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Muy buenos días, amables amigos y hermanos presentes, ministros y congregaciones en diferentes países, y el misionero doctor Miguel Bermúdez Marín allá en Maracaibo, en la congregación de Jairo Ordóñez, y todas las congregaciones reunidas allí con él, y los ministros, y todas las congregaciones y ministros allá en Venezuela en diferentes lugares. Reciban mis saludos, y que Dios les bendiga y les guarde a todos los que están conectados con esta transmisión de escuela bíblica hoy domingo (dominical). Que nos abra las Escrituras y el entendimiento para comprender. En el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Quiero reiterar nuestras condolencias para Gil Alberto (Gilito) Rivera, Gabriel Rivera, Obed Rivera, Saralis, Iliadelis Hernández; y los hijos de ellos: Elizabeth Rivera, Sharon Rivera, Sharelly Rivera, Jennifer Rosario, Jessica Hernández, Jalissa Guerra, Aarón Guerra, Kiana Rivera, Gabriel Rivera y Julián Rivera.

Quiero extenderles mis condolencias junto, también, a la Iglesia aquí en Cayey, Puerto Rico, por la partida del padre de Gilito, Gil Rivera, Gilberto Rivera Rodríguez, quien ha partido en estos días. Reciban sus familiares, hijos y nietos y nietas nuestras condolencias por la partida de Gilberto Rivera Rodríguez.

Ahora, sabemos que la vida aquí en la Tierra es temporal; se pasa por esta Tierra para hacer contacto con la vida eterna; y luego de terminada la cantidad de tiempo que Dios le ha dado a la persona para ese propósito, es llamado a otra dimensión; termina su vida en el cuerpo físico y pasa a otra dimensión: Los creyentes en Cristo pasan a la dimensión de los creyentes en espera de la resurrección en el Día Postrero. Y los que han ayudado a los creyentes también pasan a descansar hasta el Día de Juicio; en donde saldrán bien porque ayudaron a los creyentes en Cristo en alguna manera. Porque Cristo dice: “El que le dé un vaso de agua fresca a uno de estos pequeñitos no perderá su recompensa”. [San Mateo 10:42].

Por lo tanto, sabemos que también los creyentes en Cristo reclaman para salvación y vida eterna a sus familiares, y los verán después en la vida eterna con ellos; porque allá estarán también en familia. Así que a los familiares de Gilberto Rivera Rodríguez les digo que lo volverán a ver y lo tendrán en la eternidad con ustedes.

Esa es la esperanza de todos los creyentes, fundamentada en la Palabra prometida de Dios.

Por eso San Pablo decía que nos gocemos, nos alentemos. Alentaos en estas palabras de San Pablo a los Tesalonicenses, Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 12 en adelante. Así que hay motivo de aliento para los creyentes que parte un familiar suyo, y es un creyente o ha sido reclamado por los creyentes. Así que a todos los familiares de Gilberto Rivera Rodríguez, consolaos en estas palabras.

Ahora pasamos a nuestro estudio bíblico de hoy domingo (dominical), de escuela bíblica dominical: “UN PROFETA COMO MOISÉS”. Es nuestro estudio bíblico para hoy.

Para lo cual leemos en Deuteronomio, capítulo 18, verso 15 al 19:

“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis;

conforme a todo lo que pediste a Jehová tu Dios en Horeb el día de la asamblea, diciendo: No vuelva yo a oír la voz de Jehová mi Dios, ni vea yo más este gran fuego, para que no muera.

Y Jehová me dijo: Han hablado bien en lo que han dicho.

Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

“UN PROFETA COMO MOISÉS”.

Es importante saber que Moisés es un profeta dispensacional. Hay profetas menores y profetas mayores, profetas mayores en el campo bíblico. En cuanto a edades y dispensaciones, los profetas mayores son los profetas dispensacionales; son mayores que los profetas de edades.

Una dispensación tiene siete edades; y luego de la séptima edad aparece un profeta dispensacional con el cual queda coronada esa edad que pasó, y comienza otra dispensación. Por lo tanto, la aparición de un profeta dispensacional corresponde a una octava edad, eterna, una Edad de Piedra Angular; por eso el profeta dispensacional cierra y comienza una nueva dispensación; ese profeta dispensacional es la piedra de fundamento para la nueva dispensación. Les dije que hay siete profetas dispensacionales y - en cada dispensación.

Por ejemplo, la dispensación de Moisés —como profeta dispensacional— es la quinta dispensación, la Dispensación de la Ley; y la sexta dispensación es la Dispensación de la Gracia, con Jesucristo, mensajero de la Dispensación de la Gracia. Luego viene la séptima dispensación, la Dispensación del Reino, para la cual viene un profeta dispensacional para abrir esa dispensación nueva, la Dispensación del Reino, para el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra, el Reino Milenial. Tan sencillo como eso.

Y ahora, así como han transcurrido seis dispensaciones… La sexta es la Dispensación de la Gracia, que ha estado llegando ya a su final, en donde son llamados y juntados los escogidos de la séptima edad de la Iglesia; y luego se entra a la Edad de Piedra Angular, edad eterna, para la introducción del Reino de Dios en la Tierra, para la introducción del Mensaje del Evangelio del Reino en la Tierra.

Para lo cual, un profeta dispensacional también tiene que aparecer, un profeta como Moisés, un profeta como Jesús también, un profeta como Yeshua el Mesías que cumplió la Primera Venida; porque la Venida del Señor tiene dos partes: la Primera Venida, que aparece en Isaías, capítulo 61, verso 1 al 3, donde dice:

“El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;

a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados;

a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya”.

Aquí, en el pasaje que leímos, nos habla del año de la buena voluntad del Señor y nos habla del día de venganza del Dios nuestro.

En el tiempo de Jesús o de Yeshua, Él leyó en San Lucas, capítulo 4, ese pasaje de Isaías. Capítulo 4, versos 16 en adelante, dice:

“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.

Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

A predicar el año agradable del Señor.

Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.

Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros”.

Encontramos que en este pasaje, cuando Él lee el verso 19: “A predicar el año agradable del Señor”, no continuó leyendo y cerró el libro, y no leyó lo que a continuación decía: “… y el día de venganza del Dios nuestro”.

¿Por qué no leyó: “y el día de venganza del Dios nuestro”? Porque esa parte corresponde a la Venida del Señor en el Día Postrero, en este tiempo en el cual nosotros estamos viviendo.

Para el cristianismo eso será la Segunda Venida del Señor. Para los judíos, por cuanto ellos no han entendido que ya la primera parte de la Venida del Señor se cumplió en Yeshua o Jesús, para ellos será como si fuera la  Primera Venida; pero es la segunda parte de la Venida del Señor.

Porque la Venida del Señor tiene dos partes: la primera ya se cumplió, proclamando el año de la buena voluntad del Señor; y la segunda se cumplirá proclamando el día de venganza del Dios nuestro, anunciando el día de venganza del Dios nuestro; o sea, anunciando el tiempo de la gran tribulación que vendrá sobre la raza humana; dando a conocer, revelando el juicio divino que vendrá sobre la raza humana en este tiempo final.

Esa es la forma en que se conocerán las cosas que han de suceder en este tiempo, esa será la forma en que se darán a conocer los problemas que vendrán al planeta Tierra, y por consiguiente a la raza humana, que es la que vive en el planeta Tierra, en el cual Dios los colocó juntamente con los árboles, los animales, las aves, los peces y así por el estilo.

Estamos en el tiempo final, en donde de un momento a otro el Título de Propiedad es entregado de la diestra de Dios al Señor en el Cielo, para traerlo a la Tierra y entregarlo a un hombre para que se lo coma; el cual tiene que ser un profeta representado en Juan el apóstol, en Apocalipsis, capítulo 10; el cual, luego que se lo come lo tendrá que dar a conocer, el contenido de él tendrá que darlo a conocer, y eso cumplirá la profecía de los Dos Olivos para los judíos; porque el que se come el Libro luego tiene que profetizar sobre muchos pueblos, naciones y lenguas las cosas que han de suceder.

Y esos Dos Olivos de Apocalipsis, capítulo 11, profetizarán los juicios divinos que han de venir sobre el planeta Tierra. Esos Dos Olivos son también los que llaman y juntan a los judíos con el sonido de trompeta de la Fiesta de las Trompetas.

Y se cumplirá la Fiesta de las Trompetas para los judíos en este tiempo final; y son llamados con ese Mensaje de la Fiesta de las Trompetas, porque la Trompeta de la Fiesta de las Trompetas es el Mensaje que estará proclamando un profeta como Moisés, que está prometido para venir.

Tuvimos a Moisés, tuvimos a Yeshua o a Jesús (un profeta como Moisés) proclamando el año de la buena voluntad de Dios, y luego, para este tiempo final, tendremos un profeta como Moisés proclamando el día de venganza del Dios nuestro para la humanidad; y tendremos, para los creyentes que van a ser transformados, tenemos la promesa de la revelación del Séptimo Sello bajo la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta, de Primera de Corintios, capítulo 15, verso 49 al 58.

Esa Trompeta o Gran Voz de Trompeta es el Mensaje de la revelación del Séptimo Sello, el Mensaje de la revelación de la Venida del Señor para la Iglesia del Señor Jesucristo, para darnos la fe para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Esa es la Trompeta Final o Gran Voz de Trompeta para el cristianismo. Leemos aquí en Primera de Corintios, capítulo 15, verso 51 en adelante, donde dice:

“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos (o sea, que no todos vamos a morir); pero todos seremos transformados (o sea, que los muertos en Cristo van a resucitar en cuerpos glorificados y los vivos en Cristo van a ser transformados),

en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta”.

En cada edad fue tocada la Trompeta del Evangelio, del Mensaje correspondiente a cada edad, por el Espíritu Santo a través del mensajero de cada edad; y fueron reunidos en cada edad los escogidos con su mensajero. Y para el tiempo final serán llamados y juntados los escogidos del tiempo final al escuchar la Gran Voz de Trompeta, el Mensaje de Dios para el tiempo final, para llamar y juntar a todos los escogidos para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero. Por lo tanto, estarán siendo llamados y juntados con esa Gran Voz de Trompeta; y eso es la Voz del Señor en el tiempo final.

El mismo que ha estado en los mensajeros de cada edad hablando Su Palabra y llamando a los escogidos de cada edad, estará en este tiempo final llamando y juntando los escogidos en la Edad de la Piedra Angular, la edad de y para la Venida del Señor a Su Iglesia en este tiempo final.

De eso es que nos habla San Pablo en Primera de Tesalonicenses, capítulo 4, verso 13 en adelante, donde dice:

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (o sea, de los que han muerto físicamente), para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”.

Aquí nuevamente nos habla de la Voz de Arcángel, nos habla: “Voz de mando, Voz de Arcángel y Trompeta de Dios”. Todo eso para los creyentes en Cristo; por lo tanto, hay una bendición grande para los creyentes en Cristo. Y en Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, dice San Pablo:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”.

Aquí nos muestra que el Señor vendrá en Su Venida para transformar a los vivos creyentes, y vendrá con los que murieron y los resucitará aquí en la Tierra.

Hay una bendición grande para los creyentes en Cristo, los cuales son ciudadanos del Cielo.

¿Por qué ciudadanos celestiales? Porque cuando una persona nace es ciudadano de la nación o país donde nació; tiene su ciudadanía en ese país. Y cuando nacemos cada uno en el país al cual corresponde cada persona, es ciudadano legítimo de ese país. Y cuando la persona nace de nuevo, por cuanto el nuevo nacimiento no es terrenal sino celestial, y ha nacido espiritualmente del Cielo por medio del Espíritu de Dios, por medio del bautismo del Espíritu Santo, es ciudadano celestial.

Los ciudadanos celestiales son los que tienen la promesa de la resurrección si murieron; y si están vivos en la Tierra en el tiempo de la transformación de los creyentes, pues serán transformados los creyentes que estén vivos nacidos de nuevo, nacidos en el Reino de Dios, nacidos del Cielo. Por lo tanto, hay una bendición grande para los ciudadanos celestiales que murieron: la resurrección para ellos; y para los ciudadanos celestiales que estén vivos en este tiempo final, en el cumplimiento de la promesa de la resurrección, cuando los veamos seremos transformados, cuando veamos a los muertos en Cristo resucitados seremos transformados.

Esto es para todos los creyentes en Cristo que estén vivos nacidos de nuevo, nacidos en el Reino celestial de Dios, que es un nacimiento espiritual; y ahora les falta solamente el nacimiento físico, que será la transformación de sus cuerpos físicamente; y entonces todos seremos a imagen y semejanza del Señor, a imagen y semejanza del Mesías, a imagen y semejanza de Dios.

El ser humano perdió su imagen cuando pecó en el Huerto del Edén, y también perdió el tipo de cuerpo de la semejanza que tenía cuando fue creado; cayó de ese alto nivel que tenía —a imagen y semejanza de Dios— a un nivel más bajo, la descendencia de Adán y Eva. Y por consiguiente perdieron también el Título de Propiedad, el cual es el Libro sellado con siete sellos de Apocalipsis, capítulo 5, que es el Título de Propiedad de los Cielos y de la Tierra, donde están escritos los nombres de todos los hijos e hijas de Dios que serían redimidos por el Redentor. Esos son los herederos de Dios y coherederos con Cristo nuestro Salvador.

Estamos en un tiempo muy importante, en donde de un momento a otro termina el tiempo, y el Título de Propiedad vendrá a la Tierra y se hará la Obra de Reclamo en la Tierra, y vendrá la gran tribulación; y luego la restauración del Reino en la Tierra, el Reino Milenial, en el territorio de Israel, con el Mesías judío sentado en el Trono de David en Jerusalén, que reinará sobre todas las naciones.

En ese Reino habrá paz para todos los seres humanos que vivirán en el Reino del Mesías judío, que se sentará sobre el Trono de David como descendiente del rey David.

Hay una bendición grande para los judíos en este tiempo final y una bendición grande para los creyentes en Cristo en este tiempo final. La bendición grande para los creyentes es la Venida del Señor, para transformar los creyentes en Cristo, para ser a imagen y semejanza de Cristo; y para los judíos, la restauración del Reino de David por el Hijo de David, el Mesías-Príncipe judío, que se sentará en el Trono de David y restaurará el Reino de Dios en la Tierra para y en medio de los judíos.

Para lo cual, la Voz de Trompeta de la Fiesta de las Trompetas, de Levítico 23, verso 24, sonará para ellos; y entrarán a la Fiesta de las Trompetas, que es la fiesta que se cumplirá para llamar y juntar a los judíos que van a entrar al Reino de Dios en este tiempo final, y recibirán la bendición del Reino de Dios que será restaurado en la Tierra.

Y ya no van a ser más marginados, no van a ser más despreciados los judíos, sino que la capital del planeta Tierra será Jerusalén, y el Distrito Federal será todo el territorio de Israel. Allí estarán los ministerios, todos los ministerios: Ministerio de Economía, Ministerio de Justicia, Ministerio de Educación, Ministerio de la parte política, Ministerio de Justicia, Ministerio de la parte económica, y todos los ministerios. Y los que serán los ministros de esos ministerios estarán allí en Jerusalén ministrando con el Rey judío descendiente del rey David, que estará sentado sobre el Trono de David. Son promesas para el pueblo hebreo, que serán cumplidas en este tiempo final.

Y la nación más rica va a ser Israel en el Reino del Mesías judío. Allá estará también la bolsa de valores, porque todas las riquezas serán llevadas a Jerusalén [Apocalipsis 21:26].

O sea que los cristianos nacidos de nuevo a través del tiempo, y los judíos, no tienen motivo por y para pelearse, porque cada uno tiene una parte importante en el Reino del Mesías judío que se sentará en el Trono de David en el tiempo final, en el Reino Milenial cuando sea establecido en la Tierra; lo cual será el Reino de Dios siendo restaurado o Reino de David siendo restaurado a Israel; porque el Reino de Dios… Está el Reino de Dios, el Trono de Dios celestial, que está en el Cielo; y está el Trono de Dios terrenal, que es el Trono de David.

O sea que hay grandes bendiciones para los creyentes cristianos nacidos de nuevo para este tiempo final, y hay grandes bendiciones también para los judíos de este tiempo final.

Para lo cual, Dios enviará un profeta como Moisés. Él será el que introducirá a los creyentes al Reino de Dios en el tiempo final, será el que tocará la Gran Voz de Trompeta con el Espíritu de Dios a través de él, en el cual pondrá Su Palabra correspondiente para este tiempo final y estará hablándonos por medio de ese profeta dispensacional como Moisés. Y para los judíos tendrá los ministerios de los Dos Olivos, a través de los cuales les estará hablando a los judíos en el cumplimiento de la Fiesta de las Trompetas, y luego de la Fiesta de la Expiación, y luego de la Fiesta de los Tabernáculos o Fiesta de las Cabañas; fiestas que son para Israel.

Por lo tanto, para este tiempo final se requiere un profeta dispensacional como Moisés. Ese profeta dispensacional como Moisés es este profeta que se encuentra aquí, del cual dice [Apocalipsis 1:1]:

“La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan…”.

Ese Ángel del Señor Jesucristo es ese profeta dispensacional que tiene que aparecer en el tiempo final. Aparece en la Biblia, y por consiguiente tiene que aparecer físicamente en este tiempo final.

En Apocalipsis 19, verso 9 en adelante, dice:

“Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.

Yo me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”.

El ángel no permitió que Juan lo adorara. Le dice que él es consiervo de Juan y de los profetas; y de los que retienen el testimonio de Jesús, él es consiervo.

Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 6, dice:

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”.

El Dios de los espíritus de los profetas ha enviado Su ángel, el ángel mensajero para el tiempo final.

Y en Apocalipsis, capítulo 22, verso 16, dice:

“Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana.

Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”.

Ahora vean cómo el Señor dice: “Yo Jesús he enviado mi ángel”. Es ese ángel mensajero un espíritu de profeta que Dios envía para traer la revelación divina a Su pueblo.

En Apocalipsis, capítulo 3, verso 20 al 22, nos dice:

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

Ahora vean, en la misma forma en que el Señor se sentó con el Padre en el Trono celestial, en esa forma el Señor sentará en Su Trono terrenal al vencedor, así como se sentó a la diestra de Dios. O sea que le fue otorgado todo el poder en el Cielo, y por consiguiente a través de Él es que Dios gobierna toda la Creación.

El Trono celestial es el que gobierna toda la Creación, donde está sentado el Señor a la diestra de Dios. Tiene todo el poder de Dios. Por eso Él dijo en San Mateo, capítulo 28 y versos 16 al 20: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra”. O sea que el que se siente en el Trono tiene todo el poder del Reino de ese Trono. Y Él dice: “Al que venciere yo le daré que se siente conmigo en mi trono”.

El Trono del Señor terrenal es el Trono de David; ahí será sentado el vencedor, ese ángel del cual habla aquí la Escritura; y a él le toca esa bendición. Él será un mensajero dispensacional, el mensajero de la Dispensación del Reino, que será usado por Dios para el Reino terrenal ser establecido en la Tierra y sentarse con el Señor en Su Trono en el tiempo final; como los apóstoles se sentarán en doce tronos también, y los mensajeros también (de cada edad) serán sentados en tronos también; son los representantes del pueblo de su tiempo.

Y ahora, hemos visto que para la Iglesia del Señor Jesucristo vendrá un profeta como Moisés y para el pueblo hebreo también, porque tienen la promesa de la venida de Elías y la venida de Moisés; un profeta como Elías, un profeta como Moisés, un profeta dispensacional, que es la clase de profeta mayor que existe en el Reino de Dios.

Solamente hay siete profetas dispensacionales. Por lo tanto, Moisés fue el quinto, Yeshua o Jesús fue el sexto, y ese profeta dispensacional que viene en este tiempo final es el séptimo profeta dispensacional y último profeta dispensacional.

“UN PROFETA COMO MOISÉS”.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como su Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado. Para lo cual puede pasar al frente y estaremos orando por usted.

Y en cada país pueden pasar al frente también, para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por los que han recibido a Cristo como su único y suficiente Salvador.

Recuerden que estamos en el tiempo para la Venida del Señor, la cual fue representada allá en el Monte de la Transfiguración, cuando Jesús fue glorificado allí y aparecieron a cada lado de Jesús Moisés y Elías; porque ese es el orden para la Venida del Señor con Sus Ángeles, que son los ministerios de Moisés y Elías repitiéndose en este tiempo final.

Recordemos que el mismo Señor dijo que “el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de Su Padre con Sus Ángeles; y entonces pagará a cada uno según sus obras”. [San Mateo 16:27]. O sea que estamos en el tiempo para la Venida del Señor y para la venida de Elías y Moisés.

Lo que será la Venida del Señor para la Iglesia del Señor Jesucristo, será Elías y Moisés para los judíos.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han recibido a Cristo como Salvador:

Padre nuestro que estás en los Cielos, bendito Tu Nombre para siempre. Vengo a Ti con todas estas personas que en diferentes países están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. En el Nombre del Señor Jesucristo te lo ruego, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración los que en diferentes países están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador:

Señor Jesucristo, vengo a Ti con todas estas personas que te están recibiendo como único y suficiente Salvador. Te ruego los recibas en Tu Reino. Te ruego les perdones, con Tu Sangre les limpies de todo pecado, y los bautices con Espíritu Santo y Fuego luego que sean bautizados en agua en Tu Nombre. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora, que Dios produzca en ustedes el nuevo nacimiento luego que sean bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén.

En el bautismo en agua la persona se identifica con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. El bautismo en agua es tipológico, pero es un mandamiento del Señor Jesucristo para todos aquellos que lo reciben como único y suficiente Salvador.

Y dice la Escritura: “Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo”. Capítulo 2 del libro de los Hechos, son las palabras de San Pedro, ungido con el Espíritu Santo hablando esas palabras.

Por lo tanto, bien pueden ser bautizados los que han recibido a Cristo como Salvador; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino del Señor Jesucristo cuando estemos en el Reino Milenial, y también cuando estemos en la Cena de las Bodas del Cordero. Y también, antes de eso, en la transformación de nuestros cuerpos, o resurrección si alguno se va antes; y en el rapto o arrebatamiento de la Iglesia y en la Cena de las Bodas del Cordero en el Cielo; y luego en el regreso a la Tierra, para el comienzo del Reino Milenial en cuerpos glorificados los creyentes en Cristo. Por lo tanto, grande es la bendición que nos ha tocado.

Que Dios les bendiga y les guarde.

Dejo con ustedes aquí al reverendo José Benjamín Pérez para que les indique lo que tenga que decirles, y en cada país dejo al ministro correspondiente. Y nos veremos el viernes y el domingo, Dios mediante, nuevamente, y quizás unos cuantos domingos más y los viernes también.

Así que estaré con ustedes algunos días más, en donde espero que Dios nos dé grandes bendiciones en los días viernes en la introducción y en los días domingo en la escuela bíblica.

Que Dios les bendiga a todos y les guarde; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

Y oren mucho por mí para que Dios me fortalezca la voz, esté cada día más fuerte y esté cada día en mejores condiciones para el trabajo que nos resta en esta Tierra.

Que Dios les bendiga y les guarde; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador, a ustedes que están presentes y a los que están en otras naciones.

“UN PROFETA COMO MOISÉS”

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