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Muy buenos días, amados amigos, ministros y congregaciones presentes, y también en diferentes naciones. Y un saludo muy especial para el misionero Miguel Bermúdez Marín allá en Villahermosa, y para el Dr. Andrés Cruz Gallegos allá en Villahermosa y su congregación.

Es para mí un privilegio grande estar con ustedes en esta ocasión para compartir unos momentos de compañerismo alrededor de la Palabra de Dios y Su Programa correspondiente a este tiempo final.

Quiero también expresarle mis condolencias a la Dra. Nelly Fuentes por la partida de su esposo Fernando Sánchez, quien partió en estos días al Paraíso pero que pronto lo esperamos de regreso en el cuerpo nuevo, glorificado y joven para toda la eternidad. Por lo tanto, Dra. Nelly Fuentes, sea vuestra alma consolada con estas palabras.

Para esta ocasión quiero leer en el libro de los Hechos, capítulo 2; y dice así, de la siguiente manera, del 1 al 4:

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos.

Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;

y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

Nuestro tema para esta ocasión es: “LA FIESTA DE PENTECOSTÉS”.

El Programa Divino que Dios llevaría a cabo está enmarcado en estas fiestas hebreas que Dios le ordenó a Moisés le diera al pueblo hebreo que salió en el éxodo con Moisés; al cual le acompañaba Dios en aquella Columna de Fuego, el cual era el Ángel del Pacto, el Espíritu Santo, Cristo en Espíritu acompañando al pueblo hebreo a través de la manifestación que tenía en el profeta Moisés. Y por esa causa dice Cristo en San Juan, capítulo 8, versos 54 al 58, puede decir como dijo allí: “Antes que Abraham fuese yo soy. Abraham deseó ver mi día, lo vio y se gozó”.

Así que Cristo ahí nos muestra que Él es el Ángel del Pacto que acompañó al pueblo hebreo. Él también es nuestra Pascua al morir en la Cruz del Calvario por Su pueblo, por los escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero. San Pablo dice en Primera de Corintios, capítulo 5, verso 7:

“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”.

Encontramos que las fechas de la muerte de Cristo concuerdan con la Pascua, y la resurrección concuerda con la gavilla mecida. ¿Por qué es así? Porque se están cumpliendo esas fiestas que Dios le dio al pueblo hebreo para que las guardara como memorial, en las cuales están los misterios de la Obra que Dios llevaría a cabo de dispensación en dispensación y de edad en edad en cada dispensación.

Por eso las cosas sucedían en fechas que estaban establecidas para guardar un memorial de algo histórico que ya había sucedido; y luego se cumplirían en una esfera más alta, se materializarían; y ya lo que era un memorial vendría a ser una realidad que traería grandes beneficios para el pueblo.

Esas fiestas tienen la parte histórica y también contienen la parte profética. Con esas fiestas siendo cumplidas se entrará a eternidad, conforme al Programa Divino.

Por ejemplo, la Pascua es Cristo, el cual fue sacrificado. Él es la Gavilla Mecida de la Fiesta de la Gavilla Mecida; y el Día de Pentecostés ocurrió en el tiempo de la Fiesta de Pentecostés; esa es la fiesta que se ha estado cumpliendo del Día de Pentecostés hacia acá.

El día cincuenta es el Día de Pentecostés, cuando vino el Espíritu de Dios sobre ciento veinte creyentes allá en el aposento alto, los cuales eran discípulos de Jesús; porque el Pentecostés, que es donde Dios envía el Espíritu Santo a las personas, es para creyentes. Por eso estaban ellos en el aposento alto, y encerrados, esperando que viniera el Espíritu Santo, con el cual y el cual produce el nuevo nacimiento en cada persona: entra al alma, al corazón de cada persona y trae una transformación, trae un nuevo nacimiento; nace así en el Reino de Dios, donde nacen los hijos e hijas de Dios.

Así como nacieron en la Tierra por medio de sus padres terrenales, nacen por medio de la Obra de Dios por medio del Espíritu Santo, a través de esa manifestación en medio de Su Iglesia, de edad en edad; y así se va conformando la Familia de Dios, de los hijos e hijas de Dios que forman la Iglesia del Señor Jesucristo.

Ya han transcurrido alrededor de dos mil años desde el Día de Pentecostés allá en el aposento alto; y se cerrará ese ciclo cuando entre hasta el último de los escogidos al Cuerpo Místico de Cristo nuestro Salvador; y así se habrá completado, se habrá cumplido completamente la Fiesta de Pentecostés, la fiesta en donde Dios recoge, llama y junta y recoge a todos los escogidos de Dios, a todos los que están escritos en el Cielo, en el Libro de la Vida del Cordero, los junta en Su Cuerpo Místico de creyentes, que es la Iglesia del Señor Jesucristo. Y luego vienen las Bodas del Cordero, la unión de Cristo y Su Iglesia, la gran fiesta que está prometida para la Iglesia del Señor Jesucristo con Cristo nuestro Salvador.

Recordemos que estas fiestas hebreas contienen el Programa Divino que Dios llevaría a cabo a través de las diferentes dispensaciones y edades, en las cuales el que obra es Dios por medio de Cristo, al cual le fue dado todo poder en el Cielo y en la Tierra, y el cual está sentado en el Trono de Dios; y por lo tanto, también está en medio de Su Iglesia, porque Su Iglesia pertenece al Reino celestial.

Cuando nacemos en la Tierra pertenecemos al reino terrenal, pero cuando nacemos de nuevo pertenecemos al Reino de Cristo, que es celestial. Por consiguiente, pertenecemos a un Reino que nunca dejará de existir, un Reino eterno, el cual está en la etapa espiritual; porque tienen que nacer primero espiritualmente en el Reino para (después, más adelante) darles Dios el cuerpo físico glorificado y eterno, para vivir en él con Cristo por mil años y por toda la eternidad.

Ya se pasará a otra fiesta: se pasará a la Fiesta de los Tabernáculos, que es el Reino Milenial. Pero antes de eso está la Fiesta… están dos fiestas anteriores: la Fiesta de las Trompetas, lo cual es para Israel; y la Fiesta de la Expiación, lo cual es para Israel la sexta fiesta; y la Fiesta de las Cabañas o Tabernáculos, que es para Israel también y para todos los que vivirán allá (pero principalmente para los judíos), la Fiesta de los Tabernáculos, como fue por cuarenta años en el desierto, viviendo en tabernáculos.

Estas fiestas contienen los misterios de Dios que Él llevaría a cabo - de las cosas que Él llevaría a cabo a través del tiempo. ¿Y qué habrá después del Milenio? El Juicio Final y la eternidad. Por lo tanto, estando todavía en la Fiesta de Pentecostés hasta que se cierre la puerta de la Gracia, hay lugar para los que escuchan y reciben a Cristo como único y suficiente Salvador.

Por lo cual, si hay alguna persona aquí presente o en otro país, que no ha recibido a Cristo todavía, lo puede hacer, y estaremos orando por usted para que Cristo le reciba en Su Reino. Y si se había descarriado la persona, puede reconciliarse con Dios para que Cristo le reciba en Su Reino.

Es importante entender que mientras la puerta de la misericordia de la Dispensación de la Gracia está abierta, hay lugar para las personas que escuchan el Evangelio, nace la fe de Cristo en su alma y lo reciben como único y suficiente Salvador; pero cuando se cierre esa puerta de misericordia no entrará ni uno más a la Dispensación de la Gracia, porque estará comenzando la etapa de la Fiesta de las Trompetas, que es para el pueblo hebreo.

Vamos a estar puestos en pie, por favor. Los que están en otros países también, que están viniendo a los Pies de Cristo, pueden estar puestos en pie para orar por las personas que están viniendo a los Pies de Cristo nuestro Salvador.

Con nuestros rostros inclinados, nuestros ojos cerrados:

Padre nuestro que estás en los Cielos, bendito Tu Nombre para siempre. Vengo a Ti con todas estas personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración que estaré haciendo, todos los que están viniendo a los Pies de Cristo en esta ocasión:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo en que podemos ser salvos.

Doy testimonio público de Tu fe en mí y de mi fe en Ti. Te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados y con Tu Sangre me limpies de todo pecado; y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora preguntarán los que han venido a los Pies de Cristo: “¿Cuándo me pueden bautizar? Porque he creído en Cristo de todo corazón”.

El bautismo es tipológico, no quita los pecados, sino la Sangre de Cristo es la que nos limpia de todo pecado.

Por lo tanto, los que han venido a los Pies de Cristo, conscientes que en la Sangre de Cristo…, pero que en el bautismo en agua está representada con Cristo nuestra muerte, sepultura y resurrección. Cuando Él murió, estábamos muriendo con Él; cuando Él fue sepultado, estábamos siendo sepultados con Él; y cuando Él resucitó, estábamos siendo resucitados con Cristo nuestro Salvador.

Es sencillo comprender este misterio. Cuando su papá (el papá terrenal suyo) estaba naciendo, usted estaba naciendo también como un gen; y en toda la vida de él usted estaba, hasta que nació en esta Tierra; y así es en el Reino de Dios. Como es en el reino terrenal, ahora en el Reino celestial también es así: dondequiera que ha estado Cristo, estábamos nosotros en Él como genes del pensamiento divino.

Por eso Él decía: “El que es de Dios la Voz de Dios oye”. [San Juan 8:47]. Y decía: “Mis ovejas oyen mi Voz, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna”. [San Juan 10:27-30]. Es que somos parte de Cristo, parte de Él.

Hemos venido en Cristo y con Cristo desde la eternidad, y estamos en el tiempo para regresar a eternidad. Cuando la persona recibe a Cristo, es bautizada en Su Nombre y recibe el Espíritu de Cristo, ya ha regresado a eternidad en la esfera espiritual. Y ahora solamente nos falta el cuerpo físico, recibirlo, que sea eterno como el cuerpo glorificado eterno que Él tiene; así también nos dará un cuerpo eterno y joven para toda la eternidad.

Bien pueden ser bautizados los que han recibido a Cristo en diferentes países; para lo cual dejo al ministro correspondiente en cada país, y aquí dejo al reverendo José Benjamín Pérez para que pase a la persona correspondiente aquí, para que les indique qué día pueden ser bautizados, cuándo y a qué hora pueden ser bautizados los que han venido a los Pies de Cristo en esta ocasión.

“LA FIESTA DE PENTECOSTÉS”. Ese ha sido nuestro tema de escuela bíblica para hoy domingo, 23 de abril del 2017, aquí y desde aquí, desde Nueva York, Estados Unidos de América.

“LA FIESTA DE PENTECOSTÉS”.

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