrero, ¿cómo viene? Ese es el misterio del Séptimo Sello, que será abierto a los creyentes en Cristo, a la Simiente Real de Abraham, para obtener la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Ellos son los que verán la Venida del Hijo del Hombre, y lo reconocerán; y recibirán Su Mensaje, y recibirán por consiguiente la fe, la revelación para ser transformados y llevados con el Señor a la Cena de las Bodas del Cordero, a la Casa de nuestro Padre celestial.

La Simiente Real de Abraham son reyes, sacerdotes y jueces según el Orden de Melquisedec, del Reino, del poder judicial y del sacerdocio celestial, al cual pertenecen todos los creyentes en Cristo nacidos de nuevo, que tienen la promesa de reinar con el Mesías-Príncipe en el Reino Milenial; y será para bendición de todos los creyentes en el Señor y para el pueblo hebreo.

A Ese es al cual están esperando los judíos; y también los creyentes en el Señor que forman la Iglesia del Señor Jesucristo están esperando la Venida de ese Príncipe de Paz en este tiempo final. 

“LA SIMIENTE REAL DE ABRAHAM”.

Se ha estado añadiendo a la Familia de Dios, la Simiente Real de Abraham —de edad en edad— miles de personas que han estado naciendo de nuevo, han estado naciendo en el Cuerpo Místico de Cristo; y por consiguiente forman la Simiente Real de Abraham en la edad que les ha tocado vivir. Y ahora nos ha tocado a nosotros vivir en el tiempo final, donde están siendo llamados todos los que están escritos en el Libro de la Vida del Cordero, para entrar al Cuerpo Místico de Cristo por la Puerta —que es Cristo— y venir a formar parte de la Simiente Real de Abraham. Esa es la Familia de Dios, la Familia celestial de Dios, la cual será de bendición para el pueblo hebreo, para los judíos.

Por lo tanto estemos preparados, porque la promesa es que el Hijo del Hombre vendrá como el relámpago en este tiempo final; la promesa es que el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles, que son los ministerios de Moisés y Elías, para llamar y juntar ciento cuarenta y cuatro mil elegidos de Dios, que están escritos en el Cielo, en el Libro de Dios.

El Hijo del Hombre está prometido para venir en el tiempo final, en donde la humanidad estará viviendo como en el tiempo de Noé y como en el tiempo de Lot (o sea, el tiempo de Sodoma y Gomorra).

Todas estas profecías vemos que están cumpliéndose en este tiempo final, porque la humanidad está como los que vivieron en el tiempo de Noé, que vino el diluvio y se los llevó a todos; excepto a Noé y su familia, y los animales y reptiles y aves que entraron al arca y se salvaron. Y se está viviendo como en el tiempo de Lot, o sea, como el tiempo de Sodoma y Gomorra; así está esa señal marcando esta generación. Y es cuando la humanidad estuviera como la del tiempo de Noé (que fue destruida por el diluvio) y estuviera como la del tiempo de Lot (como los de Sodoma y Gomorra), que el Hijo del Hombre vendrá con Sus Ángeles, que son los ministerios de Moisés y Elías, para llamar y juntar a los escogidos escritos en el Cielo, en el Libro de Dios, que son ciento cuarenta y cuatro mil judíos o hebreos, doce mil de cada tribu (y 12 × 12: ciento cuarenta y cuatro mil judíos o hebreos de las doce tribus de Israel).

Estamos en el tiempo correcto para la Venida del Hijo del Hombre con Sus Ángeles para llamar y juntar los escogidos del pueblo hebreo, y también para completar la Iglesia del Señor Jesucristo con los escogidos del Día Postrero que viven en diferentes naciones, y sobre todo en el continente americano, que consta de Norteamérica, el Caribe, Centroamérica y Suramérica.

Estamos en el tiempo preciso para que se cumplan esas profecías de la Venida del Hijo del Hombre a la Simiente Real de Abraham, a los creyentes que forman la Iglesia; y luego al pueblo hebreo, a los judíos, que serán visitados también por el Hijo del Hombre con los ministerios de los Dos Olivos prometidos en Zacarías, capítulo 4, versos 1 al 14, y Apocalipsis, capítulo 11, verso 1 al 14.

Estamos en el tiempo para la Venida del Hijo del Hombre a la Simiente Real de Abraham. Los creyentes en Cristo nacidos de nuevo son Simiente Real de Abraham.

Por lo tanto, se extiende el llamado, la oportunidad, para que el que escucha y nace la fe de Cristo en su alma, pueda recibir a Cristo como su único y suficiente Salvador. Para lo cual pueden pasar al frente, venir a los Pies de Cristo, para que Cristo le reciba como único y suficiente Salvador; y Cristo siendo el único y suficiente Salvador, les recibirá en Su Reino.

Por lo cual, los que están aquí presentes y los que están en otras naciones, que todavía no han recibido a Cristo, lo pueden hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba en Su Reino.

Lo más importante en la vida es recibir la vida eterna por medio de Cristo; no hay nada más importante que la vida eterna; y es completamente gratuita de parte de Dios para el individuo que oye y nace la fe de Cristo en su alma, y lo recibe como único y suficiente Salvador.

Nadie podría pagar el precio de la vida eterna para tener vida eterna; por eso Cristo muriendo en la Cruz del Calvario pagó el precio de nuestra salvación, pagó el precio para darnos vida eterna gratuitamente. Por la fe recibimos la vida eterna de parte de Dios por medio de Cristo nuestro Salvador.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo aquí y en diferentes naciones.

Con nuestros rostros inclinados y nuestros ojos cerrados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Ahora repitan conmigo esta oración que estaré haciendo por cada uno de ustedes:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos. Creo en Tu Primera Venida, y creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Ha nacido Tu fe en mi corazón. Creo en Ti con toda mi alma.

Doy testimonio de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, luego que yo sea bautizado en agua en Tu Nombre, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, los que han estado viniendo a los Pies de Cristo preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?”. Porque Cristo dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”. (San Marcos, capítulo 16, versos 15 al 16).

Por cuanto ustedes han creído de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

El bautismo en agua es tipológico. El agua no quita los pecados, es la Sangre de Cristo la que nos limpia de todo pecado.

El bautismo en agua es un mandamiento del Señor Jesucristo, el cual también fue bautizado en agua por Juan el Bautista, y dio mandamiento, que se predicase el Evangelio y todos los que creyeran fueran bautizados en agua. Por lo tanto, es mandamiento divino para todos los que reciban a Cristo como único y suficiente Salvador.

Cuando la persona recibe a Cristo como Salvador, muere al mundo; y cuando el ministro lo sumerge en las aguas bautismales, está tipológicamente siendo sepultado; y cuando es levantado de las aguas bautismales por el ministro, tipológicamente está resucitando a una nueva vida en el Reino de Dios. Por eso es tan importante el bautismo en agua en el Nombre del Señor.

Aun el mismo Señor Jesucristo fue bautizado, aunque Juan el Bautista no lo quería bautizar. Cuando Jesús entró a las aguas bautismales del río Jordán (donde Juan estaba bautizando), cuando Juan ve que llega el turno de Jesús, le dice: “Yo tengo necesidad de ser bautizado por Ti, ¿y Tú vienes a mí para que yo te bautice?”; y no quería bautizarlo. Jesús le dice: “Nos conviene cumplir toda justicia”. [San Mateo 3:13-17].

Y a toda persona que recibe a Cristo como Salvador, le conviene cumplir toda justicia y ser bautizada también, como Jesucristo fue bautizado; aun Jesucristo bautizó a Sus discípulos también.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca el nuevo nacimiento en cada uno de ustedes; y venga así a formar parte de la Simiente Real de Abraham, que son los miembros de la Iglesia del Señor Jesucristo, que pertenecen al Reino celestial y que son reyes, jueces y sacerdotes del Orden celestial de Melquisedec. Tan sencillo como eso.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Continúen pasando todos una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo, el Ángel del Pacto, nuestro Salvador.

Dejo con ustedes al reverendo José Benjamín Pérez a continuación, y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indique a las personas que han recibido a Cristo como Salvador en esta ocasión, cómo hacer para ser bautizados en agua en estos momentos.

Que Dios les bendiga y les guarde. Y hasta el próximo viernes y próximo domingo estaré con ustedes nuevamente, para continuar platicando de la Palabra de Dios, todo el Programa Divino para toda la Simiente de Abraham.

Continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de nuestro amado Salvador Jesucristo.

“LA SIMIENTE REAL DE ABRAHAM”.

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