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Muy buenos días, amados amigos y hermanos presentes, ministros y sus congregaciones, aquí y también en diferentes países, reunidos para esta actividad de hoy domingo de escuela bíblica.

Al misionero Miguel Bermúdez Marín, que se encuentra en El Salvador con el pastor David Escobar y su congregación, reciban allá mis saludos; y que Dios les bendiga grandemente y les use grandemente en Su Reino en este tiempo final. Y un saludo para el reverendo José Benjamín Pérez en Puerto Rico y la congregación allá; que Dios les bendiga grandemente.

Aprecio mucho el respaldo que la congregación de Puerto Rico y demás congregaciones en América Latina - nos están dando en la América Latina, Estados Unidos y Europa a la Embajada Mundial de Activistas por la Paz y sus proyectos que está llevando a cabo.

Hoy estaremos viendo dos videos sobre el trabajo realizado por la Embajada Mundial de Activistas por la Paz en la Organización de las Naciones Unidas, y un informe sobre los avances de la construcción de La Gran Carpa Catedral en Puerto Rico.

[Proyección de los videos-documentales]

Ya vimos los trabajos que se están llevando a cabo con la Embajada Mundial de Activistas por la Paz; vimos la participación en la ONU, en el Pleno de la ONU, y demás actividades que se llevaron allí a cabo. También vimos el adelanto de la Embajada Mundial y también de la construcción de La Gran Carpa Catedral. Aprecio mucho el respaldo que le están dando a todas estas actividades que se están llevando a cabo.

Ahora leemos en Isaías, capítulo 55, verso 6 en adelante, y dice de la siguiente manera:

“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.

Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.

Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come,

así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

Que Dios bendiga nuestras almas con Su Palabra y nos permita entenderla.

El ser humano, por haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, es el único en la Tierra que puede buscar a Dios, porque tiene alma, espíritu y cuerpo; y el alma es lo que es en realidad la persona: alma viviente; como Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Por lo tanto, el ser humano ha sentido siempre el anhelo y la necesidad de buscar a Dios; porque ha venido de Dios y quiere encontrar a Dios, y quiere hacer Su voluntad; y por eso se ha hecho un sinnúmero de cosas para buscar a Dios, muchas religiones; y hay una forma correcta de buscar a Dios: eso es en el cumplimiento de la Palabra prometida para cada tiempo. En el cumplimiento, en la materialización de lo que Dios prometió, es donde encontramos a Dios de edad en edad y de dispensación en dispensación, porque ahí es donde está Dios cumpliendo Su Palabra prometida.

Ahí encontramos a Dios trabajando: en el cumplimiento de lo que Él prometió; fuera de eso no se puede encontrar a Dios en una edad o en una dispensación; solamente puede encontrar religiones y más religiones tratando de encontrar a Dios. Pero se encuentra a Dios en la Palabra prometida para cada tiempo, al estar siendo materializada esa Palabra; y eso ocurre en cada edad de cada dispensación.

Por lo tanto, es importante saber cuál es la palabra prometida para nuestro tiempo (la cual Él estará materializando), porque ahí es donde encontraremos a Dios en este tiempo final.

Buscad a Dios mientras hay tiempo. Mientras el tiempo de materialización de las promesas de Dios para nuestro tiempo se están cumpliendo, ahí es el lugar donde encontraremos a Dios obrando, cumpliendo todas las cosas que tienen que ser realizadas en ese Programa Divino para nuestra edad, así como fue para otras edades y para otras dispensaciones. Por eso es importante saber en qué edad y dispensación uno está viviendo y cuáles son las promesas divinas para nuestra edad y para nuestra dispensación.

Por ejemplo, tenemos el tiempo de Moisés. ¿Dónde encontraríamos a Dios si viviéramos en el tiempo de Moisés? Lo encontraríamos con Moisés, cumpliendo la liberación del pueblo hebreo para aquel tiempo. Fuera de eso no encontraríamos a Dios obrando.

Entre las cosas que Él estaría haciendo para bendición del pueblo hebreo sería el juicio divino sobre Egipto, y por consiguiente apareciendo las plagas que vinieron en aquel tiempo; porque Dios había dicho que la nación que los tuviera cautivos los castigaría, y eran las plagas las que le vendrían.

También Dios le dio siete fiestas al pueblo hebreo:

1. la Pascua,

2. la Gavilla Mecida,

3. las Semanas,

4. el Día de Pentecostés o Día Cincuenta, la Fiesta de Pentecostés;

5. también le ha dado la Fiesta de las Trompetas (que eso es para el pueblo hebreo),

6. le ha dado también la Fiesta de la Expiación (la cual ellos reconocerán a su tiempo debido),

7. y la Fiesta de los Tabernáculos o Fiesta de las Cabañas.

La Fiesta de las Cabañas representa el Reino Milenial del Señor con el pueblo hebreo; en el Reino Milenial se cumple esa fiesta, será el cumplimiento de esa fiesta. Cuando Israel se humille delante de Dios en este tiempo final y reconozca la Expiación, eso será el cumplimiento para Israel de la Fiesta de la Expiación; y cuando Israel sea despertado en este tiempo final, llamado, eso será la Fiesta de las Trompetas.

Pero antes de eso se está viviendo en la Fiesta de Pentecostés, desde el Día de Pentecostés hasta este tiempo final. Y eso es con el cristianismo, con la Iglesia del Señor Jesucristo pasando por esa Fiesta de Pentecostés que ya tiene alrededor de dos mil años de existencia, donde está llamando y juntando a Sus hijos en Su Cuerpo Místico de creyentes, de edad en edad, materializando en cada edad la Palabra prometida para cada edad, enviando el mensajero de cada edad con la Palabra prometida, para materializarla en cada etapa de la Iglesia por medio de la manifestación del Espíritu de Dios en cada mensajero y en Su Cuerpo Místico de creyentes, donde ha estado añadiendo y juntado a Sus hijos, produciendo el nuevo nacimiento, naciendo en el Reino de Dios hijos e hijas de Dios. Tan sencillo como eso.

Y eso es regresando a la vida eterna, regresando a la posición, el lugar que le corresponde a los hijos de Dios; la redención, redimiendo a cada hijo de Dios y tornándolo de nuevo a eternidad, de donde vino, para nacer así en el Reino de Dios espiritualmente, recibir el Espíritu de Dios, y luego, en el Día Postrero, en el tiempo de la resurrección de los muertos en Cristo y la transformación de los vivos, recibir un cuerpo eterno, inmortal, glorificado, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador.

Por eso este es el tiempo de buscar a Dios, la Dispensación de la Gracia, para obtener la misericordia divina, nacer en el Reino de Cristo y formar parte del Cuerpo Místico de Cristo.

Filipenses, capítulo 3, versos 20 al 21, dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos…”

O sea, que los creyentes en Cristo nacidos de nuevo son ciudadanos celestiales, ciudadanos del Reino celestial, del Reino de Cristo nuestro Salvador. Aunque tenemos ciudadanía terrenal por causa del nacimiento físico que hemos tenido, tenemos la ciudadanía del país donde hemos nacido; pero al nacer de nuevo, tenemos la ciudadanía más importante, que es la celestial.

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;

el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”.

O sea que nos dice aquí que Él transformará el cuerpo de la humillación nuestra, transformará nuestro cuerpo físico; y entonces tendremos cuerpo glorificado eterno, inmortal, incorruptible, igual al cuerpo glorificado que tiene Jesucristo nuestro Salvador.

Y en Colosenses, capítulo 1, verso 12 en adelante, dice:

“… con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz;

el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo…”

Nos ha trasladado del reino de las tinieblas al Reino (¿de quién?) de Jesucristo nuestro Salvador; y Su Reino es celestial.

“… en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”.

La imagen, que es el cuerpo angelical, la imagen que veía Moisés cuando Dios le aparecía… Veía al Ángel en algunas ocasiones y decía que Dios le había aparecido. Era Dios en Su cuerpo angelical, el cual se hizo carne; el Verbo, el Espíritu Santo, el Ángel del Pacto, se hizo carne y habitó en medio del pueblo hebreo, y fue conocido por el nombre de Yeshua (o Jesús, como es traducido); y era Dios en carne humana.

Dios fue manifestado en carne, dice la Escritura. “El Verbo fue hecho carne”, dice San Juan, capítulo 1, verso 14. El Verbo hecho carne es Dios con Su cuerpo angelical dentro del cuerpo de carne (llamado Jesús, en español). Tan sencillo como eso.

Por eso es que San Pablo en Timoteo - capítulo 3 de Primera de Timoteo, dice (del verso 14) que Dios fue manifestado en carne; y dice también que la Iglesia es la Casa, el Templo de Dios, del Dios vivo; y cada creyente en Cristo es un templo espiritual para Dios habitar en el alma de cada creyente en Cristo. Por eso fue que cuando Jesucristo estaba frente al templo allá en Jerusalén, dijo: “Destruyan este templo y en tres días yo lo levantaré”. [San Juan 2:19].

Pensaban que estaba mandando a destruir el templo de piedras, y por eso lo acusaban, pero Él hablaba de Su Templo, de Su cuerpo. Cuando murió y resucitó, entonces entendieron que les estaba hablando de Su cuerpo como Templo de Dios; porque los creyentes en Cristo son un templo para Dios morar en el alma de cada creyente, y manifestarse, y usarlo también en Su Obra.

Por eso es tan importante estar buscando a Dios en el tiempo en que uno vive. ¿Y dónde lo va a encontrar? En Su Casa, Su Templo espiritual, en el Nuevo Testamento, que es Su Iglesia; y en el alma, en el corazón de cada creyente en Cristo, miembro de Su Iglesia, de Su Cuerpo Místico de creyentes.

Y cuando usted lo encuentra —a Dios— en tiempo presente, se queda con Él. Ahí es donde lo conoce, ahí es que conoce Su Palabra para ese tiempo y ahí es que llega a conocer lo que Él está hablando por medio del instrumento que Él tenga para manifestarse en Espíritu Santo a través del mensajero correspondiente al tiempo en que la persona está viviendo.

Porque Dios siempre tiene instrumentos, de edad en edad, para hablar a través de ellos. Por eso Él envió al Espíritu Santo: para que guíe a los creyentes, a Su Iglesia, los guíe a toda justicia y a toda verdad, y les enseñe todas las cosas que son y las que han de ser también. Es una Obra de Dios por medio del Ángel del Pacto, del Espíritu Santo en medio de Su Iglesia.

Y Cristo en Su cuerpo glorificado está sentado en el Trono de Dios, a la diestra del poder de Dios; por eso Él dijo: “Todo poder me es dado en el Cielo y en la Tierra”. [San Mateo 28:18]. Y también dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. [San Mateo 28:20]. ¿Cómo? En Espíritu Santo, como el Ángel del Pacto, en cuerpo angelical; pero en Su cuerpo físico glorificado sentado en el Trono celestial, haciendo intercesión por cada creyente que lo recibe como Salvador, y por cada creyente también que ya está en el Cuerpo Místico de creyentes y que lo necesita para que lo mantenga limpio de todo pecado con Su Sangre preciosa; porque Él es el Sumo Sacerdote según el Orden de Melquisedec del Templo celestial.

Por lo tanto, es importante buscar a Dios en el tiempo en que uno está viviendo, para ahí estar con Dios, Dios con uno, viviendo en armonía con la Palabra de Dios.

Recuerden que Dios dice, el mismo Cristo dice: “No me elegisteis vosotros a mí, yo os elegí a vosotros”. [San Juan 15:16]. Por eso son los creyentes en Cristo llamados “los elegidos del Señor”; también son llamados “los escogidos”, escogidos desde antes de la fundación del mundo; son llamados también “los predestinados”, nacidos ya para ese propósito. Desde antes de la fundación del mundo escogidos, elegidos y predestinados para ser hijos e hijas de Dios.

Por lo tanto, hijos e hijas de Dios que forman el Cuerpo Místico de Cristo: este es el tiempo para cada hijo de Dios, cada persona escrita en el Cielo, de buscar a Dios en este tiempo en el cual nos ha tocado vivir; y permanecer en Él, en Su Programa, en Su Palabra prometida para este tiempo final.

Porque son los escogidos los que verán el cumplimiento de la Palabra prometida para nuestro tiempo; porque habrán buscado y encontrado el tiempo que les toca vivir, la edad, la fiesta que les toca vivir; y conocerán lo que Dios ha prometido hacer en nuestro tiempo, y lo verán haciéndolo; y será confirmado que Dios los ha llamado, que son escogidos y que están siendo preparados para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

Estarán recibiendo la Tercera Etapa, la fe para ser transformados, que viene por medio de la Voz del Ángel Fuerte, que es Cristo, el León de la tribu de Judá, el Ángel del Pacto descendiendo en Apocalipsis, capítulo 10, y rugiendo como cuando ruge un león, clamando como cuando ruge un león, y siete truenos emitiendo sus voces.

Los Siete Truenos es la Voz de Cristo hablándole a Su Iglesia en forma consecutiva en este tiempo final; así como le habló a Su Iglesia en edades pasadas pero a través de un mensajero y después a través de otro, de una edad a otra y de un mensajero a otro.

Para este tiempo será en forma consecutiva, en la Edad de la Piedra Angular nos estará hablando consecutivamente; y eso serán la siete voces de los siete truenos de Apocalipsis 10, que contienen el misterio de la Segunda Venida de Cristo viniendo a Su Iglesia en este tiempo final como León de la tribu de Judá, con el Título de Propiedad, el Libro sellado con siete sellos ya abierto por Cristo para darlo al mensajero del Día Postrero, al mensajero que esté en la Edad de la Piedra Angular; para que él transmita ese Mensaje a Su Iglesia, y recibamos la fe, la revelación para ser transformados y llevados con Cristo a la Cena de las Bodas del Cordero.

“BUSCANDO A DIOS EN EL TIEMPO EN QUE UNO VIVE”. Buscando a Dios en tiempo presente.

Si hay alguna persona que todavía no ha recibido a Cristo como Salvador, lo puede hacer en estos momentos; y estaremos orando por usted, para que Cristo le reciba, le perdone y con Su Sangre le limpie de todo pecado, le bautice con Espíritu Santo y Fuego luego que sea bautizado en agua en el Nombre del Señor, y produzca en usted el nuevo nacimiento.

Para lo cual puede pasar al frente, y estaremos orando por usted; y los que están en otras naciones también pueden pasar al frente para que queden incluidos en la oración que estaremos haciendo por cada uno de ustedes.

Lo más importante en la vida es la vida eterna; la vida es lo más importante; y hay vida temporal y hay vida eterna. La vida temporal la obtenemos por medio de nuestros padres terrenales al nacer; pero la vida eterna la obtenemos por medio de Cristo al nacer de nuevo; nuevo nacimiento que Él nos da luego que lo recibimos como único y suficiente Salvador.

No hay nada más importante que la vida eterna para el ser humano; y no la puede comprar con dinero. Ya Jesucristo la compró con Su propia Sangre para otorgarla gratuitamente a todos los que lo reciben como único y suficiente Salvador; por eso Él nos dice que nos da vida eterna a todos los que lo recibimos como Salvador.

Él dijo: “Mis ovejas oyen mi Voz, y me siguen, y yo las conozco, y yo les doy vida eterna”. (San Juan, capítulo 10, versos 27 al 30). Y también nos dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; y nadie viene al Padre, sino por mí”. (San Juan, capítulo 14, verso 6).

O sea que el que quiere vivir eternamente tiene una forma para lograrlo, y eso es a través de Cristo nuestro Salvador. Nadie más nos puede dar vida eterna, solamente Jesucristo, es el único. Por eso Él es el Salvador, el que salva nuestra alma y nos da la vida eterna.

Todos queremos vivir, y vivir eternamente; para lo cual recibimos a Cristo, para vivir eternamente en Su Reino eterno.

Vamos a estar puestos en pie para orar por las personas que han venido a los Pies de Cristo nuestro Salvador. Con nuestros ojos cerrados, nuestros rostros inclinados:

Padre celestial, en el Nombre del Señor Jesucristo vengo a Ti con todas las personas que están recibiendo a Cristo como único y suficiente Salvador en  diferentes naciones. Recíbeles en Tu Reino. Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo. Amén.

Y ahora repitan conmigo esta oración:

Señor Jesucristo, escuché la predicación de Tu Evangelio y nació Tu fe en mi corazón.

Creo en Ti con toda mi alma. Creo en Tu Primera Venida. Creo en Tu Nombre como el único nombre bajo el Cielo, dado a los hombres, en que podemos ser salvos.

Señor, creo en Tu muerte en la Cruz del Calvario como el Sacrificio de Expiación por nuestros pecados.

Reconozco que soy pecador y necesito un Salvador. Doy testimonio público de mi fe en Ti y de Tu fe en mí, y te recibo como mi único y suficiente Salvador.

Te ruego perdones mis pecados, y con Tu Sangre me limpies de todo pecado, y me bautices con Espíritu Santo y Fuego, y produzcas en mí el nuevo nacimiento.

Quiero nacer en Tu Reino, quiero vivir eternamente. Señor, haz una realidad la salvación que ganaste para mí en la Cruz del Calvario.

Te lo ruego en el Nombre del Señor Jesucristo, Tu Nombre Eterno, Señor. Te lo ruego en Tu Nombre Eterno y glorioso, para quien sea la gloria y la honra por los siglos de los siglos. Amén y amén.

Y ahora me preguntarán: “¿Cuándo me pueden bautizar?”

Por cuanto ustedes han creído en Cristo de todo corazón, bien pueden ser bautizados; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento. Y nos continuaremos viendo eternamente en el Reino de Cristo nuestro Salvador. 

Dejo con ustedes al ministro aquí correspondiente, y en cada país dejo al ministro correspondiente, para que les indique cómo hacer para ser bautizados en agua en el Nombre del Señor Jesucristo; y que Cristo les bautice con Espíritu Santo y Fuego, y produzca en ustedes el nuevo nacimiento.

Dios les bendiga; y continúen pasando una tarde feliz, llena de las bendiciones de Cristo nuestro Salvador.

En cada país dejo al ministro correspondiente para que haga en la misma forma.

“BUSCANDO A DIOS EN EL TIEMPO EN QUE UNO VIVE”.

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